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EL CLUB DEL ODIO

1. FUNDACIÓN

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           Eduardo era un chico delgado e inteligente, un poco más que el promedio, para ser francos, algunos incluso lo definirían como pragmático. Pero con serios problemas de integración social, en especial cuando su alrededor se hallaba repleto de chicos con altos niveles hormonales. Tampoco era bueno para expresar sus emociones o comunicarse afectivamente al sexo opuesto, esto se debía a que normalmente en casa no solía hacerlo, a menos que contases su extraña relación con su hermana mayor. Pero eso era un asunto que él no deseaba recordar o repasar mentalmente. 

A sus casi diecisiete años no había probado las mieles del amor. De hecho había muchas interacciones humanas que nunca logró experimentar, algunas de ellas por decisión propia. Eduardo tendía alejarse del resto constantemente. Sentía repulsión hacia las masas y trataba con superioridad al resto. Punto que obviamente le trajo diversos problemas a medida que crecía y debía interactuar en colegio o secundaria. Los trabajos del colegio por lo general eran un acto solitario que al menos traían una remuneración económica para sí. Misma que gastaba de forma constante en sus gustos electrónicos, computadores y procesadores. 

Aquella mañana por lo tanto se hallaba tan distraído como de costumbre a mitad de la clase. El ritmo monótono con el cual explicaban el flujo de capitales le aburría, y su mente se concentraba en unas líneas de código y un diagrama de flujo que garabateaba sin descanso una y otra vez en su cuaderno. De otra forma habría caído dormido contra la mesa. La noche anterior fue de apenas un par de horas de sueño, y las últimas semanas fue bastante semejante. Se enfrentaba a una traba enorme en sus planes y cálculos que trataba de solventar retomando las preguntas, el algoritmo que daba error y un par de latas de bebida energizante que escondía en el termo. 

Fue debido a su naturaleza que no notó que el ritmo de la clase descendió cuando entraron a una prueba abierta. Se trataba de un par de ejercicios colocados en el pizarrón acrílico, los cuales podían resolver consultando incluso a los compañeros. Tampoco notó las risas de un pequeño grupo cuando José, un compañero corpulento de casi dos metros de estatura se acercó, no sin antes hacer un par gestos a las chicas de la zona oeste del salón. 

—Oye, préstame el borrador— Fue la pregunta del chico alto, una que en cualquier salón de clases podría escucharse. Sin embargo, por previas experiencias todos conocían cuál sería la respuesta a aquello. 

—No— Eduardo siquiera levantó la cabeza de su cuaderno, sólo continuó garabateando el diagrama que le estaba sacando de sus cabales.

José alzó la cabeza e hizo una seña a sus amigos antes de golpear la mesa donde trabajaba Eduardo— ¿No me escuchaste? te acabo de pedir el borrador, perdedor. 

El aludido tomó el cuaderno en el aire y el borrador para acomodar sus cosas— Eso debo decir yo— Alzó la vista— te dije que no, no te voy a prestar nada. 

—Te dije que armaría una escena por algo tan simple como un borrador— Alguien del salón comentó a una chica que intentaba aguantar la risa.                                                        

—¿Te quieres ganar una paliza, verdad?— Sonrió marcando sus músculos del brazo sobre la mesa. Acto que el otro apenas notó antes de voltear a ver las reacciones del resto del salón. 

—Ah, ya veo. No te preocupes, es normal que los primates intenten demostrar la superioridad. Claro que habría sido mucho más evidente si te pintas el trasero de rojo y lo meneas a todas las chicas del salón. pero escogiste mal tu objetivo, podías haber preguntado por un lápiz y te habría prestado uno, tengo varios. Pero este borrador— Eduardo se levantó del asiento tomando el pedazo de goma— Es especial para mi. Y no, no importaría si te pones verde y sacas todos tus músculos, esto no te lo prestaré. 

José tardó un par de segundos en comprender las palabras que le respondían. Fue la risa de una chica de nombre Amanda lo que lo sacó de la confusión revelandole que de hecho, acababa de ser insultado y comparado con un babuino. 

—¡Favor ambos tomen sus asientos!— La voz de la profesora se escuchó a lo lejos en el salón. Algunos miraban el posible enfrentamiento con interés. Mientras que otros estaban concentrados en sus asuntos y conversaciones— Dije que pueden consultar a los compañeros, pero no voy a tolerar una pelea dentro del salón. ¡Me provocan, y los expulsaré!— Abrió mucho los ojos para enfatizar su enojo. 

