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MECÁNICA AUTÓMATA

2. 1. CLASE ALPHA

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6:30 am.

Laura despertó somnolienta con frío en sus pies, su padre le zarandeaba un poco para lograr alguna respuesta por parte de la pequeña. Aún tenía sueño, la noche anterior había jugado en realidad virtual con sus compañeros. En su vida en la red era una pequeña hada de vestido morado con orejas de gato, con lindos ojos grandes y que hacía gestos con sus manitas luego de repetir “nyo” al final de cada oración. Ella era bastante popular entre todas sus amistades, a pesar de sus ocho años. Kate, una de sus amigas, la noche anterior había insistido el concursar en un reto viral que era transmitido en la red del juego. La chiquilla simplemente no pudo negarse, así que desde las seis hasta las ocho estuvo tecnicamente programando los pasos de baile de su avatar. La intención era que la contraparte virtual pudiera captar movimientos que sus competidores siquiera podrían. pestañas, cabello y ropas con movimientos realistas. 

Logró tener éxito, y para las ocho de la noche ya estaba participando y arrasando ante la competencia que solo había hecho el setup básico guiado por inteligencia artificial. Los resultados sin embargo no estuvieron listos hasta media noche, y aquella era la razón de su trasnocho.

Su papá acostumbraba levantarle, prepararle el desayuno y enviarla al colegio. Aunque en ocasiones como ese día ella se antojaba de ir junto a él, así podía verle, y pasar un rato a su lado. Su trabajo no era el más demandante en términos físicos, pero requería mucha de su atención y el tiempo no era suficiente.

 Para movilizarse a cualquier lugar Laura contaba con un mini auto de un solo asiento que le llevaba y traía del colegio u otros lugares con total comodidad, y sin realizar ninguna otra parada a las programadas. Algo sumamente eficiente para aquellos padres ocupados en el ajetreado día a día del siglo XXII. Pero a pesar de que esta opción le permitiría dormir más, ir con su padre traía otros beneficios, como algo de jugo, o conversaciones usuales. 

Un emparedado con jamón, queso y lechuga fue su veloz desayuno. A su lado y en camino al auto andaba el androide de la familia, a quien ella en ocasiones llamaba Emilio tan solo por cariño. Era un modelo al descubierto, sin cubierta sintética que asemejase la piel. Su rostro era una lámina de metal fino que mostraba pocos movimientos y expresiones, sin embargo siempre era muy eficiente, y generalmente resultaba más el escolta de la chica que un androide doméstico. 

Aquella mañana como muchas otras la niña se movía casi por inercia, más dormida que despierta en camino al colegio. 

—Nos vamos amor, o papá llegará tarde hoy…

—Ya voy papá, la pequeña metía un pequeño cubo de colores que era su centro de almacenamiento de información al auto de su padre, y tomó en su mano un cilindro de color oscuro el cual se desplegaba en dos y funcionaba como su computadora portátil cuando lo necesitase, eso era lo único que debía llevar consigo.

Entró al vehículo familiar, un “Nio” versión de lujo, de cuatro asientos de cuero beige y acabados semejantes a madera en el interior, algo que podrían cambiar a conveniencia con tan solo presionar un botón, pero su padre gustaba de lo clásico y distintivo. Este último era dueño de una pequeña compañía de comunicaciones por redes subterráneas, se había beneficiado mucho con la introducción de los obreros autómatas, después de todo, era mejor dejar un pedazo de metal trabajando todo el día sin necesidad de pagarle, sin gastos médicos, seguro ni arreglos. Pero, para su padre, Enmanuel, las reuniones consumían todo su día y noche. 

Laura se acomodó en el vehículo, Emilio estaba a su lado con el mismo tono inexpresivo de siempre. Ella en cambio notaba su muñeca de trapo, un juguete de cuando era más chica, el cual siempre permanecía en el automóvil de su padre para cuidarle.  

—A la escuela de Laura, luego me llevarás al trabajo— El vehículo comenzó a andar raudamente por sí mismo, no necesitaba que nadie le manejase, pues el sistema retroalimentativo existente entre las vías y los automóviles permitían el libre flujo de tránsito sin conducción manual. 

