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5 de abril de 2026

Cómo ser un escritor: por dónde empezar antes de escribir la primera palabra

Aprende cómo ser un escritor desde cero: qué necesitas antes de escribir la primera línea, cómo encontrar una idea original y los dos errores que hacen fracasar el 80% de los proyectos.

Cómo ser un escritor: por dónde empezar antes de escribir la primera palabra

Cómo ser un escritor: por dónde empezar antes de escribir la primera palabra

Si alguna vez te has sentado frente a una página en blanco y no has sabido por dónde arrancar, bienvenido al club. Aprender cómo ser un escritor no empieza por escribir: empieza por prepararte para hacerlo. Y hay una diferencia enorme entre los dos.

[Un escritor en su espacio de trabajo con cuadernos, notas y una taza de café]

Lo primero que nadie te dice: necesitas un espacio

Antes de hablar de ideas, personajes o tramas, hay algo más básico que resolver: dónde vas a escribir.

No es un detalle menor. Es, probablemente, una de las decisiones más importantes que vas a tomar en este proceso. Porque escribir una novela no es sentarse un domingo por la tarde con inspiración y ganas. Es un trabajo que se repite día tras día, y para eso necesitas un lugar que funcione como santuario.

¿Qué significa eso? Un espacio donde puedas aislarte. Donde no lleguen interrupciones, donde el teléfono no exista, donde nadie te saque de tu mundo a mitad de una escena. Porque eso pasa. Pasa todo el tiempo. Te interrumpen, te llaman, te distrae una notificación, y de repente llevas veinte minutos en redes sociales sin saber muy bien cómo llegaste ahí.

Tu espacio de escritura tiene que protegerte de eso. No importa si es una habitación entera, un rincón de tu cuarto, una mesa en una cafetería tranquila o el techo de tu casa. Lo que importa es que cuando estés ahí, tu cerebro sepa que es hora de trabajar.

Lo que debería tener tu espacio de escritura

  • **Un cuaderno de anotaciones.** No para escribir la novela, sino para capturar ideas sueltas, rasgos de personajes, detalles de escenarios, fechas, nombres. Todo lo que aparece mientras escribes y que si no apuntas en el momento, desaparece para siempre.
  • **Una cartelera o tablero de notas.** No todos los escritores lo usan, pero para muchos es indispensable. Sirve para tener visibilidad sobre la estructura de la historia: qué pasa en cada parte, cómo se conectan los eventos, qué le falta a cada personaje.
  • **Snacks.** Esto no es broma. Levantarte a buscar algo de comer es uno de los enemigos más subestimados de la concentración. Tenlo todo cerca.
  • Y luego, necesitas algo más: un segundo lugar. Un espacio para despejar la mente cuando la escritura se tranca. Puede ser un parque, un lago, una terraza, una caminata sin destino. Todos tenemos un lugar donde el cerebro se relaja y empieza a conectar ideas solo. Encuéntralo y úsalo con intención.

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    El problema real: la idea original

    Una vez tienes tu espacio resuelto, viene lo que todo el mundo asume que es lo fácil y resulta ser lo más difícil: la idea.

    Y aquí es donde hay que ser honesto, aunque duela un poco.

    La mayoría de las personas que deciden escribir una novela llegan con una de dos clases de ideas. Las primeras son ideas que creen originales pero que ya existen. Las segundas son ideas que directamente no deberían existir.

    Ejemplos del primer grupo: *"quiero escribir sobre un niño mago huérfano que es el único capaz de destruir el mal"*. Eso es Harry Potter. *"Quiero escribir una historia de vampiros donde una chica se enamora de uno y quiere convertirse"*. Eso es Crepúsculo. No es una crítica a quien lo piensa —es algo que pasa más de lo que cualquiera admitiría— pero si tu idea ya tiene título, autor y película, no es tu idea.

    Del segundo grupo, el más común es la autobiografía no solicitada: *"voy a escribir sobre mi vida, porque tuve una infancia difícil y creo que vale la pena contarla"*. A menos que ya seas una figura pública con una historia genuinamente extraordinaria, o que tengas un talento excepcional para convertir lo cotidiano en literatura, este camino casi nunca lleva a ningún lado. El lector promedio no tiene interés en la vida de alguien que no conoce, por muy intensa que haya sido.

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    Cómo ser un escritor con ideas realmente originales

    Aquí está la verdad incómoda: para crear algo original, primero tienes que conocer lo que ya existe.

    No puedes escribir sobre vampiros si no has leído a Bram Stoker y a Anne Rice. No puedes escribir sobre zombis si no sabes quién es George Romero. No puedes escribir ciencia ficción sin haber pasado por Isaac Asimov. No porque necesites imitar a ninguno de ellos, sino porque necesitas saber qué terreno ya está ocupado y qué territorios todavía están sin explorar.

    Muchos géneros parecen agotados desde afuera. Los vampiros, los magos, los mundos distópicos, los romances paranormales. Pero no están agotados: están mal ejecutados en la mayoría de los casos, o explorados siempre desde los mismos ángulos.

    ¿Quieres escribir sobre vampiros? Bien. Pero no los pongas en un instituto de secundaria otra vez. Ponlos en el Egipto antiguo. Dales una mitología nunca vista. Cambia las reglas del género desde adentro. Ahí puede haber algo interesante.

    La originalidad no significa inventar algo que no existe en el universo. Significa ver algo conocido desde un ángulo que nadie ha usado todavía.

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    Las dos cosas que debes resolver antes de escribir la primera línea

    Hay decenas de elementos que necesita una novela: personajes, villanos, subtramas, escenarios, estructura, ritmo. Es fácil abrumarse pensando en todo eso al mismo tiempo.

    Pero antes de llegar ahí, hay dos cosas que debes tener claras. Solo dos. Y son las que el ochenta por ciento de los escritores que abandonan sus proyectos nunca tuvieron:

  • **Una idea original.** No una premisa prestada, no una historia que ya existe con nombres distintos. Una idea que sea tuya, que venga de un ángulo fresco, que tenga algo que decir que no se haya dicho exactamente así antes.
  • **Un comienzo claro.** Saber por dónde arranca la historia. No el prólogo, no el contexto, no la explicación del mundo. El momento exacto en que algo cambia y la historia empieza a moverse.
  • Con esos dos elementos sobre la mesa, el resto se puede construir. Sin ellos, puedes tener el mejor espacio de trabajo del mundo, el cuaderno más bonito y los mejores snacks, y aun así no llegarás a ningún lado.

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    Por dónde seguir

    Saber cómo ser un escritor es un proceso. Nadie nace con eso resuelto, y los que publican novelas no son necesariamente más talentosos que los que no: son los que resolvieron primero los problemas básicos antes de intentar resolver los complejos.

    El espacio. La idea. El comienzo.

    Con eso en orden, el siguiente paso es construir la estructura de tu historia: entender qué es la idea principal, cómo se relaciona con las subtramas, y cuál es el detonante que hace que todo arranque. Eso lo vemos en el próximo artículo.

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