—Te veré afuera, mariquita. 

—¿Me estás pidiendo una cita? No me siento interesado— Bromeó Eduardo. 

Las risas se hicieron escuchar en el lugar, y un puño viajó por el aire, para sorpresa de muchos Eduardo se había apartado del lugar y el puñlo pasó de largo, provocando que José se desestabilizara. 

En cualquier centro de estudios, al instante que los estudiantes colocan un pie sobre el plantel, se crea una jerarquía y se reparten los papeles fundamentales. Algunos resultan populares, gracioso, deportistas, nerds, responsables, chismosos, dormilones… para Eduardo, su caso era pertenecer al grupo de los repudiados, aquellos que, por ser diferentes o extraños, no encajaban con el resto de los estudiantes. Sin embargo, para él había una seria y gran diferencia entre ser un repudiado, punto con el cual podía lidiar, a ser un perdedor. O aún peor, el saco de boxeo de un idiota que comenzaba a tomar esteroides. 

—Te voy a partir la cara malnacido— El otro escupió en el suelo a los pies de Eduardo. 

—Será divertido verte intentarlo— Habría continuado insultando al grandote, pero lo que parecía era una pelea segura. Se vio interrumpida por la caída de una chica pequeña y atolondrada. Rocio era particular, y Eduardo se encontraba más consciente que cualquier otro sobre este punto.

La chica aterrizó de frente al suelo y una portátil rodó por la estancia— ¡Pandas!— Fue el grito de la chica, atrayendo la atención del salón casi al instante. 

—Señorita Rocío, le ruego que levante sus cosas y nos ahorre el tiempo con sus disparates— Comentó la profesora desde su asiento con una mirada de reproche. No era la primera vez que sucedía un incidente como ese. pero cada uno de ellos era del interés de Eduardo, quien observó a la chica y levantó un par de papeles. 

—¡Usted no entiende que los pandas sufren por su indiferencia! ¡pobres pandas! ¿Por qué están en extinción?— La chica tenía una expresión de lamento mientras se levantaba revisando un video en su portátil. Era regular que el resto del salón la mirase como un bicho raro. Eduardo podía comprender esa sensación de exclusión del resto, no era casualidad que ambos estuvieran al final del salón de clases. 

—Si de algo te sirve, hay varias reservas de pandas. Es muy probable que sobrevivan— Expresó el chico. 

—¿De verdad lo crees? 

—Completamente, aunque, si me lo preguntas a mi, diría que los lobos y las ovejas son mejores— Sonrió con malicia provocando que la chica frunciera el ceño. 

—¡Pero ellos no están en peligro! ¡Ni son esponjosos! Tú no entiendes nada sobre los pandas. Son seres muy queridos y amigables, tienden a jugar gran cantidad de tiempo, eso cuando no están estresados. El no poder jugar les da estrés, el no poder aparearse les da estrés, el no comer les da estrés, y obviamente el estrés les da estrés. 

      —Sabes Rocío, con todos esos factores de estrés que mencionas, parece que los pandas son como nosotros: estudiar nos da estrés, los trabajos nos dan estrés, los exámenes nos dan estrés... y definitivamente el estrés nos da estrés. Quizás por eso te sientes tan identificada con ellos. ¿Quizás en otra vida eras un panda? Aunque debo decir, te falta un poco el look blanco y negro — Eduardo joked, looking at her clothes.

Podían escucharse aún las risas, en especial de un par de chicas, Alliana y Maria, quienes disfrutaban de humillar a Rocío con burlas por su ropa, peinados, o falta de sentido social. Sin embargo, la realidad es que Rocío era una chica en extremo inteligente, solo que sus niveles de atención generalmente se enfocaban en un solo punto, y, dicho interés podía cambiar fácilmente de un día para otro. Todo dependía de su proyecto más reciente. Ese día aparentemente serían los pandas, por lo cual se podía esperar que todo terminase pintado de colores blandos y negros en formas sinuosas.

            —Chica idiota…— Eduardo escuchó tales palabras de la boca de José y actuó de inmediato, impulsado mitad por rabia mitad por un retortijón de estómago.

