4. EL BESO
Lo más interesante de nuestro grupo es ver las reacciones de las personas al vernos. Un buen ejemplo fue la entrada de Andrés el día jueves a la institución. Llevaba la camisa por fuera, el cabello alborotado mezclado con una cara de “no querer amigos”, la frente sudada y las mangas arremangadas. El toque final, era la mancha marrón que adornaba su camisa en un costado.
Los comentarios fueron inmediatos, el matón del lugar estuvo en sus andanzas. Las miradas se giraron para observarle, Andrés segundo a segundo se sentía más intimidado, hasta que se detuvo en medio del tumulto y gritó —¡¿Qué?! ¡¿Cuál es su problema?!— Y los demás bajaron las miradas, o se apartaron huyendo del lugar.
Las reacciones eran normales, cualquiera habría pensado lo mismo “Andrés viene de pelear” cuando en realidad él se había levantado tarde y tenido poco tiempo para acomodarse, teniendo que correr mientras comía por la calle, por no tener dinero para el bus.
Otro ejemplo sería el completo silencio e ignorancia ante mi entrada y la de Fernanda, comparado con el barullo armado cuando Daniela entró a la institución. Los chicos observándole, algunos acercándose con sonrisas tontas y flores al tiempo que ella pasaba con sus audífonos sin mirar alrededor.
Europa… bueno, Europa fue algo divertido de ver. La reacción de la mayoría al verla fue de ternura, acercándose para mimarla y consentirla, pero el grito proferido sucedió antes de lo que yo mismo imaginé— ¡Muéranse y desaparezcan idiotas! ¡deberían postrarse ante mí y rogar por mi atención! — Seguido de una columna de humo rojo y un conejo rosado escapando hasta donde nos encontrábamos nosotros, lo cual me hizo preguntarme —¿De dónde Europa saca semejantes bombas de humo?— Pero fuimos convocado frente al consejo Rocío, Verónica, Andrés y yo por el incidente de la bomba de humo.
En realidad, el consejo de profesores desconocía sobre lo que realmente sucedió, pero buscaban posibles culpables. Rocío por su conducta errática, y yo bien sabía que ella sería capaz de algo así, Andrés ante la posibilidad de que fuese un conflicto entre bandas, Verónica debido a la posibilidad de ser aquello un distractor mientras hacía alguna actividad lasciva. Y yo, bueno… quizás yo haya escrito algún ensayo sobre el uso de bombas de humo para aturdir estudiantes con problemas mentales.
Eduardo se hallaba leyendo un libro de programación, con la computadora encendida como de costumbre en su pequeña habitación mientras pensaba en todo lo sucedido en la semana de estudios. Los enredos habían sido varios, Rocío decidió llegar al instituto con una máscara de gas puesta y las alarmas se encendieron. Verónica fue acusada de pervertida mirona mientras realizaba bocetos a base de un par de chicas y Fernanda llamó patético imbécil a un chico a mitad de un pasillo luego de que este quisiera comprarla para ser su novia. En definitiva, solo cosas que el grupo podía hacer en una simple semana de estudio.
Por otra parte, Europa había demostrado no ser tan desastrosa cuando se le animaba con lo que le gustaba: los dulces. El resto del tiempo lo ocuparon acomodando el salón 15-A, el perteneciente al nuevo y recién fundado Club del odio— Y resultamos teniendo el nombre más tétrico y obvio posible— Se lamentó, mientras se levantaba de la cama para arreglar la pila de libros que se había caído, algunos de misterio, pero la mayoría de ciencia ficción.
La noticia del nuevo club voló por los rincones del instituto, incluso una carta fue entregada en la directiva pidiendo la disolución del club, alegando que este no poseía ningún fin. La respuesta fue simple, una carta redactada por Fernanda explicando que la finalidad del grupo era la integración juvenil ante la sociedad. Una excusa bastante creíble y simple para ocultar la realidad. A Elizabeth se le ocurrió un disparate y ellos estaban tan locos que le siguieron el juego.
Eduardo de tan solo recordarlo todo se reía a solas. El trabajo era tedioso, así que cada rato procuraba distraerse un poco jugueteando con un cubo de rubik al lado del computador. Leer e ir programando era algo en lo cual podría ocupar su fin de semana.
Su habitación resultaba un cubículo amplio, en una esquina se hallaba la cama y el computador, una máquina a la que el cuidaba y consentía, con su tabla de dibujo que tanto sacrificio le costó comprar y su acelerada capacidad de video. Un estante con libros en la otra esquina, un pequeño baño a un lado. La cocina, la nevera y la lavadora se hallaban justo al principio de la habitación, dejando un espacio de algunos metros en medio de todo completamente libre.
Un sonido le perturbó cuando se acostaba nuevamente, le hizo tropezar y caer de la cama, enredado entre las sábanas. Su cabeza dio contra el suelo mientras los pies continuaban sobre el colchón, pero desde allí notó lo que lo causaba— ¿Un mensaje de texto?— Nadie le escribía, su madre cuando más le llamaba, pero el tono del celular y el vibrar era inconfundible, era un mensaje de texto— Ha de ser la compañía telefónica— Descartó de inmediato, mientras el celular temblaba contra el suelo, justo debajo de la cama.
Se levantó y posó nuevamente en la computadora, después de todo programar no era tan simple, era un trabajo de tiempo y hallar los errores en los códigos aún más. Cuando llevas millones de líneas hallar un error tan pequeño como una letra faltante puede ser un infierno— Se necesita un idiota asocial con mucho tiempo libre para programar algo que valga la pena— Se quejó con una sonrisa sarcástica; acababa de repasar el fundamento del ciclo de… pero el celular repicó nuevamente y el tono comenzó nuevamente. La música inicial del antiguo programa de los power rangers, un tema que había dejado pensando que nadie escribiría, menos que tendría que escucharlo dos veces seguidas.
