3. NOCHE TURBIA
—¡Alcen esas velas marineros holgazanes! ¡Muevan sus traseros y llévennos hasta la isla de la muerte ahora mismo!— La chica gritó alzando un par de pistolas curvas sobre sus manos mientras movía sus caderas— ¡El capitán ha ordenado llegar a la isla! ¡Que el viento nos ayude! ¡Usted amarre esas sogas!— Entró al camarote principal cerrando la puerta de madera tras de sí— ¿Y bien? ¿Algo más?
Yo desperté algo contrariado, para mi sorpresa me hallaba sobre una cama de plumas y mi dormitorio era de madera oscura con lámparas de aceite guindadas en el centro, el ambiente hedía a pescado, sal y personas sin ducharse. Nieve se hallaba frente a mi, con un atuendo increíblemente sexy, un corsé apretando tu cintura y haciendo notar su busto más de la cuenta, y un enorme sombrero con plumas.
Para mi mayor sorpresa yo me hallaba vestido con un traje rojo escarlata y en mi cintura enfundada se encontraba una espada enorme y de filo curvo— ¿Pero qué cara…?— Me levanté de un salto de la cama. El suelo se balanceaba, por instinto corrí hasta la puerta y la abrí, para mi impresión nos hallábamos en pleno mar, con olas enormes azotando nuestra embarcación de madera oscura pero resistente— ¿Y desde cuando tengo yo una embarcación?
—Buenos días capitán— Me saludó un hombre maloliente mientras caminaba con un caja llena de manzanas. Me percaté mejor de su rostro, era Martín mi amigo de la universidad. No me sorprendió que fuese el cocinero…
—Buenos días— Respondí por inercia— ¡Muevan esas piernas! ¡La cubierta está llena de peces! ¡Hay un mar que vencer!— Me sorprendí de mis propias palabras y cerré nuevamente la puerta quedando entro de la habitación, pegado contra la pared, asustado de mi mismo, y vi a la única culpable de todo— ¡Nieve!
—¿Qué?
—¿Qué? ¡Eso te pegunto yo a ti mujer! ¿Qué es todo esto?
—Un buen barco pirata.
—Pero… ¿Cómo llegamos aquí?
—Lo deseaste.
—¿Lo desee? ¿Hablé dormido de nuevo?— Pregunté, a lo cual la chica asintió con la cabeza disparando al techo.
Deshaz este deseo de inmediato Nieve, quiero estar de nuevo en mi habitación— la escuché decir especialista y girar sobre sus piernas, y al segundo siguiente estaba en mi habitación en piyamas y… Me golpee el dedo meñique del pie contra la mesita de noche, de nuevo— ¡Joder con esta mesa!
Nieve se reía de mí mientras se hallaba recostada en la cama— Te veías bien como capitán.
—No jodas con eso— No me hallaba molesto, pero sin duda acababa de usar dos deseos de tres del día— ¿Y quienes eran esas personas? ¡Estoy seguro de que mi amigo Martín estaba entre ellos!...
—Yo creo el sueño y el mundo, tú lo rellenas con tu subconsciente, como en la película esa que vimos…
—El origen, mejor dejamos de ver películas antes de dormir, por culpa de piratas del Caribe pude terminar ahogado en el océano, y no quiero ver ninguna sobre el fin del mundo, no quiero despertarme con Godzilla mordiéndome el tras…
—Seria divertido.
—¡A ti todo te parece divertido, mientras tanto yo pierdo deseos. El día de ayer fue igual con la torta!
—No tengo culpa, tú pediste una torta de chocolate mientras estabas dormido.
—Torta que además te comiste tú— Comencé a cambiarme de ropa, había perdido la pena ante Nieve, quien siempre hallaba la manera de observarme mientras me mudaba.
—Estaba rica…
—A lo que me refiero Nieve, es que debes aprender el punto en todo esto.
—¿Y el punto es que no te gustan las tortas de chocolate?
—El punto es que no puedes tomar como deseo cualquier cosa que yo balbucee mientras duermo.
—A mi me parece que la torta fue un buen deseo…
—Apuesto a que ni siquiera pedí una torta.
—Yo escuché que dijiste algo como keik, lo cual en inglés seria cake, que significa torta, ¡¿Y cual mejor que una de chocolate?!
—Con eso me dejas claro que tan solo querías una torta de chocolate Nieve— La miré frunciendo el ceño, cuestión que a ella no le importaba.
— ¿Hoy que haremos?
—Pues ahorita voy a la universidad.
—¿Te parece si yo me hago pasar por una estudiante más?
—Van a comenzar a hacer preguntas Nieve, más si notan que no nos separamos nunca.
—Pues si hacen preguntas yo las contesto.
—Esa es la parte que me preocupa, esa precisamente es la parte que me preocupa a mi— Objeté mientras me colocaba el pantalón. Una garra empezó a rasgar la puerta de mi pequeña habitación y comprendí se trataba de Pendejo, el gato del lugar, reclamando su desayuno diario.
Para mi pesar el día anterior pedí un deseo del cual me arrepentía, poder escuchar los pensamientos de Pendejo, sin saber que resultaría ser una molestia. Abrí la puerta y el gato habló.
—¡Por fin abres humano!— El minino meneó su cola mientras entró en la habitación— Mira lo majestuoso que soy… ¿Acaso habías visto un pelaje como el mío? Acabo de lavarlo— Era necio tener que escuchar su egocentrismo, aun más cuando lo decía mientras se limpiaba cerca de su trasero con la lengua.
—Hola pendejo— Me sentí contento de haberle puesto ese nombre.
—¿Puedes notar la suavidad y la perfección que existe entre cada uno de mis pelos?— Se detuvo frente a mi, sentado— A hora, ya te he dado la dicha de admirarme, vayamos al asunto importante, mi comida, ¡exijo mi comida!
—Habría sido divertido poder escucharte discutir con él— Expresó Nieve observándome.
—No hay atún hoy, pero hay un poco de sobras de anoche, te las colocaré afuera Pendejo— Expresé tomando la bolsita con los desperdicios.
—¿Eso es salmón? Debería ser salmón, después de todo te he dejado admirarme hoy, si es salmón quizás hasta mañana te deje sentir la suavidad de mi cabello en tus piernas— Gruñó exigiendo su comida— Salmón es lo menos que un ser como yo merece—De pronto se percató de la presencia de Nieve— Otra vez está aquí el demonio feo y blanco.
—Grrr— Nieve mostró los dientes y gruñó al animal.
—Ponte pequeña para comerte demonio, mientras tanto sufre el hecho de que te ignore— Y con estas palabras volteó la mirada. Yo salí con la bolsa de sobras y se lo coloqué en la cocina compartida, y saqué un paquete de galletas dulces para Nieve y mi persona. Al retirarme podría haber jurado escucharle decir al gato “humano inservible…”
Al regresar Nieve lucía hermosa, con su cabello sujeto a cada lado por pequeños ganchos, un collar de plata, una blusa blanca holgada y algo que jamás pensé poder ver, una falda hecha de agua. Completamente cristalina, y las ondulaciones eran como olas de un rio.
—¿Cómo me veo?
—Hermosa.
—Entonces, puedo ir a la universidad contigo y hacerme pasar por una estudian…
—No.
—¡Pero! ¿Por qué no?
—Primero que todo, pensarán que somos pareja.
—Podemos decir que somos primos, de todas formas las chicas bonitas como yo no se hacen novias de chicos como tu.
—¿Chicos como yo?— Tomó el collar que pedí como deseo tres días atrás, en la punta tenía una copia en pequeño del libro con las reglas sobre los deseos, algo que necesitaba constantemente antes de pedir algo. La cadena era de acero delgado, y la coloqué alrededor de mi cuello ocultando el pequeño texto de apenas cinco centímetros en mi pecho.
—Si, chicos como tu.
—¿Yo que tengo?
—Eres idiota en extremo.
—Gracias— Respondí con ironía— Me lo dice una fata que quiere entrar a una clase de arte cuando no sabe la diferencia entre Sócrates y Miguel Ángel.
—¿Y? Podría detener el tiempo y leer la respuesta, o buscar de saberlo todo, o que se yo, esa no es razón para que yo no pueda ir contigo.
—Puedo verte todas las piernas, como si estuvieras desnuda con esa falda— Respondí, y observé su rostro, pasando del blanco al rojo, sus ojos abriéndose, mirándome fijamente. La cama se elevó un par de milímetros, la mesita de noche también comenzó a levitar, y casi pude sentir como el suelo tembló.
—¡Tu!
Me voltee aprisa dándole la espalda— ¡Perdón!¡Perdón! ¡Solo digo que con esa falda no puedes ir a la universidad!— Me disculpé— Y recuerda que ya no puedo revivir más…— Añadí en voz muy baja.
—¿Y ahora?— Me di vuelta nuevamente, esta ocasión lucia un jean ajustado con un par de huecos en sus rodillas, y una blusa blanca con rosa con una sola manga.
—Mucho mejor, luces bien, y coqueta.
—Gracias, entonces iré así.
—Preguntarán quien eres.
—Nieve, tu prima…
—¿No harás ninguna locura cierto?
—¡Ninguna mi capitán, zarparemos a puerto seguro!— Contestó ella con una sonrisa. Tuve el presentimiento inequívoco de que sería un día largo e inusual, y que por seguro algún desastre habría en la universidad, después de todo llevaba ya una semana viviendo con la pequeña fata y sus deseos me habían cambiado la existencia.
Muchos se preguntarán, ¿Qué te hace estudiar si con un hada no tienes necesidad de dinero? ¿Para qué ir a la escuela de historia del arte, si a la final no hay campo laboral para ello? ¿Por qué te levantas temprano? Hay que tener en cuenta que de las tres preguntas, la tercera, el levantarse temprano, es lo más relevante y difícil de todo lo mencionado. La respuesta es tonta. Me aburro estando encerrado en mi casa, y aunque falté los dos primeros días, después terminé cansándome de hallarme encerrado en casa, necesitaba el aire universitario.