—Señor debería revisar los informes matutinos, hay una noticia que creo le incumbe— Emilio habló de pronto, el hombre se limitó a verle, en ese instante estaba distraído operando su computador personal, una lámina de cristal plástico donde las imágenes cambiaban con su control. Redactaba un informe que debió terminar la noche anterior, pero el sueño le había vencido. Tomaban la vía rápida la velocidad del auto aumentaba drásticamente, los edificios alrededor de observaba como simples ráfagas grises contra el cielo que apenas amanecía. Luego realizarían una ruta en vertical súbitamente y retomarían su recorrido horizontal, esto era gracias al sistema computarizado y a un soporte electromagnético en el sistema vial.

—¿Qué sucede?— Preguntó el hombre soltando su computador.

—La noticia señor.

—Luego de este terrible incidente…— Se escuchó la transmisión en el computador, una mujer daba la noticia, sin embargo el hombre se puso pálido de inmediato, pues el título de la noticia en la parte superior decía “Bolsa de valores en blanco”— Nos preguntamos ¿Qué sucederá? ¿Qué hará el gobierno al respecto? Todavía no tenemos noticias de que ha sucedido con la información de los servidores de la bolsa de valores a nivel mundial, pero esto podría ser catalogado como el desastre comercial del siglo, miles de personas se aglomeran en este momento, intentando realizar compras y ventas manuales, en un intento desesperado por salvaguardar sus intereses. Se calcula que en solo diez minutos de este terrible incidente ya miles de empresas están sufriendo bajas en sus acciones, en un rango que se podría denominar crítico, pues algunos a vista rápida comienzan a estimar que al cabo de pocas horas la economía colapsaría sin el registro que se lleva a cabo aquí y en otros lugares alrededor del globo. Repetimos, aun no tenemos noticias acerca del porqué o como ha sucedido, simplemente estamos observando cómo la bolsa de valores ha quedado vacía a nivel mundial de un momento a otro. Nuestro experto economista nos indica que la información además debería estar respaldada de forma automática en diversos soportes, tanto en la nube como análogos. No obstante esperamos información por parte del gobierno sobre este asunto y las razones detrás del borrado sistemático de información. Mientras tanto se calculan perdidas multimillonarias que implican el descenso de diversas monedas que no estan respaldadas…— La transmisión continuaba, pero aquel hombre bajaba el volumen por completo, estirándose en el asiento y pasando sus manos por la cabeza, aquella noticia implicaba demasiadas cosas, entre ellas, la probable caída de su empresa y su modo de vida. 

Laura escuchó a la mujer de las noticias, pero le pareció poco importante, en una ocasión había ido con su padre a la bolsa de valores, y le pareció un lugar horrible, con computadores en todos lados, hombres y maquinas muy ajetreados corriendo de un lugar a otro y números en pizarras gigantes, números verdes que cambiaban constantemente, si eran estos números los que se habían borrado, estaba segura que no había mejor cosa que pudiese haber sucedido. Laura observó por la ventana de cristal ahumado del vehículo, no podía ser muy alarmante lo sucedido como su padre suponía, pues allí afuera el mundo seguía igual, los vehículos continuaban andado a máxima velocidad, el sol se asomaba levemente entre las espesas nubes, y pronto llegarían al trabajo de su padre. 

—¿Me llevarás al colegio luego?— Preguntó la pequeña en su inocente voz.

—¡Ah!— Su padre salió de su sorpresa y observó a la pequeña, se separaban del tránsito, llegando a la compañía— Si, si claro… por supuesto… pero deberás darme unos minutos papá debe confirmar algo importante.

Laura se preguntaba por qué en ocasiones su padre hablaba en tercera persona sobre sí mismo cuando se refería a ella, sin embargo obviaba esta parte, tomó la muñeca que tenía en el piso del vehículo parecía bastante maltratada, el auto se detuvo y su padre descendió rápidamente.

—¿Señorita desea bajar del vehículo?— Preguntó el autómata servicialmente.

