3. EUROPA
Andrés observaba la ventana del salón, esperando el tedioso discurso terminase, estaba cansado— ¿Para qué grita tanto? ¿Y qué rayos significa inusitado? Los muebles siguen afuera, debo buscarlos rápido, pero si este viejo continúa hablando… Elizabeth también parece aburrida— Todos en el salón 15-A recibían una reprimenda de parte del representante del consejo, un profesor llamado Scott, a quien los estudiantes apodaban “Escroto”, no solo por lo similar del nombre, sino por lo fácilmente irritable.
Escroto vestía pantalones marrones ajustados a unas piernas extremadamente largas y una camisa rosada que no le brindaba la apariencia más varonil. Su tono de voz exasperaba por lo variante. Las notas de su voz iban desde un supremo agudo cuando enfatizaba algo al grave cuando pegaba las palabras en una corridilla.
Elizabeth por su parte se hallaba detrás de aquel hombre, haciendo muecas y señas de tener sueño ante tal largo discurso
La reprimenda de Scott era la última de una serie de malas miradas y regaños por parte de profesores, que uno a uno desfilaron por el nunca antes visitado club. Todos coincidían en algo: el hecho de insultar a Claudia era un acto vulgar que merecía la expulsión por no tener cabida dentro del instituto. De igual forma media cafetería había testificado sobre una paliza que Andrés propinó a un par de chicos de años superiores.
—¡Es inaceptable! ¡El comportamiento en la institución luces y….
—Al menos ayer fue divertido, pero no puedo dejar que me saquen de aquí, definitivamente no regresaré a casa— Suspiró Andrés— Quizás todo empeore ahora que estuve por pelear— Volteó y Daniela le pasaba una hoja en la cual pudo leer “sal a buscar los muebles por la parte de atrás, nosotros crearemos una distracción” Daniela subía su pulgar en señal de aprobación y él sonrió tímidamente— Escaparme, además, de igual forma terminaré expulsado, qué más da…
—¿Qué hago para que la historia funcione? — Verónica se frustraba, había pasado la noche creando el guion de una de sus historias graficas— ¡Oh la profesora! Debo agregarle senos grandes a la profesora— Verónica se fijó en la figura de Elizabeth— Exacto, el fan service siempre resulta ser buena solución — Dibujaba disimuladamente en su libreta mientras observaba al frente al tal “Escroto”.
—Y si los senos se mueven así… deberán rebotar, si, definitivo, si unos senos rebotan entonces son perfectos— Verónica sonreía en una mezcla de satisfacción y perversión— Y debe haber un profesor sexy, uno que sea callado pero con mirada penetrante, deberá ser inteligente y que inclusive por encima de la ropa se note la forma de su cuerpo, nada enorme, pero si proporcionado, aunque puedo ponerle hombros grandes y…— La misma sonrisa pervertida y su rostro caliente ante el delirio de su imaginación.
—¡¿Acaso lo entienden?!— Preguntó “Escroto” a lo cual ella se limitó a asentir con la cabeza mientras continuaba sumida en el diseño de los personajes de su historia.
—In New Yoooooork, concrete jungle where dreams are made of, theres nothing you can’t do, Now you’re in New Yoooooork, these streets will make you feel brand new, the lights will inspire you, lets here it for New York, New York, New York— Daniela cantaba la canción de Alicia Keys sin prestar atención al discurso de aquel hombre, al cual desconocía. Tampoco tenía interés en saber lo que decía, la experiencia le había enseñado que con seguir la actuación del resto bastaba; así solo debía asentir o negar con la cabeza cuando los demás lo hacían.