Ante mí apareció Fabiana mientras pasaba por la cocina rumbo a la salida, de inmediato noté como observó a Nieve, de arriba hasta abajo en cuestión de un segundo y sin mover la cabeza, tan solo los ojos. Tal acto déjenme decirles es un arte ninja especializado en las mujeres, nosotros los hombres no podemos hacer tal cosa, porque visualmente existe una barrera en la zona del pecho de la mujer, y si la mujer se encuentra de espaldas, la barrera se encuentra mas abajo, pero igual se encuentra; es como una montaña que impide continuemos, pasar esa barrera es muy difícil y lleva a que todo el cerebro se sobrecargue de información a un punto en el que nuestras neuronas fallan y hacemos cortocircuito.
El cuerpo de Fabiana no era una excepción a la regla, hallé la barrera rápidamente ente aquella blusa y esquivé la mirada para no quedarme estancado, pero el efecto ya estaba y tartamudee y coloqué una cara tonta al hablar— Ammm, ho... Hola Fabiana.
—Buen día— Me observó de reojo— Sabes que no están permitidas las “visitas” aquí en la residencia.
—Estoy consciente Fab, es solo que ella es…
—¡Soy su prima! ¡Me llamo nieve!— Se presentó a si misma con una sonrisilla y luego me abrazo por la espalda. No tengo palabras para describir la mirada de Fabiana, tampoco quisiera. Lo que si puedo asegurarles es que me sentí en el día D en Normandía. En medio de un fuego cruzado, con bombas y minas a mi alrededor y las únicas ganas de correr y salir de allí.
El creador, o chico que juega a las canicas, como Petric lo llama, fue inteligente al no dotar a las mujeres de rayos laser en su mirada, o la raza humana se habría extinguido hace mucho tiempo.
—Nos… Nosotros, vamos saliendo, ya de salida, a la universidad… vamos… — Comenté con mayor torpeza de lo usual y caminé hasta la puerta sin voltear atrás.
—Ho, ho, ho, la, laaaa, soy soy soy, el re, el re, el rey de idiotalandia— Se burló de mi Nieve, y no pude objetar, solo sentirme más bobo que de costumbre y continuar caminando— En verdad te pones nervioso.
—Tu andabas cerca.
—¿Y eso que tiene que ver Richard?
—Nada, olvídalo— Repuse bostezando, percatándome que el día era raro, una parte del cielo se hallaba soleada y despejada, pero a nuestra izquierda se observaba la formación de nubes oscuras muy grandes. Nieve también las observaba mientras caminábamos— Quizas llueva.
—No creo.
—Nunca me has contado por qué casi el día que te rescaté en la lluvia Nieve.
—No tengo por qué responder a eso.
—Siempre te guardas demás de cosas— Y así era, Nieve era encantadora, y habladora cuando se encontraba aburrida, pero casi siempre evitaba hablar sobre si misma, dejándome muy poca información sobre su procedencia o vida antes de encontrarnos. Además de su nombre, su naturaleza y personalidad, la chica era un completo misterio para mí.
Pero no me podía quejar, su presencia era algo que hacía de mi vida mucho mas divertida, ya estuviese en su forma fata o en forma humana, gustaba de verla hacer berrinches por chocolate o galletas con chispas una nueva adicción que conoció cuatro días atrás.
Seis días no es mucho para conocer a alguien, pero tampoco una cantidad de tiempo muy escaza como para no empezar a comprenderla, además en este espacio temporal tuve la oportunidad de pedir bastantes deseos.
Un guardarropa nuevo, del cual obtuve solo un nuevo armario, después me percaté que había sido mi error en especificar lo que deseaba. Diez mil dólares, una cantidad no muy grande como para ser perseguido hasta la muerte, pero tampoco escaza, y con la cual podría solventar mis pequeños problemas económicos, y el pequeño libro que llevaba ahora, el colgante para tenerlo en el cuello fue un deseo extra, ya que olvidé pedirlo la primera vez.
Hubo un día en el cual casi perdí mis deseos, por decir que “deseaba dormir un poco más” cuando la alarma de mi teléfono sonó, el resultado fue despertarme a las nueve de la noche, pero gracias a eso descubrí que la mejor hora para hacer deseos era a las doce de la noche, pues tenía la oportunidad de pedir seis deseos en un solo instante y así solventar cualquier problema en los mismos.
Desee una ampliación de mi recamara mágicamente, para tener un pequeño cuarto extra donde Nieve pudiese dormir, a pesar de eso la chica continuaba pasando el día conmigo, pero servía bastante a la hora de cambiarnos de ropa o dormir. Lo brillante de esta idea fue que pedí que desde el exterior no se pudiera notar la ampliación.
Poder escuchar los pensamientos de Pendejo, una torta de chocolate que según ella también pedí en sueños. Poder observar colores que nadie más hubiese visto, este deseo fue bastante raro, cuando Nieve me lo concedió todo se nubló y empecé a ver rayas y formas indescriptibles en el aire, los ojos me dolieron terriblemente y desee tan solo ver los colores que todos los humanos ven.
Pedí una pizza caliente con extra de queso, anchoas y champiñones, extra grande. Fue el deseo más delicioso, y si, gasté un deseo en eso, para aquel momento no había pedido el dinero y no se imaginan lo que puede hacer un hombre cuando tiene hambre.
Esa misma noche se me ocurrió una idea increíble, desear la habilidad de controlar el tiempo, y eso hice, el resultado fue que todo se detuvo, y contrario a lo que cualquiera pensaría, con el tiempo congelado no hay mucho que pueda hacerse. El cuerpo de las personas, incluso las zonas más suaves de una chica son duras como piedra. Resulta imposible mover un objeto libremente en este estado, porque todo está sujeto con una gran fuerza, las hojas de los libros están pegadas entre ellas, en resumen, todo se encuentra tal cual se hallaba antes, inamovible, por consiguiente no pude salir de mi habitación hasta que conseguí concentrarme y hallar la manera de volver el tiempo a la normalidad; para eso fueron necesarios cinco días, cinco días en los cuales casi me volví loco de hambre y solo podía ver el rostro de Nieve observándome después de hacer su típico giro sobre sus pies.
En medio del llanto y la desesperación, logré regresar todo a la normalidad, y anule ese deseo de inmediato. Los cinco días solo sucedieron para mi, no para mi hada, por lo tanto no tenía derechos a más deseos, no obstante, cinco días son suficiente tiempo para pensar en tus errores.
Lo siguiente que desee fue un abogado, el cual pudiese redactar mis deseos de tal manera que no hubiese error alguno en su ejecución. El resultado fue, una aplicación en mi celular para detener, regresar, adelantar el tiempo a mi antojo, aunque después de mi nada grata experiencia, no lo he usado. Al abogado también le entregué una lista de al menos otros cinco deseos que me interesaban enormemente y en los cuales no deseaba problemas, pero que tendrán que ser concedidos en otro momento.
Ahora sin duda me encontra…— ¿Qué haces?— Nieve me sacó de mis pensamientos saltando por la calle en un solo pie.
—Juego a que el suelo es de lava.
—¿Acaso eres una niña?— Su respuesta fue mirarme de mala manera y pronunciar en voz baja un par de palabras. El calor recorrió mis piernas, ascendió por mi pecho y el olor a goma quemada llegó hasta mi nariz de inmediato.
El suelo se hallaba de un naranja con rojo intenso, me hundía y mis zapatos se hallaban en llamas— ¡Me muero!— Grité saltando como un loco entre los pedazos más oscuros. El calor no solo sofocaba, sino que además ahogaba y calentaba toda la vía respiratoria al punto de que cada bocanada de aire era un sufrimiento.
La condenada de Nieve se reía parada sobre una enorme roca, mientras yo debía saltar entre escombros y piedras pequeñas buscando llegar a unas de las paredes. Cuando de pronto choqué contra algo duro y caí de bruces sobre la lava, la cual quemó mi espalda, me sentí arder…
Al instante siguiente no había dolor alguno, y estaba frente al instituto, había colisionado contra la pared de la entrada y varias personas me miraban como a un loco mientras me hallaba tirado en el piso sudando frio— ¡Nieve!
—Dime querido primo…
Me levanté limpiándome, y me acerqué para que nadie más pudiera escucharnos— ¿Me acabas de matar y revivir?
—No, tan solo cree una ilusión.
—¿La lava no fue real?
—En ningún momento Richard, pensar que el suelo es de lava es cosa de niños— Palmeó mi hombro— Pero descuida, luciste muy gracioso saltando y gritando ¡Lava! Por toda la calle.
—En serio que…— Pero no tenía caso discutir, tampoco explicarle razones, después de todo ella siempre hace lo que le viene en gana, y yo estoy consciente de ello, por lo tanto respiré profundo, tomé una gran bocanada de aire, y con esto me fui más que molesto tragándome diez mil insultos mientras apresuraba el paso.
—Está aquí… — Comentó Nieve, observando el cielo nublado, más no quise preguntar a qué se refería y busqué de llegar a la cafetería donde acostumbraba mi grupo a esperarme.
—¡Dude!— Mi compañero Martín me encontró en el camino, nuevamente sentí una palmada en mi espalda, y Nieve saludó discretamente.
—Todo bien viejo, te presento a mi prima, Nieve.
—Un placer— Contestó esta agachando la cabeza, yo me comencé a preguntar ¿Adonde vio eso de agachar las cabezas a la hora de saludar? Para mayor impacto, Martín, el gordo enorme también agachó su cabeza haciendo una pequeña inclinación.
—Es un gusto conocerte Nieve, yo soy Martín, el amigo del enano que tienes por primo— El chico se acercó hasta mi sin dejar de sonreír y me apartó un segundo— Dude, ¿por qué no me dijiste que tenias una prima más buena de la Kardashian y pelirroja?
—No sabía tenias debilidad por las pelirrojas.
—¡Dude! ¡Cualquier hombre tiene debilidad por una pelirroja! ¡Eso no se dice ni se pregunta, solo se sabe…!— Realizó un ademán con sus manos dando la sensación de serenidad, pero su mirada era acusadora. Yo quería responder “porque hasta hoy no tenia una prima pelirroja” pero ya no había de otra más que seguir con la farsa.
—Se me pasó esa.
—¿Y adonde iremos?— Preguntó Nieve.
—Adonde usted quiera, yo, Martín a partir de hoy me declaro su fiel servidor en todo momento y circunstancia
—Terminemos de llegar a la cafetería, vamos galán, te lo aseguro, no querrás estar cerca de esta pelirroja en todo momento y circunstancia, menos cuando tiene hambre.
