11. FRAGMENTOS DE PASADO A FUTURO
—¡Estamos en toque de queda!— Andrew se hallaba asustado, observaba a su hermano quien entraba en su habitación.
—¡Acabo de verlo en las noticias!— El chico se acercaba a la cama de su hermano aun conmocionado observando las imágenes tridimensionales plasmadas en la pared de la habitación a sus cortos nueve años sabía muy bien lo que esto implicaba, era una mala noticia, esto inclusive dificultaría la salida del país que su padre con tanto esfuerzo había ganado.
—¡No puede ser cierto! Nuestra ciudad nunca se ha visto en el conflicto.
—Pero parece que el conflicto acaba de llegar hasta nosotros.
—¿Papá aun no llega cierto?
—¡Papá!— Isaac dio un salto de la cama corriendo hasta la puerta de la casa sin escuchar a su hermano menor el cual se resignó a mantenerse en la cama observando la televisión. Las calles se hallaban solas, era de noche y la oscuridad reinaba, las luces de los faroles daban una imagen espectral, el frio era paralizante, y el viento soplaba con un aroma extraño, el pequeño se acomodó el suéter y comenzó a caminar— papá debe de salir en un par de horas, aunque si sabe la noticia saldrá de inmediato hacia acá, si tan solo tuviese el auto como antes— Se lamentó, pero el auto había sido vendido para pagar facturas en las clínicas — No habrá servicio de transporte y— Un ruido extraño retumbó en la noche una especie de silbido inundo el aire, y hubo un estallido en el cielo de color verde y acto seguido la energía eléctrica dejó de funcionar y todo se sumió en la mayor penumbra, el chiquillo estuvo a punto de gritar, el miedo le invadió, pero cerró los ojos y se calmó esperando poder ver mejor cuando abriese sus parpados.
Comenzó a caminar, el frio de la noche calaba en él, podía ver todo su alrededor y a medida que avanzaba comenzaba a sentir más estallidos a lo lejos, como los cohetes que se escuchan en épocas navideñas pero sin nadie para festejarlos, observó a un par de hombres correr por una calle aledaña y una patrulla de la guardia siguiéndoles, pero él se hallaba decidido a continuar, su padre de seguro se encontraba en camino, el suelo era totalmente negro, se preguntó cómo se vería todo de encontrarse en un país nevado, pensamiento en el cual intentaba concentrarse para alejar los estallidos de su mente, pero el frio parecía invadirlo con mayor intensidad así que prefirió dejar de pensar.
—Papá siempre toma estas calles, son la manera más rápida de llegar a casa, y mientras no exista obstáculo alguno el vendrá por acá, estoy seguro— Comenzaba a repetirse paso tras paso, la noche podía resultar un poco escalofriante mezclada con la soledad y los tambores explosivos resonando en la distancia.
Al cabo de pocos minutos terminó por caminar sin pensar en nada más, solo daba un paso detrás de otro alzando la cabeza en todas direcciones buscando a su padre con desesperación, ya no le importaba esconderse, la desesperación le ganaba mentalmente, su respiración se aceleraba lentamente.
—¡Papa!— Gritó, pero nadie respondió, el cielo se iluminó de un rojo intenso y se llenó de miles de rayos amarillos que le surcaban a gran velocidad en todas las direcciones y los estallidos no se hicieron esperar, alzó la vista quedando impactado, había visto imágenes en la televisión o en algún otro dispositivo, pero allí jamás explicaban esa sensación sobrecogedora y opresora que llenaba su cuerpo hasta paralizarlo— ¡La guerra!— Dijo en voz baja mientras el cielo crujía sobre él, observó como una nave caía entre humo y fuego y se perdía entre la distancia y sin percatarse de un momento a otro se vio envuelto por un humo amarillento que envolvía todo el lugar— ¿Qué es esto?— El pequeño tapó sus fosas nasales con su ropa mientras caminaba, estaba seguro aquello no era por la nave derribada, esto era producto de algo más, pero antes de que pudiese analizar su situación una ráfaga de disparos y gritos alertó sus sentidos— ¡Son cercanos!— Sintió el silbido de una bala pasar a su lado, el pánico le embargó, sus manos comenzaron a temblar y el chico comenzó a correr estrepitosamente huyendo de los disparos.
