4. capítulo 4 - huellas que no se borran en la niebla
La niebla no era tan espesa cuando dejamos atrás el claro.
Nadie habló al principio. Caminábamos en formación irregular, todavía nueve. Demasiados pasos. Demasiado ruido. Demasiado miedo acumulado en silencio.
Darien iba al frente, escudo improvisado en brazo y mirada fija entre los árboles.
-No bajen la guardia -dijo sin girarse-. Esto no fue casualidad. Algo nos está moviendo.
Nöuk caminaba a mi lado. No demasiado cerca. No demasiado lejos.
El suelo cambió primero. Menos raíces. Más tierra removida. Después lo vimos.
Madera. Cuerdas. Tela.
Restos de una estructura que alguna vez fue ordenada.
Un campamento.
Antiguo... pero no tanto.
Nos acercamos despacio.
No había cuerpos. Eso fue lo primero que noté.
Pero sí había señales.
Profundas marcas en la tierra como si algo pesado hubiera sido arrastrado. Árboles con cortes limpios a la altura del torso. Un poste partido en dos de un solo golpe.
-No murieron aquí -murmuró Soren.
-No -respondió Nöuk en voz baja-. Fueron ejecutados.
Esa palabra quedó flotando.
Pero lo que nos hizo avanzar no fue el horror.
Fueron las armas.
Estaban ahí.
No tiradas al azar.
Abandonadas.
Como si quienes las sostenían hubieran desaparecido en mitad del combate.
Me acerqué a una de ellas.
Un hacha pesada, equilibrada, filo limpio.
La levanté.
Sentí el peso real en mis manos.
No improvisado. No quebrado. Real.
Kael encontró dos hachas gemelas. Las sostuvo con una sonrisa que no era alegría.
-Esto... esto sí corta.
Soren tomó una espada corta y un escudo redondo de madera reforzada.
Darien encontró un escudo más grande y una maza compacta.
Nöuk se quedó mirando una mesa caída. Debajo había dos cuchillos de hoja oscura. Los tomó. Los probó en el aire con un movimiento rápido.
Demasiado rápido.
La miré.
Ella lo notó.
No dijo nada.
Pero su respiración cambió.
Organizamos el perímetro. Reforzamos con madera caída. Dormir era un riesgo, pero el cuerpo ya no preguntaba. Se desplomaba.
Yo fui de los segundos en caer.
Y soñé.
No con sangre esta vez.
Con silencio.
Con algo observando desde lejos.
Me desperté sudando.
No era el único.
Una de las chicas del grupo lloraba en silencio. Otro respiraba como si aún estuviera corriendo.
Estrés. Mente rota antes que cuerpo.
Darien reunió al grupo cuando amaneció.
-Tenemos que hablar.
Nadie discutió.
-No atacan al azar -dijo Soren-. Nos presionan. Nos separan. Evalúan reacción.
-Como entrenamiento -gruñó Kael.
-Como selección -añadió Nöuk.
La miré.
Ella estaba apoyada contra una estructura caída, brazos cruzados.
-¿Selección para qué? -preguntó uno de los otros cuatro.
Silencio.
Fue Kael quien habló esta vez.
-¿Y lo que nos pasa? ¿La fuerza? ¿La rapidez?
Nadie quiso decirlo primero.
Yo lo hice.
-No es normal.
Mis manos aún ardían desde el último combate.
-Se activa cuando estamos al límite -añadió Soren-. Pero hay costo.
Nöuk bajó la mirada a sus manos.
-Después del último combate... no sentí las piernas diez minutos.
La chica que lloraba levantó la voz.
-¡Eso no es humano!
No.
No lo era.
Pero estábamos vivos.
Revisamos combates previos. Fallos claros. Demasiado abiertos. Demasiada reacción. Poca coordinación.
-Si algo grande aparece -dijo Darien-, necesitamos línea cerrada. Escudos delante. Agilidad detrás. Fuerza al impacto.
Asentí.
Era lógico.
Pero no sabíamos que ya era tarde.
El bosque se quedó quieto al atardecer.
No hubo aviso.
No hubo ruido.
Solo... peso.
Como si el aire se hubiera vuelto más denso.
Lo vimos entre los árboles.
Alto.
Humanoide.
Cubierto por placas negras que parecían armadura viva, ajustadas al cuerpo como una segunda piel metálica. Segmentos articulados en hombros y muslos.
El rostro estaba parcialmente cubierto por una máscara lisa sin rasgos.
Pero los ojos...
Brillaban detrás de la hendidura.
No emoción.
No furia.
Evaluación.
Formación.
Escudo al frente.
Darien rugió.
Kael cargó.
Yo ataqué en diagonal.
Nöuk flanqueó.
Pero el Regulador no peleaba.
Optimizaba.
Desvió la maza de Darien con precisión quirúrgica.
Partió el escudo de uno de los otros cuatro en un solo golpe.
Cortó.
Avanzó.
Giró.
Ejecutó.
Cuatro caídas limpias.
Sin sangre excesiva.
Sin gritos largos.
Eficiencia.
Intenté golpearlo.
Sentí mi habilidad encenderse.
Mis músculos explotaron en potencia.
El impacto conectó.
Y no importó.
Me lanzó contra una estructura rota como si pesara nada.
Kael gritó.
Soren bloqueó un golpe que habría sido mortal.
Nöuk apareció detrás del Regulador y sus cuchillos rozaron una articulación.
Una chispa.
Eso fue todo.
El Regulador se detuvo.
Nos miró.
Uno por uno.
Cinco.
La máscara giró apenas.
Como si contara.
Y entonces...
Se dio la vuelta.
Y se fue.
No victoria.
No derrota.
Intervención completada.
Nadie habló.
El bosque volvió a respirar.
Quedábamos cinco.
Y esta vez el número pesaba.
Me alejé de las ruinas.
Necesitaba aire.
Escuché pasos suaves detrás.
-Üros.
No giré de inmediato.
Cuando lo hice, estaba demasiado cerca.
El destello anaranjado del fuego apagándose dibujaba sombras en su rostro.
Tenía una pequeña herida en el labio.
Le sangraba poco.
Le toqué la comisura sin pensar.
Se quedó inmóvil.
Su respiración se volvió más lenta.
-Casi mueres -susurró.
-Tú también.
Su mano subió a mi pecho.
No empujó.
No buscó.
Solo se apoyó.
Sentí el calor.
La tensión.
El miedo mezclado con algo más peligroso.
Más humano.
-Si eso vuelve... -dijo apenas.
-Estaremos listos.
No sabía si era verdad.
Pero lo dije.
Sus ojos azules tenían ahora un borde más oscuro.
Más profundo.
Se inclinó apenas.
Mi respiración chocó con la suya.
No fue un beso.
Pero el espacio entre nosotros se volvió eléctrico.
Real.
Por primera vez, el
miedo no era lo único que nos mantenía despiertos.
Cinco.
No elegidos.
No vencedores.
Solo supervivientes observados.
Y algo allá afuera...
Había empezado a interesarse.
¿Te está gustando la historia?
Crea una cuenta gratis para guardar tu progreso, dar like y seguir a tus autores favoritos.
Comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!