Volteó con la cabeza, suspendiendose en la silla del computador. Ahora se hallaba verdaderamente intrigado, sin embargo, dejó sonar el celular mientras lo observa— ¿Mamá? No, ¿renta? No, el servicio lo pagué hace diez días… ¿y quién rayos?...— Tembló nuevamente y él se abalanzó hasta el celular— ¡El club!— Tomando estrepitosamente el móvil— Condenado Nokia, debiste participar en la creación del proyecto Manhattan, si la bomba nuclear hubiese tenido forma de celular Nokia de seguro habría sido más poderosa…— Revisó el buzón, y observó detenidamente el destinatario— Verónica.
“Se me olvidó mandarte un mensaje antes, pero nos pusimos de acuerdo para vernos y planear lo del evento por el aniversario de la escuela, vamos para tu casa”
“Ya estamos por llegar, descuida, pasamos comprando algo de comida”
“¿Estás en la casa? Estamos a media cuadra y no respondes”
—¡¿Qué?!— Se levantó y buscó algo de ropa para acomodarse, percatándose que los libros estaban regados por el suelo, la sabana también, papeles con algoritmos del programa se hallaban esparcidos por la habitación y… Un fuerte golpeteo contra la puerta le sacó de los pensamientos— ¡No puede ser! Cuando dijo cerca debió estar a cinco pasos de la puerta… Verónica… — Recogió los libros a gran velocidad y el resto los pateó debajo de la cama, con el mismo pie alzó y lanzó la sábana sobre la cama. Se terminó de colocar otra franela, cuando el golpeteo paró y hubo una pequeña explosión— ¡Europa derribará la puerta! ¡Deben estar bromeando!¡No pueden explotar el edificio! — Corrió para recibirles— Locos— Expresó en voz baja al final, para su sorpresa se hallaba sonriendo.
—¡El señor conejo tiene hambre necio mortal!— Se escuchó el grito de Europa cuando el giró la perilla y frente a él se mostraba el singular grupo al cual no esperaba.
Les observó detenidamente, Fernanda leyendo un libro como usualmente hacía, Andrés cargando a Europa en sus hombros, Daniela con sus audífonos y un par de cajas de pizza en las manos, mientras Rocío y Verónica venían extrañamente vestidas de jedi, con túnicas y espadas de luz. Eduardo cerró la puerta frente a ellos dejándoles afuera— No hay nadie regresen mañana…
—¡Sucio, inmundo, mortal, idiota, cabezahueca…!— Eduardo se quedaba sorprendido por la cantidad de insultos que la pequeña podía soltar— ¡Estúpido, pelele, trol, muggle, nerd, animal, descerebrado, seguidor de barney, mugre, basura, imbécil, puerco, dromedario, troglodita, monigote…!— Eduardo abrió la puerta observando a la pequeña nuevamente, la cual sonreía amablemente.
—Podrías escribir todo un diccionario de insultos pequeña mocosa.
—¡Únete al lado oscuro de la fuerza pequeña, el lado oscuro es más poderoso! — Rocío entró a la habitación de primera.
—En las historias los buenos siempre ganan Europa— Agregó Verónica— Y son más sexys.
—Charlize Theron en Blancanieves y el cazador era sexy, la nueva Gatubela de Batman fue muy sexy también, el duende verde de Spiderman, las brujas de Oz... — Alegó Eduardo ante la mirada inquisidora de Verónica— Hannibal ganó, en Saw el malo también gana, y en el Imperio Contraataca se podría decir que también ganaron los malos— Disfrutaba llevarle la contraria a Verónica.
—¡Ves! ¡Inclusive Eduardo pertenece al lado oscuro de la fuerza! — Rocío se acercó a la espalda del chico, apoyándose sobre él, de esa manera este pudo percibir su aroma, dejándole sin palabras.
—Ganan, pero no son sexys.
—En la gran estafa los malos ganan, y no puedes decir que no son sexys— Agregó Eduardo nuevamente.
—Debiste verlas pelear por todo el camino con las espadas— Comentó Fernanda pasando al interior de la estancia. Andrés detrás de ella, hacía un gesto que Eduardo comprendió se trataba de un saludo.
—Te toca cuidar al señor conejo por no dejarme entrar antes— Europa le lanzó el muñeco de felpa enorme al chico, el cual lo tomó sin decir nada al respecto para lanzarlo sobre la cama. Daniela entró de última, por alguna razón evitó la mirada del chico, y él notó tal acto.
—Hola.
—Hola Daniela— La chica realizó un gesto con la cabeza y alzó las pizzas—¡Oh! Puedes dejarlas por allá, sobre la cocina, o sobre el librero, descuida, la habitación ya es un desastre.
—En realidad está mucho más ordenada que la habitación de Andrés, la de Vero, o la de Rocío— Comentó Fernanda sentándose en la cama.
—¡Te estás sentando en la cama de Eduardo! ¡oh… ya veo… con que la chica lectora en realidad esconde a una pervertida nata que sueña con ser poseída y tomada en la cama de su amado y…! — Verónica comenzaba a delirar, cuando fue cortada por la otra.
—¡Es solo que no hay sillas! — Se levantó perturbada la aludida. Verónica no esperó para burlarse.
—Descuida, pueden sentarse en la cama si quieren— Aclaró él, mientras Verónica reía repitiendo el salto de Fernanda para que nadie la viese en algo indebido.
—Un grupo de estudiantes, todos jóvenes, quedándose juntos, y al observar el calor de los dos amantes se termina tornando en una gran org…— Andrés tapó los oídos de la pequeña Europa para que no escuchara las palabras de Verónica.
—¿Diseñas una estrella de la muerte? — Rocío se acercaba al computador mientras observaba los papeles esparcidos.
—En realidad trato de hacer un software de video, algo liviano pero elegante.
—¡Tengo hambre! — Soltó la pequeña bajándose de los hombros del chico mayor.
—¿Y cómo trajeron a Europa?
—Yo pedí permiso con su padre, un señor bastante curioso, y no sabía tampoco que Europa viviese en una casa tan grande— Verónica mostraba su celular— La vendrá a buscar en un par de horas, así que solo estará un rato con nosotros.
—¿Un rato? Son casi las cinco de la tarde. Un rato creo que será suficiente ¿Y por qué el apuro de prepararnos para el aniversario escolar? — La pregunta de Eduardo fue contestada por Fernanda.