—No gracias Emilio, me quedaré aquí un rato a esperar a papá.

—Es mi deber informarle que mi batería se está descargando, se me hizo imposible cargarla ayer en la noche pues su padre me dejó a cargo de ciertas labores domesticas.

—Entonces apágate Emilio, mi papá te encenderá cuando vuelva.

—A la orden señorita— Contestó aquel androide, la pequeña encendió su computador portátil, y colocó un juego allí se mantuvo entretenida hasta que por alguna razón el servidor falló, al revisar la hora en el ordenador marcaban las 7:20 am, y por alguna extraña razón su padre aun no volvía del lugar de trabajo— Debe estar ocupado, espero recuerde que entro a clases en media hora— Pensó en voz alta la pequeña, observando por las ventanas del auto, la compañía estaba a su lado derecho, un edificio alto, con una central en la parte inferior, paredes grises con una delgada línea azul de decoración, y en el tope de esta un letrero que decía “su comunicación bajo la seguridad de sus pies”. 

Laura se disponía a reiniciar el juego pensando que no era normal que un servidor se detuviese, cuando notó por la ventanilla derecha que había mucho humo en la ciudad, en varios puntos de esta pequeños hilos de humo se veían entre los edificios, algo completamente inusual, así que se acercó hasta la ventanilla bajándola un poco— ¿Qué será eso?— Se preguntó, intrigada ante la escena, en su corta vida pocos incidentes habían sucedido en la ciudad, gracias a los sistemas avanzados y a los androides los accidentes de toda índole eran escasos por no decir inexistentes, solo en una ocasión supo de un incendio, sin embargo mientras más detallaba más pequeñas humaredas escalaban el cielo, de pronto escuchó un fuerte estallido a lo lejos, un rugido que estremeció el aire y sus tímpanos, un miedo le recorrió el cuerpo súbitamente, y cerró la ventana lo más aprisa que pudo, una nueva humareda ascendía esta vez más cercana, una serie de pensamientos le invadieron, cada uno de ellos peor que el anterior, por esta misma razón decidió cerrar por completo el vehículo sellando todos los seguros, y con las manos temblando tomó de nuevo el computador portátil para llamar a su papá desde él. Pero al intentar la línea continuaba caída e incomunicada, pasó al asiento delantero buscando usar el teléfono del auto, pero este tampoco funcionaba, no había tono en él. Emilio permanecía inmóvil y pensó en encenderle, pero se detuvo al ver una figura extraña aparecer al fondo de la compañía, era obviamente un autómata por su tono gris, pero ante el miedo y temor que sentía prefirió oscurecer el exterior de los vidrios del auto, para su sorpresa un grupo variado de androides, con o sin superficie sintética salieron del edificio, sus aspectos eran amenazantes y nada agradables, por esta razón se escondió en la parte inferior, se tapó con sus manitos apretando fuertemente a la muñeca de trapo que mantenía consigo, las bestias metálicas pasaron alrededor con un andar firme, mientras los músculos de Laura se tensaban y sus dientes temblaban, aquello era extraño, totalmente extraño, y daba mucho miedo, algo obviamente estaba sucediendo…


Isaac despertó frente al computador, el programa seguía ejecutándose, comenzó a teclear casi por mero instinto, su mente divagaba en todo lo que debía realizar ese día, en sus ojos se observaba el brillo oscuro y las letras verdes del lenguaje de programación básico que usaba.

—¡Son las siete de la mañana en punto mi amo! ¡Son las siete en punto amo!— Miku una pequeña robot androide de cabellos verdes y con tan solo veinte centímetros de estatura saltaba por la mesa de trabajo con mucho ánimo.

—Gracias Miku, apaga la alarma— Expresó el chico mientras se desperezaba— Tendremos un día agitado ¿estás cargada?

—Al máximo mi amo, Miku sigue cada palabra de su amo lindo— La pequeña colocaba sus manitas sobre sus mejillas muy sonrojada.