            —Es demasiado patético ver como una persona copia un examen con un pedazo de papel entre las hojas ¿Acaso no tuviste imaginación para crear una mejor manera? Es aún más patético teniendo en cuenta deseas ser ingeniero, yo que tu buscaría otra profesión a la cual dedicarme, las personas como tú— Hizo hincapié en el acento, sabía muy bien que tenía la atención del resto del salón, a pesar de no levantar la vista para observarles— Fracasan rápidamente, además es un examen básico de física hombre, hasta un infante lo resolvería. ¿Un ingeniero no debería tener al menos inventiva para una mejor manera de copiarse?

            La ira invadió el rostro del aludido, quien se levantó de su asiento, pero fue atajado por la profesora deteniendo su mano y requisó su examen junto a la copia que se hallaba tal como Eduardo apuntó, entre las hojas del test. El resto del salón se quedó observando tal acto, a José pedir perdón para terminar ser expulsado, a la profesora tachar el examen sin compasión, y la actitud indiferente de Eduardo, en una esquina del salón, solo.

            Rocío pegaba ahora en la pared un dibujo estilizado de un panda junto a una leyenda, mientras el resto del grupo de clases observaba con desprecio a Eduardo. Si existía una regla en un salón de clases, era no delatar a tus compañeros; pero aquello era irrelevante para aquel chico, para él y para Rocío, los dos más odiados del salón 4-B del tercer piso.

Como Eduardo imaginó, las miradas se dispersaron, después de todo, la atención de los estudiantes era efímera. El examen era de mayor importancia, y allí se centraría su atención. Luego cualquier comentario de pasillo sería el punto de conversación, el chico que se cayó, la chica mal vestida— Cualquiera puede ser el punto de ataque de un adolescente— Suspiró terminando su examen, pese a ello no entregaría aun, después de todo en el salón había aire acondicionado, ventaja que en los pasillos se extrañaba rápidamente con 30ºc. El estupor del día amenazaba desde las ventanas. En la hoja todas las respuestas se hallaban respondidas y su vista se paseaba por un par de cálculos y nombres en la zona inferior del examen: Rocío, Jean, Víctor.

—¡Bambú!— Un nuevo grito de Rocío resonó en el salón, la chica sacaba su tableta electrónica para investigar.

—Señorita Rocío, guarde inmediatamente la tabla, le recuerdo nos encontramos en medio de un examen…

—Llévese el examen, yo debo hallar la manera de hacer que el bambú crezca rápidamente, de esa manera podríamos alimentar mejor a los pandas en un ecosistema regulado, aumentando su ecosistema sustentable y…

—Deja que los demás hagan su examen tranquilos…— La voz de una compañera de clases, Cristina, la típica chica popular del salón rodeada de sus secuaces. 

—Le pediré que se retire del salón Rocío, no puedo aceptar tal actitud en medio de un examen— Tomó la hoja y caminó por el pasillo tachándola. Aquel examen quedaba anulado para la satisfacción de varios presentes.

La puerta del aula fue golpeada tres veces antes de que Elizabeth, la sexy profesora de ciencias avanzadas entrara mirando a todos lados con su bata blanca abierta, una blusa azul debajo de la misma y una falda ajustada a su cuerpo.

—Elizabeth— La profesora que practicaba el examen se quedó sorprendida ante la irrupción abrupta de su colega.

—Oh, Carolina ¿cierto? Lo siento a veces olvido tu nombre querida— Respondió Elizabeth ante su compañera— Cosas de gente despistada como yo, siento haber interrumpido tu… — Observó nuevamente el salón, a criterio de Eduardo aquella mujer tenía la capacidad de observar las trampas a kilómetros de distancia— ¿Examen?, en fin querida, requiero me prestes a dos alumnos de tu salón.

—¿Quiénes?

—Rocío Armani y Eduardo Gamboa.

La atención de los presentes se centró en los dos ocupantes de la esquina posterior del aula, Eduardo por su parte no alzó la vista— ¿Y ahora qué carajos? ¿Acaso una persona como yo no puede tener una vida tranquila? ¿Acaso el idiota de José intentó incriminarnos en su fallido intento de copiar el examen? No, él no es tan inteligente— Eduardo dejó de garabatear nombres y observó la mirada penetrante de Elizabeth y los ánimos se fueron al suelo. No era la primera vez que recibía una reprimenda. No es que no las mereciera, pero de todas formas era fastidioso el exceso de atención y ganas de encaminarle por un rumbo que no era el que él deseaba para su vida.