—¡Hola chico lava!— Dani me llamaba a gritos desde una mesa frente a l puesto de comida, una chica de baja estatura, cuerpo delgado, rostro hermoso, voz dulce y rostro alegre enmarcado en una cabellera larga y negra. Emily se hallaba sentada a su lado, mas robusta que la primera pero aun así delgada, ojos color ámbar, cabello negro cortado a la altura de los hombros y un flequillo sobre su frente.
—Hey, me limité a responder.
—¡Hola chicas! ¿A que no saben quien es ella?— Preguntó Martín tomando a Nieve por los hombros frente a las otras dos, yo me limité a pedir un vaso con refresco y a hacerme el desentendido ante la situación al tomar asiento en la mesa.
—¿Quién es?
—¡La prima de Richard!
—Hola, me llamo Nieve— Contestó el hada con aquella sonrisa amable y hermosa, pero que ocultaba su verdadera naturaleza malvada y sarcástica capaz de hacerme morir o pasar las peores situaciones.
—Yo soy Daniela.
—Y yo soy Emily.
—¡No puedes ser la prima de Richard!— Argumentó Emily— Eres demasiado linda para tener la misma sangre que él— Expresó, y yo me mantuve en silencio.
—Eso mismo pensé yo al verla— Agregó Martín
— ¿También tu lo piensas?— Me atraganté al tomar el refresco, pero no dije una sola palabra.
—Oye, no serás de esas tontas chicas rosas que se preocupan más por el color de su cabello y el maquillaje que tiene puesto antes que por saber escribir correctamente su nombre ¿No?— Dani había cambiado el tono de su voz a uno más grave, algo típico en ella.
—¿Quieres pelea? No voy a jalarte del cabello o darte bofetadas, yo tomaré una piedra y te golpearé con ella en el rostro hasta verte sangrar— Contestó Nieve en el mimo tono de voz, y yo me terminé ahogando ante la agresividad en tal respuesta.
—¡Me agradas, pareces adorable!— Sonrió Dani— ¡Siéntate!— La invitó— Y ahora dime, ¿Qué carajos haces con una persona como Richard? es torpe, idiota, se la pasa despeinado, parece que absorbió televisión en exceso, no sabe pelear, no es bueno en ningún deporte, y si lo calificásemos en atractivo del uno al diez con suerte llegaría al seis.
—Es mi primo— Comenzó a contestar Nieve con una sonrisa, pero de inmediato noté como su semblante se transformaba y contestaba con la misma malicia de Dani— Algunas veces hasta en las mejores castas nace una oveja negra, una que no sirve y es el lastre del rebaño… ¿Y le darías un seis? ¿No estás siendo demás de comprensiva?
Tragué algo de refresco y me pregunté como permití que Nieve se hiciera pasar por mi prima en el instituto, y me lamenté en silencio bajando la cabeza.
—¿Y donde te estás quedando N ieve?— Inquirió Emily.
—En donde Richard— Respondió la pelirroja, y yo sentí una potente patada contra mi rodilla y la mirada de odio de mi amigo Martín.
—¿En la misma residencia?— Prosiguió Dani.
—No, con él, en su cuarto— Respondió la aludida. A su vez, yo estoy seguro de haber escuchado el crack del hueso de mi rodilla al romperse producto de la segunda patada de Martín, al tiempo que pude leer en sus labios la palabra “muerete”
—Y ¿Acabas de llegar? Podríamos buscarte un lugar donde quedarte en vez de dormir con él en esa pequeña habitación— Comentó Emily.
—No, descuida, llevo quedándome con él ya siete días— Respondió Nieve, y yo sentí una patada por cada uno de los días de la semana y miradas de odio desde varias direcciones.
—Es peligroso Nieve— Dani me miró seriamente— No sabes lo que un virgen con apetito sexual desbocado puede hacer, podría sorprenderte de un momento a otro y desnudare, y desnudarse frente a ti…— Admito que abrí los ojos como platos y vi a Nieve, quien de manera despreocupada iba a contestar ante aquello, de inmediato pasó por mi mente las diez mil maneras en las cuales podría ser asesinado por el colectivo universitario, o acabar en la cárcel con distintos cargos.
—La verdad es que ya yo…
—¡Nos tenemos que ir a clase!— Expresé dando un salto y llevándome a Nieve de inmediato, una palabra más y mi vida habría sido exterminada y mis piernas pulverizadas a patadas de Martín.
—¿A clase? Todavía falta media hora para la siguiente— Expresó Emily observando el celular.
—Tenemos que ir a la…
—¡Nos tenemos que ir de inmediato!¡Es una urgencia!— Expresó Nieve para mi sorpresa, aun más para la del resto, mientras que la fata observaba de nuevo el cielo— Richard, está aquí.
Me acerqué a su oído para preguntar— ¿Quién está aquí?
—Petric, va a pelear contra Azrael, está por comenzar, lo puedo sentir— Dijo sin más observando hacia arriba. Yo también alcé la vista esperando vislumbrar algo, pero no veía nada salvo nubes negras enormes formándose.
—Petric, va a pelear contra Azrael, está por comenzar, lo puedo sentir— Dijo sin más observando hacia arriba. Yo también alcé la vista esperando vislumbrar algo, pero no veía nada salvo nubes negras enormes formándose.
—No están allá arriba bobo— Señaló la chica notando que yo miraba el cielo.
—¿Dónde están? ¿Cómo los puedes ver?— Pregunté desconcertado.
—No los veo, solo puedo sentirlos.
—¿Puedes?— Ya mis amistades me miraban raro, a lo cual debí disculparme rápidamente con lo primero que se me ocurrió— Tenemos que irnos chicos, una urgencia, ya saben… mi pastilla de esta hora, la olvidé, yo me siento mal y Nieve me cuidará.
En ese punto sentí un estallido recorriendo todo el lugar, me percaté de una onda que atravesó todo nuestro alrededor incluyéndome, y las ventanas del edificio estallando en mil pedazos, pero para mi sorpresa el vidrio roto se desvaneció en el aire y al observar nuevamente las ventanas, estas se hallaban intactas.
Salí corriendo sorprendido, Nieve iba a tres pasos delante de mi y podía sentir como si una fuerza nos uniera haciendo imposible separarnos más de diez metros, y comenzaba a sentir que eso no era malo del todo, no obstante no era momento de tales pensamientos y mi mente se centró en lo que ocurría. Todos en la universidad nos miraron mientras corrimos hasta el pórtico sin remediar palabra, saltando las plantas y esquivando personas en plena carrera.
—¿Por qué vamos a ver la pelea?
—¡Necesitas verla!
—Pero ¿Por qué?— Me hallaba curioso y en cierta parte dudaba de querer hallarme con una pelea, si el mal tiempo lo originaban ellos, no podía fantasear con lo que eran capaces de hacer y eso me provocaba miedo. El típico miedo a lo desconocido.
—No puedo decirte por qué Richard— Fue la primera vez que Nieve dijo mi nombre de tal manera, también la primera en que vi me daba algo de confianza y me pedía algo a la vez; ante una situación así, es imposible negarse.
—¡Taxi!— Le grité a uno de los hombres que aguardaban por pasajeros a las afueras de la universidad mientras que comenzaba a llover fuertemente— ¿Adonde vamos Nieve?
—Es en aquella dirección— Contestó.
—Vamos como si fuésemos a Santa Rita— Le indiqué al taxista mojándonos antes de entrar al vehículo. Después de eso tan solo pude sentir miedo, temor recorriendo todo mi cuerpo al observar ondas fuertes, como hechas de energía que impulsaban las gotas de agua como si fuese viento, incluso imaginé que de esa forma lo veían los demás, como si se tratase simplemente del viento. Nieve se mantenía callada observando el camino y el cielo a ciertos momentos, supuse que sentía la pelea, como fuese que se desarrollase.
Por un instante desee no llegar a ningún lugar, que el tiempo se hiciese eterno, por alguna razón mi cuerpo empezaba a sentir un frio enorme, abrumador que calaba mis huesos y la sensación de querer escapar. El taxista parecía sentirlo también, pues comenzó a hablar entrecortado.
—¿Seguro que quieren ir en esa dirección? Digo, parece que la tormenta viene en esa trayectoria.
—Nos puede dejar por aquí— Apuntó Nieve, y el hombre de inmediato se detuvo pisando a fondo el freno. Pagué y salimos a mitad de la nada, rodeados de monte muy elevado en ambos lados del camino sin contar el diluvio sobre nosotros.
—¿En serio aquí? ¡Estamos en medio de la nada!— Un rayo negro salido de la tierra me hizo guardar silencio y correr en la misma dirección en la cual Nieve se dirigía—¿Esos son…?— En medio de un campo labrado estaban de pie Petric y Azrael, el primero iba con un suéter de mangas largas y un pantalón, muy sencillo a su contrincante. Azrael lucía un pantalón blanco con correas a los lados, una camisa cuello en v manga larga, una especie e bufanda negra o gris, muy difícil de percibir en medio de la lluvia y una chaqueta negra larga y algo extraña.
La lucha se hallaba detenida, Petric se mostraba cansado, Azrael de pie observándole respirar entrecortado en medio de la lluvia. Me percaté de más personas a nuestro alrededor, una pequeña niña con su muñeca al otro lado del claro, un hombre mayor algo encorvado, una mujer exuberante cuyo cuerpo se notaba todo gracias a la lluvia y el profesor Miguel, quien se acercaba hasta Richard para saludar.
—¡Devuélveme a mi madre maldito!— Se escucharon las palabras de Petric aun por encima del viento y estruendo de las gotas al impactar sobre el campo— ¡Ahora!
—¡No se puede, y lo sabes!
—¡Tu la tienes maldito!
—¡Si, y aun así no puedo devolverla al mundo terrenal Petric, fue un pago, conoces las reglas!
—¡Al carajo las reglas! ¡Devuélvela, o te mataré aquí mismo!
—No puedes niño, no puedes, y nunca podrás…— Azrael permaneció impasible ante las palabras.
—Hola Richard, Nieve…— Miguel se acercó saludando.
—Hola, profesor… ¿Cómo sabe de Nieve?
—Va contigo siempre, era imposible no verla.
—Eso quiere decir que usted es…
—Soy lo que tú llamarías un ángel Richard, sin un halo angelical o fuego divino que me cubra, pero sí, un ángel, y pertenezco al plano espiritual, así como tu querida amiga.
—¿Qué sucede allá?— Preguntó mi compañera.