No podía observar bien el camino, aquel humo nublaba su visión, al tiempo que penetraba sus pulmones ahogándolo en plena carera, pero el miedo lo que le impulsaba, por más que corría sentía los disparos justo a su lado, inclusive sintió a otras personas en carrera pasando cerca de él como sombras entre el denso humo, ya no se atrevía a gritar, su respiración era entrecortada, corría sin rumbo, observó una sombra a su izquierda y antes de percatarse cayó de bruces contra el pavimento golpeando sus manos cabeza y pecho, se levantó adolorido.
—¿Qué haces aquí chico?— Escuchó una voz y reaccionó saltando hacia atrás y tapándose el rostro— ¡Ven conmigo, no te quedes aquí!— El hombre le tomaba de la mano llevándole por un camino que él desconocía, cruzaban la calle hasta una zona que daba la impresión ser un parque, pero al chico le era imposible adivinar con semejante humo nublando su vista al punto de provocarle el llanto— ¡Escóndete!— Fueron las últimas palabras de aquél hombre de barba y cabellos blancos al cual Isaac observó percatándose de cómo era perforado a la altura de su ojo y un hilo grueso de sangre bajaba por su mejilla y cuello antes de desplomarse al suelo de rodillas y dar con el rostro en el suelo frio.
Isaac se arrastró por el suelo, su mente estaba en blanco repitiendo la imagen de aquel hombre, apenas podía observar sus manos, la cabeza le daba vueltas y gateaba a gran velocidad escapando de aquellas botas que observaba acercarse, aquello era como la peor pesadilla, y estaba seguro de que aquellas botas representaban la muerte segura, continuo arrastrándose, disparos se escuchaban a su alrededor, estaba desesperado, le faltaba el aire, sin percatarse golpeó contra algo y cayó sobre algo tibio y húmedo, levantó la vista lentamente, tan solo para percatarse del rostro de una niña de cabellos dorados quizás de la edad de su hermano, de ojos café y sin vida, tendida en el suelo con todo su pecho brotando sangre, a su lado un hombre y del otro un adolescente, Isaac subió un poco más la mirada para observar un campo lleno de cuerpos llenos de aquel liquido rojo en total silencio salvo el tronar de las armas y los estallidos constantes en el cielo que iluminaban todo por encima de la humareda.
Su cuerpo se estremeció y terminó por lanzar un grito ahogado al cielo que de inmediato silenció con sus manitas percatándose del error cometido, volteó a su alrededor y las pisadas se acercaban en carrera, de pronto las armas se accionaron y sintió pasar por encima de su cabeza un millar de balas en todas las direcciones, el pequeño se lanzó sobre los cadáveres y comenzó a gatear entre ellos mientras apretaba los dientes y las lagrimas brotaban de sus ojos, en ese instante logró observar el cuerpo de un chico con un arma en la mano, sin dudarlo y con el miedo recorriendo sus venas tomó el arma y comenzó a disparar hacia atrás sin ver a sus agresores, las manos te temblaban, tenía ganas de lanzar un grito al cielo, sin saberlo se hallaba bañado en sangre. Se levantó y corrió con todas sus fuerzas, soltó el arma en el camino y continuó corriendo, sintió que iba a gran velocidad, todo a su alrededor pasaba como ráfagas y sus piernas se movían a gran velocidad, no sentía cansancio alguno, solo el miedo, el terror hecho sonido a sus espaldas, de pronto reconoció la calle por la cual se encontraba y se dirigió en carrera a su casa, no se detuvo, no sintió nada mas a su alrededor, nada más importaba, el miedo le dominaba y su único objetivo era llegar a su hogar.
Entró al lugar a oscuras y cerró la puerta detrás de él con un gran grito, se lanzó al suelo intentando respirar mejor, todo su cuerpo temblaba y luchaba por recibir oxigeno, el pecho parecía querer reventar ante semejante presión y a medida que lograba retomar el aire unas lagrimas bajaban de su rostro sin sentido, una sensación de impotencia le embargó y a lo lejos escuchó los gritos de su pequeño hermano.
