8. AZUL NEGRO
—¡Despierta!
—¿Ah? ¡Deja Dy!
—¡Despierta!
—Déjame quieto, un rato más mamá... yo... —Luka sintió como fue arrastrado junto con la sábana y cayó de pronto al suelo, su cuerpo rebotó contra el suelo y una punzada en brazos y cabeza le hizo levantarse de un salto. Sebastian estaba frente a él con los brazos cruzados —¿Qué carajos fue eso?
—Te dije te levantaras.
—¿Y por eso me tiras de la cama?
—Debemos irnos.
—Pero, hombre ayer jugamos hasta tarde —Se quejó, la noche anterior Sebastian estuve jugando en la habitación de Dylan con él hasta las dos de la madrugada cuando el sueño y la falta de suministros les venció. Los últimos días era común que Sebastian se quedara en casa, su madre parecía encantada y le preparaba comida la cual dejaba lista en la nevera.
Dylan era un recuerdo presente en cada rincón y cada instante. Linda llegaba en las tardes saludando y sentándose a jugar en la pc, pasaba un par de horas y se iba, era agradable su presencia. Gabriela regresó a la rutina diaria una semana después, era tormentoso verla los primeros días, se escuchaban los llantos entre las paredes. Pero la presencia de Sebastian le aplacaba un poco.
—Te dije entrenaríamos temprano, es una hora hasta la playa.
—Akjnblkbsladmslñmdsad —Luka comenzó a gruñir al tiempo que se vestía para salir. Ahora medía un metro setenta y siete, los músculos de su espalda estaban marcados al igual que los de su abdomen, sus hombros eran anchos y torneados. Pero él no lo notaba, por alguna razón continuaba sintiéndose chico en comparación al tiburón quien apenas le superaba por un centímetro.
El hambre era algo normal en su vida, su ingesta diaria superaba lo usual y las horas de entrenamiento eran mayores. Las tareas de la escuela eran cosa de algunas noches en desespero, sobre todo cuando iba a presentar. Se saltaba la mayoría de las clases solo por nadar. Bajo el agua sentía que respiraba, el mundo era más tranquilo y calmo, las ideas más claras, lo que debía hacer aparecía allí frente a él.
—¿Qué hora es? —Preguntó notando que todo aun se hallaba en silencio y algo oscuro.
—Las cinco y media.
—¿Qué? ¿Dormimos tres horas? ¿estás loco viejo?
—Dormiremos en el autobus, ahora muevelo.
—Rayos —Luka saltaba a la gaveta donde estaban las medias y los trajes de baño con las gafas de nadar.
—“Buen día amor”
—“Buen día mi terron ¿Vienes hoy al instituto?”
—“Entrenamiento en la playa, después de eso puede que pase por allá”
—“Vendrás cansado, quiero darte besos”
—“Yo también”
—“Hoy tienes que entregar informe de física”
—“Cierto gracias, te escribo en cuanto lleguemos”
—“Besos mi terron”
Terron, Sebastian amaba burlarse de él con ese apodo, afortunadamente él podía devolverlo con “mi tibu”
—Bendición.
—Buen día señora Gabriela.
—¿Qué tal la noche chicos? Dios de te cuide hijo, ¿Ya se van a entrenar?
—Si.
—¿Comerán algo? —Preguntó la madre.
—Quedó pasta de la de ayer —Expresó Luka acercándose a la nevera —Calentaremos esa.
—Yo preparó esta carne y la dejo en la nevera, me acostaré un rato de nuevo y al mediodía la preparo. Les dejaré listo algo, o solo para que frían o calientes, ya saben.
—Descuide señora Gabriela, sabemos cocinar.
—Aun así, llegarán cansados —Expresó esta agregando condimentos a una gran masa de carne molida.
—Toma —Luka lanzo una vianda caliente con pasta y salsa carbonara al tiburón.
—Recuerda que dejaré la comida para entregar...
—Si mamá, a las siete estaré saliendo a entregarlas. Ya no hace falta hacer eso.
—Aun debemos dinero. A Sebastian debemos pagarle.
—Tranquila por eso señora Gabriela, Luka y yo pensamos que...
—Tranquila nada, acepté el dinero como préstamo te lo dije muy claro, ahora no quiero escuchar otra queja de eso.
Terminaron de comer y partieron a tomar el bus de la ruta cinco, el cual les dejaba a solo cinco minutos de la playa —Creo que tu mamá se desahoga trabajando.
—Lo hace para no pensar tanto en Dy.
—Si, eso digo —Contestó Sebastian tomando asiento al lado de la ventana.
—No lo critico es solo que a veces...
—Ella se desahoga en la cocina y trabajando y tú lo haces nadando —Luka se quedó tieso a mitad del autobús bloqueando el paso de gente ante las palabra de Sebastian —No lo crítico, yo hago lo mismo, lo que te digo es que debes entenderla y dejarla expresarse.
—¿Cómo será la rutina de hoy?
—¿Correr y luego un kilómetro de nado?
—Podríamos hacer los dos.
—¿Dos de ida dos de regreso? —Preguntó Sebastian acomodándose en el asiento para dormir.
—Si, de todas formas nos pegará cuando estemos en la competencia.
—Aun no aumentamos bien.
La competencia de nado en mar abierto era algo completamente distinto a lo que Luka había experimentado antes. Por los entrenamientos lo había experimentado, el mar era un lugar de sorpresas. La corriente llegaba a ciertos momentos y por ciertos lugares, algunas zonas alejados de la orilla eran oscuras y muy frías, al punto que no provocaba nadar por allí. No habían carriles ni metas, solo mar, agua y cantidades infinitas de más agua en todas direcciones. Debías mantenerte consciente en todo momento de la posición del sol, del viento que te desviaba, de las corrientes que hacían lo mismo, de la posición de las nubes y por sobre todo, del tiempo.