—Deberás esperar a que ellos terminen su examen.

—No te preocupes Amanda— Sonrió Elizabeth— Te los regresaré en un instante. 

—Yo terminé hace rato, pero estoy ocupada con un proyecto sobre pan…

—Hay bambú en el aula 15-A del segundo piso— Alegó Elizabeth, y el efecto fue inmediato, Rocío tomó sus cosas, dejó una copia del examen sobre el escritorio y salió del salón de clases en carrera ante la mirada atónita del grupo y la profesora quien revisaba la hoja tachada en su mano y la que Rocio dejó en su asiento— ¿Y tú Eduardo?

—Yo…— Aquello le resultaba molesto, cuando se encontraba a gusto, descansando, sin necesidad de pensar en los demás llegaba Elizabeth— Quien sabe para qué nos requerirá, quizás quiere un par de ratas de laboratorio y escogió a los prescindibles del lugar…— Se quejó en voz baja— Supongo que iré, de todas formas yo también terminé mi examen— Clavó el lápiz en la parte superior de la hoja dejando el papel en el medio apresado entre el grafito y la madera. 

Eduardo se retiró con el bolso de medio lado sobre sus hombros y las manos en los bolsillos, por alguna razón sus compañeros continuaban observándole con cierto rencor, él se detuvo un instante para darles un cordial saludo— Nos vemos luego perdedores— Miró a la profesora Mirella y expresó un par de palabras con malicia— Quedan treinta y siete alumnos y veintidós están haciendo trampas, que disfruten el juego todos…— Esbozó la silueta macabra de su boca y salió a paso lento del salón con Elizabeth a sus espaldas.

—Gracias por prestármelos… ¿Adelina? Como sea, cuídate— La profesora de ciencias avanzadas cerró la puerta del aula con una amplia sonrisa.

—¿Y ahora?

—Aula 15-A Eduardo, eso es obvio— Respondió la mujer caminando por el pasillo.

—Me refiero al motivo para sacarnos de clase.

—Un proyecto en cual necesito de ciertos estudiantes.

—Un experimento macabro me parece a mí— Aclaró él, aun con sus manos en los bolsillos, bajando por las escaleras a saltos, ella justo a su lado.

—Quizás Eduardo, quizás tengas razón, después de todo la idea surgió gracias a ti.

—¿A mí?

—¿Recuerdas el ensayo que entregaste hace una semana?

—Entre tantos ensayos…

—Expusiste los beneficios de convertir la secundaria en un reality show de idiotas al estilo jersey shore, debido al bajo intelecto de tus compañeros y lo económicamente sustentable de los realitys en la sociedad— Elizabeth aguantaba la risa mientras doblaban la esquina para tomar el camino al edificio A de la institución. Procuraba caminar un par de pasos detrás y ocultar la sonrisa mientras adoptaba un tono serio y tajante en el habla. 

—Bueno, un poco de humor en un…

—Y el de la semana anterior fue sobre la necesidad urgente en la institución de una silla eléctrica o una cámara de gas.

Eduardo rio por lo bajo— Bueno, quizás exageré un poco en…

—Y el anterior a ese, si mal no recuerdo se basaba en la interrogante, si nuestra institución se hallaba subsidiada por algún ente gubernamental, por el hecho de crear estudiantes mediocres que bien podrían ser los siguientes dirigentes políticos o sus seguidores.

—OK, entendí tu punto.

—No lo tomes a mal, yo en particular me reí mucho con cada uno de los ensayos… los demás, bueno, no creo que el consejo este muy de acuerdo contigo. No deberías buscar tantos problemas, tienes tan solo un par de meses de haber sido transferido. No eres el más amado entre estudiantes ni profesores. Tenemos una carpeta llena exclusivamente de quejas hacia tu persona, de no ser por tus notas.


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—Afortunadamente allí están las calificaciones. 

—No te van a salvar el pellejo en cada ocasión pillo. Debes ser más comprensivo, incluso si observas o sientes que tus compañeros son algo inmaduros, tu deber es…

—¿Algo inmaduros? Eso podría decir de una fruta, estos están dañados hasta la médula.

—He allí mi punto Eduardo. Debes concentrar tus energías en algo más que ser odioso y maltratar a tus compañeros. 