—El día que Elizabeth nos reunió para formar nuestro equipo de trabajo— Fernanda observó a cada uno— Especificó que debíamos preparar algo para esa fecha, que de ello dependería el grupo.
—Si por mi fuese hacemos un top de los alumnos más idiotas del instituto — Adelantó Eduardo abriendo la caja de las pizzas para repartir.
—Afortunadamente no depende de ti Eduardo, además, hablé con la profesora Elizabeth, y me comentó que el consejo ha deliberado mucho sobre la permanencia del grupo, debido a rumores que se han ido propagando.
—Rumores…— Eduardo vio a sus compañeros, sonriendo ante la duda de cómo nadie los había deportado a un manicomio.
—Por lo tanto, nuestro deber será el de sorprender y demostrarle al consejo que nuestro grupo fomenta el compromiso escolar y ayuda a sus miembros.
—¿No podríamos diseñar un aparato que desaparezca a Scott? Apuesto que inclusive el resto del consejo estará feliz en ver al viejo desvanecerse— Expuso Eduardo.
—¡Tengo hambre…!— Repitió Europa exigiendo su rebanada, con anchoas.
—Sería divertido ver la cara del consejo ante algo así— Andrés se sentaba en el suelo de la habitación.
Daniela se sentaba en la cama, su rostro estaba muy rojo. Observó la almohada con algo de temor, las sabanas regadas, los papeles esparcidos, y allí frente a ella se encontraba él, tan relajado como de costumbre, bromeando sobre el tormento del resto. Fernanda observó a Daniela, de un modo que claramente dijo “¿En serio? ¿Te gusta?” Daniela volteó el rostro para no demostrar su vergüenza; las mejillas le quemaban y el corazón le latía desde que se enteró se dirigían a la casa del chico.
Había pensado en aquello los últimos días, y cada vez era peor. Él por alguna razón no la trataba distinto al resto. No le hacía sentir un pedazo de porcelana. Hallarse en su habitación era demasiado. Su mente divagaba en idioteces y prefería mantener la boca cerrada para no decir algunos de los disparates que se formaban en su cabeza.
—¡Dije que tengo hambre! — Gritó Europa propinándole una patada a Eduardo en la zona posterior a la rodilla, haciéndole caer al suelo, para luego montarse sobre él.
—Supongo que podemos comer algo antes de planificar cualquier cosa. De todas formas ya estaba repartiendo— Expresó él al tiempo que pensaba— ¿En qué momento mi linda y tranquila tarde se convirtió en esto?
—Pero debiste darme un pedazo a mí primero inútil lacayo.
—¡Europa se ha unido a los jedi! Y ha atacado a un sith con el uso de la fuerza!— Pero Rocío no ayudó al chico, pues Andrés tomó las pizzas antes al centro de la habitación para repartirlas.
—Sin anchoas la mía— Se escuchó a Daniela.
—¡Champiñones! — Los pedazos de comida comenzaron a pasar de una mano a otra, mientras Eduardo tuvo que comer con Europa sentada sobre su espalda— El peso y poderío del viejo continente ha caído sobre mi…— Se lamentó con ironía.
—¿Y? ¿Alguna idea sobre el proyecto que debemos entregar?
—¿Cuánto tiempo tenemos para entregarlo? — Le preguntó Eduardo a Fernanda.
—Tres semanas, por eso es prioritario resolver el proyecto ahora, aún más con los exámenes trimestrales que se aproximan y estarán en medio.
—Será problemático, hagamos lo que hagamos los exámenes nos restará tiempo.
—¿Y qué podríamos hacer?
—¡Hagamos una película! — Puntualizó Rocío colocando su puño frente a todos— ¡Algo súper genial como la guerra de las galaxias!
—Creo que sería imposible hacer algo como eso, además no creo sepas lo suficiente de cine como para…— Fernanda fue interrumpida.
—Rocío— Habló Eduardo.
—Sí.
—¿Cuál fue la película con mayor cantidad de premios óscar ganados?
—Triple empate, Ben-hur en el año 1959, Titanic en 1997, y El señor de los anillos el retorno del rey en el 2003 con 11 premios ganados cada una.
—¿Quién ha sido la persona con mayor cantidad de nominaciones y premios óscar ganados?
—Walt Disney, con 59 nominaciones y 26 estatuillas ganadas.
—¿Por qué se llaman premios óscar?
—Nadie lo sabe en realidad y hay muchas especulaciones al respecto.
—¿Cuántos fotogramas se necesitan para dar la sensación de movimiento?
—24 fotogramas en una secuencia de video, sin embargo, hay secuencias que llevan mucha mayor cantidad de fotogramas, o escenas con mucha menor cantidad para dar sensación de lentitud o velocidad extrema, truco bastante empleado en la animación.
—Ya entendí— Les detuvo Fernanda— La verdad no pensé que ella supiese tanto sobre el tema.
—La verdad, si tuviese que apostar, diría que Rocío es la más inteligente en esta habitación— Alegó Eduardo; Rocío ahora tomaba un pedazo de pizza mientras con la otra mano fingía usar “la fuerza” para atraerla— Sólo que se distrae muy fácilmente.
—Pero ¿una película?
—En realidad no parece mala idea— Agregó el chico— Yo sé algo sobre edición, y podría probar mi software en ello.
—Yo podría hacer el guión— Levantó la mano Verónica.
—Terminaremos haciendo una porno— Pensó Eduardo, pero Fernanda atajó la idea— Yo te ayudaré en el guión, no quiero escenas subidas de tono en el.
—Yo puedo ayudar con el sonido y tengo una grabadora— Expresó en tono bajo Daniela.
—El señor conejo tiene una grabadora ultra súper cool.
—Yo no sé nada sobre hacer una película, pero supongo que puedo ayudar— Andrés tragó un poco de pizza.
