InkVoid
Hija del Umbral

2. Nuevos amigos

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—¡Pero qué cojones! —protestó una voz masculina cuando mi cuerpo cayó sin piedad sobre el suyo.

Intenté incorporarme de inmediato, avergonzada, pero el peso que me aplastaba lo hizo imposible.

—¡Ay, Dios mío! —exclamó una chica con voz temblorosa mientras se levantaba de golpe—. Lo siento muchísimo, de verdad... soy demasiado torpe y siempre voy distraída...

Me ofreció la mano con urgencia, sin dejar de hablar, como si el silencio pudiera delatarla. La tomé y me puse de pie, pero mi atención ya no estaba en ella.

El chico que había quedado debajo de mí se había levantado solo. Ignoró por completo la mano que la muchacha le tendía, como si su gesto no mereciera ni una mirada. Cuando alzó la vista, sus ojos la atravesaron con una frialdad tan intensa que la pobre chica se encogió sobre sí misma. Su brazo cayó lentamente, vencido, y sus hombros se desplomaron.

Unos segundos después, él giró hacia mí. También me fulminó con la mirada y luego siguió su camino.

La dureza desapareció de su rostro como si nunca hubiera existido.

—Hola —dijo con una sonrisa tranquila—. Mi nombre es Ereth Duskbloom.

Había algo en su presencia que imponía calma. Ereth poseía rasgos delicados y una serenidad casi antinatural. Sus ojos verdes, profundos y atentos, observaban el mundo con una inteligencia silenciosa. Su piel clara estaba salpicada de suaves pecas que suavizaban sus facciones, y sus labios bien definidos le daban un aire dulce, aunque firme. El cabello castaño, ondulado y natural, enmarcaba su rostro con elegancia, otorgándole una belleza sutil, etérea... peligrosa en su propia quietud.

—Mucho gusto —respondí, devolviéndole la sonrisa—. Soy Daenyssa Deun.

—¿Qué clase te toca ahora?- me preguntó

—Lenguas Antiguas —conteste mientras comenzaba a caminar.

—¡¿En serio?! ¡Yo también! —exclamó con entusiasmo, pasando sus brazos por encima de mis hombros sin pedir permiso.

No me dio tiempo a reaccionar; simplemente seguimos avanzando así hasta llegar al aula. Ereth hablaba sin parar, con una naturalidad que contrastaba conmigo. Yo escuchaba más de lo que decía, observándolo.

Durante el trayecto descubrí que pertenecía al clan demonio, aunque no se parecía en nada a la imagen que solían proyectar. Mientras la mayoría se inclinaba por la fuerza o el combate, Ereth sentía una devoción casi reverente por las letras antiguas y los idiomas olvidados. Una rareza... y, sin duda, alguien que no pasaría desapercibido.

Nos sentamos a mitad del salón a esperar que entrara un profesor.

—¡Buenos días, queridos estudiantes! —anunció un pequeño duende al entrar al aula. Sin perder un segundo, se subió al escritorio y alzó la voz para asegurarse de que todos la escucháramos—. Mi nombre es Petra Emberfall y les enseñaré el arte de traducir la lengua de los dioses.

...

El día pasó volando y, con el transcurso de las horas, fui conociendo a varias personas que, sin saberlo, comenzarían a marcar mis pasos dentro de la academia.

A Amaranth en la clase de lengua  sentada no muy lejos de mí, con una atención serena que contrastaba con el caos habitual del aula. Es una chica que irradia una belleza etérea y magnética, profundamente ligada a lo natural y lo místico. Su cabello verde intenso cae como una cascada viva, adornado con delicados detalles que parecen hojas moldeadas por la propia naturaleza. Sus ojos, grandes y expresivos, reflejan sensibilidad, inteligencia y una profundidad emocional cautivadora. La suavidad de sus rasgos contrasta con la intensidad de su mirada, dando la impresión de alguien capaz de una ternura infinita y, al mismo tiempo, de una determinación feroz cuando la situación lo exige. Amaranth transmite gracia, misterio y una elegancia innata; estar cerca de ella es como escuchar un susurro antiguo que invita a acercarse sin revelar nunca del todo sus secretos.

Y a Riven lo conocí de la forma menos cordial posible: enfrentándome a él en un combate cuerpo a cuerpo. No hubo palabras de presentación, solo miradas afiladas y una tensión que se podía cortar en el aire. Es el hermano de Calyssa y posee una belleza silenciosa y peligrosa, de esas que intimidan sin esfuerzo. Su rostro es anguloso, de facciones marcadas y elegantes; los pómulos definidos y los labios sobrios rara vez delatan emoción alguna. Sus ojos claros, fríos y penetrantes, analizan todo con una mezcla de distancia y lucidez, como si siempre fuera un paso por delante del resto. Lleva el cabello oscuro, corto y ligeramente desordenado, lo que refuerza su aire indomable, casi salvaje. Aquel día logré vencerlo, algo que no pareció disgustarle tanto como imaginé, pero desde entonces su mirada hacia mí cambió.

