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FATA

4. PASADO PRESENTE Y FUTURO

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Por primera vez en mucho tiempo desperté luego de haber dormido con sueño, mi cuerpo se sentía pesado, no obstante tenía un ánimo increíble, el sol entraba por la ventana pegándome en el rostro y me fascinaba que así fuera. El estomago me rugía y me hallé dispuesto a darle tanta comida como fuese posible, después de todo, tenía diecisiete años sin probar bocado alguno, diecisiete años que según me expresó Nieve trascurrieron en solo tres segundos de nuestro mundo antes de que gritase despertándola.

Para mí, esos casi diecisiete años me habían marcado por completo, veía la vida distinta y deseaba cosas tan diferentes al día anterior que me veía a mi mismo y pensaba en lo tonto que siempre fui.

Siempre he escuchado a las personas mayores decir que gustarían de vivir de nuevo su juventud pero con la experiencia dela adultez, pues así serían más prudentes y elegirían mejor sus decisiones. Yo les diré que pienso todo lo contrario, si algo me enseñó mi estadía en la vida de Nieve durante diecisiete años, es que la vida hay que vivirla al máximo y que las boberías y errores del día a día son la mejor manera.

—¡Nieve!  

—¿Qué quieres?— La chica asomó la cabeza con el cabello vuelto un embrollo por la puerta de su recamara.

—¿Y a ti que te paso?

—¡Estaba dormida zoquete, eso me pasó!

—Tengo mi primer deseo del día…

—¿No puede esperar un rato? ¿Cómo cuatro horas más?

—Deseo tener un narrador propio.

—¿Y que carajos es eso Richard?

—Un narrador, uno que diga lo hermoso que es el día al despertarme, la hora de ir a comer, cuan feliz me siento de poder vivir y todo eso…

—¿En serio quieres algo tan inútil?

—Pues si Nieve, lo mejor de este deseo es que me recordará la felicidad de estar vivo día a día.

—¿Y quieres que todos escuchemos semejante tontería?

—No, solo yo, conmigo estará bien— Expresé sonriendo.

—Especialisto… me voy a dormir, llámame en un rato, o cuando el narrador te diga donde dejaste el cerebro, no fastidies...— Cerró la puerta tras de si.

“Y así nuestro querido protagonista disfrutó del radiante sol de la mañana sobre su rostro, disfrutando de un nuevo día para vivir, cuando de pronto sintió el rasgar de su pequeño y adorado felino Pendejo, quien añoraba su comida”

—¿En serio es Pendejo?— Me acerqué a la puerta para escuchar.

“Ciertamente, el felino se hallaba algo disgustado por la carencia de suministros y pensando en una muestra de cariño y amistad ha traído consigo un obsequio”

—¿Un obsequio? Pero el quiere salmón, y yo no tengo salmón ¿Tú sabes donde puedo conseguir salmón?— Pregunté a mi narrador alzando la cabeza.

“No tengo idea, soy tu narrador, no el chico del supermercado”

—Cierto— El rasguño acostumbrado me indicó que debía abrir la puerta, y en el acto me percaté del “obsequio” que pendejo tenía en la boca.

—¡Toma humano! Es una muestra de paz y afecto, ahora que estamos en buenos términos... ¡Dame mi comida! ¡Exijo salmón!— Lanzó un ratón muerto en la alfombra y a mi me dio asco. Pendejo se lamia las patas mientras exigía su alimento y yo pensaba donde pudieron estar esas garras.

—¡Saca ese ratón de mi vista! ¡Es asqueroso! ¡Déjame bajar y buscar algo de comida, pero saca esa cosa de acá…!

—¿Alguien dijo comida?— Nieve abrió la puerta de su recamara nuevamente.

“La bella chica de grandes poderes se asomó desde su habitación con dulzura y rostro radiante”

—¿Radiante dices?— Observe a Nieve, con el rostro pálido, el cabello enmarañado y rostro de muerto viviente— ¡Parece sacada del amanecer de los muertos!

“Dije radiante confía en mi, radiante es como la ves…”

—En fin, ¿ya despertaste?

—No, pero tengo hambre.

—Bien, porque necesitabas despertaras para mi segundo deseo del día.

—¿Tan rápido?

—Tuve mucho tiempo para pensar varios de ellos, luego bajaremos a comer y saldremos a  un lugar.

—Estás raro Richard.

—Confía en mi… mi segundo deseo del día Nieve, quiero que mi sentido de la vista, el oído y el olfato se agudicen, sin llegar a percibir nada fuera de lo común para el ser humano, solo que sean más potentes y de mayor alcance.

—Si tuviste tanto tiempo como para pensar este deseo… ¿Por qué saliste con la idiotez del narrador?

“La preciosa ser mágica se confundió con respecto a la perspectiva del noble narrador sin comprender su alto valor para el protagonista”

Quise reír, pero me mantuve tranquilo y esperé a que mi deseo se concediera— Ya te darás cuenta del “alto valor” de mi primer deseo.

—Vale, especialista, ahora bajemos a comer, que muero de hambre…

Lo noté de inmediato, el rasgar de la lengua de Pendejo sobre su pelaje, la bocina del auto a dos cuadras, la discusión de la señora en la otra calle con su hija por no haber hecho las tareas, el movimiento de la blusa de Nieve mientras caminaba, incluso la voz de Fabiana en la otra habitación.