—Bien, supongo, será una película entonces— Sonrió Eduardo levantándose de la opresión de Europa— Un grupo normal se sentaría educadamente alrededor de la pizza, reirían en gestos suaves y educados mientras digieren la comida, con miedo de no mancharse frente a los demás y pasar vergüenza. Un grupo normal de clase estaría ocupado por chicos con cuadernos y bolsos repartidos por el lugar, alguna chica pendiente de la cantidad de calorías contenidas en la pizza, los chicos intentando conquistar a una compañera y estas a su vez atentas a cualquier intención— Pensó Eduardo— Afortunadamente me caen mal esa clase de personas que se preocupan por tonterías.
La escena resultaba muy distinta, Rocío le robaba un trozo de pizza a Europa, quien le exigía a Andrés actuara para recuperarla, corriendo detrás de la primera alrededor de la habitación, Daniela colocaba algo de música en el ordenador con una pizza en una mano, y Verónica devoraba grandes cantidades de comida como si de una competencia se tratase, mientras el señor conejo yacía en una esquina embarrado de queso derretido.
Eduardo se sentó en la cama justo en un rincón, Rocío caía al suelo, a lo que Verónica aprovechaba para acosarla al tiempo que un trozo de pizza volaba y era Andrés quien lo atajaba— Tu no podrías ser amigo de personas normales— Se repitió a sí mismo— Simplemente te sentirías incomodo al ver rostros firmes y sonrisas falsas— Eduardo reparó en la sonrisa de Rocío— Es sincera, está sonriendo sin pena a que la observen, sin temor a ser incomprendida, en verdad se siente a gusto con estas personas ¿habrá Elizabeth planeado todo esto?
La comida terminó rápidamente, Europa se acostó en la cama mientras el grupo recogía el desastre armado, una cualidad que Eduardo aprendió al mudarse a las pequeñas habitaciones del instituto.
—¿Cómo se hace una película? — Cortó el suspenso Andrés.
—Lo primero que necesitamos es una idea, y luego con ella desarrollar un guión— Explicó Fernanda.
—Tengo algo de experiencia en ese campo— Verónica se levantó del suelo, tomando una actitud seria nada usual. Era obvio que aquel era un punto que la chica tomaba en serio. La habitación quedó en silencio, mientras Europa iba perdiendo contra el sueño— Producir una película entera puede ser muy problemático debido al tiempo, aún más con el poco presupuesto que entre nosotros podemos conseguir, así que la opción más viable sería tomar una historia que se base en el drama.
—¿Drama?
—Sí, son las historias con las que el público generalmente se siente más identificado, y la más sencilla de escribir y hacer. Miren, generalmente cuando se realiza una historia, mi área de conocimiento, uno como escritor piensa en un hecho remarcable o una sensación que quiera dar al público, luego desarrolla personajes y sus características especiales para poder entablar frente al tema destacable. Tópicos como ciencia ficción y thrillers, aunque son fascinantes, son muy difíciles, pues necesitan investigación previa y gran uso de detalles para dar sensación de realidad.
El drama por su parte logra hacer sentir al que lee, o en nuestro caso, al que verá la película, identificado con el personaje, con su sufrimiento o alegría. Pero hay un detalle, a pesar de ser el drama lo más sencillo, hay un factor que no nos beneficia en lo absoluto— Verónica daba vueltas por la habitación y todos le seguían con la vista, probablemente algo sorprendidos por la falta de lascividad mostrada en esos segundos.
—¿Qué problema? Un drama no me emociona, pero parece factible— Expresó Eduardo.
—¡Exacto, ese es el problema!
—¡¿Ah?!
—Los que verán nuestra película serían los profesores del consejo, pero en su mayoría serían los otros alumnos del instituto…— Apuntó Verónica.
—Un público joven— Fernanda se mordió el labio comprendiendo el problema al instante.
—Solo un grupo de chicas se sentirían identificadas con algún drama, quizás cierto hombre que aprecie el cine, pero los demás— Esta vez era Daniela.
—Los demás se sentirán como yo, no les interesará en lo absoluto— Terminó Andrés.
—¡Necesitamos efectos especiales! ¡Explosiones! ¡Guerreros! ¡Cañones laser!
—¿Por qué no les damos exactamente lo que quieren ver?— Inquirió Eduardo.
—Sencillamente no hay tiempo ni presupuesto— Contestó Fernanda.
Hubo un silencio en la sala, Eduardo se hallaba consciente de la situación planteada, quizás todo el grupo lo estaba, pues en el tiempo que tenía conociéndolos era la primera vez que les observaba tan serenos y serios con respecto a un tema.
—No creo que el consejo de profesores esté contento con que hagamos algo simple para salir del paso— Daniela se hallaba sentada en la silla del computador, pero bajó al nivel del resto, sentándose al lado de Eduardo. La chica se concentró para aclarar sus pensamientos y palabras, la sola mirada de él le hacía poner nerviosa, ya había pasado media hora jugueteando mentalmente en la simple idea de mirarle a los ojos, y de solo imaginarlo se ruborizaba nuevamente— ¡Hay que sorprenderlos, es la única manera!
—Diré algo de lo cual seguramente me arrepentiré luego, por el simple hecho de la cantidad de trabajo que esto implica, pero la verdad, me sentiría más cómodo con la idea de realizar algo de ciencia ficción— Repuso Eduardo— Ya lo dijiste, y ya te jodiste ¡idiota!— Prosiguió al tiempo que respiraba— Mi computadora actual no puede llevar a cabo efectos de última generación, mucho menos hacerlo en el tiempo que tenemos estimado, pero puedo darles una calidad superior a una película independiente, y de ser necesario— Por dentro su subconsciente le dictaba que se detuviere, que aquello era simplemente una locura, pues su presupuesto era escaso, y aquel dinero tenía un fin específico— De ser necesario compraré un par de equipos con los cuales podríamos montar algo más que decente.
El timbre del lugar sonó repentinamente. Eduardo observó a todos, interrogándoles con la mirada “¿invitaron a alguien más?”, pero por sus reacciones descubrió que ellos se hallaban tan sorprendidos como él.
—¡Las fuerzas oscuras del universo! — Rocío se levantaba de un salto en posición de ataque, y con la mirada animaba a Verónica que le siguiera, la cual tan solo miró a Eduardo.