—Llevan ya media hora peleando, Petric le reclama por una antigua cuenta pendiente, creo que tiene que ver con un asunto de su familia, pero Azrael no puede romper el compromiso, va en contra de las reglas.
—¿Por qué todos ven la pelea?— Pregunté yo.
—Petric… bueno, digamos que es un chico especial con cierta reputación, y Azrael, bueno… no es la clase de persona que parece siempre, digamos que es un intermedio.
—No entiendo— Refunfuñé tragando un poco de agua, pero la lucha se reanudó al instante. Lo que mis ojos observaban era algo impresionante, un libro se mostró frente a Petric, flotando en el aire y al instante una jauría de lobos negros sin cuerpo material, hechos de alguna especie de humo salieron del suelo a su alrededor y se dirigieron en ataque de mi profesor, aunque ya no estaba seguro si llamarlo así. El chico se encaminó a gran velocidad detrás de los canes.
—Un ataque físico, tiene lógica, si no funciona lo demás, pero no servirá contra Azrael…— Comentó Miguel, y así fue. Los lobos se vieron diezmados por una docena troncos viejos que salieron del suelo. No obstante el muchacho logró llegar hasta Azrael esquivándolas, preparado para golpearle, cuando un par de sombras de hombres aparecieron en su camino, Petric respondió invocando lo que observé como una especie de serpiente voladora que los aprisionó en un abrazo, permitiéndole llegar a menos de cinco metros de distancia.
Incluso en la distancia pude observar la sonrisa sinuosa de mi profesor, el hombre sujetó con su mano la patada del chico y con un movimiento de su brazo le hizo girar en el aire y luego con una patada de su parte lo lanzó a más de veinte metros de distancia, haciéndole rodar de manera estrepitosa. Nieve se llevó las manos a la boca y yo también temí por él, aquella velocidad era suficiente para partir a una persona en pedazos, pero Petric se levantó magullado y con raspones en todo su cuerpo, pero aun dispuesto a continuar luchando.
—Ni siquiera he buscado atacarte Petric— Fueron las palabras de aquel hombre.
—¡Maldito!— Gritó con todas sus fuerzas y cientos de sombras se dibujaron alrededor de él, como lanzas, las pude detallar bien durante un segundo, y comprendí que lo que antes pensé era una serpiente, en realidad se trataba de dragones pequeños de apenas un metro de largo, pero ahora la cantidad era impresionante. Al segundo siguiente los dragones voladores partieron como flechas hasta el hombre, pero este moviendo su brazo a gran velocidad hizo que un centenar de cuadrados de luz apareciesen frente a él, interceptando las figuras negras, disipándoles.
No vi ni como, tampoco entendí cuando, pero Petric se halló al lado de Azrael y logró golpear su abdomen fuertemente, haciéndole inclinarse en una arcada, el siguiente golpe fue directo a su rostro, haciendo que su rostro cambiase de dirección, virándole bruscamente. Un par de cadenas doradas salieron del suelo apretando las muñecas de Azrael quien estaba por caer al suelo.
—Esto es el fin…— Expresó Miguel.
—¿Por qué?
—Azrael lo matará— Y entonces vi como el hombre aun estando en el aire, próximo a caer al suelo, dijo un par de palabras moviendo sus labios, acto seguido dos espadas transparentes se hundieron en las muñecas del chico.
Yo me moví y alcé mi celular, apreté el menú y observé como una tercera y enorme espada transparente se dibujó frente a Peric, próximo a atravesarle. Presioné la aplicación, tomé la mano de Nieve, quien me miró confundida y la activé.
Todo se detuvo, las gotas quedaron en el aire y moverse entre ellas era doloroso, como piedras estancadas en el aire, y para moverlas se necesitaba mucha fuerza. Miguel se hallaba detenido, Azrael también, la mujer y el anciano de igual manera, para mi sorpresa la niña se hallaba inmune al poder de congelar el tiempo, y observaba con atención, Petric observaba en todas direcciones buscando el origen de tal evento, mientras la espada se hallaba a un escaso metro de distancia de su cuerpo.
—¡¿Qué hiciste chico?!— Preguntó la niña mientras me movía hasta Petric con esfuerzo, no supe que responder, miré a Nieve y esta se quejaba de dolor mientras se cubría el rostro atravesando la lluvia.
—¿Fuiste tú? ¿Por qué Richard?— Petric ahora me veía con los ojos muy abiertos y algo sorprendido.
—¿Cómo es que no te afectó que detuviese el tiempo?— Pregunté.
—Tengo una barrera, eso es obvio, no podría pelear sin una.
—¿Y él no la tenía?— Me referí a Azrael.
—La de él es natural, no la mantiene activa siempre, supongo no vio tu ataque.
—No fue un ataque— Logramos llegar hasta él.
—Claro que lo fue, estamos en medio de una pelea— Petric recitó un par de palabras que no comprendí y se zafó de las espadas, pero sus brazos sangraban copiosamente.
—Eso sin duda fue un ataque— Voltée y la niña se hallaba a mi lado, di un grito al verla tan cerca y de pronto, cuando estaba seguro se hallaba a más de cien metros de distancia dos segundos antes— Gritas como niña— Expresó esta.
—Ya se lo he dicho— Corroboró Nieve.
—¿Por qué interviniste Richard?— Preguntó Petric.
—Pues ibas a morir, no sé, no lo pensé realmente, solo actué— Y así era, nunca llegué a pensar en una razón especifica para detener su ejecución, siquiera le consideraba un amigo, no obstante lo había hecho.
—No iba a morir ¡Mira!— Señaló el suelo, donde entre un gran charco de lodo se formaba una silueta negra— Tenía preparado un doble.
—Yo estoy de acuerdo con el chico, ibas a morir, aunque la verdad estoy impresionada, nunca había visto a nadie luchar contra un ángel, no pensé pudieras durar tanto tiempo— Comentó la niña.
—Bueno, el caso es que ya estamos aquí, y Richard intervino, y tu estabas por dejar de ser medio espiritual para ser completo, aunque la verdad yo no me habría puesto brava por eso.
—Pero si es la enana falsa hada enamorada de Richard— Expresó Petric mirando a Nieve.
—¿Te quieres morir verdad?— Respondió esta.
—Yo me quiero ir de aquí, me parece bien que nos vayamos todos, incluyéndote Petric, dudo mucho puedas ganarle a mi profe… a Azrael— Comenté.
—Si, lo sé, se que no puedo ganarle— Alegó— Aun así debo vencerle y hacer que libere a mi madre.
—Yo los puedo llevar adonde quieran— Comentó la pequeña.
—Soy Petric, y este idiota de aquí es Richar, y ella es Nieve, una chica muerta que se hace pasar por hada— Abrí los ojos sin creer sus palabras y miré a Nieve, y esta ocultó su rostro bajando la cabeza— Y tú ¿cómo te llamas?
—Vicky, solo Vicky— Y tocando nuestros cuerpos todos desaparecimos y reaparecimos en medio de la ciudad detenida por el tiempo.
Nos encontramos en una habitación pequeña y vieja, con un par de muebles desgastados de tela, por la ventana se podía observar la ciudad de Ibagué en su esplendor. Voltee a mi izquierda y una muñeca enorme de dos metros me tomó con su brazo de tela alzándome, fue entonces cuando me percaté que en la otra mano se hallaba Petric saludándome tranquilamente como si se tratase de un paseo.
—Ahora me explicarás porqué liberaste a Petric de la muerte— Sentenció la pequeña Vicky.
—Ya veo, la muñeca es tu tótem, es algo bastante interesante, supongo no lo pensaste mucho.
—¡Cállate!— Gritó la pequeña a las palabras del chico, yo los observé y busqué a Nieve con la mirada, estaba muy tranquila sentada en un sillón marrón oscuro al fondo de la habitación.
—¿Por qué lo libere?— No sabía, yo mismo busqué la respuesta.
—Si, que razones tienes ¿Eres su cómplice? ¿Su esclavo?
—¡Oye! Que no soy esclavo de nadie…
—Excepto mío— Soltó Nieve.
—Tampoco ningún cómplice, es solo un conocido, podrías decir que un amigo— Intenté explicarme, mientras apartaba la vista del rostro de la enorme muñeca de trapo que me retenía, el par de botones por ojos lucían amenazantes de cierta forma.
—Nadie es amigo de Petric el ladrón de dones.
—¿Ladrón de qué?
—Ladrón de dones—Me repitió Petric con una sonrisa como si la conversación no se tratase de él.
—¿Eres un ladrón?
—Ya decía yo que el me caía mal— Nieve continuaba sentada.
—Oye Richard, no juzgues y no serás juzgado.
—Pero lo eres…— refuté, a lo cual él se limitó a encogerse de hombros.
—Eso quiere decir que no sabías que él era…— La niña levantó una mano y la muñeca me soltó, haciéndome caer en el suelo.
—Eso duele, podrías avisar, y no, no tenía idea de que fuese un ladrón de dones.
—¿Cómo puedes no saberlo? Tomo mundo a oído hablar de Petric— La niña me veía con curiosidad.
—Pues yo no.
—Él es nuevo en esto, quizás tenga una semana y media cuando acaso— Respondió Petric.
—¡Tú cállate ladrón, a mi no me vas a engañar, no podrás matarme para robar mi don!
El libro de Petric apareció frente a él, un circulo morado se dibujó en la mano de la muñeca de trapo enorme, y al instante esta soltó al chico desplomándose al suelo con estrepito, Nieve se levantó y corrió para no quedar aplastada en medio de la pequeña habitación., el bombillo y las paredes se estremecieron y todo quedó en silencio ante la mirada atónita de la pequeña.
—¡Pero! ¿Cómo? ¡Esta habitación tenía un escudo! ¡Se supone no podrías hacer nada aquí adentro!
—Aun te falta bastante niñita, pero descuida, no pienso hacer nada en tu contra, deberías pensar en una mejor defensa, esto sirve contra espíritus bajos, pero no contra algo superior… supongo le diste un par de reglas básicas, pero eso no es suficiente, piensa mejor lo que haces con este cuarto para la próxima— Petric se acostó en el brazo de la muñeca como si fuese una cama.
—¿Dices que no harás nada? ¡No te creo! ¡Tú también deberías prepararte!— Vicky colocó adelante de su cuerpo a la muñeca que sujetaba con uno de sus brazos.