—¡Isaac! ¡Papá! ¡Quien sea! ¡¿Quién anda allí?!— El miedo se denotaba en sus palabras— ¡Qué hable quien sea!
—Soy yo— Sus palabras estaban ahogadas— ¡Soy yo Andrew!— Logró gritar levantándose del suelo— ¡Quédate dónde estás! ¡Ya voy para allá!
Su mente daba vueltas, abrió la habitación, esta continuaba con energía eléctrica, pues poseía un sistema especial en caso de emergencia, algo necesario debido a lo critico de la situación del pequeño, al entrar tanto Andrew como él se percataron de su aspecto, estaba cubierto de liquido rojo espeso, su cabello estaba aglutinado en masas marrones gruesas con tonalidades grises con una especie de ceniza encima y su rostro sucio y de todos los matices escurriendo por las lagrimas.
La puerta resonó con estruendo— ¡Chicos!— La voz de su padre resonó en la casa, los pasos se acercaron y el hombre apareció frente a ellos abrazándolos entre lagrimas— ¡Están bien! ¡Están bien, gracias a Dios se encuentran bien!— Lloraba mientras los apretaba contra su cuerpo, Isaac se percató que este también se hallaba manchado de sangre y una sustancia negra pegajosa en la mitad inferior de su cuerpo.
El hombre se dirigió al baño en el cual vomitó durante un rato en el cual Isaac tan solo lo observó en medio de la oscuridad, luego abrió la ducha y con ropa se introdujo en ella durante un instante.
—Vi a las personas muertas— Comentó Isaac por lo bajo, su padre se le quedó observando sin saber que decir, le pidió se acercase y le abrazó fuertemente
—No debiste salir a la calle hijo— Sus palabras eran cortadas por su llanto, pero el pequeño las sintió como una bendición.
Pasaron dos horas hasta que los estallidos cesaron y solo se escuchaban las ráfagas de las armas de fuego, pasaron cuatro horas antes de que golpearan a la casa e irrumpieran sin permiso sacándoles, el hombre se negó renuentemente, pero ante las armas y las amenazas sacó a Isaac de la mano y al pequeño y enfermo Andrew en su hombro. Isaac tenia miedo, les conducían un grupo de hombres armados y en traje pero no del ejercito de su nación, se observaba como mandaban a las personas a colocarse contra las paredes antes de dispararles sin ningún resentimiento.
—¡Están cometiendo un error!
—¡Ningún error! ¡Avancen!— Gritó el militar más cercano.
—¡Es un error, yo tengo un pase verde! ¡Tengo pases verdes para mí y mis hijos! ¡Miren!— Mostraba los tickets de vuelo para la súper nación americana!— ¡Son pases vigentes se supone viajaríamos mañana!— Uno de los hombres se acercó a observar mejor— ¡Son pases para mis hijos! ¡Acabo de ser nombrado para trabajar en la estación espacial! ¡Cometen un error!— Los tickets fueron revisados por al menos cinco personas antes de que se realizara una llamada, un hombre los verificó y los tres fueron sacados de la línea donde otras personas se movían a la indicación de los fusiles, el hombre y los chicos abordaron un convoy que les dirigió al aeropuerto, ese mismo día a primeras horas se hallaban en vuelo hacia la súper nación con un amargo sabor en la boca.
(Actualidad)
—Pasó un poco más de un año desde que nos mudamos cuando mi padre desapareció misteriosamente y tanto mi hermano como yo quedamos huérfanos, entramos en el sistema de adopciones, y Fue la señora Isabel quien nos acogió, esa mujer ha sido como nuestra verdadera madre, nos brindó todo lo que estaba a su alcance y luchó fuertemente contra la enfermedad de mi hermano.
Sofía bajó la mirada, el relato revivía viejas experiencias— Sin embargo— Su mirada fue centelleante y unas lagrimas bajaban por sus mejillas— ¡Eso no te da derecho a decidir sobre vidas, no es razón para apoderarte de todo!