—Rra… ¿Cómo se atreve? ¡Llamaré a mi tía y le diré que los eche a los dos, es sucio, es….! ¡La odio! Y Richard viene y dice que es su prima, y Franklin tampoco me ha mandado un mensaje el día de hoy— Sentí como se lanzó a la cama y me sonrojé al percatarme de la razón de su enojo, no obstante, preferí callar y seguir con mi rutina. Callar era un nuevo hábito que adquirí en mi estadía en las memorias de la fata.

Me pregunté a mi mismo si todas las mujeres se expresaban así sobre otras, pero lo deseché, jamás vi a Nieve decir palabras como esa, ella se lanzó a llorar cuando aquel chico se hallaba con otra, solo eso, llorar fue la manera en la cual pasó su momento trágico. Consideré que eso no la hacía débil, sino todo lo contrario.

Comí… no comí… devoré, engullí y me bebí la comida como un preso recién liberado, al punto en el cual no podía llevarme a la boca ningún bocado, no obstante continuaba queriendo más. Pendejo se molestó nuevamente por no obtener salmón, Nieve le gruó y huyó de él por el ratón muerto, mientras que el narrador se encargó de brindar una detallada descripción del pelaje ondulante de Pendejo.

El saborear comida era un placer y un lujo que nunca supe apreciar. Además ahora podía sentir el doble de su aroma, la experiencia se tornaba única, y digna de ser probada alguna vez por todos.

—Adonde iremos que no me dijiste, ¿Voy bien vestida?

Nieve lucia un Jean y una blusa gris con rosa, ligera pero elegante— Luces bien, igual eso no importa.

—¿Por qué?

—Dudo que importe la ropa que usas.

—¿Y por qué no me dices adonde vamos?— Refutó mientras el taxi cambiaba de dirección doblando la esquina tomando la vía rápida.

—Por que es injusto que tú obtengas información y yo no Nieve…— respondí— Quiero saber quien era esa cosa, esa sombra negra y la voz que escuchaste cuando estabas muriendo, quiero saber quien es el que te hizo lo que eres ahora.

—No tiene sentido que lo diga Richard.

—¿Por qué Nieve?

—Confórmate con saber que no tiene ningún sentido.

—Ya llegamos señor…— Habló el taxista.

—¿Cómo no tiene sentido? ¿Por qué? ¡Di algo!... —Entregué el dinero y me bajé del vehículo, seguido de cerca por ella.

—¿El aeropuerto? ¿Qué hacemos en el aeropuerto Richard?

—Aun no obtengo mi respuesta fata…

—¡Bien! ¡El de la voz y la sombra fue Samael! ¿Escuchaste bien? Samael, y no tiene ningún sentido que lo preguntes, porque él es simplemente inmortal…

—Es un demonio ¿Cierto?

—¡Ah! ¡Ojala fuese solo un demonio o ángel Richard! Su deber era ser el guardián de las almas ¿Si me captas no?

—Algo— Confesé tomando entre mis manos el pequeño libro que mantenía sobre mi pecho junto al collar, al tiempo que subía las escaleras atravesando el umbral del concurrido centro aéreo.

—¿Algo? ¡Es el guardián de las almas! ¡Y por si fuese poco…!

—Él fue quien escribió el libro de reglas, o al menos es el único mencionado en él…

—Ariael, Samael… Cómo desees llamarlo, no puede ser destruido por dones, él es el origen de todo esto, es quien resguarda las almas, es inmortal, es poderoso, más poderoso de lo que cualquiera de nosotros puede llegar a ser…

Ella continuó hablando, pero yo me sumí nuevamente en mis pensamientos. Lo comprendí bien, ya había leído su nombre en las leyes, aquel ser no era destruible, no era alguien con quien poder enfrentarse, pero…— No puede ser invencible.

—¿Ah? ¿Acaso no prestaste atención Richard? ¿Y me podrías decir adonde vamos?

—Si Petric continua luchando contra Azrael es porque sabe que hay alguna manera de vencerles, y segundo, si es invencible, ¿Para qué te crearía a ti?

—Bueno… yo…— No supo que decir, y probablemente era la primera vez, yo por mi parte lo sentí como una victoria.

—Descuida Nieve, todo estará bien, ahora no necesitas preocuparte por eso. Vamos a tu tierra natal, vamos a visitar a Samantha— Sonreí camino a buscar los boletos comprados por internet la noche anterior. Ella me miró y una lagrima cayó des u rostro.

Noté su nerviosismo al instante, comenzó a deambular, a repasar ciertas palabras en silencio; actos que yo había observado en ella cuando se hallaba viva y en la soledad de su habitación, pero no estaba preparado para decirle había espiado toda su vida, era un secreto que estaba dispuesto a llevarme a la tumba. Después de todo, era algo de lo cual no me arrepentía, pero tampoco me sentía orgulloso.

Mientras tanto yo sufría un gran dolor de cabeza a causa de mi nueva sensibilidad a los sonidos. Las ruedas de las maletas, los aviones, las conversaciones, los avisos, las recepcionistas dando la bienvenida, las personas que conversaban, el zumbido del aire acondicionado, la brisa contra los ventanales, la silla de metal chirriante contra el suelo. Todo era un mar de sonidos y encontrar lo que deseaba entre todo ello resultaba una tortura, por lo cual mantuve silencio, sonreí amablemente cuando recibí mis boletos y caminé hasta la cafetería mas cercana por pastillas.