—Vamos niña, que tu me puedes hacer tanto daño como yo puedo hacerle a Azrael, y ya viste que no dio mucho resultado. Además mi don no funciona así como piensas, no es que si mato a alguien obtengo su don.
—¿No?
—No, deberías averiguar mejor las cosas antes de acusar, ahora baja esa muñeca de trapo, dime ¿Tienes algo de comer por aquí? Muero de hambre… pero antes, Richard, haz que el tiempo vuelva a ser como antes, el brazo de esta muñeca de trapo gigante es como piedra.
—¿Y qué pasará con Azrael y los demás?
—Mi sombra los entretendrá un par de segundos, luego notarán que todos nos fuimos, pero no hay rastro que seguir.
—¿Estaremos bien?— Pregunté.
—Si, siempre y cuando la cría con la muñeca no haga ninguna tontería, y tu enana pelirroja no se le ocurra alguna otra— Refunfuñe un poco, no estaba seguro del todo, pero si él y la niña estaban de acuerdo en que todo estaría bien… No podía refutarles la idea, por lo tanto saqué mi celular nuevamente y desactivé el cronometro y el tiempo volvió a la normalidad.
—Si lo quieres matar yo te ayudo— Expresó Nieve a la pequeña Vicky, la cual asintió con la cabeza.
—¿Por qué no vas y compras algo de comer para todos Vicky?— Inquirió Petric.
—¿Yo? ¿Y yo por qué? Apenas te acabo de conocer.
—Eres la dueña de la casa, o habitación, como lo quieras poner.
—No tengo dinero para la comida.
—Vamos, yo te daré el dinero, puedes sacar cuanto quieras de esta tarjeta— El muchacho la sacó de su bolsillo y la lanzó como si no fuese nada.
—Y dices que puedo comprar lo que quiera de aquí— La mirada de la pequeña fue suspicaz.
—Lo que quieras dije.
—¿Y si quiero comprar un montón de cosas?
—Hazlo niña, pero trae la comida, ¿Por qué no la acompañas hada loca? Estoy seguro se divierten las dos juntas comprando— Expresó el chico— Compren algo de pollo, pizza o hamburguesas, algo así.
—A la próxima que me llames hada loca hago que Azrael te ensarte la espada ya sabes donde…
—Un hada loca con lengua de camionero— Sonrió Petric despreocupado, vamos, que mi amigo Richard y yo tenemos cosas de las cuales hablar— Me observó y comprendí podía leer la expresión de mi rostro, yo estaba que reventaba en preguntas, demasiadas como es frecuente en mi, sentía que me hallaba en un remolino de cosas que no comprendía y necesitaba explicación, al menos de las principales.
—Además no puedo alejarme de Richard, así que me es imposible salir, a menos que él lo haga.
—¿Y si yo no quiero salir a comprar nada?— Preguntó Vicky renuente.
—Quieres salir a comprar, lo sé, descuida, compra lo que quieras y considéralo el pago por traerme aquí, pídele a alguien que te ayude a traer las cosas y le das algo de propina, además hay cosas que no quieres ver— Petric se quitó la camisa y la pequeña se puso roja de inmediato, se tapó el rostro con la muñeca para luego salir corriendo hasta la puerta, Nieve no pudo ir tras de ella por la restricción de los diez metros y se acostó sobre la muñeca haciéndose la desentendida.
Hasta ese entonces no había recordado las heridas del chico en las muñeca, este rompió las mangas de su camisa blanca y se ató las muñecas rudamente. Yo dude de que aquello fuese efectivo.
—Y bien, ¿Qué deseas preguntar?— Se refirió a mi, yo me limité a observar a Nieve, quien se había volteado con su rostro hacia la pared, pero indudablemente se hallaba despierta escuchando.
—¿Qué es Nieve?
—Es una chica que murió, su esencia y energía se encuentran intactos al igual que su cuerpo, pero indudablemente está muerta.
—¿Cómo lo sabes?— Pregunté notando como la chica se acurrucaba aun más sobre la muñeca, como queriendo ocultarse de aquellas palabras.
—Puedo sentir su energía, es humana, pero su tiempo se agotó.
—¿Cómo puedes saber que no es una fata?
—Porque para ser una fata tendría que ser en principio un demonio Richard.
—¿Un demonio? ¿Las hadas son demonios?
—Son, demonios, son ángeles, y no son ninguno de los dos— Expresó él amarrando la segunda manga sobre la muñeca sangrante.
—No entiendo.
—Tendría que explicarte muchas cosas para que entiendas hombre.
—¡Pues explícamelas! ¡Estoy harto de no comprender un carajo de lo que pasa!
Petric me miró con aire serio y volvió a acomodarse sobre el brazo de la muñeca, por primera vez noté que era mayor a mi, y que no mostraba el rostro jovial habitual de alguien joven, en cambio sus ojos eran sombríos, como si ocultase muchos años de vivir en la penumbra.
—Verás, en un comienzo el creador hizo una raza superior a la nuestra, puedes verlos como si fuesen arquitectos, ingenieros y obreros de la creación misma. Su deber era mantener todo en orden y funcionando, para eso se les otorgaron dones, los dones son capacidades de manipular la naturaleza y todo lo que nos rodea a su antojo, claro que muchos tenían sus aéreas de especialidad, cada uno de ellos diferentes, y con personalidad propia.
Para sorpresa de estos, el creador decidió rellenar este mundo perfecto con creaciones diversas, y entre ellas una funesta y muy perjudicial… ¿Adivinas cual era esta raza?
—El ser humano, estás hablando del génesis de la biblia, solo que algo un poco distinto.
—Si, el ser humano, y después de esto hubo una facción de estos constructores que se sublevaron, a la cabeza se hallaba Lucifel, la principal razón es que no se encontraban de acuerdo con la creación del hombre, y fueron desterrados del lugar donde moraban, tu lo llamarías el cielo, yo lo llamo plano espiritual superior.
—Entiendo.
—Pero cuando desterraron a la facción que se sublevó, se supone los lanzarían al plano espiritual más bajo, algo más semejante a una prisión.
—El infierno— Corroboré.
—Lo puedes llamar como quieras, excepto que jamás pienses que encontrarás allí a gente cornuda o pailas ardientes. En fin, el hecho está en que muchos lograron quedarse en el plano intermedio, en nuestro mundo, y tomaron diferentes rumbos. Algunos decidieron dañar al ser humano, otros se arrepintieron y pidieron volver, pero el favor les fue negado, y no tuvieron más opción que permanecer en la tierra, por siempre.
Fue allí cuando muchos decidieron quedarse a cuidar de sus obras principales, la naturaleza misma, y usar su don para buscar compensar el error al desobedecer la orden del creador.
—¿Entonces las hadas son ángeles?
—Son ángeles, son demonios, y no son ninguno de los dos Richard, al momento que decidieron ser neutrales y solo brindar protección a la naturaleza con sus dones, dejaron de ser cualquiera de los dos. Tan solo debes recordar que ángeles y demonios son iguales.
—No pueden ser iguales, los ángeles son buenos, y los demonios malos…
—Si y no de nuevo— Petric se rascó la cabeza y yo me confundí aun más— Mira Richard, se de demonios que no buscan hacer ningún mal o que solo actúan para su beneficio propio, así como se de ángeles que si la orden es dictada eliminarían a un centenar de personas, después de todo, poseen personalidad, son como los humanos, hay personas que son buenas, pero que en algún momento hacen algo malo, y personas malas que en algún momento hacen bien.
—¿Entonces como diferencias si son uno o lo otro?
—Por su elección entre los dos bandos principales, luz y oscuridad, bien y mal, cualquiera de ellos puede elegir la naturaleza de sus dones, así los diferenciamos. Los demonios están en contra del ser humano y las ordenes del creador, su energía es negra y sus dones son de la naturaleza del caos, los ángeles siguen órdenes, su energía es pura y blanca, la naturaleza de sus dones es el control y la paz.
—Y tú, y la niña… ¿Qué son? Tu energía era oscura ¿Eres un demonio Petric?— Pregunté recordando la voz del viejo árbol encantado al decir que ese chico era mas demonio que nada…
—Somos humanos, como tu, aunque yo nací con un don familiar, después de eso entrené mucho mi energía espiritual, supongo que la chiquilla también, es bastante buena de hecho para su edad, capaz de transportarnos…
—¿Yo podría hacer esas cosas?
—¿Tú Richard? ¿Para qué? Si de hecho tuviésemos que decir quien es el más poderoso entre nosotros, ese serías definitivamente tu hombre, solo con el hecho de detener el tiempo… No conozco nadie capaz de hacer algo como eso, supongo ha de requerir una cantidad de energía vital tan enorme que ni cercanamente me sería posible, tu no gastaste ni una gota, y esta hada loca pelirroja parece que tuviese energía infinita, para ser capaz de concederte algo así.
—¿Y de donde viene la energía de Nieve?
—Eso no tengo la menor idea— Expresó Petric— Debería ser ella quien nos dijera, pero supongo no dirá nada, pero la energía que se usa en cada deseo que pides, debe provenir de algún lugar, porque ni tu ni ella parecen estar gastando su energía vital por hacerlo.
—Eso es bueno, ¿No?— Expresé intentando comprender todo lo dicho de un solo instante.
—Al contrario Richard, es malo, muy malo, los poderes de Nieve no son normales, rompen las reglas para cualquier humano, y ella no podría haber llegado a convertirse en lo que es actualmente sin ayuda. Y si alguien invirtió tanto esfuerzo y quebrantó tantas reglas para crearla con esos niveles de energía tan desproporcionados, ten por seguro que la querrá de vuelta, cuanto antes…
—¿Qué debo hacer?
—¿Crees que tengo la respuesta para eso? Mira Richard, no tengo idea, no sé si pedir más deseos hará que te encuentren o la encuentren a ella más rápido, tampoco sé si sea apropiado no pedir nada ¿Si me comprendes?
—Creo que un poco, aunque no me agrada— Expresé intentando no demostrar mi miedo, pero mis piernas estaban temblando y necesitaba un lugar donde sentarme y descansar aunque fuese un par de segundos y recuperarme del impacto. Por lo que Petric decía ahora mismo podría estar un ser poderoso en exceso buscándome a mí, a su hada.
—Solo relájate hombre.