El chico la miró sin sorprenderse de hecho esbozó una pequeña sonrisa insinuante— ¿decidir sobre las vidas? ¿Apoderarme de todo? Déjame decirte algo Sofía, vives en una fantasía, una utopía ilusoria, creí que más que nadie tu lo comprenderías, pues venias de un país no alineado al igual que yo, el haber vivido la guerra, pensé que ello sería una herida que no se cerraría tan fácilmente en una persona racional— Observó cuidadosamente a la chica.
—La venganza nunca lleva a nada bueno ¡estás cometiendo un error!
—¿Realmente crees que sería alguien banal como para actuar por simple venganza? Estás errada Sofía, mis razones son distintas, esto que hice el día de hoy era algo necesario, para la supervivencia humana, por el bien de todos, era algo necesario…
Hubo un movimiento, la madre de los chicos se movía en la cama y una serie de estallidos se sintieron a distancia— Misiles aéreos— Susurró la chica, pero Isaac ya reconocía tal sonido.
—Es necesario un cambio en la sociedad, en la manera despreocupada de pensar del ser humano— Observó las reacción de la chica— No me interrumpas, por favor déjame terminar— Se levantó de la cama con algo de dolor— Tu lo has visto, lo viviste, aunque supongo olvidaste la sensación, sin embargo cientos de personas mueren a diario en los países no alineados, las razones no son la búsqueda de unión, por en cambio la situación es distinta, muchas naciones se han visto comprometidas y han estado dispuestas a cambiar, pero ello significaría increíbles inversiones para los países ya desarrollados, sin embargo muchas de estos estados tienen recursos naturales valiosos, y esta es la razón por la cual las súper naciones han decidido atacarles, es más sencillo eliminar, arrasar sistemáticamente y luego tomar los recursos, ya no es necesaria la mano de obra del hombre, ahora los robots pueden realizar estas tareas, así hemos desechado el recurso humano.
La verdad está escondida a simple vista, tu lo has observado, aquí no existen noticias sobre las muertes que se dan afuera, la información está sellada, todos los medios de comunicación están manipulados por los gobiernos, la libertad de expresión dejó de existir, y las personas lo permitieron gradualmente, primero aceptaron las restricciones sobre ciertos contenidos, los adecuaron a ciertos horarios, luego permitieron que ciertos sectores de la web fuesen exclusivos, se necesitaban permisos para cierta clase de información, se realizaron modificaciones a las leyes y pronto toda la información de la red estaba en manos de unas pocas compañías, estas mismas invirtieron en otros campos, en recursos humanos, y en la energía solar, ellos fueron los principales prestamistas para estas obras, así consolidaron su poder a niveles gubernamentales, y después de encontrarse en el gobierno ellos mismos podían hacer las leyes.
No fue algo exclusivo de los medios de comunicación, todos los sectores de desarrollo se vieron afectados, comidas reguladas, control natal, áreas de trabajo laborable, medios de transporte, contrato de obras públicas, si lo investigas verás en todo ello una sola marca, una marca exclusiva para cada súper nación, pero ante la sociedad la versión es distinta, todo ello con el supuesto fin de crear una sociedad avanzada.
Isaac caminaba por la habitación intentando mantener el control en su tono de voz— Una mentira, todo una mentira, dicen que vivimos en una sociedad ecológica solo por usar energía solar, móviles y computadores virtuales, edificios ergonómicos, pero la realidad es otra, allá afuera mueren miles de seres para poder mantener este pequeño sueño, bosques talados, ríos secos, y la tierra manchada de sangre.
—Quizás tengas razón, pero ¿Por qué no difundir esta información para que todos lo supiesen?
—¿Difundir información? ¿En realidad crees que los millones de personas que viven en esta nación no están conscientes de todo lo que sucede? Probablemente la información sea bloqueada, pero ellos tienen juicio de todo ello, siempre hay refugiados como nosotros Sofía, los rumores se riegan, pero con las palabras de cualquier ente del gobierno todo queda zanjado y no existe averiguaciones o reclamos respecto a eso.