“De esta forma Richard se acercó hasta la plataforma de abordaje, confundido entre miradas y sonidos que no podía diferenciar, descubriendo el lado negativo de su nuevo deseo, esperando que su amada hada sonría ante su esfuerzo”

La parte en la cual la voz dijo “amada” me dio la impresión fue en tono de sarcasmo, pero tampoco le contestaría.

—¿Cómo me voy a presentar ante Sam?

Escuché sus palabras entre el ruido—No te preocupes, resuélvelo cuando estés allí.

—Richard, yo estoy muerta, ellos me vieron ahogarme… yo…

—Estás aquí, viva de alguna forma, caminando a mi lado, y el resto de los detalles, supongo los resolveremos pronto.

—No se puede.

—Vamos a ver a Sam, no te deprimas ahora…

—No es depresión, no lo entiendes— Susurró, pero para mi fueron como palabras dichas con un megáfono.

El camino fue en silencio entre nosotros, pero yo me hallaba al borde del colapso, más cuando el avión despegó, no obstante la sensación de hallarnos en las alturas fue relajante, y el ruido se disipó un poco. Nieve se durmió a mi lado, yo seguí su ejemplo en el vuelo de dos horas.

Nieve se sorprendió mucho al ver que el destino de aquella visita era un hospital, aun más al escuchar al doctor explicarle que Sam llevaba ya un año en coma debido a una contusión en su cabeza. Que su padre la visitaba a diario y permanecía un par de horas con ella, no obstante no tenían seguridad sobre su condición. El hombre con bata le explicó detalladamente que en situaciones como esas un paciente podía despertar al día siguiente, o dentro de tres años, o simplemente jamás despertar.

Ante el hombre debimos fingir ser amigos de la familia que deseábamos saber sobre la chica; habría sido complicado explicar que Nieve se trataba de su hermana fallecida,. Pero sospecho que el médico aceptó en darnos información al observar el parecido entre ambas.

—¿Tu lo sabias?— Me preguntó luego de que el hombre se fuera y quedáramos solos, observando a la chica en silencio por la ventana de cristal de la sala.

—Anoche, después… después de ver tu vida— Expliqué— La busqué y encontré registros del accidente, después noticias sobre su estado y compré los boletos.

—Un año, y yo apenas recuerdo los últimos tres meses ¿Qué sucedió los otros diez meses conmigo Richard?

—No sé.

—¿No lo viste?

—Solo pude verte cuando estabas viva Nieve, hasta allí llega mi información, estoy tan lleno de preguntas como tu.

—¿Qué tanto de mi vida viste Richard?

—Toda…— Tardé en admitir, pero para mi sorpresa por primera vez Nieve no se mostraba histérica ni temperamental, en cambio se mostraba calmada observando a su hermana sobre la mesa. Me preocupó que reprimiera sus lágrimas.

Samantha se hallaba acostada sobre sabanas blancas, con una vía intravenosa en su mano derecha y respiración asistida en su nariz. Lucia más delgada de cómo la recordaba, pero también más alta. También quise entrar a verla de cerca, en cierta forma había compartido mucho tiempo también con aquella niña, de una forma u otra me había encariñado.

Había mucho por decir, incluso el narrador expresaba idioteces que no me molesté en escuchar, pero daba su versión propia de la historia.

—Imaginé habías visto bastante… anoche, cuando me abrazaste, y dijiste aquellas tonterías…— Sonrió de manera pesada— Agradezco las dijeras, me animaron bastante, pero la realidad es cruel ¿No?

—La vida es lo más increíble que tenemos, creí lo sabias.

—Cierto.

—¿Te quieres acercar a ella?— Pregunté.

—¿Acercarme? No traje chocolate… además, ¿Qué hago si despierta? ¿Cómo le explicaría?

—Podríamos decir que estás viva Nieve, no notarían la diferencia.

—¡Pero yo si…!— Me miró un poco molesta, pero se calmó de inmediato— No me puedo separar de ti diez metros, no podría explicarle ni a ella ni a mi papá porqué no puedo quedarme con ellos, tampoco como fue que no me ahogué, como no morí en aquel viaje.

El silencio era algo que mi estadía en la vida de Nieve me había otorgado, pero existen ocasiones en la que el silencio es incomodo, necio y molesto. Hay instantes en la vida en la cual un par de palabras es lo que necesitamos para levantarnos. Era eso, o yo simplemente era un tonto más pensando boberías mientras escuchaba al narrador tararear la melodía que tocaban los músicos mientras se hundía el titanic. La segunda opción era muy probable.

—Voy a pedir un deseo Nieve.

—Ahora no Richard.

—Pero después de que lo pida temo deberemos irnos de aquí…

—No estoy de ánimos para ser una fata alegre…

—Deseo que Samantha se recupere por completo, despierte del estado de coma en el cual se encuentra, y no posea enfermedad algún,  y que siga siendo la misma chica que era antes del accidente y sin recordar nada sobre este mismo.