—¿Qué me relaje? ¿Y cómo quieres que esté relajado?
—No servirá de nada que tiembles como gelatina tampoco, por ahora lo que te puedo recomendar es que pienses muy bien las cosas.
—Pensar…— Repetí, y he de reconocer que lo de “pensar” no es mi mayor fuerte, a pesar de salir bien en la universidad, mi capacidad de razonamiento es limitada, y suelo estancarme y darme cuenta de las cosas muy tarde. El temor me embargó y observé a Nieve, quien aun se hallaba de espaldas, pero era obvio que se hallaba llorando; la conversación de alguna manera la lastimaba, y de alguna otra forma a mi me dolía su dolor, era triste. La ciudad rechinaba y continuaba su camino en el tiempo, y Nieve lloraba, y entonces comprendí, por una pequeña fracción de momento, lo que debía estar pasando, el dolor de ya no estar viva...— Pues me niego a que Nieve esté simplemente muerta, y si hay formas, y dones con los cuales detener el tiempo, te aseguro que hay formas de hacer que Nieve viva.
—¿Qué piensas hacer chico?
—No sé, pero será cuestión de pensar ¿no?
—Supongo— Expresó él.
—¿Y tu? ¿Qué harás con respecto a Azrael?
—¿Yo? Me quedaré en la ciudad unos días, necesito observar ciertas cosas, ver como pasa todo, y recuperarme un poco— Alzó sus brazos como si fuese algo menor con una sonrisa, al punto que yo no supe que más decir.
—Tu… ¿me podrías enseñar a defenderme?
—¿A pelear?
—A ser, como tu y la niña, a entender todo esto, me refiero— Me expresé con temor.
—Lo siento Richard, pero para esto no hay atajos, se tiene que aprender con años de práctica y entrenamiento, y no se lo recomendaría a nadie.
—Entiendo— Rezongué.
—¿Esperarás por la comida?
—Creo que me iré a casa…
—Supuse lo harías Richard, al salir dile a la pequeña Vicky que entre, que no gana nada escondiéndose detrás de la puerta.
Asentí y abrí la puerta, en efecto allí se hallaba Vicky, sorprendida y con los ojos abiertos—¿Lo escuchaste todo?
—Lo siento, pensé que quizás…
—Petric dice que entres.
—Me matará si lo hago— Expresó la pequeña, yo me di media vuelta para observar de nuevo al chico.
—Está bastante herido, además, creo que si quisiera matarnos, lo habría hecho hace mucho— Expresé, a pesar de no poder estar seguro. Nieve se había levantado de la muñeca y caminaba hasta la puerta con el rostro bajo.
—No confío en él.
—Yo tampoco confío en ti niña, siquiera sé que eres, y aun así estoy aquí ¿No?
—Tu eres un poco idiota… pensé se quedarían, pedí suficiente comida para todos.
—Creo, que no tengo hambre… por hoy— Comenté antes de irme.
—Vale, nos veremos entonces de nuevo Richard— Expresó la niña mientras yo caminé por el pasillo de aquel departamento con Nieve tras de mi.
Tomé un taxi en lo que salimos y el camino fue en total silencio, llegamos a la residencia y Fabiana quiso hablar, quizás fui un poco grosero al negarme rotundamente y decir que me hallaba cansado y solo deseaba dormir, pero era la verdad, deseaba escapar hasta la tranquilidad de mi cama un par de segundos.
Acostarme no fue una solución, pero alivió ese malestar y el temblor en mis piernas, Nieve desapareció en su pieza no obstante pude sentir cierto alboroto, comprendía se hallaba molesta, dolida y triste; yo también lo estaba. Pasaron un par de horas hasta que pensé en alguien que podría tener una solución, alguien que en mi parecer podría tener poderes mágicos por la facilidad en la cual hallaba soluciones… Mi madre.
—Aló… ¿mamá? Yo…
—¿Qué te pasa Rich?
—¿Cómo podía saberlo? Simplemente era esa magia que solo una madre tiene— Pensé sin saber qué decir— Un problema, me tiene pensando, bueno, el problema no es en sí mío, es de una chica, una amiga.
—¿Qué le pasa a ella?
—No sé como decirlo mamá, pero tiene problemas, y la verdad es que no sé como ayudarla— Observé por la ventana de mi habitación, y comenzaba a oscurecer, el día había pasado muy rápido mientras yo intentaba comprenderlo todo.
—Primero pregúntate si puedes ayudarla Rich, por lo general nosotras las mujeres siempre somos bastantes autosuficientes, solo necesitamos es a alguien que esté allí con nosotros, que nos de el empujoncito de levantarnos el animo mi amor.
—¿Segura mamá?
—Totalmente ¿te gusta esa chica?— Preguntó de manera inocente, y yo me estremecí, ¿me gusta Nieve?, la idea cruzó mi mente y la respuesta fue confusa, primero había un no, es imposible querer a alguien en tan poco tiempo, además está loca y muert… La simple idea de lo que ella era me hizo explotar en rabia y la segunda opción cobró aun más fuerza— Creo que si, o empieza a gustarme.
—Habla con ella, y escúchala entonces hijo, eso será de mucha ayuda, te lo aseguro, es algo que nosotras las mujeres valoramos mucho.
—Gracias mamá, bendición.
—Dios te cuide hijo— Con eso la llamada finalizó y me sorprendí por la solución tan simple que mi madre me dio, escuchar a Nieve.
—¡Quiero mi comida humano!— Sentí el rasgar contra la puerta, pero no estaba de ánimos como para darle de comer, menos para escucharle.
—Lárgate Pendejo…
—¡Quiero mi comida humano! ¡Te lo advierto, o recibo mí comida ahora o no menearé mi cola para ti!
—¡Pues me importa poco!— No hubo respuesta del otro lado y me dirigí a la puerta de la pieza improvisada de Nieve, me detuve y toqué suavemente— Nieve… ¿podemos hablar? ¿puedo pasar?— esperé una respuesta, pero nada sucedió, por lo cual toqué nuevamente y esperé un rato, nada, y de hecho no había sonido alguno proveniente de su habitación, y como el idiota que soy, temí lo peor y entré de un golpe al pequeño cuarto, el cual nunca había visto.
Adentro no había casi nada, solo una cama de madera, un dibujo infantil sobre la pared y Nieve acostada, dormida. Me acerqué un poco más tranquilo y fue entonces cuando se me ocurrió algo que solo a mi se me ocurriría. Me senté en la cama y me acerque a su rostro. Su aroma era suave pero embriagante, intenté no despertarla y expresé con lentitud las siguientes palabras en su oreja— Deseo saber quien eres Nieve, qué sucedió contigo, deseo saber toda tu vida.
La magia, los dones, o la energía, como sea que alguien desee llamar a esa flama que vive dentro de nosotros, es increíblemente fuerte y poderosa. Eso lo comprendí al pedir el deseo.
La habitación desapareció, se esfumó rompiéndose en pedazos y me hallé en una sala de hospital, pequeña y algo desatendida. En ella una mujer con cabello rojo como el fuego gritaba con las piernas abiertas mientras un bebé salía de su cuerpo. El ajetreo reinaba en la sala, pero yo era invisible e inexistente a los presentes, los cuales podían atravesar mi cuerpo como si yo me tratase de un recuerdo, y no al revés.
Me tomó un minuto darme cuenta que ese era el nacimiento de Nieve, y mucho más percatarme que no habría adelantos en esta historia.
Su padre la recibió feliz en brazos, y la besó llenándose el rostro de sangre sin importarle, mientras la enfermera se la quitaba de sus manos, la pequeña lloraba fuertemente desde el primer momento.
Las horas, los días, y las semanas pasaron, y yo no me pude separar de Nieve, mi realidad era un cubículo de tan solo veinte metros en el cual ella se encontraba, más allá de eso todo era negro e imposible de cruzar. No sentía hambre, sed o sueño, solo estaba allí para admirarla. Comprobé mi celular y la aplicación para adelantar el tiempo, resultaba imposible de activar, quizás por ser un recuerdo y no la realidad misma, por lo tanto debía estar allí y vivir su vida como cualquier persona, segundo a segundo.
Al primer mes me aburrí y desee una manera de escapar de tal pesadilla, no podía hablarle a nadie, solo escuchaba su llanto por las noches y como se despertaba solo para comer. Pero como dije, no había escapatoria mi deseo fue saber todo sobre ella, y así sería.
Se enfermó toda una noche a los cuatro meses, yo sufrí en silencio, solo podía verla llorar en su camita, no podía abrazarla, ni calmar su dolor, solo observar, lo cual de por si era bastante insatisfactorio, me sentí impotente y tan solo un fantasma.
Si comencé a percatarme de muchas cosas, la primera, en que a pesar de saber ella no perecería a tan corta edad, me preocupaba su bienestar, lo segundo de lo cual caí en cuenta fue que tendría mucho tiempo por delante hasta verla crecer, y mientras tanto debía buscar algo qué hacer.
Con el pasar de los días la bebé iba creciendo y yo fui intentando percatarme en los más mínimos detalles. Al cumplir un año de mi prisión en sus recuerdos, comencé a practicar meditación, un ejercicio que ayudaba a relajarme mientras la niña comenzaba a dar sus primeros intentos de pasos.
No pude evitar alegrarme con ella cuando comenzó a balbucear palabras y a levantarse sobre sus pies, su rostro blanco, alegre y lleno de alegría, no daba ninguna señal de lo que luego sucedería.
Comencé a leer con sumo cuidado el libro que llevaba en mi cuello con las reglas sobre los dones, y a buscar fallos en las mismas, al cabo de un par de meses había encontrado muchas, empecé a crearme una idea de la clase de persona que se hallaba detrás de Nieve, aquella que le había dado sus poderes, temí lo peor; pero para entonces la dulce y pequeña pelirroja comenzaba a andar por si sola y a hacer desastre por la casa y yo la seguía paso a paso.
Su madre salió embarazada nuevamente, y a los pocos meses nació Samantha, una chica de cabello rojo con crespos enormes y ojos saltones. Desafortunadamente la mamá de Nieve falleció durante el parto, a mi me tomó casi medio mes percatarme de un detalle tan importante, ya que mi jaula de veinte metros de diámetro no me dejaba ver más allá de lo presente para la niña.