—El combo de Swain últimamente está muy fuerte, él Fizz y Veigar son un dolor de cabeza, si me paralizan estaré muerta, y tendré que usar el ulti de Tryndamere, entonces sería mejor jugar una Ashe— Daniela repasaba la estrategia del videojuego online que jugaba últimamente— Y usaría las runas de daño critico…
—La mano de ese hombre tiembla mientras habla, no solo se halla molesto, creo que hay alguna razón más detrás de su molestia. Tiene un tic en el parpado izquierdo, no estoy segura, quizás si le hubiese visto antes podría saber si es algo debido al stress, nervioso u algo normal en sí. Elizabeth por su parte está muy tranquila, inclusive se puede notar una sonrisa escondida, así que es obvio no aprecia a Scott como colega de trabajo— Fernanda escuchaba el sermón mientras sacaba sus conclusiones.
—Además hay alguien afuera del salón esperando por entrar, parece ser alguien inquieto, por la manera en la cual se mueve— Detallaba al ver la sombra por la rendija inferior de la puerta ir de un lado a otro a pasos cortos.
—Hay que crear el espacio para que Andrés salga, pero lo más apropiado será esperar que Rocío o Eduardo hagan una jugada; esos muebles peligran allí en la calle; tampoco creo que a Scott le agrade la idea de un grupo de chicos muy cómodos.
—¿Acaso quien está afuera del salón es un niño? No, una niña— Eduardo observó la expresión de Elizabeth— Sonriente y sarcástica como siempre— No puede ser su hija, mucho menos la del viejo, lo cual nos deja un manojo de opciones, alguien que escucha indiscretamente, pero no estaría nervioso y ansioso de entrar caminando de un lado a otro, lo cual no da como resultado algo muy simple, un nuevo integrante del grupo. Eso explicaría en cierta forma el tono alarmante del vejete— La persona de afuera se sentaba en el suelo, en una esquina de la puerta— Será interesante.
El chico notaba las muecas de Elizabeth mientras su colega hablaba a gritos, se preguntaba como ella pudo llegar a profesora y cuál sería la vida que escondía detrás de todo aquello. Quien era aquella loca mujer cuando estaba en su hogar, si tendría esposo e hijos, después de todo fue idea de ella el juntarles.
Eduardo se aburría sin respuestas y el monólogo de aquel hombre continuaba. Lo mejor en lo que podía pensar ahora era una solución para traer los muebles al salón— La solución lógica será adelantarlo todo y sacar al bodrio de vejete.
—Es la niña del conejo rosado, aunque no existe posibilidad natural de un color rosado en la pigmentación de un Oryctolagus, pero fácilmente podría ser entintado, pero dudo se viese bonito en un espécimen real. Aunque admito que en felpa queda tan precioso— Rocío observaba al viejo, pero sus pensamientos se iban en millones de conejos rosas saltando por un pardo violeta — Los australianos no se verían muy contentos con conejos rosas rondando por allí, después de todo son una de las especies invasoras más dañinas, y ellos lo han comprobado de primera mano— Los esponjados roedores arrasaban ahora con todo el pasto hasta vomitar ríos de color púrpura.
—Matanza de conejos, año 1950 en Australia, 1952 en Francia, lanzamiento de virus, muertes por mixomatosis para erradicar la amenaza silvestre y su rápida expansión; y si eso hubiese fallado ¿Habrían lanzado acaso serpientes para erradicarlos? — Dibujaba con el dedo un par de orejas imaginarias sobre la cabeza de Elizabeth— ¡Profesora, usted se vería fantástica con orejas de conejo!— Rocío se había levantado y hablado en voz alta. La reacción del representante del consejo de profesores fue inmediata, se dio media vuelta. Rocio estaba rojo y perpleja ante su propia e inesperada acción.
—¡A esta clase de comportamiento me refiero Elizabeth! ¡Es inaceptable esta clase de arrebatos en esta institución!— Eduardo por su parte se levantaba, procurando desviar la atención del escape furtivo de Andrés, quien rápidamente se había deslizado por la parte trasera del salón y cruzaba la puerta.
—Lo que Rocío quiso decir, es que la profesora se vería excelente en un disfraz de conejo, pero esto es debido al proyecto que acabamos de comenzar a preparar para el aniversario de la institución, es algo grande que sin duda requiere mucha de nuestra concentración y tiempo libre.