Nieve se quedó paralizada observándome, sin saber que decir. Tal reacción ya la había observado un par de veces y he de admitir me encantaba.

“Richard en una muestra de astucia nada usual en él, ocupó su ultimo deseo diario en la vida de Samantha, la tierna hermana menor de su dulce y encantadora amada”

El exceso de elogios hacia Nieve y falta de ellos hacia mi, me hizo pensar si mi narrador no vino con defectos. Sonreí y vi a Nieve, quien aun no cabía en su asombro— ¿No vas a decir especialista y a girar sobre tus pies?

—¿Es en serio Richard?

—Ya lo desee, y según este librito— Me saqué la copia que poseía guindada en mi cuello— Tu no puedes hacer nada en tu beneficio, pero yo puedo hacerlo cuantas veces quiera, además, Samantha me caía muy bien, también fue como una hermana para mi los últimos diecisiete años.

Me abrazó y se aferró fuerte a mí, yo sentí mi pecho a punto de estallar— Especialisto— Susurró. Sentí que el pasillo tembló un instante, ambos volteamos a ver la recamara  donde se hallaba Samantha. Una luz azul tenue descendió sobre su cuerpo y la chica se levantó, sentándose sobre la cama sin comprender nada.

Nieve me empujó hacia atrás, quitándonos del campo de visión de Sam, ella lloraba, y yo habría estado bastante feliz, de no ser por las palabras de mi narrador.

“Lo que Richard no sabía es que aquel deseo era una condena para él y su relación con su amada Nieve, pues la orden que mantenía a Samantha en coma provenía de su mismo captor…”

Las paredes se pudrieron, un hedor llegó hasta mi nariz y me inundó una sensación de miedo, un miedo ante algo superior.

Si antes pensé que Petric era fuerte, y que Azrael aun más, este ser no se le podía comparar. Las paredes vibraron, resquebrajaron, pudriéndose algunas, soltando ladrillos y papel al suelo. Nieve tembló y se aferró a mi.

—Gracias Richard, pero hasta aquí llega nuestra aventura juntos— Sonrió.

“Samael llegaba desde los cielos”— El narrador me indicó su entrada, alcé la vista y sonreí confiado, por primera vez no me iba a dejar llevar por el ritmo de las cosas, por primera vez yo tenía el control de algo.

El techo se abrió en dos y la presión llegó junto con él. Mi cuerpo se doblegó por si solo, arrodillándome en el acto, la presión que llenaba el lugar me provocaba un dolor indescriptible, todo mi cuerpo se sentía que era prensado por una aplanadora, me obligaba a tirarme contra el suelo, apenas pude levantar la vista para observarlo.

 El hombre ante mi era apuesto, probablemente en sus cuarenta, vestido de etiqueta con traje y corbata, rostro amable cabello oscuro y algo rizado y ojos café claro. Observó a Samantha como si fuese algo entretenido y luego a  Nieve y a mí. La chica  se hallaba de pie, pero yo no podía siquiera alzar un brazo. Me mantuve con todo mí ser arrodillado, ahogando mi dolor en odio y desprecio contra aquel hombre.

—Así que aquí estabas mi hermosa, siento las palabras que dije aquel día, sé que con ellas te libré de permanecer a mi lado y por eso caíste, pero tenía que hacerlo. Necesitaba escapar— Guiñó un ojo y caminó hasta Nieve acariciando su mejilla— ¿Y este gusano? ¿Le debes algo a él? ¿Sabes? No tienes la menor idea de cuanto daño han hecho las escorias como él a la creación, humanos… deberían desaparecer, ser erradicados— Colocó su pie sobre mi hombro y terminé de derrumbarme sobre el frio piso del hospital. Pesaba una tonelada y me encontraba consciente de que él siquiera intentaba ejercer presión— No te imaginas cuanto gozo siento cuando se quitan la vida por si mismos, y nos libran de su inmundicia— Hubo un momento de silencio, sentí el crack de un hueso de mi hombro romperse y grité tan fuerte que las lagrimas salieron de mis ojos por si solas.

—¡Déjalo Samael!

—¿O qué Nieve?— No podía verlo, pero podía escuchar su tono burlón— Cierto, olvidé que también fuiste humana una vez, pero alégrate, te libré de tanta idiotez y sin sentido, ahora debemos irnos, tengo asuntos pendientes y…

Mordí el pie de Nieve y presioné la pantalla de mi celular. Un acto que me tomó más de lo esperado gracias a la presión que su presencia ejercía. El tiempo se detuvo y la presión dejó de aplastar mi cuerpo.  Grité nuevamente al sentir mi cuerpo estallar y el hombro darme una punzada de dolor que me hizo revolcar en el suelo un instante.

—¿Estás bien?— Preguntó ella, yo tan solo me revolqué en el suelo; mis piernas se hallaban como gelatina y el resto del cuerpo no colaboraba, era como si aquel ser hubiese succionado toda la energía de mi cuerpo, y el dolor quedaba en su lugar.

—Apenas… debemos irnos…

—Si— Nieve me ayudó a caminar por el pasillo.

“Librándose en el ultimo instante del singular, increíblemente apuesto y seductor Samael…”

—¡Podrías callarte condenada voz!— Me enojé y continué caminando con Nieve a un lado, aunque reconocía que gracias a mi narrador me había salvado.