—Tú fuiste un amor con la profesora Mirella. 

—Olvidé su nombre. 

—Unas cinco veces… claro. 

Eduardo lo recordaba bien, tan solo tres meses de hallarse en la ciudad y de comenzar a estudiar en dicha institución, una secundaria en la cual solo los mejores entraban, sin embargo, a él le parecía otro instituto cualquiera, aunque no debía negar que las instalaciones eran excelentes. La beca de estudio representaba una oportunidad sin igual para alguien como él. A pesar de todo ello los últimos días sentía que la institución era una enorme prisión con cafetería llena de pastelillos de todos los colores y sabores. Ascensores y salas recreativas inmensas semejantes a cámaras de tortura, y por sobre todo una población que parecía sacada de programa de MTV.

—Entonces ¿Esto es una charla sobre comportamiento? — Preguntó con tono cansino y algo de exasperación.

—Algo mejor que eso Eduardo.

—Una súper charla sobre comportamiento, pobre Rocío, no encontrará bambú en el salón 15-A.

—Una mentira piadosa, y con un fin determinado.

—¿Maquiavélica? ¿El fin justifica los medios?

—Ya lo verás cuando conozcas al resto.

—¡Ah! Tendremos comité de bienvenida incluido— Elizabeth era un personaje un tanto peculiar, sin embargo, él evitaba establecer demasiada relación con ella. Procuraba pasar inadvertido entre la población de estudiantes manteniendo un perfil bajo, disfrutar de su vida juvenil de la manera más rutinaria posible. Un café, algo de música, observar desde las bancas los partidos de futbol u otros deportes, conversar con un par de personas. Algo común sin personas desagradables a su alrededor. 

Para Eduardo el hallarse en semejante ciudad era un cambio drástico a su vida, uno que él deseaba desde mucho tiempo atrás y no pensaba arruinar de cualquier manera. Probablemente su salida había sido la más elaborada que él conociera. Todo había valido la pena, se hallaba en el instituto al igual que otras personas con una beca que cubría sus principales gastos y matrícula. Muy a pesar de que en su casa familiar no se hallaran exactamente orgullosos de ello, Eduardo se sentía satisfecho con su vida actual. Las citas para explicar su comportamiento obstinado y pedante ante el consejo escolar eran usuales, pero aquello no le importaba mucho. 

Avanzaron por el pasillo que comunicaba los edificios A y B, a la derecha se hallaba el campo de entrenamiento y una moderada cafetería, a la izquierda el auditorio, el boulevard y detrás el complejo deportivo, donde se hallaba el campo de futbol multifuncional y la piscina del grupo de natación.

El instituto contaba con cantidad de clubes para distintas áreas, desde filantropía y filosofía hasta el club de rugby, atletismo. Cada persona tenía su espacio donde destacar y entrenar. Para muchos de los estudiantes sus carreras y vidas se hallaban aseguradas gracias a las competencias, físico, posición familiar, económica entre otros factores. Si te hallabas allí, podías tener la certeza de que tu futuro sería radiante y lo más perfecto posible. Eduardo no estaba tan seguro de sí mismo, pero haber entrado era una meta alcanzada. 

Desde su corta estancia al menos unos siete alumnos habían logrado avanzar a juegos internacionales, concretar medallas de oro o redactar una propuesta de ley para una nación extranjera que se hallaba en discusión. El problema era que con el día a día Eduardo notaba que él no encontraba espacio entre tales personas. Por alguna razón era distinto.

Subieron las escaleras del complejo A hasta la entrada del aula 15 del segundo piso, Elizabeth abrió la puerta y el brillo de las ventanas dio contra su rostro, sintiéndose una especie de vampiro ridículo, de esos que aparecían ahora en películas para adolescentes precoces.

Frente a ellos se hallaba el grupo de personas más irregular que Eduardo hubiese imaginado. Daniela, una hermosa rubia de ojos grises y cuerpo monumental. La chica era obviamente el centro de atención de todos los machos del instituto; se hallaba sentada sobre el escritorio con un par de auriculares gigantes y la mirada perdida en el largo ventanal. Usualmente cuando la chica caminaba por los pasillos los demás se apartaban y los chicos de varios clubes la seguían para cortejarla.