Llevaban consigo relojes digitales sumergibles con luz. No obstante debían detenerse cada cierto tiempo para revisarlo, era la única manera de saber un aproximado de cuanto avanzaban.
Otro punto que se le dificultaba bastante a Luka, era seguir a Sebastian, no por falta de potencia, sino porque el agua les jugaba tretas a cada tanto y desviaba. Las olas aunque pequeñas les separaban y tapaban constantemente. En la superficie era casi imposible verse el uno al otro si se hallaban a un poco de distancia. La mejor forma era buscar debajo del agua. Pero en ocasiones a Luka le daba miedo, habían sombras pasando por debajo de él y una oscuridad tan grande como un agujero negro. Chasquidos emergían desde lo más profundo haciendo que su corazón se estremeciera.
La competencia sería cien veces más duro, apenas habían experimentado nadar dos kilómetros y el día de la prueba debían enfrentarse a veinticinco. Era la distancia exacta entre la costa y una isla cercana al lugar. Veinticinco kilómetros de nado. Esa distancia en condiciones ideales de una piscina eran casi semejante a dos horas y media de nado. Pero en el mar resultaba distinto, con los constantes desvíos y el oleaje tal distancia se convertían en más de tres horas ininterrumpidas de ejercicio.
El otro punto que dejó a Luka impactado fue el peso. Ambos debían aumentar al menos diez kilos en grasa corporal para el día de la prueba. Así les aseguró Milo al realizar sus cálculos.
El nado ininterrumpido era algo que consumía grandes cantidades de energía, más si hay zonas donde el agua se vuelve mucho más fría que en otras, el cuerpo entonces pide al cuerpo usar sus reservas de energía en grasa para poder mantener el ritmo.
Debían aumentar como mínimo diez kilos en grasa, diez de los cuales Luka apenas llevaba dos y sentía como si su cuerpo fuese una mole que debía llevar a cuestas en el agua. Sebastian por su parte llevaba ya cuatro kilos y medios de reserva e insistía en aumentar la dieta de carbohidratos. Él pensaba iba a estallar de un instante a otro.
Entrenar era duro, pero aun más lo era el quedarse quieto y tranquilo. En los momentos de ocio su mente viajaba al pasado, a uno donde Dy aun estaba en casa, y aunque le gustaba verlo en su memoria, también le dolía y se repetía constantemente que aun tenía algo por hacer. Vencer a Oliver y regalarle la victoria a Dylan.
Eran las siete y media de la mañana cuando entraron al mar para entrenar. Habían corrido un poco y enterrado los bolsos en la arena. Luka tenía mas sueño que antes pero apenas tocó el agua fría todo esto se fue.
—Media hora de ida y media hora de regreso.
—Me parece, cronometremos relojes —Emparejaron los dispositivos y entraron al agua. Aun faltaba un mes de entrenamiento para Luka, un mes donde debía prepararse para su reto.
El tiempo tiene la particularidad de ser muy lento cuando esperamos algo con ansias, pero muy rápido cuando nos preparamos para algo o cuando no nos sentimos listos. La segunda era el caso de Luka, el mes había pasado casi sin que el pudiera respirar, los entrenamientos fueron cuestión del día a día. Recordaba más horas en compañía de Sebastian en el agua que con Valery o su madre.
Incluso el camino a la competencia le fue demasiado corto, una hora y media que volaron mientras el pestañeaba. El lugar era algo impresionante, el nacional de natación se celebraba en un edificio blanco y ovalado, imponente a la vista con formas circulares en la parte superior. El solo verlo le daba un poco de envidia, allí debían estar sus compañeros a punto de competir en el campeonato nacional, lo cual les daría boleto para las olimpiadas a celebrarse el año siguiente. ¿Qué se sentiría? ¿Era tan majestuoso como el interescolar?
—Vamos hombre no te quedes atrás —Sebastian propinó una palmada en su espalda.
—¿Sus compañeros no les están esperando? —Preguntó su madre.
—Si.
—¡Pues apresúrense los dos! Yo iré a tomar un puesto, Linda dice que ya llegó, y Valery me pidió otro, además vamos en una lancha ¡será emocionante! —Su madre tenía una sonrisa de oreja a oreja, le alborotó el cabello antes de darle un beso y un abrazo. A Sebastian le dio un beso y una palmada en el rostro.
—Está emocionada.
—Ya lo creo. No me dijiste si Fernanda viene.
—Debe andar por allí quizás con Valery, tengo entendido que su papá no podía venir hoy.
—Es importante para Val.
—Ni que me lo digas, son los nacionales y tenemos a cuatro personas en el, dos chicas y dos chicos.
Byron, Milo, Jennifer y Valery competían en sus respectivos renglones ese día. Valery llevaba días entrenando sin descanso, basicamente quedaban solo los fines de semana para verse y preferían quedarse en casa viendo películas en las cuales ambos terminaban dormidos al lado del otro en el sillón. El cansancio parecía acumularse en los huesos.
—¿Crees que tengan chance?
—¿Los chicos?
—Y las chicas —Expresó Luka.
—Si, han entrenado mucho. Es solo que la competencia, los demás han entrenado igual de duro que ellos, aquí muchas veces no es cuestión de fuerza y resistencia. Es de no tener miedo, de calmarse y concentrarse, se no temer al público.
Apenas entraban y ya Luka captaba el por qué de las palabras. El lugar se hallaba repleto e iluminado, las gradas estaban abarrotadas por personas entadas y en la zona inferior muchas de pie. Al fondo se observaba un grupo de jueces sentados frente a una mesa larga conversando entre ellos y con algunas personas que se acercaban.
—Mi terroooooonnn —Sebastian se burlo señalando a Valery quien se acercaba.
—¡Mi terrón! —La chica saltó para ser recibida por Luka quien le abrazó y dio un beso —Estoy nerviosa.
—Eres la mejor Valery, solo tienes que demostrárselos —Contestó Luka.
—¿Tu prima?