Fernanda se levantó— Me consta que Rocío la noche de ayer trabajó hasta horas de la madrugada en nuestro proyecto, todo en beneficio de la institución, es obvio que se encuentra aún en fase de sueño, pido disculpas por ello.
El semblante del hombre cambió, mientras Elizabeth alzaba su pulgar a sus espaldas— ¡En fin! Espero que su comportamiento como estudiantes de la institución sea el más adecuado y den un ejemplo de comportamiento a sus semejantes. Este club está en revisión y sus expedientes también, la expulsión es un tema muy serio que se ha planteado debido a su manera de actuar. En especial cuando están por tener una nueva integrante que se unirá a vuestro grupo— Hizo una mueca en la última palabra que Eduardo y Fernanda notaron— Les presento a Europa.
Andrés por su parte había salido del salón en carrera segundos antes, por su visión periférica notó una mancha rosada, pero no hubo tiempo para ello, corrió por los pasillos de la institución para llegar hasta el grupo de muebles que se hallaban apostados a la afueras del lugar; su mayor preocupación era el televisor y la consola que Daniela había traído, todo esto apostado en la pared transversal de la institución, con nada más que un pequeño niño como vigilante a quien compraron con un helado y algo de dinero.
Sin embargo y debido a lo apresurado que se hallaba, no llegó a notar los rostros que le observaron correr por los pasillos. Claudia, su novio Sergio, David, José, Cristina y Daniel; todos ellos con un solo propósito; descubrir qué rayos era ese tal club del odio que recién se había formado en la institución, y erradicarlo lo más pronto posible.
Las miradas de estos corrieron al ritmo de Andrés al pasar frente, quien atravesó el pasillo sin siquiera notarles, atravesando un aula vacía en el piso inferior, saltando por la ventana para escalar la pared en un solo empujón.
—¿Un escape?
—Una fuga de la institución… —Sentenció David, un chico rubio de ojos grises, de sonrisa resplandeciente, mientras se hallaba apoyado en el hombro de su leal compañero, Daniel; un chico moreno, musculoso, cabeza rapada.
—Es nuestro el pequeño gánster— Sonrieron las dos estrellas del club de natación.
Claudia corrió hasta la entrada del salón, y desde la ventanilla se quedó observando, el resto del grupo la siguió de cerca, acomodándose todos contra el muro, observando a hurtadillas. Un ruido seguido de una imagen sorprendente, Andrés cargaba un televisor pantalla plana y una consola en su hombro, lo depositaba en el suelo antes de regresar a la calle.
—¿Contrabando dentro de la escuela?— Preguntó Sergio.
—Fotos chicos, necesitamos fotos— Expresó Claudia, Cristina fue la que sacó su celular y tomó un par de fotografías. Andrés mientras tanto cargaba un puff y un sofá por encima de la pared.
—Lo tenemos chicos, uno menos del tal club del odio— Chocaron sus manos David y Daniel, retirándose en carrera del lugar.
—¿Por qué dices que hay que destruir a ese grupo Claudia?— Cristina se hallaba dudosa.
—Las amenazas es mejor erradicarlas apenas inician, y alguien que desafía nuestra posición social, es obviamente una amenaza— Concluyó esta.
La puerta se abrió lentamente, Elizabeth cruzaba sus brazos por primera vez desde que el sermón había comenzado, señal que Eduardo y Fernanda tomaron como símbolo de preocupación por parte de la mujer, y la inquietud de ella radicaba en inquietud para ellos. Miraron a la pequeña chica preguntándose la razón de los problemas.
Pequeñas zapatillas negras pulidas caminaron por la entrada del salón 15-A, un vestido holgado negro con blanco le cubría, su cabello castaño claro, dorado ante el contacto con el sol, ojos grandes y labios finos, todas las facciones de su rostro eran delicadas cual muñeca de porcelana. Caminó con paso decidido, su acompañante resultaba ser un poco más holgazán.