No tuvo más remedio que levantarse rumbo a la puerta, mientras pensaba en las distintas posibilidades, pero nadie conocido aparecía en ellas. La idea de un vendedor vino a su mente, y se imaginó la escena— Me es suficiente con comprar la ilusión democrática que venden los políticos— Mientras cerraba la puerta. Pero también estaba la posibilidad de que fuese algún cristiano predicando la palabra biblia en mano, a lo cual respondería— Lo siento, yo creo en Dumbledore, Gandalf y Brandom Stark , también tengo un par de libros que prueban su existencia y la intervención divina para crearlos— Una sonrisa sarcástica se dibujó en su rostro y entreabrió la puerta.
—Vengo a recoger a Europa— En el pórtico se hallaba un hombre mayor, quizás cercano a los cincuenta, con entradas a los lados de su cabeza y mirada penetrante.
—¿Usted quién es?
—Su padre obviamente— Respondió este.
—¿Qué me prueba a mi lo es? — El motivo de su reacción se basaba en la mirada de aquel hombre, la cual de cierto modo le inspiraba desconfianza, y la segunda, el auto que se hallaba parqueado a un par de metros. Un vehículo negro, lujoso, pero aún más importante la placa, tenía unas siglas que Eduardo notó de inmediato AFNE-A01. Un serial completamente extraño, sospechoso y sin registro nacional como era reglamentario. Entonces recordó el rostro familiar y abrió los ojos como platos impactado ante el hombre. Si aquel era su padre…
—¿Sucede algo? — Fernanda se paraba junto a Eduardo, cruzando los brazos, mientras el aspecto serio de su rostro habría ahuyentado a cualquiera. Detrás aparecía Andrés, observando al hombre de medio lado mientras fruncía el labio.
—Me alegra ver que mi hija está bien protegida— Sonrió el hombre, al tiempo que Verónica se asomaba.
—¡Señor Américo! — Le saludaba pasando entre el resto de los chicos que se apostaban trancando el paso en la puerta.
—¿Américo? ¿Y su esposa se llamará Asia acaso? — Pensó Eduardo como mala broma, más relajado ante la confirmación de la identidad. En silencio había metido los manos en sus bolsillos y comenzado a marcar el número de seguridad nacional. Era imposible no encontrarse nervioso después de leer aquellas siglas. Se percató del sudor corriendo por su cuerpo, un líquido frío y la sensación de temor.
—Europa se ha quedado dormida— Expresó Eduardo, con una expresión de “disculpe por haber dudado de usted”, pero volvió a ver la matricula del auto y la grabó en su memoria. Sus piernas se sacudían un poco. El señor Américo entró a la habitación, y cargó a la chica en sus brazos al tiempo que se dirigía al auto, mientras el señor conejo era transportado por Rocío hasta el vehículo.
El hombre después de depositar a su hija en la parte trasera del coche se dirigió con un gesto a Eduardo, apartándolo del grupo, como a un chico al cual quería darle un consejo, pero el aludido comprendió que se trataba de algo distinto, aquel hombre irradiaba una energía que él ya conocía, no era miedo, pero tampoco la más confiable. Era el aura de alguien digno de temer, de alguien sabio pero decidido; aquella clase de personas que jamás se mancharía las manos de sangre, pero que, con presionar un botón arrasarían una ciudad entera sin dudarlo de ser necesario.
—¿Sucede algo señor Américo? — Respiró profundo relajando los músculos.
—Me ha llamado la atención que has desconfiado de mí desde el preciso momento en que has abierto la puerta chico, he visto esa mirada antes, es la un hombre que ha analizado todas sus opciones y cartas a jugar en el preciso segundo de haberme visto. ¿Qué temes ahora?
—Creo que necesito inscribirme en un club de teatro entonces— Bromeó Eduardo, consciente que con esa clase de personas era mejor bromear educadamente.
—Tu eres Eduardo Wellton— El chico sintió un shock— El chico programador que escapó de su casa— Cada palabra de Américo era como un hielo que se deslizaba por la garganta de Eduardo, dejándole helado— ¿Fueron tres los programas que diseñaste?
—Ya sabe la respuesta a la pregunta— Soltó él, sin ánimos de contestar.
—Descuida chico, estarás bien aquí, estás inscrito en el mejor lugar en el cual podrías estar, de verdad me hace muy feliz ver que mi hija se rodea de chicos como ustedes.
—¿Cómo nosotros? — Preguntó Eduardo.
—Excepcionales, por supuesto— Américo se retiraba rumbo al vehículo— En verdad espero que cuiden a mi hija, lamentablemente por ahora debemos retirarnos, espero la visiten a la casa pronto— Se refirió el señor Américo con una sonrisa y un saludo a todos al tiempo que entraba en el vehículo y Eduardo pensaba— Ni de coña voy donde usted me pueda vigilar.
Para su sorpresa al regresar la mayoría de los presentes se despedían, Verónica secundada por Rocío fueron las primeras en despedirse. La primera explicando debía comenzar a escribir algo inmediatamente, y que les mantendría al tanto por mensajes, mientras Rocío alegaba debía leer como Chewbacca moría salvando a Anakin Solo.
—Son las casi las siete de la noche ¿Esperabas se quedaran más tiempo? no me digas que te gustó la idea de tener compañeros bromeando en tu habitación…— Bromeó para consigo mismo. Verónica fue la primera en sorprenderlo, propinándole un beso en la mejilla y un abrazo, el cual por un instante se mantuvo al tiempo que le habló al oído.
—Si tuvieras más experiencia en ese campo… serías perfecto— En un tono que provocó cada poro del cuerpo del chico se erizara y una corriente le recorriera. Se apartó un poco sorprendido, mientras Verónica reía estruendosamente.
Rocío por su parte se despidió con un simple beso en la mejilla, pero su reacción, fue distinta. Se detuvo a oler la fragancia de su cabello, notó lo delicada que era su piel y lo fino de sus labios, para luego sentir el calor del beso sobre su cachete. Pero sin mayor preámbulo ambas partieron, tomando el camino de la derecha; nadie se preocupaba, pues obviamente vivían muy cerca, en el siguiente núcleo de estudiantes residenciados de la institución.