Salimos del hospital de manera forzosa, mi cuerpo apenas resistía, y mi hombro se hinchaba rápidamente. Tomar un taxi no era una opción, pues necesitaríamos hacer que el tiempo volviese a la normalidad y aun nos hallábamos cerca. La única opción fue caminar hasta el aeropuerto. Un trecho que nos tomó tres horas de caminata tortuosa. Cuando llegué caí al suelo y quedé inconsciente.

   “El indigente durmiente se dignó a levantarse luego de un día de sueño”

   La voz fue clara y desperté, mi rostro se hallaba marcado y el cuerpo me dolía, sin embargo me hallaba mucho mejor, Nieve se hallaba tendida en el suelo a mi lado— ¿Un día?—Pregunté.

   “Hasta donde sé, un lapso de veinticuatro horas lo denominan un día, pero no soy quien para cuestionar las ideas de nuestro querido indigente durmiente”

   —Al patán de Samael lo llamaste atractivo y a mi indigente….

   “Soy un narrador elocuente que describe la realidad”     

   —Claro, gracias— Me levanté y observé mí alrededor, el tiempo aun se hallaba detenido y el celular se encontraba al lado de Nieve. Era hermosa verla así dormida— ¡Nieve… Nieve…!

   —Richard, comete el plátano, ¿verdad que lo disfrutas? Desde la punta…— La moví algo brusco.

   —Pero con qué cosas sueña esta chica— Expresé en voz baja— ¡Nieve, despierta!

   —¿Ah?— Observó su alrededor y luego a mi, como decepcionada de que su sueño no fuese realidad.

   —Debemos irnos a casa Nieve.

   —Lo sé, pero dejaste el tiempo detenido y si Samael se mueve, de seguro nos sentirá.

   —Para eso creo que tengo una idea—Saqué mi celular y revisé la aplicación del tiempo, y lo programe para atrasarnos todo un día y tomar el vuelo que salió el día anterior a la misma hora en la cual llegamos a la ciudad. Un truco que solo alguien que ponga mucha atención a la entrada y salida de nombres en el aeropuerto notaría.

   Presioné la pantalla y el mundo se movió nuevamente a nuestro alrededor, no obstante no quise guardar el celular y me quedé de pie, expectante a cualquier anormalidad o palabra de mi narrador por casi un minuto. No podía estar seguro de nada con aquel ser.

   Mi cuerpo se hallaba agotado, me dolía hasta para respirar, Nieve me acompañó a comprar un suéter que ocultado mi hombro inflamado y de allí nos dirigimos directo por el boleto de regreso. El sistema nos registró de manera automática y en la oficina de visas se extrañaron de ver que mi pasaporte decía ser firmado solo cinco minutos antes, afortunadamente una excusa bastó para librarnos y continuar.

   Abordamos y yo continué con el celular en mano, sin importarme cuando la azafata pidió que los guardasen. Yo por ninguna razón iba a soltarlo, después de todo Samael podía volar,  y el encontrarme en un avión no me era alentador. Menos después de verificar que por alguna razón en entre la lista de deseos especificaba que el don de volar no podía ser otorgado.

Definitivamente no me hallaba cómodo en lo absoluto. Debía de tener algo roto en el hombro, dolía lo suficiente como para revolcarme en el suelo y llorar, y Nieve se hallaba más callada que de costumbre.

   “La prominente nave comenzó a desplazarse suave, como pez espada en el mar”

   Yo sentía como todo vibraba y sonreía con hipocresía a la azafata para aguantar mi dolor.

   “Alzó vuelo con prontitud y nuestro protagonista tomó rumbo seguro a casa”

   No estaba dispuesto a que me tomaran por sorpresa, aunque mi narrador dijese “seguro” no guardaría el celular. Lo mantenía en mi mano como si se tratase de una bomba con el seguro en el pulgar.

   —Y bien ¿Qué piensas de Samael?— Preguntó Nieve.

   —¿Qué qué pienso? Pues me pareció un tipo encantador, estaba pensando en invitarlo a un picnic o mi cumpleaños, ya sabes para que anime a los demás…

   —Hablo en serio Richard.

   —¿Qué quieres que te diga?  Creo que tengo suerte de que solo tenga algún hueso del hombro roto.

   —Te lo dije, es imposible oponerse a él, no hay forma, solo podemos escapar durante un tiempo, ahora más que te vio, quizás tengamos hasta mañana.

   No supe que decir y me mantuve en silencio durante un rato en el cual la aeronave se estabilizó y me pude relajar un poco.

   —¿Quiere algo de tomar? ¿Se siente bien?— Preguntó la camarera.

   —Algo fuerte que disipe el dolor, gracias— Mire a Nieve y entendí su pesar. Yo había prometido salvarle, pero en la primera ocasión en que su captor estuvo frente a mi, me doblegué, terminé acostado contra el suelo, chillando y casi muriendo— No sé como Nieve, pero mi promesa sigue en pie— No hubo respuesta de su parte— ¿Sabes por qué Samael te quiere con él?

   —Ni idea, solo se que soy como una herramienta para él, una que no está dispuesta a dejar fácilmente.

   —¿Una herramienta? Ese hombre… cosa… ángel… demonio, o lo que sea, es mega fuerte, ¿Para qué podría necesitarte?

