1. Capitulo 1 - La niebla que devora
Desperté con un sabor metálico en la boca y un frío que calaba hasta los huesos. La niebla estaba tan densa que apenas podía distinguir los contornos de los árboles; sus troncos retorcidos formaban sombras que parecían moverse por voluntad propia. Cada crujido de ramas, cada susurro del viento, hacía que mi instinto me gritara que no estaba solo, y que aquello que se movía ahí fuera no tenía piedad.
A mi alrededor, personas de diversas edades y constituciones se movían entre la bruma, algunas paralizadas por el miedo, otras corriendo sin rumbo. No había nombres, no había órdenes, solo un caos que se extendía como un río de desesperación. Eran extraños, todos llegados de lugares distintos, pero unidos por la incertidumbre, por la necesidad de sobrevivir un instante más.
-¡Ayuda! -gritó alguien, cayendo entre los arbustos-. Por favor... alguien...
Un hombre cercano trató de levantarse y alcanzarlo, pero un ruido húmedo y rasgante rompió el aire. Miré hacia donde venía el sonido y vi cómo una cabeza rodó por el suelo, sostenida por largas garras que aún tenían restos de carne y sangre. Antes de que pudiera reaccionar, los atacantes se abalanzaron sobre la siguiente víctima, y el silencio de la muerte volvió a imponerse sobre los gritos. La sensación de impotencia fue inmediata, y comprendí que nadie estaba a salvo, que la supervivencia era cuestión de instinto puro.
Entre la niebla pude vislumbrar varias figuras que se movían con cuidado. Una mujer con cabello oscuro observaba desde un árbol caído, agazapada y calculando cada movimiento, su respiración tranquila contrastaba con el pánico que sentía a su alrededor. Otro hombre se detenía a recoger algo del suelo, quizá un palo o una piedra, midiendo cómo podría usarlo. Ninguno hablaba; la confusión era total y cada segundo estaba impregnado de temor.
Intenté avanzar, buscando un refugio temporal, mientras un par de voces al fondo discutían sobre qué hacer. Una mujer preguntaba con calma:
-¿Estamos... estamos muertos?
-No... no creo -respondió otra voz masculina-. Solo... tenemos que movernos, rápido.
Los cuerpos caían alrededor y, aunque nadie los conocía, el terror era compartido. Cada caída era un recordatorio de que no había reglas claras, de que cualquier error significaba la muerte. Algunos corrían, otros se escondían; los primeros intentos de organizarse terminaban en pánico y caos.
Vi brevemente otra figura femenina en la distancia. No sabía su nombre, ni su intención. Simplemente estaba allí, observando, evaluando. Su postura era firme, calculadora, y por un instante algo en su serenidad me dio un hilo de seguridad. Pero no podía acercarme; no conocía su confianza, ni la suya a mí, ni siquiera su fuerza. Solo éramos cuerpos en un bosque que no perdona.
El horror era absoluto, pero también lo era la necesidad de moverse. Cada sombra, cada crujido, cada respiración contenida recordaba que la vida pendía de decisiones instintivas, y que la muerte podía llegar de forma violenta e inesperada. Algunos sobrevivientes lograban encontrar pequeños claros, mientras otros desaparecían sin dejar rastro. Cada instante estaba impregnado de tensión, de un terror que no se podía describir del todo; era algo que se sentía en la piel, que quemaba los pulmones y aceleraba el corazón.
Y en esa primera luz gris del amanecer, cuando la niebla comenzaba a disiparse un poco, entendí que el miedo y la confusión serían nuestras únicas certezas. Que este lugar no daba segundas oportunidades. Que aquí, entre sombras y cuerpos, no había héroes. Solo sobrevivientes, buscando instintivamente a otros que podrían cubrir sus flancos, o al menos, no traicionarlos en el momento equivocado.
Y yo... yo aún no sabía mi nombre, ni cómo había llegado hasta allí. Solo sentía el frío, el miedo, y la certeza de que algo me esperaba entre la bruma, algo que no tend
ría piedad.
¿Te está gustando la historia?
Crea una cuenta gratis para guardar tu progreso, dar like y seguir a tus autores favoritos.
Comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!