—Allí está junto con los chicos, la logramos meter como si fuese otra nadadora —La chica mostró una sonrisa cómplice.
—Iré a verla y a desearle suerte a los demás. Tampoco nos podemos quedar mucho Luka.
—Lo sé hombre, lo sé.
—¿Y tú como estás?
—Creo que algo ansioso, las piernas me tiemblan, pero no es miedo, es más como ganas de no defraudar a nadie.
—No vas a defraudar a nadie tonto.
—Quisiera él estuviera aquí burlándose.
—En donde quiera que esté ten por seguro está burlándose Luka.
—Cierto, quizás nos lo regresan por obstinarse de sus necedades.
—¿Ya fueron adonde será la competencia?
—No, mi mamá se adelantó.
—Yo apenas salga corro para allá, le dije que quiero ir con ellas hasta la isla, será emocionante.
—Mi mamá dijo lo mismo.
—Hemos comprado vino, así que pase lo que pase celebraremos un poco al terminar.
—¿Qué? Están locas.
—Vamos mi terrón es un gran día.
—Debes ganar Valery —Contestó este y ella guardó silencio un rato.
—Aun me sorprendo.
—¿De qué? —Preguntó él.
—De cuanto has cambiado.
—¿Cambiado?
—Bueno, no cambiado, es mas como crecer.
—¿A qué te refieres amor?
—Cuando te conocí eras más tímido, eras más cerrado, tenías miedo de nadar.
—Tenia miedo a muchas cosas —Admitió — Quizás es que la peor de ellas ya sucedió. Quizás me di cuenta que a veces solo hay que hacerles frente y seguir adelante, no sé, pero de igual forma no creo haber cambiado.
—Cierto, sigues siendo el mismo idiota que me besó en la playa.
—Al cual abofeteaste.
—Si, al cual abofetee por tarado. Vamos con los demás.
Milo se hallaba de pie y terminaba de dar su discurso, Ian y Justin estaban en el lugar pero vestidos semicasual. El primero más elegante que el segundo de pie y erguido, Justin por su parte estaba recostado sobre un sillón casi acostado.
—¡Llegaron quienes faltaban!
—Luka —Byron le daba un abrazo fuerte.
—Los dos pequeños enamorados —Jennifer estaba ya cambiada, majestuosa como siempre con el traje de baño ceñido al cuerpo dejando ver sus grandes atributos por todas partes. Justin no dejaba de mirarla.
—Es genial verlos, a los dos —Milo se acercó para estrechar su mano y luego un abrazo.
—A mi también me agrada.
—En quince minutos estaremos compitiendo.
—Nosotros comenzaremos en cuarenta.
—Les habría dado tiempo —Exclamó Milo viéndoles.
—Pero nos habríamos agotado —Contestó Luka.
—Estamos bien Milo, ustedes deben concentrarse en lo suyo, nosotros barreremos allá afuera en el mar con los que se nos pongan adelante.
—Suena como el tiburón hablando ¿Lograron los kilos?
—Yo once, Luka apenas ocho.
—¿Estarán bien así? Bajarán varios kilos mientras estén nadando...
—Estaremos bien Milo, hemos entrenado sin descanso todas estas semanas —Agregó Luka. En cierta forma sentía que pertenecía aun a ese equipo a pesar de no participar en la misma competencia, aun les sentía como su familia, como ese pedazo de hogar en el cual se sentía en paz de estar.
—Les hemos extrañado en los entrenamientos —Ian se acercó con su semblante tan serio como siempre.
—¿Y la pierna?
—Perfecta, no he dejado de nadar, solo fue un estirón del músculo.
—Christian se fue.
—Se retiró del club un par de semanas luego, no superó el incidente, yo le dije que era una tontería que yo estaba bien, e igualmente pudimos hacer el tercer lugar.
—Él deseaba el primero.
—Si —Repuso Ian — Pero a veces el cuerpo dice que no aunque tu lo quieras, y si fuerzas el cuerpo, pues ya vez, tienes que guardar reposo luego como yo.
—Debemos competir juntos luego —Comentó Sebastian.
—Eso espero, me agradaría hacer un relevo con ustedes, o una de velocidad a ver si ahora pueden pasarme.
—¿Tan bueno te has vuelto?
—Se sorprenderían muchachos, se sorprenderían —Comentó Ian —Les deseo suerte.
—¡Debemos irnos chicos! —Milo interrumpió el momento —Lo siento chicos —Se refirió a Luka y Sebastian.
—Debo irme amor — Luka sintió sus labios, tan frescos y magníficos como la primera vez, suaves, tiernos y divinos al contacto, apretándose a los suyos de un modo tierno pero apasionado. Lo malo de besarla es que jamás deseaba detenerse —Te amo, correré a verte apenas termine aquí.
—Yo quisiera quedarme a verte.
—Deben ir a verificar su inscripción a cambiarse y calentar mi terron.
—Te amo —Era la primera vez que se lo decía ella llevaba una semana con la palabra en su boca, y no es como si él no lo sintiera antes, quizás ya la amaba antes de ser novios, pero se rehusaba a decirlo tan rapidamente. Esta vez era distinto, ahora solo quería desahogarse antes de entrar al agua. Valery sonrió de manera radiante antes de darle un beso y partir. Sebastian se separaba de Fernanda.
—Iré a verte apenas Val salga.
—Te espero en la isla, debes estar de primera para recibirme y darme la copa.
—Allá vamos a estar —Se despidió en carrera mientras el comentarista comenzaba a hablar.
—Me gustaría quedarme, quiero verla.
—Yo quiero ver a todo el equipo, pero debemos prepararnos, se nos hará tarde.
—Lo sé... pero igual —Se marcharon mientras se escuchaban de fondo los aplausos del público por los competidores.
—No vayas a caer en ninguna provocación de Oliver — Sebastian se mostró serio.
—Hará alguna tontería, lo sé.
—No es que lo sepas, es que no hagas nada Luka.
—Si menciona a Dylan...