   —Creí escucharte que tenía algo que ver con el tempu, o algo así, no sé, no estoy segura.

   —¿Tempu?— Aquello me dejaba con tantas incógnitas como al principio— Así que fue él quien te capturó cuando estabas muriendo.

   —Básicamente salvó y convirtió en lo que soy ahora.

   —Un hada.

   —Una fata Richard.

   —Si, claro, fata, eso… No lo entiendo ¿Había alguna razón para que fueses tú?

   —No lo sé, no creo, soy bastante normal.

   —¿Qué sucedió esa noche en la que yo te encontré Nieve? No estabas con él.

   —Hubo una pelea, y él estaba huyendo, yo era una carga por así decirlo, no puedo volar como él, pero tenía que mantenerme a menos de diez metros, así que cuando se percató de perder velocidad gracias a cargarme, me liberó de nuestro contrato; momentáneamente claro.

   —¿Se puede?

   —Lo dice en las reglas Richard— Expresó ella, pero mi hombro me impedía moverme y sacar mi libro.

   —¿Estaba huyendo en una pelea? ¿Hay algo más fuerte que él?

   —No sé bien lo que era, pero sé que apenas él lo sintió partió de inmediato y se desesperó en la huida.

   —Eso deja en claro que hay cosas peores que él… no me les quiero acercar, si él casi me destroza, no me imagino lo que podría hacerme algo a lo que él huya desesperado.

   —Si…

   —De todas formas, creo que solo tenemos un camino por ahora.

   —¿Cuál?— Inquirió la chica con sus ojos grandes y brillantes.

   —Ir a ver a la única persona que me puede aclarar un poco la situación.

   —Déjame adivinar, Petric.

   —¿Conoces a otro?

   —No, pero no deja e parecerme un imbécil.

   —Te repito, Samael es un encanto de persona— Comenté con sarcasmo e intenté relajarme pues sentía una punzada aguda en mi hombro.

   Al llegar a Colombia nuevamente textee a Petric esperando una pronta respuesta a lo cual obtuve, luego de media hora “no se me despierta hasta después de las once de la mañana”. No me importó, no tenía a otro a quien acudir y definitivamente  necesitaba ayuda con aquel ser que por poco me convirtió en polvo.

   No fue sorpresa observar que me dijo hallarse donde nos vimos la ultima vez. Salimos del aeropuerto en búsqueda de analgésicos y nos dirigimos camino al apartamento de la pequeña Vicky.

   Llegamos en sumo silencio hasta la puerta del apartamento y tocamos, de inmediato se sintió un fuerte sonido proveniente del interior, el sonido que hace una muñeca gigante moviéndose en una habitación. De pronto Vicky se hallaba a nuestras espaldas mirándonos fijamente.

   El apartamento real de la pequeña se hallaba justo al frente. Para mi gran impresión Petric se hallaba adentro preparando comida, ninguno de los dos se hallaba sorprendido de mi deplorable estado, siquiera realizaron pregunta sobre mi hombro hinchado.

   —¿Quieren comer?— Inquirió Vicky— El idiota esta de buenas el día de hoy e insistió en preparar algo de comida.

   —El menú del día de hoy es pollo al horno.

   —¿Y tú sabes cocinar?— Nieve se acercó hasta la cocina, el apartamento era pequeño pero impresionantemente limpio y con un piso de madera lustrado.

   —¿Por qué a todas les extraña?

   —¿Será porque tienes cara de bueno para nada?— Vicky se acercó y yo la seguí— Yo tampoco creí que supiese siquiera encender una cocina.

   —¡Pero cuanto hablan! ¡Sálganse de aquí pulgas! ¡Vamos! ¡Lo único que saben hacer es quejarse!— Las sacó de la cocina— ¿Y bien? ¿Qué tal es él que te partió la madre?

   —Todo un don juan, carismático e hijoeput…

   —Creo que eso los define a todos ¿es fuerte?— Preguntó recostándose del mesón, como quien estudia la situación con tranquilidad.

   —Creo que más que Azrael.

   —¿Cómo se llama?— La expresión en el rostro de Petric cambió drásticamente.

   —Samael.

   —¿Samael?... Ummm no sé quien es, pero desconozco casi todo, asi que… da igual— Sacó un poco de hielo de un refrigerador y lo colocó ante mi— Lo mejor que hay para una inflamación y dolor, hielo, igualmente necesitaremos curarte eso.

   —¿Desconoces casi todo Petric?

   —Bueno, quizás frente a ti pareciera que sé muchas cosas, pero la verdad es que estoy metido hasta el cuello en esto de la guerra sin saber muchas cosas, y sin conocer al noventa por ciento de los enemigos— Sonrió como si se tratase de un juego.

   —Estoy preocupado, Nieve dice que puede seguirnos, y yo… no sé luchar, no soy como ustedes…

   —Y lo hará supongo.

   —Nos buscará mañana.

   —¿Mañana?

   —Si, retrocedimos un día en mi celular y bueno, regresamos aquí.

   —¿Puedes hacer eso? ¿Retroceder?—  Me miró extrañado mientras sacaba una bandeja con pollo del horno.

   —Si, claro…

   —Entonces creo que tengo un plan para ti, pero lo principal, necesitaras un guía.