—Yo también debo irme, se hace tarde— Fernanda observaba su reloj de pulsera, Andrés mientras tanto se marchaba saludando con la mano, cruzando la calle hasta las residencias que se hallaban al frente— Y pensar que es la primera vez que le veo— Pensó Eduardo.
—¿Tienes algo que hacer?— La voz de Daniela se escuchó a su espaldas.
—¿Ah? No, la verdad no.
—¿Me acompañas un rato? — Preguntó, a lo cual él se quedó mirándole, su rostro parecía triste de alguna forma— Tiene algún problema— Asintió con la cabeza.
—Solo déjame cambiarme la camisa— Entró a la habitación, se cambió y salió con un par de suéters, ofreciéndole uno a ella, quien vestía jeans rasgados y una blusa delgada blanca de mangas muy anchas — Si quiere conversar escogió al individuo equivocado— Pensó mientras ella sonreía amablemente. Pero después de todo eran un grupo ahora y aquella chica tenía momentos agradables, sin contar lo hermosa que lucía. Sin importar si él no se encontraba buscando pareja, era algo notorio, en cualquier caso.
—¿Y ahora?
—Solo deseo caminar.
—Es tarde ¿nadie se preocupará en tu casa?— Puntualizó él— Lo sabía quiere conversar sobre algún problema ¿Por qué? No tengo ánimos de ser consejero nocturno, si quisiera eso, buscaría amistades por facebook y les conversaría para arreglar sus desánimos y desaires típicos de adolescentes— Pensó mientras escuchó una vocecita en su interior que decía— No, no lo harías Eduardo, lo más factibles es que te burlases — En ocasiones resultaba necio ser odioso, él mismo se refutaba los pensamientos y terminaba alejando a todos. Por esta ocasión intentaría ser distinto.
—No creo se preocupen, lo más probable es que no sepan que salí.
—Y por allí viene el problema…— Pensó, sin embargo sus palabras fueron distintas— Entiendo.
—¿En serio?
—Bueno, quizás no en realidad, pero supongo que deseas hablar de ello ¿No? Del hecho que ni siquiera sepan que saliste de casa— Repuso él.
—Bueno, admito que no es alegre regresar a casa cuando nadie te espera, pero créeme que esa no es mi mayor preocupación— Respondió ella mientras avanzaban, cruzando la calle sin rumbo fijo.
—¿No es eso? ¿Entonces?— Pensó desconcertado Eduardo— ¿Y por qué caminamos tan lento? A este paso llegaremos a la siguiente calle pasado mañana, pero no puedo decirle que apresuremos el paso, sería maleducado— Sonrió ante ella, quien le observaba— ¿Y dónde vamos? En todo caso no tengo la menor idea de qué decir— El silencio se mantuvo durante unos segundos. El chico sintió una brisa que le heló hasta los huesos, algo típico de la región a horas de la noche, por lo cual se colocó el suéter y acomodó un poco, ella hizo lo mismo.
—Vi en tu computadora un par de videojuegos.
—¡Oh! Algunos clásicos.
—¿Eres gamer?
—No diría gamer, solo me gustan algunos, aunque si soy fan de final fantasy, adoro ese rpg.
—Final fantasy es muy bueno, sin duda, aunque las nuevas entregas han cambiado mucho el sistema de juego.
—Las personas exigen más — Repuso.
—Si, ya lo creo, aunque prefiero los viejos— Expresó ella.
—Nada como los viejos juegos con historias atrapantes. Ahora nada es igual, hay algunos que intentan tener una ligera historia, pero no es igual. Odio además esos juegos donde pasan secuencias de película y te piden que aprietes apenas un botón, es igual a que siga la secuencia.
—Si, eso es cierto— Y de nuevo el silencio —¿Qué comida te gusta?— Preguntó ella, a lo cual la única cosa que vino a la cabeza de él fue
— ¿Y a qué rayos viene eso? —Se preguntó Eduardo, pero no demostraría la mala educación — Nada en particular, aunque me gustan mucho las carnes. Creo que soy un pequeño carnívoro, no digo que no coma vegetales, es solo que tengo preferencia, ya sabes.
—Conozco un lugar a unas cuadras, es buen sitio para pasar un rato agradable.
—¿Cómo lo conoces? — Preguntó Eduardo para mantener el hilo y no caer en ratos incómodos.
—Suelo ir allí algunas noches, colocan buena música, y generalmente hay bastantes chicos.
—¿Y sueles ir sola? — Repuso él— Una chica, que no desea ir a casa, y probablemente su familia no sepa se encuentra afuera, y suele pasar sus noches en un lugar de jóvenes…
—Sí, acostumbro jugar con gameboy allí— Sacó de un bolsillo el aparato viejo y amarillo, él no pudo evitar reír ante aquello.
—¡Perdón! No quería burlarme es solo que… resulta raro imaginarte. Sin contar que es una consola vieja.
—Descuida— Expresó cabizbaja la chica — Me gustan los clásicos. Esta fue la primera que tuve.
—No, en serio, es difícil imaginar a una chica como tú jugando gameboy sola en un sitio como el que describes, supongo te han de cortejar muchos chicos mientras estás jugando.
—Los dueños del lugar y los que atienden me conocen desde pequeña, ellos me cuidan bastante de que alguno me moleste, sin embargo, sí, ha sucedido en un par de ocasiones, y suelo irme del lugar.
—¿Dónde queda ese sitio al que sueles ir?
—Unas calles adelante, en quince minutos deberíamos estar allí— Eduardo notó que aumentaban el paso, y se mostró agradecido por ello, eso de caminar lento le agobiaba.
—Me sentiré incómodo si comienzas a jugar mientras yo estoy allí.
—Descuida no lo haré— Por tercera vez Eduardo percibió un gesto delicado y lindo de la chica, una mirada que no siempre salía a la luz. La primera vez fue cuando ella admitió saber francés, ante la descabellada idea de Rocío de decorar todo el salón con el mismo motivo. La chica continuó hablando y él regresó a la realidad— ¿De dónde eres tú? Cualquier chico de esta ciudad sabe de ese lugar, supongo tienes poco tiempo viviendo aquí.