Un conejo rosado de casi un metro de alto entraba arrastrado por la niña, la cual se detuvo frente a todos con una sonrisa inocente en su rostro— ¡Un placer conocerlos, me llamo Europa! — Sonrió amablemente y cerró los ojos inclinando la cabeza. Fernanda se fijó en su tamaño quizás media a lo máximo un metro cuarenta y cinco.
Verónica se aguantó de gritar “¡Es una ternura!” ante las miradas acusadoras de Fernanda y Eduardo. Daniela no cambió la expresión de su rostro y Rocío observaba fijamente al conejo rosado que casi igualaba en tamaño a la niña.
—Apenas debe tener doce o trece años— Pensó Eduardo observándola, lo cual le llevó a deducir que aquella chica debía de ser inteligente o con influencias para encontrarse en tal institución a mitad de año, y ¿Por qué colocarla en un grupo como el de ellos?, solo había una explicación— Bajo esa sonrisa encantadora hay una chica problemática sin amistades.
—¡Sin más que decir me iré para que conozcan a su nueva integrante, la profesora Elizabeth les dirá unas palabras! — Scott se retiraba del salón en un silencio absoluto. Los rostros voltearon entre sí al cerrarse la puerta y fue Elizabeth quien tomó control de la situación.
—Primero que todo, debo felicitarlos— La profesora alzaba sus brazos en señal de alegría, en contraste al regaño recién recibido por parte de su colega— Han logrado un gran trabajo y han avanzado en tan solo una semana, es algo digno de ustedes— Les observó, detallándolos, escudriñando sus pensamientos y maneras tan distintas de pensar y ver la realidad.
—Sin embargo les debo advertir que esto ha sido tan solo el primer paso, abrieron un portal de posibilidades, y hoy tienen ante ustedes una de ellas— Elizabeth posó la mano sobre el cabello suave de la niña que se hallaba frente a ella— Déjenme aclararles que no será nada fácil— Aquellas palabras solo Fernanda y Eduardo entendieron su significado, Daniela escuchaba parte del discurso y parte de la música del grupo Gorillaz, Verónica observaba el rebotar de los senos y dibujaba ojos oscuros del profesor guapo de su novela y Rocío observaba atentamente el conejo rosado. De hecho, la última enfocaba su mirada y toda su atención en aquel conejo de ojos grandes, los ojos se encontraban y ninguno de los dos parpadeaba. Estaba totalmente concentrada, al punto de que cada pelo era contado en su mente y memorizado.
—A partir de hoy estarán al cuidado de Europa, si algo le sucede a ella, será vuestra responsabilidad— Expresó Elizabeth y Fernanda y Eduardo abrieron los ojos como platos intentando objetar, pero la mujer no les dio oportunidad para ello retirándose del salón mientras terminaba de hablar— Dénmele mis felicitaciones a Andrés por detener ese puñetazo, que si quiere le puedo enseñar un par de ganchos— Sonrió— Es más que obvio que cuando cierre la puerta de este salón y me vaya Europa será su completa y única responsabilidad.
La puerta se cerró y una sonrisa macabra se dibujó en los labios de Europa. Eduardo se había levantado del pupitre expectante, al igual que Fernanda, mientras Rocío corría en dirección al conejo rosado dando un gran salto para atraparlo. Pero la pequeña viró en la punta de sus pies, el conejo giró por el aire golpeando la cara de Rocío, quien cayó de bruces hacia atrás en un movimiento rápido y grácil.
—¡Inútiles, a partir de hoy estarán bajo mi dominio!— Lanzó una carcajada, mientras el conejo rosado se hallaba sobre Rocío. Eduardo, Daniela y Fernanda se hallaban impactados ante el cambio brusco. En ese momento Andrés entró estrepitosamente al salón, detrás de él se hallaba uno de los muebles, un puff negro grande y esponjoso, su rostro se hallaba sudado y la respiración entrecortada.
—¡Chicos, tenemos problemas, Claudia y su grupo lograron sacarme fotos mientras metía los muebles a la institución, y me amenazaron con hablar con el consejo de profesores en diez minutos a menos que…!