El chico preparó un bolso, lo colocó sobre su espalda y se acercó al computador presionando la tecla enter en el teclado laser sobre el escritorio, el computador se apagó de pronto, el chico lo observó sin inmutarse, sacó un disco duro y lo metió en su bolsillo. En ese momento no pasaba por su mente que una pequeña Laura estuviese en apuros en la próxima media hora, mucho menos que llegaría a conocerle algún día, y nadie en la nación entera premeditaba que el mundo como lo conocían colapsaría en las siguientes horas.

—Nos vamos Miku— La pequeña saltaba y escalaba por la pierna del chico hasta meterse en el bolso— Hoy hay escuela— El chico abandonó la habitación pasando por una puerta corrediza en la siguiente se observaba una habitación blanca en la cual se encontraba su hermano— Mamá me voy…

—¡Que Karol te acompañe! — Respondió una mujer asomando su cabeza por el corredor, su larga cabellera caía por la gravedad, una autómata de tejido sintético y con rostro amable salía de la cocina.

—Tal vez deberías quedarte con mi hermano Karol— Expresó el chico pasando de nuevo por la habitación blanca.

—Las ordenes de los padres son prioritarias señor Isaac— Ante tal respuesta el chico salió de su casa, el reloj marcaba las 7:06 am. 

—Pero tú como robot podrías mentir, decirle a mamá que me acompañaste mientras cuidas de mi hermano.

—Eso implicaría una falta señor, de ser así y usted sufrir cualquier clase de percance yo habría fallado en una orden directa.

—Probable Karol, pero ello no significaría que dejases de existir por dicha razón— Expresó Isaac con un tono suspicaz.

—Miku podría desobedecer si quisiera, pero Miku quiere mucho a su amo, y si amo Isaac es feliz ella también lo es— Expresó la pequeña asomándose desde la mochila.


Eran las 7:09 de la mañana y Sofía se hallaba sentada en el vacio salón de clases, observaba la zona externa a la escuela, altos edificios por doquier, autopistas que surcaban la ciudad como serpientes, por su mente pasaban imágenes de cuando no vivía allí, de cuando vivía en los países no alineados, allí la naturaleza era apreciada de otro modo, aquí, por en cambio, apenas si podía observar el sol en medio del cielo gris. 

Esperaba paciente, de seguro el primero en llegar sería Isaac, el chico más enigmático entro los de la denominada clase Alpha, un grupo de alumnos elite con coeficientes intelectuales superiores. La razón de ser “enigmático” a sus ojos  era el hecho de poseer un pasado turbio, de lograr esconder dicho pasado, y sin embargo actuar siempre como el más desinteresado del salón. Aun podía recordar las primeras palabras del chico cuando se presentaron tan solo tres meses atrás “Soy una persona muy relajada y tranquila… excepto cuando alguien se mete con un ser amado…” aquellas palabras fueron muy apasionadas a su parecer. 

La chica observó su reloj de muñeca, un viejo artilugio que guardó de su vida en la nación no alineada— Las siete con diez minutos, Isaac se está retrasando— Le gustaba ser espectadora del mundo a su alrededor, analizarlo, y estudiarlo minuciosamente, denotar sus costumbres, por ello fue fácil observar la tendencia del chico a llegar siempre a las siete con nueve minutos, muy puntual a su parecer, así como de su compañera Julys a las siete con diez, siempre con su cabello arreglado quejándose de cualquier situación. 

No llegó a notar nada extraño a las afueras, de hecho podría haber llamado de utópico a semejante país de ensueño, pero a sus afueras la realidad era otra y ella lo sabía muy bien. Ahora esperaba observando a través del cristal, desconociendo que tres días más tarde estaría frente a una puerta de metal con un arma en mano dispuesta a asesinar a Isaac. La Puerta corrediza de la habitación se abrió y el chico entraba en la misma, su androide Karol le acompañaba y detrás de él Julys quejándose de quienes venían detrás, Jorge y Matt, la clase estaba completa, su rutinario día comenzaría, o tal vez no. 

—Ya puedes retirarte Karol— Expresó Isaac tomando asiento, un haz de luz se desplegó del asiento mostrando su pantalla de trabajo.