—Solo tres meses y medio en realidad, no suelo salir mucho.
—¿Y tus padres?
—Mi madre en ciertas ocasiones me llama— Eduardo tomó el celular— Mi padre piensa que soy un perdedor.
—¿No te la llevas bien con ellos?
—Digamos que no es mi tema preferido de conversación—Cortó esa línea el chico con una sonrisa educada.
—Tampoco el mío— Admitió ella— Uno no elige a sus padres.
—¿Padres problemáticos?
—Papá en realidad, nunca conocí a mi madre, y papá nunca está en casa.
—¿Mucho trabajo?
—Suele viajar, ahora debe de estar en algún lugar de Ámsterdam, aunque nunca fue el más apegado, no sé cómo decirlo. Tiene sus prioridades en otro lugar— Daniela observó el cielo, alzando su cabeza mientras su cabellera ondeaba. Eduardo metió las manos en los bolsillos para evitar el frío del viento, pero no dejó de verla, aquella faceta de Daniela no esperaba escucharla salir de sus labios, aunque no era como si aquello le sorprendiese.
—Al menos sabes dónde se encuentra— Intentó animarla.
—Sí, supongo. No lo había visto de esa forma, es raro, no suelo hablar de esto, mucho menos quejarme.
—En realidad eres de hablar muy poco— Expresó él.
—Sí, quizás soy de hablar poco, suelo perderme en la música y…— Estaba sudando mucho y el frío daba en sus manos helando.
—Está bien, me agradan las personas con quienes se puede compartir un silencio— Eduardo observaba el camino mientras la oscuridad tomaba la ciudad y las lámparas se encendían al pasar— Estar en silencio permite concentrarte en una tarea específica— Daniela se le quedó mirando sin decir nada— ¡Aunque eso no quiere decir que me moleste conversar contigo! — Se disculpó.
—No te preocupes ¡Mira! ¡Es allí! — Señaló Daniela con la mano un lugar bien iluminado, las vidrieras irradiaban una luz amarilla al exterior, y en la zona superior había un letrero de neón con una copa de helado y unas notas musicales.
—No tiene nombre— Repuso él.
—Todos lo conocen como “la nota”, aunque es cierto, ahora que me percato no tiene nombre en su cartel— Se acercaron cruzando la calle. Eduardo observaba el lugar con cierto temor y curiosidad, después de todo jamás visitaba aquella clase de lugares, donde las personas pululaban y se divertían. En su antigua ciudad era igual, aún más bajo la autoridad de su padre, soñar con estar en un lugar como ese era un pensamiento que no se debía cruzar por su mente.
Una pequeña campanilla le dio la bienvenida al lugar, de inmediato Eduardo notó la cantidad de jóvenes dispersos por el lugar, la mayoría contemporáneos a su edad, mientras en el fondo se escuchaba Pump it de los Black eyed peas.
—¡No debes molestar a la señorita Daniela!— Un hombre mayor le tomó del hombro, Eduardo le observó dando media vuelta, y estaba por responder cuando Daniela contestó.
—Tranquilo Donatello, él viene conmigo.
—¿Segura señorita?
—Segura.
El hombre lo miró detalladamente, examinándole, antes de esbozar una falsa sonrisa y decir— ¡Bienvenido señorito…!
—Eduardo— Contestó él mientras tomaba asiento en una mesa circular. Los asientos eran rojos y con forma de herradura.
—¡Eduardo, claro! ¡Siéntase cómodo!, me llamo Donatello, como el pintor.
—O como la tortuga ninja— Contestó Eduardo en voz baja.
—Tráenos dos helados de ¿mantecado? — Inquirió Daniela, él se limitó asintiendo con la cabeza — Dos helados de mantecado entonces.
—¡A la orden dos helados entonces! — Eduardo notó como Donatello le hizo un par de señas a otro mesero, quien se asomó sin disimulo para ver a Daniela, luego el mismo gesto con una mujer que se hallaba detrás del mostrador.
—¿Y dónde están Rafael, Miguelangel y Leonardo?
—No seas así Eduardo, es solo que el señor Donatello siempre me cuida de chicos.
—Solo bromeo, ya veo que eres popular en este lugar.
—Suelo venir en las noches — Comentó acomodándose en la silla.
—Prefieres estar aquí a estar en casa— Buscó de analizarla.
—Depende, a veces me quedo jugando y amanezco en eso, pero hay ciertos momentos en los cuales…
—Quieres escapar de esa cárcel y sales a buscar algo de aire o familiaridad.
—Sí.
—Comprendo eso, mejor de lo que te imaginas, se podría decir que esa es una de las causas por las cuales estoy en esta ciudad ahora.
—¿Ah?— Preguntó Ella sin comprender.
—Olvídalo, hablo a veces solo.
—No, en realidad me da bastante curiosidad saber el por qué estás aquí.
Eduardo la observó detalladamente, sus cabellos, su mirada algo triste pero interesada, recordó entonces lo que sabía de ella, y decidió dar un voto de confianza— ¿Me creerías si te digo que estoy aquí por un problema?
—¿Tuviste un problema y huiste de casa Eduardo?
—Algo así.
—Mmm… Creería que tuviste un problema, pero no que por ello huiste de casa.
Eduardo sonrió, en aquello le había atrapado, y se sentía bastante animado de que ella diera con ese clavo suelto en su historia tan rápido, mientras tanto la música del fondo cambiaba a Ya no sé qué hacer conmigo del Cuarteto de nos; una canción que al chico le daba gusto escuchar— Para ser francos no hui del problema, busqué el problema para poder irme de allí.
—¿En serio? Eso no lo esperaba, pero me alegra. Suena un poco loco debo admitir.
—¿Por qué?
—Te ves seguro y tranquilo normalmente.
—Lo soy, creo. Pero también hubo momentos en mi vida en los cuales las cosas no eran tan fáciles. Es complicado de explicar.
—Tenemos tiempo Eduardo, puedo escucharte.
—Te voy a aburrir.
—Ponme a prueba.