Ya en el almuerzo nos sentamos los tres juntos a charlar.

-¿Entonces cuando entraste querías pertenecer a los Osasunagile?- le pregunto Amaranth a Ereth.

-Umju- está le respondió mientras le daba un mordisco a su manzana- puede que pertenezca al clan demonio pero eso de luchar se me da fatal, sin embargo todo lo que tiene que ver con letras me encanta.

-Bueno y que piensas ahora que perteneces a los Gerra.- ahora le pregunté yo.

-No está tan mal, pero no sé que haré en las clases de combate y armas ya que nunca he peleado y las armas nunca me he propuesto a blandirlas.

-Creeme nos dimos cuanta cuando te toco pelear con Sylvia.- dijo un sonriente Riven.

-Ufff, ni me lo acuerdes que tengo el cuerpo molido, ya mañana se me empezarán a notar los moretones.

-¿Qué tal si tú nos ayudas con las lenguas y nosotros te enseñaremos a luchar?- propuso Riven mientras nos observaba esperando nuestra reacción.

-¿En serio harían eso por mí?- preguntó Ereth emocionada.

-Claro- le respondí yo.

-Bueno yo lo único que se de combate es lo básico, aunque en las armas soy mejor.- dijo Amaranth.

-Y sin embargo mi punto débil son las letras.- dijo a cambio Riven- ¿Y tú Dany, no tienes algún punto débil?

-La verdad es que no, ya te demostré en la clase de hoy de lo que puedo hacer y eso que no había puesto el mayor esfuerzo, se me dan bien todas las armas y desde pequeña aprendí a hablar la lengua de los dioses.

Todos se me quedaron mirando boquiabiertos, no es menos cierto que la lengua es bastante difícil, pero al ser una niña tan imperactiva mi madre desde temprano contrato a los mejores profesores para que me enseñaran. Incluso tengo mucho más dominio sobre mi poder que otras personas, pero ellos no tienen que saber eso.

-Desde pequeña he sido una chica demasiado curiosa. Así que estos eran mis pasatiempos.

Acordamos los cuatro ir a entrenar sobre las 2, y a las 6 estudiar lengua para ir a comer a las 8.

...

Hoy la alarma sonó más temprano de lo habitual, según lo que decía la voz íbamos a conocer a nuestros líderes.

Seguí mi rutina habitual y cuando baje la sala de estar estaba llena.

-Dany- había una persona que me estaba llamando y cuando mire a mi izquierda me dí cuenta que era Ereth. Fui hasta allí y ya tenían incluso un asiento apartado.

-Hola chicos- saludé a los presentes pero había uno que no conocía, cuando Ereth vio la confusión en mis ojos enseguida me lo presentó.

-Este es Morwen Vilethorn, lo conocí el primer día.

-Mucho gusto- le di mi mano para saludarlo pero este me ignoro.

Morwen Vilethorn confirmó mis sospechas en cuanto terminó la presentación. Cuando me acerqué y le tendí la mano, él apenas me dedicó una mirada fugaz antes de ignorar el gesto por completo. No fue descortés de manera abierta, simplemente distante, como si el contacto humano no mereciera su atención. Su expresión permaneció seria, casi impenetrable, y en sus ojos oscuros se escondía una frialdad silenciosa que me hizo retirar la mano sin insistir. Morwen es de los que levantan muros sin necesidad de palabras, y deja claro desde el principio que no cualquiera es bienvenido en su mundo.

Un chiflido hizo que la sala se quedará en silencio. Calyssa estaba en medio de ella así que me imaginé que esto era un llamado.

-Buenos días queridos estudiantes, para los que no me conocen soy Calyssa Sugaarpe, segunda líder de esta facción, anoche llegó el principal líder y quería presentarse ante todos ustedes antes de que empezará el día. Se que es muy temprano pero cuando el deber llama hay que hacerle caso.

Cuando terminó de hablar entró otra persona, puta mierda. Empecé a rezarle a los dioses porque ese chico no podía ser nuestro líder. Tarde o temprano lo iba a volver a ver, pero no pensé que fuera en esta situación.

-Sere breve, se que todos están muy cansados y todavía es algo difícil adaptarse a este nuevo horario, mi nombre es Kael Kemen, y seré vuestro líder durante todo el año. Se espera que den lo mejor y de ustedes, la semana que viene se realizarán unas cuantas pruebas ya que tenemos que tener un facción élites, es obligatorio que cada uno de ustedes participe. Ahora pueden ir a desayunar.

Enseguida la sala se quedó vacía, y en el momento en que me paraba nuestras miradas conectaron. Hubo un momento de asombro que pasó por sus ojos pero desapareció con la misma.

Se dió la vuelta y yo decidí que le iba a joder todo el curso.

"Si cada capí

tulo te engancha, déjame tu voto y dime qué opinas abajo. ¡Me alimenta para seguir escribiendo!"

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