— ¡Las amo a todas! ¡Gracias! ¡Les escribiré a todas por mi red social! — Besaba al aire con algarabía al tiempo que se daba la vuelta y despedía a su robot, un hombre alto, delgado y vestido con un frac negro —¡A que soy el chico más hermoso y genial que has conocido! ¡Di que si! Ambos lo sabemos…— Jorge era un chico de piel clara, rasgos delicados y cabello liso castaño, el don juan para cualquier chica, y él sabiendo esto se aprovechaba de ello. El comité de muchachas se asomaba a la puerta del salón mientras el resto se acomodaba en el interior, y Jorge hacia una reverencia frente a una chica que ni tan siquiera le volteaba a ver— ¡Oh mi querida Julys sabes que siempre te he amado… ¡

—¡Vaya que formaste tremendo estrepito! — Un chico de piel oscura, cabeza rapada, mirada alegre, entraba detrás de Jorge— Deberías darme tu secreto, esas chicas se mueren por ti— Comentaba Matt.

—Por mi te podrías quedar allí en el suelo todo el día tarado, te lo he dicho, no tengo interés en ti… ¡Eres un idiota de proporciones astronómicas! ¡Tu club de admiradoras bloqueaban el pasillo entero!—  Contestó la chica, mientras un autómata pequeño escalaba hasta su hombro, era un chico que vestía ropa casual de cabellos grises y mirada picara.

—Mi ama le ha dicho que no señor, le sugiero retirarse…

—Acéptalo Julys, yo te gusto y…— Se acercó un poco a la chica la cual respondió bofeteándole, pasándole por un lado para finalmente tomar asiento. 

—Te acercas de nuevo a mí y pediré una orden de restricción en tu contra.

Las luces se apagaron, frente a ellos se iluminó una pantalla de cristal en el cual aparecía la imagen de un profesor— Buenos días alumnos de la clase Alpha, observándoles aquí reunidos daremos inicio a la clase cuarenta y cinco, primero ¿Por qué vemos clase en este salón? Si lo pensamos bien ustedes podrían estar en sus casas, cada uno conectados desde su computador, en una videoconferencia debatiendo con mucha comodidad.

—Investigaciones han demostrado que el ambiente institucional ayuda en el nivel de progreso, al igual que crear vínculos con nuestros compañeros resulta de vital importancia para las compañías que pagan nuestras becas, por lo cual era obvio el paso de colocarnos en un mismo salón a fin de hacernos interactuar. 

—Perfecto Julys, ahora ¿Por qué no colocaron a un robot para darles clases? o ¿Por qué brindarles esta oportunidad a ustedes cuando tenemos androides allí afuera?

—La regulación de robots dictamino el uso laboral robot, entre los cuales dar clases está prohibido y reservado para los humanos.

—Aun así Matt— Se refirió al chico de cabeza rapada— Necesito más información.

—Nos usan a nosotros porque representamos una anomalía en el índice de inteligencia promedio de la población, cuyo índice de coeficiente intelectual después de la aparición de la robótica avanzada ha decaído a gran velocidad, actualmente se podría considerar superior un coeficiente de ciento cuarenta puntos, nosotros sobrepasamos inclusive el limite, ninguno de los nosotros tiene un puntaje por debajo de ciento ochenta de manera activa— Sofía hablaba.

—Bien, pero aún hay mucho sin deci…

—Creatividad— Isaac salió de su silencio— Inventiva, imaginación, ningún robot posee estas cualidades, por lo cual no tienen ideas propias, todas son un segregado de sus conocimientos almacenados en la data de su programa, es por eso que no nos han colocado un profesor robot, y la misma por la cual nos imparten clases, las empresas quieren ideas, son estas las que pueden marcar el rumbo de tendencias en un futuro, y quien tenga dominio de las tendencias en un futuro…

—Perfecto Isaac, y creo que has contestado también mis dos siguientes preguntas, así que pasemos con las siguientes imágenes— Tenia un celular en mano, el cual sincronizó con el pizarrón, apareciendo en él una imagen en blanco y negro mostrando un paisaje rural, así como un viejo automóvil andando por el mismo, la imagen permaneció solo un par de segundos— Bien chicos, habían ciertas irregularidades en la imagen ¿me podrían decir cuáles? 