   —¿Un guía?

   —Si, un profesor que te enseñe.

   —¿Me enseñarás Petric?

   —¡Yo? No vale… ¡me refería a una pequeña enana que está escuchando en la puerta de la cocina!

—¿Vicky? ¿Mi profesora?— Voltee incrédulo en dirección a la entrada de la cocina donde la pequeña se hallaba sin comprender de que se trataba todo.

—No le prestes atención Richard, Petric solo te quiere unir a la guerra.

   —¿A la guerra?— Inquirió Nieve, mientras yo me confundía aun más.

   —¿De qué  guerra hablan? ¿Por qué no me explican?— Pregunté con nerviosismo y el brazo molestándome. Petric observó a la pequeña y este a él.

   —Es que no podemos decirte Richard, el solo hecho de decirte implica que participarías en la misma.

   —¡Pero yo quiero saber! ¡Estoy cansado de tantas palabras sin sentido y pistas sobre cosas que no sé ni entiendo!— El brazo me dio un punzada que me hizo retroceder y sostenerme un rato, tenía ira reprimida por dentro— ¡Cansado de esta mierda! ¡Hace un día un cabrón llamado Samael me pateó el culo literalmente por que quiere a Nieve con él! ¡Y yo necesito saber por qué y como puedo hacer para que no se la lleve!

   —Cálmate hombre, vamos…

   —¡Me calmó un carajo Petric, tu sabes diez mil cosas y te quedas callado, mientras a mi es a quien acaban de patear el culo! ¡Y mi miedo es que se la lleven a ella! Eso sin contar que le hice una promesa...— Me desahogué, mi respiración estaba agitada y los demás me observaban  sorprendidos, sentí un poco de pena, pues mi molestia real no era con ellos.

—Explicarle algo invisible a una persona es difícil Richard— Expresó Vicky sentándose en una silla.

—Lo que ella quiere decir, es que, no podemos explicarte todo sin hacer que termines metido en algo más grande.

—Pero ustedes lo saben, ustedes son distintos— Expresé mirándolos, Nieve por alguna razón me hizo señales de que no lo hiciera, estaba preocupada, su mirada la delataba.

—Nosotros no elegimos ser distintos Richard, lo nuestro viene de nacimiento, no tenemos elección, nosotros somos la escoria de la sociedad, pero nos da igual, tu… si te metes en esto, no serás igual a como eras antes.

—¿Por qué?

—A mi me obstina— La pequeña colocó la muñeca sobre la mesa— ¿Qué parte de que existe una guerra y que es mejor te mantengas alejado es la que no entiendes?

—¿Qué parte de que tengo el hombro roto es la que no ves?— Contesté.

—¡Ves! ¡Te lo dije! ¡El quiere saber! Lo mejor es que lo entrenes Vicky.

—¿Yo? ¿A un idiota así? ¿Por qué? ¿Por qué no tú?— Expresó Vicky.

—Yo tengo ya de por si mis asuntos con Azrael, y es factible me vaya en cualquier momento, aunque podría ayudarles a cambio de algo.

—Ya decía yo… el astuto del grupo. Y bien idiota, ¿Quieres saberlo todo?— Vicky se levantó sobre la silla del comedor mientras Petric servía la comida.

—Si… no importa si lleva peligro, prefiero saber…

—Bien, pero primero tendremos que saber como funciona tu sistema de deseos Nieve— Comentó la pequeña.

—Pues puedo conceder tres deseos cada veinticuatro horas, el límite de cada deseo va regido por las reglas, ningún deseo se puede repetir, no puedo dar vida eterna, no puedo hacer que nadie sea más fuerte, hábil o inteligente que el regente…

—Y hace un rato me comentaste que ustedes dos acababan de viajar un día al pasado, a ahorita, lo que nosotros llamamos presente ¿No?

—Si— Contestó ella.

—Bien, eso significa que Nieve debería poder curarte ahorita— Expresó peric tomando una pieza de pollo.

—¿Puedo?

—Has pasado veinticuatro horas al igual que él, supongo que si.

 —Bueno, si, pero nunca antes lo había intentado.

—¿Eso no es una forma de saltarse las reglas Petric?— Preguntó la más pequeña del grupo.

—Pues eso creo, pero es posible gracias al deseo de Richard, aunque este nunca pensara en eso, supongo que es cuestión de probar.

—Bueno— Nieve se levantó frente a mí y me miró con algo de duda— Pide el deseo.

—Deseo que mi brazo y hombro se estén sanos nuevamente.      

— Especialisto— Soltó las palabras en voz baja y esquivó un poco la mirada.

—¿Funcionó!— El dolor desapareció tan rápido como ella terminó de pronunciar las palabras, incluso sentí algo de placer en el acto y mi cuerpo se relajó en la silla.

—¿Mejor?

—¡Totalmente!— Me levanté y abracé a Nieve en un impulso.

—Bueno, ahora creo que debemos seguir con el siguiente paso, tenemos veinticuatro horas para enseñarle todo a él Vicky, o bueno, para que le enseñes tú…

—¿En veinticuatro horas? ¿Y por qué en ese tiempo? ¡Es imposible!

—Nieve cree que Samael después de verme me podrá encontrar en cualquier lugar, y eso sucederá mañana, más o menos a esta misma hora— Intenté explicarme.