—Es muy probable que lo haga Luka, tendrás que aguantarte y no escuchar.
—No pienso aguantarme nada de él.
—Tendrás... — Sebastian lo detuvo y miró directamente —La competencia ya comenzó.
Era cierto, de alguna forma ya se encontraban allí. Los siguientes minutos los pasaron cambiándose y calentando los músculos con flexiones y un par de sentadillas, trotando un par de segundos antes de que los competidores se reunieran todos frente al público. Habían un par de cámaras a los lados y botes que bordeaban el lugar de salida, y allí entre los treinta y cinco competidores estaba el favorito ex ganador, Oliver.
—Nosotros podemos.
—Lo sé, podemos ganar.
—¿Por Dy?
—Por Dy —Contestó Luka.
Un helicóptero sobrevolaba el lugar, Luka se asombró ante tal hecho con la vista alzada, relajó los hombros con movimientos circulares. Entre el publico en la zona trasera debía estar su madreo quizás en alguno de los botes esperando a las chicas.
—Me agrada que tu mamá viniese a vernos, la mía siempre se ha quejado de que practique natación, dice que no llevará a nada —Luka lo sabía desde hace tiempo, Sebastian procuraba no hablar sobre su familia, pero era el hijo único de padres trabajadores que soñaban con un descendiente doctor.
—Yo creo que mi mamá te trata ya como otro hijo —No era mentira, mucho más después de que se quedara a dormir algunas noches.
—... Los premios de este día, cincuenta mil dolares al primer lugar —Luka y Sebastian se observaron con una sonrisa cómplice y la certeza de obtenerlos — treinta y cinco mil dolares al segundo lugar, y quince mil para el tercer puesto. Recuerden que el recorrido es de veinticinco kilómetros en los cuales serán monitoreados de forma aérea. Nuestros patrocinantes están ...
Luka y Sebastian mantenían la vista fija en el mar, el cielo estaba nublado y el sol era leve, a su alrededor estaban otros treinta y tres competidores, todos expectantes por el momento de la salida. Un grupo de botes avanzaba por el agua alejándose de la orilla y formando una especie de pared lateral a cada lado. Era obvio les observarían durante todo el recorrido. Un segundo helicóptero sobrevoló el lugar y Luka debió mantener la vista fija en el mar, y su azul profundo.
—Ven acá —Sebastian le separó a una de las orillas del grupo.
—¿Qué pasa?
—Hay que guardar distancia con ese idiota —El tiburón señaló con la vista a Oliver. Luka le observó, este les miraba y saludaba con una sonrisa psicópata, en sus labios pudo leer la palabra “pa- te – ti – co” la sangre le hirvió durante un instante —Tampoco es bueno estar en el medio cuando todo comience, será una carrera de locura al mar, aunque la carrera en sí comienza luego de pasar veinte metros en el agua.
—Hay que pasar las olas del inicio, allí nos tomarán ventaja.
La salida la llevaban practicando desde semanas atrás pero era la parte más difícil de preveer, las olas eran un factor desconocido, muchas debían pasarlas por debajo y otras por arriba, algunas les arrastraban más que otras. Lamentablemente este era el punto fuerte de Oliver con su técnica de nado para aguas turbias.
—Prepárate —Expresó Luka, a pesar de que Sebastian ya se encontraba agachado. Al fondo podían escuchar al comentarista dando los últimos comentarios y la cuenta regresiva.
—¡LISTOS Y FUERA! —La voz se escuchó fuerte y clara seguida de un mar de gritos y aplausos. Luka y Sebastian comenzaron a correr por la arena rumbo al mar, una persona cayó en la playa pero nadie volteó a ver, entraban al agua fría y empezaban a saltar por esta hasta que sus rodillas se hallaban sumergidas, avanzaron un poco más y el primer obstáculo. Olas de medio metro empezaban el ataque contra ellos.
Luka buscó con la vista adelante, la silueta de Oliver llevaba mucha delantera con respecto a ellos, se lanzó para atravesar la ola por debajo y la sal dio contra su rostro., estaba acostumbrado pero no por ello debajo de picar en sus ojos, alzó la vista y se colocó los lentes. Le reducían la visión por encima del agua, pero ahora era tiempo de empezar a nadar. Sebastian le llevaba unos cuatro metros de distancia.
Comenzó a avanzar dando rápidas y poderosas brazadas, una ola le hundió y revolcó un poco, el fondo del agua era un cúmulo de agua, sal y arena, imposible ver mucho con todo tan turbulento. Una segunda ola le estalló justo en la espalda, la tercera fue capaz de pasarle por encima, comenzaba a alejarse un poco de la orilla, las olas dejaban de ser tan altas, pero entonces fue cuando sintió el primer jalón. La corriente de ida y regreso le tiraba por un instante a la orilla, y al segundo siguiente le sumergía unos siete metros más adelante de donde se hallaba.
Ya estaba en el mar.
Avanzar no costaba demasiado gracias al entrenamiento constante, incluso en los últimos días había usado pesas en las practicas. Podía avanzar rápido, pero necesitó quitarse las gafas, observar siempre el camino era necesario. Se percató de que el sol se hallaba a las dos en punto. Su misión era mantenerlo siempre en esa dirección ya que el recorrido en el agua era totalmente en línea recta.
¿Donde estaba Sebastian? Habían unos cuatro nadadores junto con él, casi al mismo ritmo, nadando muy rápido, las brazadas ágiles y las cabezas por encima dela agua respirando por la boca. El mar debajo de él empezaba a tornarse oscuro, aquello siempre le daba un poco de temor, había aprendido a medir un poco la distancia gracias a eso, debía hallarse cerca del primer kilómetro de carrera.
Continuaba sin poder ver a Sebastian, uno de los cuatro nadadores se quedaba muy atrás, otro parecía también algo fatigado de la partida veloz, por delante se veían otros dos nadadores pataleando. ¿Sería uno de esos Sebastian? Era tonto en cierta forma, pero le mantenía tranquilo nadar junto a su compañero, era la manera en la cual lo había practicado durante los últimos dos meses, el tiempo había formado cierto vínculo entre ambos.
