16. capítulo 16 - el Apex del Valle
Üros ajustó el agarre en su hacha.
Su voz fue baja.
Pero firme.
-Ahora empieza el problema.
El valle volvió a quedar en silencio.
Y algo en la oscuridad comenzó a acercarse.
Primero fue un sonido.
Un roce profundo contra la roca.
Luego otro.
Como si algo enorme se arrastrara lentamente por el suelo del valle.
El eco viajaba por las paredes de piedra y regresaba distorsionado, imposible de ubicar con precisión.
Kael entrecerró los ojos.
-Eso... no suena bien.
Nadie respondió.
No hacía falta.
Las primeras placas aparecieron en la penumbra.
Negras.
Irregulares.
Filas de estructuras dorsales que vibraban con un zumbido grave, tan bajo que se sentía más en el pecho que en los oídos.
Luego emergió la cabeza.
El Devoraecos avanzó hacia la luz del valle.
Era gigantesco.
Más de lo que cualquiera había imaginado.
Se movía con seis extremidades, cada paso haciendo crujir la roca bajo su peso. Su cola larga se arrastraba detrás de él como un tronco vivo, dejando surcos en el suelo.
Pero lo peor eran sus mandíbulas.
Tres segmentos de hueso y músculo que podían abrirse como pétalos de una flor monstruosa, revelando filas de dientes curvos que parecían diseñados para desgarrar.
La criatura no miraba.
No necesitaba hacerlo.
Sus placas vibraban.
Escuchaba el suelo.
Escuchaba sus latidos.
Soren tragó saliva.
-Nos está... rastreando.
El Devoraecos dio otro paso.
Luego otro.
Las placas vibraron con más fuerza.
Y entonces atacó.
Sin aviso.
Sin advertencia.
La criatura se lanzó hacia adelante con una velocidad absurda para algo de ese tamaño.
Sus mandíbulas se abrieron directamente hacia Kael.
Al mismo tiempo una de sus patas delanteras barrió el suelo hacia Ilyas.
Y la cola giró en un arco brutal hacia Nöuk.
Todo ocurrió en el mismo segundo.
Kael rodó hacia un lado.
Las mandíbulas se cerraron donde había estado su torso, el sonido del impacto resonando como un tronco partiéndose.
Ilyas se impulsó hacia atrás justo cuando la pata golpeaba la roca.
La piedra explotó en fragmentos.
De haberlo alcanzado, lo habría aplastado contra el suelo.
Nöuk desapareció en un salto.
La cola del monstruo atravesó el lugar donde estaba su cabeza apenas un instante antes.
El golpe partió una roca del tamaño de un carro en dos.
El grupo se dispersó instintivamente.
Pero no había pánico.
No exactamente.
Había algo más.
Sincronía.
Tiempo peleando juntos habían creado algo extraño entre ellos.
Movimientos que no necesitaban órdenes.
Espacios que se abrían sin palabras.
Kael atacó primero.
Sus hachas se estrellaron contra una de las patas delanteras.
El sonido fue como golpear metal.
La criatura ni siquiera reaccionó.
Solo giró la cabeza y lanzó otra mordida.
Kael se agachó por reflejo.
Las mandíbulas cerrándose sobre el aire a centímetros de su espalda.
-¡Maldita sea!
Ilyas saltó sobre el costado del monstruo, sus garras buscando espacio entre las placas.
La criatura reaccionó con una violencia brutal.
Sacudió el cuerpo entero.
Ilyas salió despedido y rodó por el suelo.
Üros ya estaba moviéndose.
Su hacha describió un arco pesado.
La hoja chocó contra el costado del monstruo.
Chispas.
Nada más.
La piel mineralizada apenas se marcó.
La criatura respondió girando la cola.
Uros apenas tuvo tiempo de levantar el hacha para bloquear.
El impacto lo lanzó varios metros hacia atrás.
El aire salió de sus pulmones en un golpe seco.
-¡Es demasiado duro! -gruñó Kael.
Soren observaba.
No atacaba.
Sus ojos recorrían cada movimiento del monstruo.
Las placas vibraban.
Se abrían.
Se cerraban.
Respiraban.
Entonces lo vio.
Un canal oscuro entre las placas dorsales.
Tejido blando.
Un punto que no estaba protegido.
-Ahí... -murmuró.
Pero el combate no se detenía.