Su segundo cumpleaños fue un poco triste, yo quise besar su frente pero me resultó imposible, nuevamente era un fantasma, un espectador de su vida en primera fila y aquello comenzaba a molestarme en extremo.
Ese año… no recuerdo siquiera todo lo que llegué a hacer, pero puedo mencionar que gastaba mis horas armando teorías y meditando. Fue por mera casualidad, un momento en el cual casi me dormí en medio de una meditación, cuando me percaté de lo que hacía especiales a Petric y a Vicky, y el cómo funcionaban los dones. Se trataba de la vida misma, de la flama de la vida, presente en las personas y en todo lo que nos rodea, aquello era la fuente de dicha magia, pero aun todo lo demás era un mar de misterio para mí.
Apenas estaba por cumplir Nieve tres años cuando fue invitada a una fiesta, y sucedió algo que me dejó pasmado y me dejó pensando. Se hallaban jugando las escondidas cuando Nieve se metió dentro de un gabinete de la cocina, yo por mera curiosidad asomé la cabeza al interior para verla, cuando de pronto la pequeña se asustó golpeándose la cabeza en el interior. Yo también me asusté y salí de facto.
—¿Acaso me pudo ver? ¿Me sintió?— Nieve salió blanca, más pálida de lo habitual temblando y yo intenté tocarla, detenerme frente a ella, pero el resultado fue en vano, no reaccionó nuevamente ante mi, yo era una sombra.
Me obsesioné con ese instante e intenté asustarla un par de veces, nada resultó. Luego me deprimí y no quise saber sobre nada, tan solo dormir. Llevaba tres años sin probar comida alguna, sin vivir mi propia vida, sin ver a mis amistades a las cuales extrañaba, sin saber de mi madre, incluso llegué a extrañar escuchar la voz de pendejo, el gato que entraba a mi habitación pidiendo salmón.
Me tomó un mes recuperarme de una fuerte depresión, momentos entre los cuales desee incluso morir. Solo me logré aferrar a la vida porque Nieve comenzaba a jugar con su hermana y en ciertos momentos me había reír.
Samantha contaba con dos años, y Nieve casi los cuatro, cuando escuché de boca de la última algo que reanudó mi curiosidad. Nieve le pidió a Samantha que durmiera con ella, pues sentía que alguien la observaba siempre. Aquellas palabras me hicieron estremecer y saltar del suelo donde me hallaba sentado. Aquello probaba que de alguna forma ella podía sentirme, tan solo debía hallar la manera en la cual eso sucedía.
Demás está decir que mis esfuerzos fueron en vano, y me sumí en mis pensamientos mas abstractos y dormí grandes cantidades de tiempo, a pesar de no sentir sueño en aquel lugar era algo que me permitía gastar grandes cantidades de tiempo. Entre una de esas noches en la cual dormía como acostumbraba normalmente en el sueño, desperté sintiendo un ligero sonido, lo que observé me dejó atónito y por primera vez en mucho tiempo sentí miedo. Frente a mi se hallaba la figura de la madre de Nieve, besando la frente de sus hijas con suavidad, para luego observarme a mi, sonreír y desaparecer como si nunca hubiese existido.
Durante tres días repetí en mi mente la escena, paso a paso, me pregunté, si, de algún modo, el plano en el cual se hallaba su madre muerta, tenía relación con el mío y el pequeño cubículo de veinte metros.
Nieve comenzaba a ir a la escuela, y yo la acompañaba y las cosas eran más dinámicas y entretenidas, salía a diario y el cubículo de veinte metros se hacía de cierta forma más grande, recorría su ciudad, la cual nunca reconocí, y veía otras personas, aquello me ayudaba con mi soledad, y de alguna forma comenzaba a conectarme con la pequeña, sus amigas eran mis favoritas, sus enemigas también las mías, la celaba y cuidaba mentalmente, muchas veces susurrándole al oído quienes le convenía y quienes no, con la esperanza de que algo de mi información llegase hasta ella.
Para ese punto, aunque suene complicado y difícil de decir al mismo tiempo; ya estaba enamorado de Nieve por completo, y no de una forma maliciosa a una niña, no, estaba enamorado de lo que ella era, de cómo crecía y de la chica en la cual se convertiría. Verla despertar a diario y caminar a la escuela era un deleite y algo que me hacía sentir orgulloso, la acompañaba y cuidaba a cada paso, a pesar de que mi condición no permitía interceder y más de una vez se calló o pasó pena al ensuciarse frente a sus amigas, recibió burlas y engaños. Cuando ella acontecía, mi papel era susurrarle palabras de aliento para que continuase su camino, me convertía segundo a segundo en su ángel guardián, deseando solo lo mejor para ella.
Más de una vez patee a algún niño, atravesando su cuerpo con mi forma incorpórea, deseando alejarlo para que no la hiciera llorar, más después de que la comenzaron a llamar niña pelo de fuego, haciéndole rabiar.
Nieve, si se le buscaba podía ser una fiera, no obstante, al llegar a su cuarto se lanzaba en la cama a llorar, y era su hermana Samantha quien le consolaba llevándole siempre chocolate. La chica lo recibía con una sonrisa, tomaba la mitad y lo picaba para compartir con su hermana menor. Solo Samantha sabía por lo que pasaba, ella y yo, su fiel seguidor en las sombras.
De esta forma Nieve se convirtió poco a poco en la chica violenta, la cual ante las burlas golpeaba a los demás, hasta que un día se peleó con Veronica, una niña de cabello largo que tenía envidia y jalaba su cabello. Aquella ocasión pasó los límites al cortarle un mechón de cabello, yo celebré la victoria de Nieve al lanzar a la niña al suelo para abofetearle. Luego citaron a su padre quien se presentó con Samantha y una barra de chocolate. Fue castigada, pero tanto ella como yo disfrutamos aquel castigo con cierta satisfacción, la felicité en silencio y me agradó que las cosas fuesen así.
Llegaron los siete años, y la lectura fue su nueva pasión, y por consiguiente la mía, cada libro que la chica tomaba era también una nueva oportunidad para mí, leía junto a ella casi todos los días y muchas noches hasta la madrugada o el amanecer.
Por medio de los libros tenía un escape a la realidad y al cubículo de veinte metros, allí ambos vivíamos decenas de vidas ajenas y gozábamos en silencio de cada palabra. Nuestros géneros favoritos eran la fantasía y la ciencia ficción, aunque podía notar como suspiraba y ella prestaba mayor detalle a las escenas románticas, yo tan solo sonreía a su lado y continuaba leyendo. La música se convirtió en un aderezo, algo tan fundamental como la sal a las comidas. La música junto a la lectura nos mandaba a otra dimensión donde cualquier cosa era posible. Me sumí de tal forma en la lectura que dejé de extrañar mi propia vida y mientras no nos encontrábamos sumidos en algún texto, yo repasaba las líneas mentalmente, y el tiempo pasó más rápido de lo esperado.
Samantha era una aliada y estaba ya en la escuela, a su vez era alguien más a quien cuidar, y Nieve era perfecta para amenazar a los demás y lograr que dejaran de meterse con la pequeña, yo me limitaba a observarla con cierto grado de orgullo recostado de los arboles.
Era un placer observar como crecía, Samantha podía estar tranquila, Nieve era mucho más madura de lo que la mayoría de las chicas de su edad eran, aunque a veces actuaba como una simple niña, más que todo cuando se hallaba en su habitación entre libros dando vueltas en su cama.
Presencie su primer sangrado, y el miedo que recorrió su rostro aquella vez, hasta que su padre le indicó era algo normal, y con ello supe iniciaba su pubertad.
Un par de semanas después comenzó a tener fuertes dolores en el estomago, pero su papá trabajaba casi todo el día, para mi era desesperante verla retorcerse entre las sabanas sin saber qué hacer. Debo admitir que cuando gritó de dolor yo lo hice junto a ella y comencé a pedir auxilio, Samantha entró en locura, su hermana se hallaba tendida en el suelo contraída de dolor.
Su padre llegó casi a las dos de la mañana bebido, sin saber del mal día, cuando entró en la habitación y se encontró con Nieve tendida en el suelo casi inconsciente salió en carrera al hospital, mientras yo le gritaba diez mil improperios por no encontrarse en casa y andar bebiendo. La causa era apendicitis, algo normal, pero que infectó el intestino y Nieve debió pasar un par de días en el hospital, de nuevo, éramos Samantha y yo quienes nos acomodábamos a su lado para vigilarla.
Nunca estuve tan preocupado por alguien, jamás había agradecido tanto el no tener sueño y poder estar a su lado, a pesar de que ella no pudiese verme, yo sentía que le era de compañía y no quería apartarme de su lado bajo ninguna circunstancia, de cierta forma estaba feliz de ser el fantasma que le acompañaba. Habían pasado más de diez años, ya yo no intentaba hablar, tan solo hacia gestos normalmente, y el gritarle al padre de la chica me dejó afónico.
La estadía en el hospital fue corta, pero había cambiado mi manera de ver las cosas. Ahora deseaba alguna manera de poder comunicarme e inferir en su vida y evitar que cosas como esas sucediesen de nuevo. Me sumí en pensamientos e ideas, y fui intentando una tras otra.
Aquella idea fue mi pensamiento primordial las siguientes semanas, y comencé a intentar todo lo posible, desde gritar, asustar, hasta concentrarme e intentar hacer que me escuchase en pensamientos
No sucedió nada, y los libros poco a poco fueron desconcentrándome nuevamente y la vida de ensueño en otros mundos regresó para nosotros. Para mi sorpresa a Nieve comenzaba a gustarle un chico de la escuela, uno que por lo tanto comenzaba a caerme pesimamente a mi. Me hallaba consciente de lo ilógico que era sentir celos de un niño, aun más de Nieve, quien no estaba siquiera consciente de mi presencia, pero así me sentía, remplazado en cierta forma en pensamientos, y me ofuscaba verla escribiendo en su cuaderno su nombre y observarlo.
Esos días tan solo sentía ira, una rabia que llenaba todo mi cuerpo y que expresaba pateando todo lo visible, en especial el rostro de aquel chico. Maldije y bramé sumido en la locura y en medio del desastre algo pasó, algo que me dejó sorprendido, patee una cubeta de basura y esta cayó y rodó por el suelo con estrepito. Nieve volteó a verla sin comprender, y yo me quedé petrificado ante tal acto, e intenté patear todo lo que vi, pero nada más funcionó.