—¿Cuanto... Tiempo llevamos? —Uno de los nadadores preguntaba a otro cercano, era imposible no escucharles cuando lo único que había era el rugido del mar y el sonido de las brazadas y patadas que daban para andar.
—Media hora.
—¿Medía? ¿Tan rápido? ¿Cuando? Luka apenas sentía que acababa de dejar la playa y salir del oleaje. Dio una pequeña vuelta en tirabuzón para observar atrás. No se veía nada, siquiera la silueta de la costa, solo mar en todas las direcciones, habían unas embarcaciones a los lados pero a mucha distancia.
Todo era mar por donde lo viese, y aún no lograba encontrarse al tiburón ¿Lo habría dejado atrás? No, lo había visto adelantarse, si estaba en algún lugar era por delante de ellos, por lo cual debía acelerar un poco y quizás virar un poco a la derecha para pasar a estar en la zona central donde debían haber más nadadores.
Se movió un poco tomando el sol como guía única. Ese día no llevaba el reloj consigo, Sebastian si. Aceleró un poco a pesar de que debía reservar fuerzas y mantener un ritmo constante tal cual lo había ensayado. Pero aun no sentía cansancio, el agua salada le producía cierto escozor en el rostro y la espalda la cual se hallaba dorada producto de tanto nadar.
El fondo del mar ahora era totalmente negro, y Luka procuró no observar tanto hacía abajo y concentrarse en su frente. De pronto vio lo que buscaba, Sebastian se hallaba cerca, a pocos treinta metros por delante. ¿Cómo de adelantó tanto? ¿O Cómo él llegó a estar tan detrás? No tenía idea. La idea más probable era a causa del oleaje en la salida y la corriente del agua.
—Tardaste —Fueron sus palabras al ver como Luka se acercaba por su izquierda.
—Te moviste mucho a la derecha.
—¿Sí? Me imaginé que fue así, busqué de mantener a la vista a los nadadores que van en la cabeza —Sebastian señaló al frente y realizó tras brazadas largas, ambos avanzaban ahora un poco más relajados mientras el agua debajo de ellos se tornaba muy fría.
—Escuché que llevamos como media hora de nado.
—Cuarenta minutos y cincuenta segundos —El chico levantó su brazo derecho en alto antes de dar utro par de brazadas fuertes adelante.
—Debemos llevar unos cuantos kilómetros ya.
—Pero ... —Una ola les tapó, avanzaron sobre esta y continuaron, una leve llovizna comenzaba a caer, las nubes se formaban mas gruesas adelante de ellos — Pero ... aun nos quedan... otras dos horas de nado.
—Hay que mantenernos —Y con estas palabras comenzaron a avanzar a un ritmo pausado, suave y de brazadas largas durante un rato.
—Llevamos a algunos por delante.
—¿Cuantos? —Preguntó Luka.
—Unos diez, entre ellos...
—Oliver —Luka terminó la frase y Sebastian asintió solo con la cabeza. Las gotas de agua dejaban de ser pequeñas y se convertían en grandes y gruesas. Una fuerte lluvia comenzaba a caer sobre ellos causando estragos pues así era aun más difícil el poder respirar y ver hacía adelante, sin contar de que el sol se perdía totalmente de vista.
—Esto ... No es bueno.
—Lo ... Sé.
Avanzar se comenzaba a tornar en una labor de concentración debían mantener el ritmo calmado, respirar bien y el curso recto. Pero la lluvía dejaba una cortina gris frente a ellos, una cortina que solo les dejaba ver como a diez metros a la redonda. El mar a su alrededor comenzaba a reaccionar ante el mal tiempo, las olas empezaban a formarse algo más altas y empinadas y el flujo por debajo de sus cuerpos más fuerte de atravesar.
Luka procuraba no abrir la boca, no debían tomar agua del mar o terminarían deshidratados, pero la verdad tenía bastante sed. Un truco era dejar entrar un pequeño buche en su boca, y dejarla reposar allí, sin llegar a tragarla y eventualmente dejarla ir. Solo para que su boca sintiera el liquido contra ella.
Una brisa fría comenzó a pegar en dirección contraría de donde se movían, un par de nadadores se observaban por delante ascendiendo una ola algo grande. No podía hablar con Sebastian, era imposible debido a la lluvia, respirar ya costaba bastante; pero en la mirada ambos tenían la misma idea, acelerar y pasarle por encima. Así lo hicieron y de pronto se hallaron bordeando por un lado al par de nadadores aquello y con la vista cercana en un tercero que viajaba en solitario pero a buen ritmo.
Era algo necio tener que avanzar así, cerrando los ojos constantemente por las gotas de agua contra el rostro, sacando la cabeza más de lo necesario para respirar un poco mejor, y con olas que iban en aumento.
—Cuidado —La voz de Sebastian fue corta y leve, pero de inmediato Luka sintió a lo que se refería. Una corriente fuerte y caliente pasaba por debajo de ellos, moviéndose a gran velocidad de este a oeste. El tirón fue instantáneo, era como una pared de agua invisible, el nadador que iba por delante de ellos también luchaba para poder cruzarla, les tiraba a la izquierda del recorrido sin importar cuanto nadaran hacia adelante.
Tan raudo como comenzó, se acabó, la corriente se desvaneció dejándoles únicamente con un gran cansancio y pesadez en los brazos.
—Vamos —esta vez era Sebastian quien estaba un metro por detrás de él. Comenzaba a sentir estragos en todo su cuerpo. ¿Cuanto tiempo llevarían? Sentía que era una eternidad y los músculos de los hombros empezaban a reclamar descanso, las piernas se hallaban también algo cansadas, pero en menor cantidad, por lo cual decidió darles mayor desempeño y dar brazadas más amplias. Tarea enfrentada al la lluvia que enturbiaba todo a su alrededor.