Fernanda una chica genio perfecta en todo sentido, excepto en el acto de socializar; se encontraba sentada con un libro en la mano y piernas tan cruzadas como fruncido su ceño. Su ropa ajustada sin arrugas y acomodada daba a entender mucho de su personalidad. Aquella chica no permitía errores, propios o de otros. Famosa además por poner orden de restricción sobre un par de alumnos compañeros de clase y un profesor. 

Andrés, un ex-atleta a quien vinculaban con la mafia, un chico alto y fornido de aspecto austero, no daba señales de sonrisa alguna en su rostro. Jugaba con una cadena sentado en la ventana del lugar, girándola sin parar. Sus zapatos se hallaban raídos, su ropa desajustada y el cabello alborotado. Personaje notorio pues en su primera semana se enfrentó a tres chicos que buscaron golpearlo y terminaron rompiendo una mesa del cafetín y con unas costillas rotas. 

Rocío, la inteligente chica atolondrada del 4-B, siempre metida en algún proyecto que solo ella comprendía; se hallaba tendida en el suelo, amarrada y amordazada, gimiendo y retorciéndose, mientras Verónica, una chica conocida en el instituto por su alto grado de perversión se hallaba sentada sobre ella de manera acosadora y violatoria.

—¡Pero que carajos…! — Fue la primera impresión de Eduardo al verlos. Volteó un poco donde Elizabeth y en voz baja pero audible comentó— Reuniste a los más raros del instituto. 

—¡Verónica! — Elizabeth le reprendió de inmediato.

—Pero es que ella entró preguntando por bambú y pandas y… el imaginarme a una bella naturalista atrapada y… ¡Anda Rocío, imagina que yo soy una linda panda en etapa de fertilidad! — La chica de cabello castaño llamada Verónica parecía dejarse llevar por sus fantasías, se mordía los labios mientras hablaba y colocaba una sonrisa extrañamente macabra a impresión de Eduardo.

—¿Cómo rayos terminó amarrada Rocío? — Inquirió la profesora, de pronto todas las miradas fluyeron hasta Andrés.

—¿Eh? ¿Y por qué tendría que ser yo? — Andrés observó a Fernanda, quien apenas levantó la mirada— Tu dijiste que la profesora…

—Discúlpame, tan solo me parece demasiado divertido manipular a personas como tú, aún más cuando no se dan cuenta… es, hilarante— Fernanda mantenía su postura altiva y recta en todo momento, acomodaba los lentes delgados con un ligero movimiento de su dedo medio y continuaba su lectura.

—Dos mujeres juntas de una manera que nadie nunca ha visto, cuerpo con cuerpo y sus…— Verónica se movía sobre el cuerpo de Rocío quien continuaba amarrada y retorciéndose en el piso, con una expresión de miedo.

—¡Verónica haz el favor de desamarrar a tu compañera! — Ordenó Elizabeth avanzando por el salón hasta situarse frente al escritorio. Daniela apenas la observó y se retiró hasta un asiento.

—¿Pero qué clase de grupo es este? Parece más como un manicomio o retén ¿De verdad son ellos? ¿Qué planea Elizabeth con todos nosotros?— Pensó Eduardo observando su alrededor, apenas habían un par de pupitres y un escritorio en aquel lugar, pero los integrantes que ahora se encontraban allí lucían cómodos— Si, esto es un manicomio. Es tu declaración jurada de locura Eduardo, después de todo, cuadras más con esta clase de gente que con los demás— Pensó, y se molestó consigo mismo por el asunto.

—Niños— Elizabeth llamo la atención de los presentes afincando todo su ser en la palabra mientras su mirada les recorría— Como se habrán dado cuenta, este grupo que acabo de reunir es algo variado.

—Si con variado quiere decir loco— Fernanda.

—Descontrolado— Daniela.

—Patético— Eduardo.

—Un grupo de niños— Andrés.

—Excitante— Verónica.

—Pandoso— Todos voltearon a ver a Rocío con curiosidad— ¿Acaba de conjugar la palabra panda realmente? — Se preguntó Eduardo durante un segundo. De no ser por la molestia consigo mismo habría soltado una risa. Ahora solo deseaba saber el motivo de tal reunión. De seguro no era nada bueno, probablemente algún taller grupal, película de adoctrinamiento o incluso la posibilidad de ayuda psicológica para todos. 