Las personas aprendieron a vivir con esta realidad, poco a poco dejó de ser importante para ellos pues no se veían afectados, no ven sangre regadas en sus calles, solo escuchan sobre ello como si fuese un cuento de hadas ¡están conscientes, pero no harán nada! Pues sus vidas son perfectas gracias a este equilibro y se consuelan diciéndose a sí mismos que poco podrían hacer ante tales eventos tan grandes.
—El ser humano no es así, no del todo.
—En esta nación viven mil trescientos millones de personas, dispersos en treinta súper ciudades, además de la súper estación espacial ¿sabes cómo se ha logrado alimentar a toda esta cantidad de población?
Sofía sentía el peso de la realidad car sobre si— Los campos de edificios.
—Veo que has escuchado de ellos, yo inclusive los he visto y entrado en ellos, son mil cuatrocientos edificios, de al menos cuarenta pisos cada uno, en ellos se cultiva todas las legumbres y hortalizas, los cereales como arroz y trigo, los cuales ocupan la mayoría del espacio, y además están los edificios de las carnes, allí nacen, viven y mueren gallinas, ganado, cerdos, todos ellos encerrados desde que nacen, alimentados por tuberías, sin llegar a ver la luz del sol, gritando unos sobre los otros, entre sus propios desperdicios, crecen a gran velocidad, gracias a las hormonas, y sus huesos no resisten tal presión, así que ya no pueden mantenerse en pie, sus cuerpos son deformes y todo el proceso esta mecanizado, nadie entra, nadie sale, excepto el ganado en piezas.
La peor parte de esta historia es que todos están conscientes de esta realidad, cientos de personas han intentado protestar por la proliferación de enfermedades provenientes de estos edificios, pero se ha comprado la libertad de expresión, y el rociar un par de aditamentos antibióticos parece ser la solución.
¡Las personas son cómplices! Todos y cada uno de ellos, y necesitan ver la realidad, pero nada se haría con una pancarta o un cartel informativo por la red, ello sería tomado como una jugarreta de niños, por en cambio necesitan que alguien les despierte, necesitan sufrir los horrores en carne propia para poder aprender la cruda realidad, y que esta quede marcada en sus memorias y corazones de manera permanente— Isaac se calmó, Sofía estaba callada con la mirada baja sin realizar movimiento alguno, una lagrima bajaba por su rostro, su cuerpo estaba tensionado y sus puños apretados.
—Se que tienes razón, tu lógica es correcta, pero me niego a aceptarlo, no es necesaria tanta muerte.
—No estaba planeado que muriesen tantas personas, algo se salió de control, yo cree un robot, una súper maquina, su función era regular el tráfico de información, almacenarla y realizar cada uno de los ataques mediante un proceso ya estudiado, cuidando que hubiese la mínima cantidad de muertes posibles, pero se salió de control, el está tomando sus propias decisiones en base al plan original.
La chica le observó inquisitivamente— ¿no eres tu el que está manejando la situación ahorita?
—No, de hecho, por eso mi hermano y yo deseábamos llegar a este lugar, aquí hay computadoras y servidores que no han sido infectados, desde ellos podríamos interferir y tomar el control nuevamente.
—¿Es posible?— Preguntó ella, a lo cual el chico asintió— Entonces quiero ayudar— se detuvo antes de levantarse— Ayudar, y supervisar, quiero asegurarme de que solo hagas lo correcto.
—¿Continuas pensando que es la venganza lo que mueve mis actos?
—Estoy segura de ello, tu subconsciente tiene rencor hacia los gobiernos actuales y ello te lleva a la búsqueda del poder, pero debo decirte que la venganza nunca es buena.
—La venganza nunca es buena, pero la justicia si— El chico sonrió al tiempo que levantaba a su hermano menor— Vamos Andrew, es hora de trabajar y reorganizar el desastre.
¿Te está gustando la historia?
Crea una cuenta gratis para guardar tu progreso, dar like y seguir a tus autores favoritos.
Comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!