—Allá va otro —Escuchó la voz de Sebastian y observó como a treinta metros, apenas se observaba el brazo de alguien nadando entre las olas.
—Pobre —Pensó —Nadar solo ha de ser una tortura —O así lo sentía, él por lo menos podía buscar apoyo siempre en su compañero, avanzar resultaba ahora una cuestión de mera concentración, el cuerpo pedía descanso y era la mente la que le determinaba a seguir adelante, a no permitirse un momento de flaqueo en el cual todas sus esperanzas y sueños se fueran por la borda.
Se escuchó a lo lejos como un helicóptero les sobrevolaba, pero no había tiempo para ello, debían avanzar y otra ola se avecinaba cortándoles la visión, no pudieron atravesarla por encima, así que ambos se hundieron y atravesaron por debajo, sintiendo el arrastre contra sus espaldas al tiempo que esta desaparecía en el mar.
No podía ver nada, debajo de el todo era una oscuridad total y le daba pavor ver alguna que otra sombra, adelante las olas y el viento les dificultaba todo, mantenía los ojos lo mas entrecerrado posible pensando en locuras como canciones o algún episodio de las series que antes veía.
De pronto Dy paso por su mente, Dy su hermano, lo extrañaba, esta victoria era solamente por él, también por su madre, quien buscaba mantenerse fuerte, por Valery quien le metió a este mundo de la natación. También le debía mucho a Milo y a Sebastian, quienes le instruían siempre.
Solo podía pensar en esas cosas, eso y tararear canciones tontas mientras avanzaba, no había conversación posible con ese tiempo. Pero resultaba pesado estar así, sin poder comunicarse. De pronto observó algo que llamó su atención. La persona a quien más odiaba.
Oliver se encontraba por delante de ellos nadando contra otra persona a quien superó bastante rápido. Sebastian y Luka intercambiaron miradas, era hora de superarlo, era momento de lograr por lo que tanto habían entrenado. Pasarlo, vencerlo, humillarlo en su terreno.
Dejaron atrás al competidor que iba con Oliver, era un hombre algo mayor pero su mirada dejaba ver algo. Miedo —¡Cuidado! —Fue el grito del hombre.
Ninguno de los dos estaba dispuesto a aminorar el paso, la lluvia cesaba un poco y el sol daba algunos rayos de sol, y allí frente a ellos, a pocos metros estaba Oliver, nadando veloz y con brazadas cortas. Se escuchó aun en la distancia un grito.
—¡PATEEEEETICO!
—A él.
—A él —A pesar de decirlo costaba demasiado. Sin importar cuanto aceleraban Oliver mantenía cierta distancia con ellos.
—Son pateeticos, muy pateticos ¿Y así piensan que tienen oportunidad de ganar?
Era cierto, Sebastian y Luka se miraban mientras nadaban, si no lograban pasarlo, todo estaba perdido, debían darlo todo si querían ganar, dejar de nadar reservando fuerzas. Sebastian observó el reloj que cargaba, marcaba una hora y cincuenta minutos. Eso era casi la mitad del tiempo que ellos estimaban.
El tiempo iba cambiando a un paso más tranquilo, pero la brisa y una leve llovizna continuaba al igual que las nubes. Luka y el tiburón aceleraron los siguientes metros, todo para poder alcanzar a Oliver.
Lo odiaba con todo su ser, Luka deseaba verlo hundirse en el mar, desaparecer. A pesar de eso debía aceptarlo, nadaba de una forma excepcional y formidable. Cada brazada que daba era larga y la forma en que hundía el brazo era como si abrazara el agua, sin golpearla. A pesar de eso lograron ponerse en su lugar, llegar a su nivel.
—Nadan muy violento...
El comentario se refería a las brazadas, Luka se había percatado, Oliver mantenía un ritmo pausado pero avanzaba mucho en cada una de sus brazadas.
—Vamos a pasarte —Sentenció Sebastian.
—¿A pasarme? ¿A pasarme? —Luka jamás había visto esa expresión en nadie, sus ojos estaban desorbitados y la boca abierta en una sonrisa rara y deforme —¡Nadie va a pasarme, pueden intentarlo si quieren! Solo hay dos personas por delante de mi ahora, y los pasaré en los últimos tres kilómetros.
Aceleró.
Era como si todo el rato hubiese estado tan solo disfrutando y ahora decidiera competir en serio. Cinco, diez, veinte metros. Tuvieron que empezar a nadar con todas sus fuerzas o se iban a quedar atrás, apenas podían llegar a sus piernas. ¿Qué clase de monstruo era él? ¿Qué persona podía nadar a esos límites?
—No pueden ganar, todos son pateticos. No saben lo que hacen — Luka se concentraba por mantener el ritmo, pero aquella voz taladraba su cabeza —Vinieron aquí sin prepararse suficiente. Yo he nadado estas aguas durante meses.
—No me interesa lo que digas payaso —Sebastian estaba nadando con rabia — Dijimos que vamos a ganar y eso haremos. Tenemos que hacerlo, se lo prometimos a Dy...
—¿Dy? ¿Quien es Dy? ¿Se refieren al invalido ese hermano del pecesito?
Aquellas palabras se sintieron como una punzada justo en el pecho, herían más profundo que nada. Debía destrozarlo, como diera lugar. Luka se adelantó casi gritando mientras nadaba, colocándose al lado.
—Yo los estudié a todos ustedes, conocer a la competencia, me sorprenden que aun puedan continuar —La expresión era cínica —Les comentaré algo, a casi tres kilómetros de distancia hay una fosa, tan profunda que ejerce mucha presión hacia abajo, es como si el agua buscara de hundirte. Intenten seguirme hasta allí.
Era como una declaración de guerra o algo más. Luka le observó con detalle, era como si sus brazos se alargara y su cabeza saliera más de lo debido del agua, lo siguiente fue una aceleración sin medida.