—Las sombra del automóvil no cuadraba con la sombra de los arboles al fondo, se observa una tercera mano, dos manejando y una tercera levantándole un cigarrillo, la rueda delantera tiene marcas distintas a la derecha— Sofía contestaba.

—El letrero a un lado de la imagen dice que están en Suráfrica pero los arboles en el fondo son pinos y el hombre usa una chaqueta al manejar lo cual no estaría de acorde al clima, y también el cinturón de seguridad está del lado equivocado— Julys daba otros tantos, cuando se escuchó un fuerte ruido a las afueras, al instante siguiente el salón quedó en silencio ante la aparición repentina de una mujer en el pórtico, su cabello era oscuro a la altura de sus hombros, de mirada sombría, escoltada por dos sujetos, uno de ellos autómata, reconocible por la banda de color negro en su cuello, símbolo de obediencia. 

—¿Isaac Montreal?— Preguntó observando al pequeño grupo, de inmediato reconoció a su objetivo, un chico de cabello alborotado, sentado en la zona trasera del salón, con una mirada inquisitiva e intrigada ante su presencia. Ya lo había visto, en sus informes, de hecho contaba con información de todo el grupo, todos genios de increíble destreza, todos distintos y lo suficientemente importantes como para invertir en ellos.

—No pueden entrar en el salón…— Se escuchó un ruido y el profesor virtual desapareció.

—¡Esto es inaudito! ¡No tienen derecho a entrar de esta manera!— Reclamó Julys ante la intromisión. 

—¡Vienes con nosotros chico!— La mujer ignoró los reclamos.

—¿Por qué debería?— Isaac se recostó en el asiento al tiempo que observaba un reloj situado en una esquina del salón, marcaba las 7:15 minutos de la mañana.

—No tienes opción, la compañía la cual paga tus estudios…

—Mentira, no existe tal compañía, tan solo es una cubierta del gobierno, de hecho las compañías que nos pagan a todos nosotros lo son. 

—Si estás consciente de ello me facilitas el trabajo… Se produjo una emergencia a nivel nacional, hubo un ataque cibernético, y se necesita tu ayuda.

—Creo que esperaré un par de minutos, así comprobaré que ustedes no mientan, de no ser quienes dicen los sensores de la escuela les habrían detectado y en dos minutos llegaría el gobierno a sacarles.

—No estamos dispuestos a perder tiempo chico— La mujer desenfundó un arma de su cintura— ¡Vendrás con nosotros ahora!

—No dispararás… me necesitas… de haber querido disparar lo habrías hecho a distancia antes— Alegó el chico, pero ya no se encontraba recostado en su asiento, se había levantado, al igual que Julys y Sofía.

—A ti no te puedo disparar, pero…— Apuntó a Jorge quien se hallaba más cercano— Es opcional el proceder, pero el objetivo es que vendrás con nosotros al costo necesario.

—¡No se atreverá a hacer nada, el autómata a su lado le detendría si usted en verdad significase un riesgo para un humano!— Sofía se notaba molesta.

Isaac caminaba en dirección a la mujer— Es un androide modificado del gobierno— Le respondió a Sofía al tiempo que avanzaba— Supongo que iré contigo Grecia— Isaac se refirió a la mujer de cabello oscuro, la cual bajaba el arma, y se le quedó mirando preguntándose como supo su nombre, al tiempo que pasaba la mano por su hombro para dirigirle el camino— ¿O debería llamarte la mano izquierda de hierro? 

Sofía escuchó aquellas palabras y quedó completamente paralizada, la puerta corrediza se cerraba ante sus ojos, pero estaba segura de haber escuchado bien al chico— La mano izquierda de hierro— Repitió en voz alta al tiempo que sus manos temblaban con algo de temor y rabia, recordaba su vida pasada, y el horror que significaba aquel nombre para los habitantes de las colonias externas. 

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