—Yo… — La observó, no era alguien para llenar de pensamientos negativos y meterla en sus problemas— No me llevaba bien con mi padre, fueron muchos problemas y me vine para acá.
Los helados llegaron de la mano de Donatello, quien nuevamente examinó a Eduardo, y este le devolvió la mirada, al tiempo que Daniela saludaba con la mano a la chica detrás del mostrador con cierto aire de complicidad.
—¡Que disfruten, cualquier…— La mirada inquisidora y despectiva que Eduardo tanto conocía— Cualquier cosa avíseme señorita Daniela!— Se retiró.
—Discúlpalo.
—Descuida, estoy acostumbrado a esa mirada— El celular en su bolsillo vibró, Daniela parecía ocupada con los mismo. Un mensaje de texto de Verónica que decía “¿les parece bien si el personaje principal se llama James?” A lo que Eduardo respondió rápidamente “Siempre y cuando no se apellide Potter”, Le mostró el mensaje a Daniela quien se sonrió antes de comenzar el helado.
—Parece comenzaron el guion.
—Hoy les toca a ellas amanecer trabajando, pero descuida, luego nos tocará a nosotros— En ese momento la campanilla de la entrada volvió a sonar y él observó a alguien que no esperaba ver— ¿Fernanda?
Daniela volteó la cabeza para ver a la chica, quien entraba al recinto, se hallaba algo cambiada y arreglada, con una blusa oscura y una pequeña cartera de mano. Daniela vio a Eduardo asustada, y en un impulso le tomó de la cabeza, hundiéndole contra los asientos— No nos puede ver— Expresó la chica en un susurro.
—¿Ah? — Preguntó él sin entender, pero Daniela le tomaba de la mano y comenzaba a escabullirse a gachas entre las mesas, él inevitablemente debía seguirla por el lugar. Fernanda se hallaba cerca, pues podía escuchar claramente su voz— No entiendo.
—Ya casi…— Fernanda se refería a la puerta, la cual se hallaba un par de metros adelante. Eduardo sentía la presión de la mano de ella contra su muñeca— ¿Qué clase de fuerza es esta ?¿Acaso esta es la fuerza en las manos de una chica gamer?— Pero no había tiempo para bromas, se acercaron a la puerta y la atravesaron aun a gachas. Donatello les observó desde una esquina y Daniela le hizo señas de “te explico luego, debo irme” y la campanilla resonó al ellos salir.
Avanzaron casi en carrerilla por la calle hasta el callejón aledaño. Daniela recuperaba la respiración, mientras tocaba su pecho— No entendí a qué vino todo eso ¿por qué huimos de Fernanda?
—Si…— Respiró— ¡Si nos veía juntos allí pensaría que teníamos una cita, que somos novios o algo! — Respondió ella.
—Eso es una tontería.
—¿Por qué Eduardo?
—A lo sumo cualquier persona pensaría que te he secuestrado, y siendo Fernanda de seguro lo asociaría con el hecho de la reunión de hoy. Lo más sensato sería pensar que hablábamos sobre el proyecto y que…— No lo esperaba, no supo reaccionar ante ello, fue un movimiento rápido y al mismo tiempo delicado.
Daniela se movió hacia adelante, y sus labios se encontraron, más que eso, notablemente no se trataba de un accidente. Las manos de la chica reposaban sobre su pecho y el calor de su boca apretaba la suya. Los pensamientos se borraron súbitamente, lo único que pasó por su mente fue— Divino…— Apretó los labios de ella con los suyos, e instintivamente una mano rozó su cintura, mientras la otra tocó el rostro de la chica.
Cada parte de su ser se hallaba concentrado ahora en aquel beso, en sentirla, en disfrutar el instante sin importar el cómo. Volvió a apretar sus labios, y sentir el suave rozar de su lengua contra la suya, aquello era sin duda el cielo, su respiración se perdía y el corazón bombeaba rápidamente. Sus cabellos caían rozando la mano que sujetaba su rostro. Instintivamente su cabeza se inclinaba junto a la de ella cuando sintió una pequeña mordida que le dejó con ganas de corresponder. Fue entonces cuando un pensamiento cruzó fugazmente su cabeza, pero fue suficiente— Rocío— Pensó, y en el acto se separó del cuerpo de la chica, a quien miró sin saber que decir. Indudablemente deseaba sentir sus delicados labios nuevamente, atraerla hasta sí, pero no podía y se sintió un poco culpable. Un volcán de pensamientos estalló en su cabeza, y ninguna palabra lograba salir de su boca.
—Lo siento— Fue ella la primera en hablar, su rostro se hallaba rojo y una lagrima bajaba por su rostro— Fue un impulso y…
—No, yo tengo la culpa…
—Yo sé que gustas de Rocío…— Daniela giró la cabeza y un par de lágrimas más rodaron. El no supo que decir, se hallaba helado, aquello le había dejado en shock, paralizado y sin armas— Sé que ella te gusta, pero fue un impulso, cuando estabas hablando yo…— Daniela se dio media vuelta y secó las lágrimas— Mejor me voy a casa, lo siento Eduardo— Caminó hasta la calle y tomó un taxi, mientras él se quedaba sin saber qué decir o cómo reaccionar, viéndola perplejo.
Pasó media hora para que Eduardo llegara a su casa, eran las nueve de la noche para entonces, se hallaba cansado y con varios mensajes más de Verónica los cuales no quiso abrir. Su mente aun daba vueltas, entró a su habitación encendiendo el computador.
—Primero una visita inesperada, luego la idea de hacer una película, tercero el señor Américo con mi información, y por último— Giró en la silla del computador— El beso de Daniela— Tocó sus labios, aun podía sentir la sensación del calor en ellos. Mientras tanto abrió una carpeta oculta y observó los archivos de cada uno de sus compañeros, el tercero era el de Daniela, y en un par de documentos, la información sobre la vida de la misma, incluyendo el número telefónico de su padre el cual se hallaba en Ámsterdam. Un ser despreciable en más de un sentido.
¿Te está gustando la historia?
Crea una cuenta gratis para guardar tu progreso, dar like y seguir a tus autores favoritos.
Comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!