Comprendí al instante que la ira que en ese momento sentía fue el detonante, pero era imposible repetirla, no a menos que viese de nuevo al chico.
Ese fin de semana fue especial, nunca antes esperé tanto el molestarme, menos a causa de un chico, incluso me hallaba feliz con mi logro e intenté repetirlo durante los dos días, hasta que el domingo en la noche sucedió algo que me dejó sin habla.
Me hallaba recostado en la cama leyendo un libro que Nieve había dejado abierto sobre la cama, buscando continuar con la historia mientras ella se duchaba como de costumbre a eso de las siete de la tarde, cuando de pronto la observé frente al espejo de la habitación, deshaciéndose de la toalla de baño, luciendo su cuerpo esculpido totalmente desnudo, admirándose frente al espejo, alzando sus brazos y bajando sus manos hasta sus senos, apretándoles ligeramente para colocarse de perfil con una sonrisa que rebosaba picardía.
Me impacté, llevaba más de trece años sin ningún recuerdo referente al sexo, y de pronto, una lujuria se desató en mi mente, sentí pudor, vergüenza y deseo de ver más. Samantha entró de golpe en la habitación, Nieve dio un salto junto con un grito para taparse, rezongándole a la menor por no tocar y avisar antes de entrar. Yo quedé colorado, sin saber que hacer, bajé al suelo y me senté para aclarar mis pensamientos y esperar a que el deseo pasara.
El lunes llegó más lento de lo que pensaba, no hubo ira que me animara a mover algún otro objeto, el chico que le gustaba a Nieve estaba saliendo con otra chica del mismo curso. El día se tornó triste y melancólico, la mirada de ella se hallaba alejada, distante y perdida en sus pensamientos. Al llegar a casa tampoco hubieron libros, ni música, solo su llanto desconsolado contra la almohada y yo para escucharla sin saber qué decir, deseando poder destruir a aquel chico por hacerla sufrir de tal manera. De nuevo deseaba poder abrazarla y demostrarle mi presencia, pero mi mano no alcanzaba a tocar su cabello, terminé lanzándome al suelo intentando comprender en qué punto ella llegó a dolerme tanto.
La tristeza se mantuvo por algunos días, de nuevo los libros y una salida a la playa nos sacaron de tal abismo, Nieve tenía un pequeño grupo de amigas, todas chicas inocentes pero con las hormonas al borde, se notaba a distancia; yo intentaba quedarme dormido mientras se reunían en la habitación, no deseaba escuchar sus discusiones sobre chicos, maquillaje, series, novelas y otras cosas.
Yo, para ese momento, no era yo mismo, había olvidado mi antigua personalidad, y era un resumido de novelas y vivencias de Nieve, mi cubículo era una prisión de la cual deseaba escapar muchas veces y me volvía loco, por instantes perdía la razón y quería escapar. Mi celular por alguna razón continuaba funcionando, a pesar de llevar ya quince años encendido, pero comprendía naturalmente que se trataba de un recuerdo y su existencia era tan real como yo mismo en ese lugar.
Una noche sucedió algo que no esperaba, me hallaba recostado sobre un sofá de la habitación, cuando sentí la voz ahogada de la chica a mis espaldas. Reconocí el tono y un gemido suave en su voz… Aquello que ella sentía era placer, lo comprendí de inmediato, se estaba tocando. Yo me quedé petrificado escuchando, en cierto punto sentía un morbo racional por su cuerpo, pero en otro punto era la misma chica la cual había visto crecer frente a mi, y de cierta forma sentía invadía su privacidad.
La idea de ser un fantasma volvía a desagradarme y atormentarme, fue entonces cuando sentí sus palabras claras: ¡Mírame! ¡Mira como me siento!. Tomé aquellas palabras para mi, después de todo era el único presente en la habitación además de ella. ¿Acaso sabía de mi presencia? ¿Me sentía? ¿O tan solo fantaseaba con ser descubierta?. “¡Quiero que me veas!” susurró mientras se aferraba con sus piernas a las sabanas sintiendo el placer de su sexo. Yo la vi esa y otras noches, y disfrute en silencio del placer de su figura. Nunca llegue a acercarme, sentía miedo de descubrir nuevamente que no era más que una sombra.
Su primera cita llegó, también su primer beso, el cual fue con un chico que conoció dos semanas antes, sentí nuevamente la ira, pero esta vez me enfoqué en otras cosas, intenté mover objetos de a mi alrededor, o aparecerme frente a otras personas.
Había escuchado a algunas personas hablar sobre la llama de la vida, nunca comprendí del todo esa expresión, hasta el día en el cual apreté el hombro de aquel chico con fuerza en el instante en que Nieve se hallaba descuidada y él observaba y picaba a un ojo a una de sus amigas con picardía. Sé que él me sintió, se asusto tremendamente y volteó en todas direcciones. En ese instante me percaté que si deseaba tener algún contacto con lo que sucedía, debía desearlo desde el fondo de mi corazón y centrar todo mi ser en ello.
Los siguientes días comencé a entrenar y obvie los besos de Nieve, los libros, la música y sus salidas con el chico. Me centré en mis emociones hacia ella, poco a poco empezaba a sentir alguna clase de energía fluyendo por mi ser, y entendí que esa misma fuente de energía era la que usaba Petric y Vicky para realizar esa magia que a mi antes me maravillaba, pero yo aun no sabía como canalizarla ni darle forma.
Me tomó cerca de un año poder crear una pequeña bola de energía en mi mano, un año casi sin descanso para algo tan diminuto de apenas tres centímetros de diámetro, era blanca y muy pesada a pesar de su tamaño, aun no sabía bien que hacer con ella, era obvio que esa energía era convertible en lo que yo deseara, pero por mi mente no pasaba ninguna idea para su uso, ninguna que pudiera proteger a Nieve, quien había roto ya con su novio y pasaba la mayoría del día ahora con Samantha.
No era en ese momento muy popular en la academia, una de sus amigas había quedado embarazada y la otra iba por el mismo camino, mientras que ella fue relegada como una come libros y apartada del resto. Samantha continuaba llevándole chocolate, era una especie de acuerdo entre hermanas.
Comenzó a formarse en mi una idea, el de convertir la energía, pues mientras mas me acostumbraba a ella empezaba a notar que todo lo que me rodeaba estaba hecho de la misma. Con esta idea llegue junto a las chicas a un día de fiesta en bote. No era la primera vez que salíamos en bote junto a su padre y algunas amistades, tan solo una tarde normal, o eso pensaba yo.
Las chicas se hallaban jugando en la parte de adelante mientras los adultos bebían y charlaban en la zona superior. Me percaté muy tarde, y me encontraba a más de diez metros de distancia, cuando Samantha resbaló golpeándose la frente contra una baranda del barco en la cabeza para luego caer al agua, Nieve no llegó a pesar ni un segundo en qué hacer, al instante siguiente se lanzó al agua mientras el bote iba a gran velocidad. Yo apenas pude reaccionar para lanzarme detrás de ellas dos.
Todo fue muy confuso, pues las aspas del barco nos hizo girar varias veces. Cuando todo se calmó me percaté de la profundidad, de lo oscuro y trémulo del agua, el frio invadiendo nuestros cuerpos y la sangre que brotaba de ambas chicas. Nieve se hallaba a un metro de distancia nadando hacia abajo en busca de Samantha quien se hundía como roca.
Nadé con todas mis fuerzas y le grité a Nieve que ella podía hacerlo, le di toda mi energía, y creo que ella lo sintió pues aumentó el ritmo lo suficiente para llegar a su hermana e infundirle una bocanada de aire en su boca antes de comenzar a nadar para subir.
Ascender comenzó a hacerse lento y cansino, pude notar como Nieve perdía el ritmo y sentía el peso de su hermana, su vista se nublaba y a cada patada se debilitaba más. Hasta que de pronto, dejó de patalear y se detuvo, yo concentré toda mi energía y las abrace y mantuve un instante, intenté subirlas, pero era demasiado, de pronto sentí la energía de alguien más, la reconocí al instante, era la madre de las chicas quien nos prestaba ayuda y comencé a subir, pero el peso de ambas nos hundía y mi energía era escaza, sin contar que Nieve se moría frente a mi.
Grité, maldije, mi corazón dio un vuelto, volví a gritar…. No podía estar sucediendo, veía como su cabello rojizo flotaba en el agua y sus ojos se hallaban perdidos, aun con vida, pero sin energía para seguir, sus pulmones exigiendo aire y el agua inundando cada zona de su interior.
Fue entonces cuando vi una sombra, una que salió del mismo fondo del mar y se escuchó una voz, una que me heló, pero que llegó hasta Nieve, fuerte y clara.
—¿Quieres vivir?— Me sorprendí, la sombra me observó y algo me tomó por el pecho y envió a veinte metros de distancia, a pesar de eso pude observar la mirada de Nieve y lo único que le importaba era su hermana menor, Samantha, nuevamente escuché a la voz— La puedo salvar, vivirá, si eso es lo que deseas… apresúrate en decidir, el barón viene por ustedes.
El barón, era una sombra enorme cuya energía pude sentir oprimiendo todo mi cuerpo, maldije nuevamente e intente alejarla, aquella cosa era lo que nosotros llamamos “la muerte”. Nieve se limitó a asentir con su cabeza, y Samantha despertó y comenzó a nadar, mientras ella se hundía, y yo a su lado, envuelto ente las dos sombras y la oscuridad del fondo del mar, mientras la única persona a la cual llegué a amar y cuidar durante tanto tiempo moría frente a mis ojos, su ultimo aliento se fue y yo grité tan fuerte que mis pulmones podrían haber reventado.
Desperté al lado de Nieve, quien lloraba en su cama, yo sin percatarme estaba igual, llorando sin parar, la abracé sin decir nada, la abracé lo más fuerte que pude y di gracias de que estuviese allí.
—¿Lo viste, lo viste todo?— Preguntó, a lo cual yo asentí con la cabeza sin saber qué decir mientras acariciaba su cabello , ella se recostó en mi hombro nuevamente sin dejar de llorar y gimotear— Estoy muerta Richard, estoy muerta…
—No será así, haré lo que sea por revivirte Nieve— Le juré a ella y a mi mismo, vi el brillo en su mirada y una ligera sonrisa entre lagrimas saladas y comprendí que mi razón de existir era esa chica.
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