La única salida era seguirle, ya su cuerpo se hallaba en el límite, ya sus músculos comenzaban a decirle “ríndete” pero no había opción alguna, solo quedaba un interminable mar frente a ellos, y de rendirse, jamás se lo perdonaría a si mismo.
Continuar era tortura, se sentía de nuevo como aquella noche cuando la corriente le arrastraba y no podía escapar de ella. Oliver era demasiado ágil, les llevaba unos cuatro metros por delante a pesar de que él hacía su mayor esfuerzo. Sebastian tampoco deseaba darse por vencido, luchaba con todas sus fuerzas, sin hablar y con el rostro casi hundido por completo.
El sol volvió a ocultarse y una cortina de lluvia se avecinaba, los minutos pasaron uno tras otro, era imposible, por instantes lograba acercarse lo suficiente, pero luego volvía a quedarse por detrás a un par de metros. La leve lluvia regresó y Luka dio gracias porque al menos un poco del calor se fue, la brisa fría les atajó con ferocidad de súbito.
—¡Vamos vamos!
El grito le encolerizaba, aquello debía ser una estrategia, pero surtía efecto a pesar de todo. Estaba al límite y con ganas de rendirse de no seguir, de dejarle ir y tan solo descansar en el agua. Los hombros comenzaban a matarle de agotamiento. La lluvia azotó con fuerza sobre sus rostros nuevamente, impidiendo la vista y enturbiando las aguas, creando olas más grandes de lo que deseaban.
Llevaban dos horas y media de nadar, más de treinta minutos siguiendo a Oliver cuando Luka se percató del cambio de color en el mar. El fondo era tan negro que la oscuridad se reflejaba en el mar frente a él.
Sebastian se mostró igual de nervioso que él, aquello era sin duda anormal. Se acercaron raudos, Luka iba al lado de Oliver cuando lo pudo sentir en todo su cuerpo. La presión y la succión, aquello era como una boca gigante que jalaba todo al fondo justo en el centro. Los primeros metros fueron demasiado sencillos, era como si el mar le empujase hacia adelante, pero después de allí, habiendo pasado el centro, se encontraba ante una pared invisible de succión que tiraba hacia atrás y drenaba sus fuerzas.
—¿Que le pasó al lisiado que llevaba las toallas?
Luka escuchó las palabras y fue como si un rayo descendiera por su cuerpo, toda su médula espinal liberó una cantidad enorme de energía, no le importó más la lluvia que caía sobre su rostro, ni el frío. Gritó con todas sus fuerzas y dio un par de brazadas más para salir de aquel enorme agujero oscuro en el mar. Lo curioso es que volteó hacia atrás y se halló solo. No había nadie más junto a él.
Se detuvo en seco, él iba adelante, pero ni Oliver ni Sebastian daban impresión de seguirle. ¿Qué había pasado en ese par de segundos de ira? Había perdido de vista a los otros dos. Las olas eran altas y dificultaban la visión, la lluvia aún más.
Logró verlos, Sebastian y Oliver estaban forcejeando en una pelea furiosa. Sebastian golpeó con su puño la cabeza de Oliver y este se defendía con patadas debajo del agua y golpeando sus costillas. Luka observó hacia atrás, tenía el camino libre para continuar hasta la meta, pero adelante estaba Sebastian luchando contra Oliver. Comenzó a nadar en dirección contraria a la carrera, regresando y entrando de nuevo en aquella zona enorme de presión. Se acercaba más y más cuando lo vio. Sebastian erro un puño a la cabeza de Oliver y este girando sobre su cuerpo le dio un fuerte golpe al tiburón con su codo en todo el rostro.
Sebastian cayó hacía atrás en el agua. Estaba inconsciente pero Oliver no se había percatado de ello, lo agarró del cabello y hundió en el agua dejándole abajo.
—Ya perdí a un hermano, no perderé otro —Luka saltó sobre Oliver. No sabía pelear ni como enfrentarse a otra persona, pero la ira y la rabia le invadían por completo, solo deseaba destrozarlo. Golpeo su cabeza y pateó fuerte sobre su pecho para separarle de Sebastian, pero el tiburón ya no estaba. Se había hundido.
Luka metió la cabeza en el agua, pero no observó nada, todo estaba completamente oscuro. Salió y se desesperó. ¿Ahora qué? ¿Qué podía hacer?
Colcó los lentes sobre sus ojos y se hundió en el agua, la corriente le arrastró de inmediato y procuró patalear hacia abajo mientras tanteaba la oscuridad. Pero nada. Pataleó aun más y sintió la presión contra sus oídos la cabeza. ¿Cuanto habría bajado? Le dolía, pero no podía parar, no iba a perderlo.
Lo sintió, no podía verlo, pero aquello era su cuerpo. Lo rodeó con un brazo y comenzó a nadar hacia arriba con todas sus fuerzas. Jamás había nadando con tanta desesperación y fuerza, jamás había tenido tantas felicidad de ver la claridad allí arriba. Lejos, pero visible.
—¡Más! ¡Más! ¡arriba! —Gritó por dentro, sus piernas dolían y su vista se nublaba tornándolo todo en negro. Cerró los ojos y continuó, no podía rendirse. El aire entró en sus pulmones, abrió la boca muy amplia para respirar y sacó la cabeza del tiburón del agua. Se hallaban aun en aquel agujero de presión, debía salir, pero Sebastian no reaccionaba y un hilo de sangre recorría su mejilla desde la nariz.
Golpeó su pecho con el puño, dos, tres, lo golpeó nuevamente hasta que el tiburón abrió los ojos expulsando agua por la boca. Respiro agitado un par de veces hasta comprender que aun se hallaban en el mar y Luka le sostenía.
—Dylan...
—¿Qué?
—Insultó a Dylan...
—Hay que salir de aquí —Lo dijo, pero era más difícil de lo que parecía. No tenía ni la más remota idea de hacía adonde dirigirse. Todo era mar en todas las direcciones —¿Adonde?