—La cuestión es simple, deseo conformen un club, un equipo de trabajo, obviamente yo seré la responsable de dicho equipo. El motivo de su fundación sería el que ustedes logren integrarse a la sociedad, hagan amistades y superen sus problemas sociales.

—¡Me uno si todos nos concentramos en salvar a los pandas como primera misión! — nadie prestó atención al comentario.

—Me rehúso— Fernanda cerró el texto fuertemente— No tengo intenciones de pertenecer a ningún club. Ya he rechazado otros cinco y este no será la excepción, sin contar que no creo de provecho el juntar a un grupo de individuos tan ineptos y desadaptados.

—Yo tengo ya suficientes preocupaciones como para pensar en semejante tontería— Repuso Daniela.

—Poco tiempo y muchas personas a quienes acosar— Verónica marchó hasta la puerta.

—Yo me largo, me interesa otro club— Andrés buscó de salir por la ventana— ¡Estamos en el segundo piso! — Pensó Eduardo, y reparó en la propuesta de Elizabeth, en resumen, se trataba de formar un equipo con un grupo de personas que obviamente no tenían ningún deseo en tener compañía, y cuyas probabilidades de éxito en equipo se expresaba en números negativos. Un desastre potencial. Quizás sabía sobre cada uno de ellos, sin embargo, la idea de formar un grupo no era exactamente lo más adecuado, por no decir estúpido que a la profesora se le pudo ocurrir. 

—El detalle está en que no tienen opción chicos, o pertenecen al club o pueden olvidarse de estudiar en esta institución y de los beneficios que ello conlleva— El tono de voz en la mujer fue tajante, el silencio reinó en la sala y la atención se centró en las palabras de la profesora de ciencias avanzadas— Como ustedes saben este instituto es uno de los más solicitados del país, y la razón es simple, infraestructura y educación superior al resto, junto a un sistema de becas al cual ustedes tuvieron acceso. De hecho, cuatro de ustedes gozan del beneficio de la beca vivienda de la institución, Verónica, Rocío, Eduardo y Andrés gozan de este beneficio. Son por así decirlo una apuesta a futuro de la institución, pero no se ha visto mucho interés por parte de ninguno en avanzar en un área específica. No se han integrado a la sociedad. 

—Tschhh— Gesticulo con molestia el ultimo.

—¿Cuál es el punto? ¿Nos quitarán la beca?— Preguntó Eduardo, un poco molesto por el matiz que tomaba la situación.

—El consejo de profesores escuchando la opinión de varios colegas accedió a echarlos de la institución. Daniela, por causar problemas y molestias, los chicos te siguen y desconcentran, además las chicas de la institución te odian. Fernanda, por una conducta asocial, has avergonzado a más de un profesor y alumno en público. Andrés, tu situación es más que evidente, tu comportamiento violento es indeseado.

—¡Pero yo no he hecho nada!— Se quejó el chico.

—Rocío, eres muy indisciplinada, sueles interrumpir las clases y seguir tu propio ritmo, aturdiendo el orden. Verónica, inclusive los chicos te han llegado a tener miedo, sin decir nada sobre las chicas. Y tu Eduardo, eres una molestia para profesores, compañeros, sin contar que tus ensayos parecen una burla al sistema.

—Quizás lo sean— Admitió ante la molestia del momento. Era pésima la situación, le retirarían la beca. 

—Yo me ofrecí como responsables de ustedes, y no serán expulsados por ahora, pero deben demostrar una mejoría en su comportamiento en los próximos meses. De hecho, el consejo les impuso ciertos requisitos para su estadía. La primera de ellas es que en el transcurso de un mes deberán demostrar compañerismo entre ustedes, la segunda, es que deberán trabajar en equipo y hacer una presentación en el aniversario de la institución dentro de tres meses.

—Es absurdo— Alegó Fernanda cruzando los brazos— Será un desastre profesora ¿De qué haremos una presentación? 

—El tema del caos parece apropiado— Expresó Eduardo por lo bajo. 

—Quizás sobre el ego adolescente— Respondió Fernanda mirando a Eduardo y Daniela. 

—La señorita perfección ha emitido un juicio, todos debemos someternos a ella. 

—Lo toman o lo dejan chicos, no hay más opciones—Elizabeth fue clara y sus palabras fuertes. Se retiró del aula, no sin antes detenerse en la puerta para unas últimas palabras— Ah, y… el nombre del club, decídanlo ustedes, les dejo eso como primera tarea— Cerró la puerta y una sensación extraña invadió a Eduardo, su estancia, su condición, todo ahora se hallaba condicionado a un grupo de extraños y locos personajes.