Uros se levantó.
Su cuerpo gritaba de dolor.
Algo dentro de él también gritaba.
La sensación de estar fallando.
De no ser suficiente.
El Devoraecos volvió a lanzarse.
Esta vez hacia él.
Üros respiró hondo.
Y liberó su aura.
La presión explotó hacia afuera.
El polvo se levantó del suelo.
Las piedras pequeñas vibraron.
La criatura se detuvo un instante.
Toda su atención cayó sobre él.
En ese momento algo crujió dentro de su cabeza.
Un dolor profundo.
Algo empujando desde dentro de su frente.
Sintió que sus sentidos se expandían.
El mundo parecía más amplio.
Más nítido.
La sangre comenzó a correr por su rostro.
Bajó por su frente.
Entró en su ceja.
Casi alcanzó su ojo izquierdo.
No había tiempo para revisar la herida.
Se limpió con el dorso de la mano.
Y corrió.
Se lanzó hacia adelante.
Deslizándose por el suelo directamente bajo el monstruo.
El hacha subió en un corte brutal.
La hoja rasgó el abdomen del Devoraecos.
La criatura rugió.
Pero reaccionó más rápido de lo esperado.
Su cabeza giró hacia abajo.
Las mandíbulas se abrieron.
Directamente frente a Uros.
Por la inercia del deslizamiento estaba entrando directo en su boca.
Entonces Soren gritó.
-¡NÖUK!
Ella ya venía en movimiento.
Saltó.
Usó una de las placas dorsales como punto de apoyo.
La presión del cambio de dirección agrietó la roca bajo su pie.
Su cuerpo giró en el aire.
Y pateó a Üros en el pecho.
El golpe cambió apenas el ángulo.
Lo suficiente.
Las mandíbulas se cerraron donde había estado su cabeza.
Ambos cortaron hacia los lados del cuello de la criatura mientras pasaban.
La sangre del monstruo salpicó la roca.
Nöuk aterrizó mal.
Su pierna se deslizó sobre piedra húmeda.
Una cortada profunda se abrió en su muslo mientras frenaba la caída.
Üros rodó por el suelo.
El impacto lo obligó a soltar su hacha.
El arma rebotó contra la roca y quedó lejos.
Vaelith rugió.
Un rugido draconiano que retumbó en el valle.
La criatura giró inmediatamente hacia ella.
Sus placas vibraron con furia.
Y atacó.
Vaelith lo interceptó.
Giró sobre una pierna.
Su patada impactó contra el pecho del monstruo con un sonido brutal.
El Devoraecos se levantó sobre sus patas traseras tratando de recuperar el equilibrio.
Su espalda quedó expuesta.
Las placas se abrieron.
Solo un instante.
Soren gritó.
-¡EL CENTRO!
Nöuk ya estaba moviéndose otra vez.
Había recuperado el hacha de Üros.
La lanzó.
El arma giró en el aire.
Kael corrió hacia Ilyas.
Saltó.
Pies juntos.
Directo contra su pecho.
Ilyas recibió el impacto.
El sonido del hueso rompiéndose fue seco.
Pero usó toda su fuerza para impulsarlo.
Kael salió disparado hacia arriba.
Atrapó el hacha en el aire.
Y cayó.
Toda la fuerza del salto.
Toda la velocidad de la caída.
Toda la energía del impacto.
El hacha descendió como un rayo.
Entró entre las placas dorsales.
Atravesó el canal nervioso.
Y siguió bajando.
Hasta el hueso.
La presión del impacto abrió una brecha enorme en la espalda del monstruo.
Más grande que el propio hacha.
Como si el aire mismo hubiera sido cortado.
El Devoraecos emitió un grito imposible.
Su cuerpo comenzó a desintegrarse.
Placas.
Carne.
Hueso.
Todo colapsó en fragmentos cristalizados.
Cuando terminó...
no quedaba nada.
Solo restos minerales donde había estado la criatura.
Y el hacha.
Destruida.
El valle quedó en silencio.
Üros dio un paso.
Solo uno.
La adrenalina desapareció.
El dolor llegó.
El nuevo cuerno ardía en su frente.
Sus piernas fallaron.
Cayó.
Inconsciente.
Y por primera vez...
todos vieron claramente
los dos cuernos.
El Apex había muerto.
Pero el Abismo todavía no había terminado con ellos.
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