—Samael es el guardián de la muerte, por supuesto que puede seguir cualquier alma existente, viajando al pasado solo lo hemos esquivado, hasta mañana.

—¿El guardián de la muerte dices? ¿Poder seguir cualquier alma? Interesante, ahora esto me gusta más— Alegó Petric.

—Y acaso piensas pelear tu junto a Richard mañana? Igualmente veinticuatro horas es imposible, muy poco tiempo— Sentenció Vicky.

—Hay una manera, pero implica que deberemos llevarnos la comida, y deberíamos ponernos a ello de inmediato.

—¿Qué planeas?

—Richard nos puede llevar al pasado y allí entrenar, cuanto sea necesario— Expresó Petric y me impacté ante el comentario, la idea nunca se me había ocurrido, pro era brillante por completo, ciertamente podía. Saqué el celular de mi bolsillo y busqué la aplicación.

—¿Adonde podríamos viajar?— Pregunté y noté cierto humor y entusiasmo en la vista de todos los que allí nos encontrábamos, era obvio, ese poder nos permitiría viajar a cualquier momento de la historia, yo tan solo debía colocar la fecha en mi celular.

—¿Y si vamos al tiempo de los dinosaurios?— Preguntó Vicky.

—No quiero jugar a Jurassic Park, pero podría ser algo así de lejano, la colonia ¿Quizás?

—Y un indio nos clava una lanza o un español un tiro… Grandiosa idea— Expresó Nieve.

—Pero podría ser unos mil años atrás, esto debería ser solo un terreno baldío— Comenté y la sonrisa general me animó a colocar la fecha de inmediato en mi celular, mirarlos a todos, Petric tomando la comida, Nieve acercándose a mi hombro, Vicky tomando a Nieve y sujetando la mano del otro chico— Allá vamos.

Viajar en el tiempo no es tan divertido como todo mundo imagina… es aun mejor, algo que nunca pude observar ni detallar pues había usado tal poder solo un par de ocasiones. No obstante era espectacular.

El edificio en el que nos encontrábamos cayó al suelo en un instante y nosotros junto a él, la ciudad se desplomó en una milésima de segundo, millones de sombras nos rodearon, sombras de personas que fueron, eran y serán, los arboles crecieron de la tierra como brotados alzándose por doquier y el agua inundó nuestros pies, descendió nuevamente y logramos observar sombras de animales y personas, hasta que todo fue paz, tranquilidad y nada más se movió. Nos hallábamos en el año 1015.

Fascinación fue lo primero que sentí, el ambiente era tan distinto que impresionaba, el suelo a nuestros pies se hallaba húmedo y el pasto demás de alto, detrás de nosotros a varios metros se habría paso un bosque o selva, era difícil diferenciarlo, adelante había un claro y más allá un grupo de tapires pastaban tranquilamente junto a chiguires.

“El atolondrado, la pequeña insolente, el ladrón y la hermosa y carismática Nieve arribaron en el paraje cientos de años atrás, observando cuidadosamente…”

—¿Y bien?

—Es perfecto para entrenar— Contestó la pequeña mientras volteaba en todas las direcciones. Yo sentí algo extraño, me maree un poco y el aire al respirar se sintió raro.

—Respira lento, es aire más puro de lo que normalmente respiras— Comentó Petric— Quizás esto alargue un poco nuestras vidas, se siente genial.

—¿Qué son aquellos?

—Tapires y chiguires.

—Son geniales— Añadió Nieve.

—¿Nunca los llegaste a ver en el zoológico?— Pregunté.

—No he ido al zoológico, al menos no que yo recuerde.

—¿Por qué no le dices a tus padres que te lleven?— Pregunté, a lo cual Petric me lanzó una mirada fulminante, un gesto algo aterrador.

—Soy huérfana Richard, no conozco a mi padre, y mi madre desapareció hace ya casi un año.

Hubo un silencio enorme, Nieve me pellizco en un costado fuertemente mientras Petric negaba con la cabeza y se sentaba en el suelo junto a la pequeña. Quise disculparme, pero supuse no servía de nada, no obstante las palabras salieron de mi— Lo siento, no tenía idea…

—Descuida, no me afecta— Respondió esta, al tiempo que apretaba su muñeca de trapo.

—Deberíamos comer algo, necesitaremos mesa, camas y un techo… sabes a lo que me refiero ¿no Richard?

—Nieve, mi segundo deseo del día, deseo una casa completamente amoblada para cuatro personas aquí donde nos encontramos— Especifiqué.

—¡Especialisto!— La chica saltó y la casa nos acogió, nos hallábamos en un salón bastante amplio en medio de la estepa mil años atrás.

—No sé ustedes, pero antes de entrenar, yo planeo comer un poco… ¡Diablos! ¡Olvide traerme el puré y el queso!— Petric se sentó en un pequeño comedor con Vicky detrás de él. No pude evitar sonreír, por alguna extraña causa me sentía emocionado, y parte de algo que me superaba, pero sobre todo emocionado.

—¡Más vale que comas idiota, comenzarás a sufrir de inmediato!— Vicky me llamó para tomar algo de pollo de la mesa. Caminé sin tener la menor idea de lo que se referían ni la atrocidad de entrenamiento que me deparaba.

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