Sebastian se hallaba como mareado, débil. Luka dudó de que pudiera nadar así, él apenas podía mantenerlos a los dos a flote. Pero el tiburón comenzó a patalear —Por allí.
—¿Cómo lo sabes?
—La brisa, contraviento.
Era cierto, segundos antes se hallaban nadando a contraviento, Luka le soltó y comenzó a nadar el también, para su sorpresa Sebastian fue recuperando su semblante natural y a moverse con mayor agilidad, el le siguió de cerca.
Los siguientes metros fueron de recuperar los ánimos y fuerzas, la lluvia fue aminorando poco a poco hasta desaparecer. No podían ver a Oliver, si les había adelantado debía llevarles mucho trecho de diferencia. A Luka no le importaba ahora, el miedo que pasó atrás le demostró que había algo más importante que vengar la memoria de su hermano. Era cuidar el otro que había ganado en los últimos meses.
El sol salió nuevamente, se hallaba más arriba, pero le indicó a los chicos que se hallaban en la dirección correcta. Las brazadas eran largas pero potentes, querían llegar ya, sus cuerpos estaban agotados. Luka pensaba en Valery y en el largo beso que le daría apenas llegase a tierra. Quizás después de tomar agua y soda, como mínimo dos litros, su boca estaba seca y evitaba beber agua del mar. Sentía la sal en su garganta produciendo escozor.
—Tiempo —Exclamó Luka.
Sebastian alzó el brazo y encendió la luz, el reloj marcaba tres horas siete minutos. Aquello era más de lo que ambos esperaban, tomaron aire y comenzaron a bracear lo más rápido posible, pero a medida que lo hacían comenzaban a ver a lo lejos una isla, larga y diminuta en la inmensidad del mar.
La meta se hallaba ante ellos, hasta entonces ninguno de los dos había competido, pero al instante siguiente todo cambió. Dejaron de hablar entre sí y el nado se volvió más intenso. Cada uno tenía a un oponente más que digno al lado.
Luka sintió la necesidad de ganar, las ganas, el coraje. Lo deseaba con todo su ser y su cuerpo respondía ante ello, sus brazos se movían más rápido y movía las piernas desmayadas cuanto más podía.
Sebastian era su contrincante, uno más fuerte e inesperado. No daba la impresión de haber estado inconsciente minutos atrás. A medida que se acercaban a la isla cada uno aumentaba el ritmo buscando tomar la delantera. No iban a retroceder ante el otro, era una guerra, una lucha por saber quien era mejor.
Los hombros, la espalda, los abdominales le dolían, pero nada de eso importaba, nadaba como si su vida dependiera de ello, como si arrastrara el peso de mil personas consigo, la meta estaba allí, cerca. Era un cuadro en el agua con una cinta elevada a unos dos metros sostenida por un par de botes.
Los siguientes segundos los sintió lentos en extremo, su cuerpo se movía con lentitud, al igual que el de su compañero. ¿Qué podía hacer para ganar? Hundió la cabeza tomando aire y comenzó a bracear sin sacarla. Con todas sus fuerzas, a la final la sacó tan solo para gritar con todas sus fuerzas.
Luka no se percató de que ya había pasado el cuadro y se dirigía a la arena. La sintió sobre sus pies, dio un par de pasos y cayó en la orilla desmayado.
La victoria le tomó por sorpresa, despertó con el aroma del cabello de Valery unos grititos de su madre y Sebastian alzándole del suelo. Cerró los ojos.
Al abrirlos de nuevo su madre sonreía mientras lloraba dándole refresco en la boca como si fuera un biberón. Luka se sintió avergonzado y sus mejillas se tornaron rojas pero no tuvo fuerzas como para levantarse. Valery daba saltos en la arena junto a Fernanda y Jennifer.
—Dale un poco de esto —Sebastian colocó un vaso con vino, Luka lo tragó a pesar de que el sabor fue amargo. De inmediato consiguió fuerzas para sentarse. Valery saltó sobre él enterrándolo de espaldas en la arena.
—¡Ganaste amor ganaste!
—¿Qué lugar?
—¡Primer lugar! ¡Sebastian llegó de segundo!
—¿Qué? —Luka miró a su alrededor. Sebastian se hallaba de pie estirándose un poco, la multitud al frente aclamaba a otro competidor que llegaba. Milo y Byron se hallaban a lo lejos jugando con un balón, Jennifer y Fernanda estaban cerca con una gran sonrisa —¿En serio amor?
—Te lo juro. Deberías levantarte a recibir el premio y la copa.
—Pero tu estás sobre mi.
—Levántate aun así.
—Me gusta el premio que tengo aquí —La beso nuevamente, el sabor a vino recorrió ambos labios, su lengua aprisionada con la suya, el manjar y calor de su boca en el simple contacto. La manera en que ella podía robarle el aliento —A ti ¿Cómo te fue?
—Segundo lugar —Mostró su medalla plateada con orgullo entre sus senos.
—Felicitaciones —Volvió a besarla y a apretar su cuerpo al suyo. Jamás había sido tan feliz, su cuerpo estaba recuperando fuerzas, pero su mente saltaba de la emoción.
—El tercer lugar lo ganó una chica llamada Irene —Comentó Valery.
—¿Oliver?
—Llegó hace poco, lo trajeron inconsciente en una lancha, dicen que tiene una pierna desgarrada. Parecía grave.
Luka se tiró hacia atrás con la cabeza en la arena, por un instante pensó que él lo había liquidado en el mar. Por alguna razón aquello no le preocupó en lo absoluto, pero saberlo vivo le dejaba con cierta satisfacción, sufriría —¿Sucedió algo amor? —Preguntó Valery.
—Nada —Luka observó a Sebastian, a su madre radiante, a sus amigos e imagino a Dylan sonriendo en la arena —Nada, tan solo salvé a mi hermano.
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