El silencio reinó en la habitación, todos se quedaron observándose durante un instante bastante incomodo, Eduardo por su parte intentaba internalizar la situación, comprender que o trabajaba en equipo, o terminaba afuera. Recordó entonces la situación precaria en la cual se encontraba, el hecho de que sus padres se hallaran en otra ciudad, y que su permanencia en la capital dependía exclusivamente de la beca recibida en semejante secundaria.

El miedo le embargó— ¿Regresar a casa? — Aquella idea le aterró, la cara desalmada de su padre diciendo “te lo dije, no sirves para la ciudad” o la decepción de su madre en silencio. Tragó saliva— Creo que lo primero…

—¡Debemos elegir un líder de equipo! — Fernanda tomó la delantera— Y como no creo exista otra persona capacitada…

—Tschhh, no votaría por ti, aunque me quitaran la beca— Andrés se retiró de la ventana— De hecho, si cualquiera puede postularse— Se acercó hasta ponerse al lado de Fernanda, quien lo miró por encima del hombro, él se cruzó de brazos con su ceño fruncido y expresión austera— También me postulo.

Esto no está bien, cada uno de nosotros somos  orgullosos de alguna manera, cada uno tiene su razón de serlo, es imposible nos pongamos de acuerdo, y Fernanda tiene un aire autoritario sádico, quizás tiene familiares gobernantes— Pensó un momento observando las posibilidades, notando que Verónica por el momento parecía encontrarse en la misma posición que él— La única manera es que alguno de nosotros ceda su puesto a otro, al único en el grupo capaz de soportar el cargo sin que los humos se le suban a la…— Se detuvo sonrisa en boca, levantó la mano y habló— ¡Propongo a Rocío!

—¿Ah? ¿yo?

—Quizás me agraden los pandas después de todo— Respondió este apoyándola de pie ante el resto. 

—Secundo a Rocío— Verónica levantó la mano.

—Esto es una locura, así que supongo una loca puede liderarlo, voy por Rocío— Daniela apenas levantó sus auriculares, volviéndoles a poner en su sitio.

—Bien, hagan lo que les venga en gana— Fernanda se sentó tomando nuevamente el libro en la mano.

—¿En serio yo? 

—Se llama democracia, y con la mayoría de votos significa que has ganado— Soltó de mala gana Fernanda.

—Una sexy presidenta, en su traje formal— Verónica lamió sus labios de manera seductora— ¡Soy voluntaria para ser su asistente! — Alzó la mano saltando.

—Propongo a Fernanda de vicepresidenta, Andrés, deberías ser el encargado de seguridad, Daniela relaciones públicas y yo me encargaría de estrategias y planificación— Terminó por repartir cargos Eduardo complacido de que fuese tan sencillo comprender el pensamiento del grupo.

—Tschh ¿seguridad? Supongo que lo haré, aunque no me importa si alguno de ustedes es golpeado, no soy ningún guardián.

—Calma cría de Toretto, los puestos más que todo es para rellenar el papeleo del grupo— Expuso Eduardo, Fernanda soltó una pequeña risa ante la burla y el aludido se acercó a Eduardo en tono amenazante.

—¿Cómo me llamaste?

—¿Complejo de terminator? Digo, por eso de mantener el semblante sombrío y amenazante hacia todos— Eduardo fue levantado por la camisa, Andrés lo alzaba como si de un muñeco se tratase.

—¡Pandaband!

—¡NI DE BROMA! — Gritaron todos al unísono a la idea de nombre del grupo propuesto por la recién elegida presidenta del club.

—¡Pandemia! — Cambió Rocío a un tono sombrío.

—¡TAMPOCO!

—¡Súper equipo pandaestelar!

—¡NO!

—¡Pando media booster!

—¡ESO ES UN PROGRAMA DE JUEGOS! — Respondió Daniela.

—¡Pandorama!

—¡Sigue teniendo el prefijo PANDA!

Y así se fundó nuestro club, aunque ninguno de nosotros imaginó todo lo que esto conllevaría, y como solo seis chicos podían crear tanto desastre… y yo dicho sea de paso, me salvé de enfrentarme al “padrino con exceso de esteroides” 

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