Europa había metido la mano en la espalda de su conejo— ¡Estúpido sirviente que me interrumpe! — Hubo una explosión de humo en el lugar donde se suponía se hallaba Europa, lo siguiente que vieron y que Andrés supo fue que la niña saltó, y con sus rodillas impactó en el pecho del chico, quien se vio impulsado y cayó contra el puff al tiempo que Europa escapaba del salón corriendo por el pasillo con su sonora risa.
—¡Un conejo rosado ninja! — Gritó Rocío, emocionada más que cualquier cosa.
—Tenemos más de un problema— Argumentó Eduardo ante toda la situación.
—¿Estás bien? — Se acercaron hasta Andrés, quien se levantaba algo confundido.
—¿Y ella?
—Es la nueva integrante del club— Verónica se asomaba por el pasillo, intentando divisarla.
—Querrás decir el nuevo dolor de cabeza— Todos observaron a Eduardo ante la afirmación, quien se limitó a encogerse de hombros— ¿Qué? Es la verdad si hace alguna idiotez la culpa será nuestra, ya escucharon a escroto y Elizabeth. De hecho creo que es la intención al incluirla.
—Si queremos mantener el club, deberemos actuar rápido, y solucionar los dos problemas— Apuntó Fernanda— Es la única manera de continuar juntos, y de continuar en la institución— Agregó apesadumbrada.
—En realidad son tres problemas, pues si los chicos tomaron las fotos y nos acusan ¿Dónde meteremos los muebles y el televisor? No podemos dejarlos afuera hasta salir de clases.
—¡Yo cazaré al conejo rosado ninja!— Rocío se acercaba decidida, con sus manos apretadas frente a su pecho.
—No hables de cazar animales tan fácilmente, o te tratarán como al rey de España— Comentó sarcásticamente Eduardo.
—¿Vienes conmigo Verónica? — Le preguntó Rocío.
—¡A cazar a la bestia! — Alzó la mano gritando, y sin pensarlo las dos chicas corrieron por el pasillo. Por un instante las miradas de Eduardo y Rocío se encontraron, ella comenzaba a correr sonriente, él no supo que expresión colocar ante ella, pero disfrutaba de ver su rostro de tal manera.
—Nosotras nos encargaremos de los idiotas que tomaron la foto— Daniela apoyó la mano en el hombro de Fernanda.
—¿Seguras? — Inquirió Andrés.
—Las mujeres tenemos mayor poder de convencimiento, pero necesitaremos cambiar números telefónicos para estar en contacto, así sabremos donde colocarán los muebles, o les indicaremos si es seguro traerlos al salón.
Eduardo sacó su celular, un objeto del cual apenas usaba la función “despertador”, y se rio para sus adentros, pensando en la clase de situación en la cual una chica le pedía su número telefónico— Al fin usaré esta porquería— Revisó la lista de contactos, en la cual figuraban sus padres, una tía y la profesora Elizabeth, y a ninguno de ellos deseaba escribirles.
Las chicas se marcharon dejándoles la tarea de salvar los muebles, Andrés tomaba el puff con su mano derecha cargándolo sobre su hombro.
—¿Trajiste algo así hasta aquí?
—Sí.
—Supongo tuvimos suerte, así hasta la televisora nacional habría tenido oportunidad de grabarte— Alegó ante lo notable que resultaba el chico con un puff en sus espaldas— Necesitamos traer todo de manera sigilosa.
—¿Era necesario pasar por el club de teatro? — Preguntó Verónica ante la petición de Rocío. Verónica se veía girando su cuerpo de un lado a otro sin estar segura de la figura.
—¡No podíamos cazar a un conejo ninja sin el atuendo adecuado! — Rocío vestía un sombrero de pirata con una espada curva falsa en su mano, levantaba la pierna apoyándola sobre un escalón mientras rascaba su barba falsa también — ¡Yargh!
—¿Y por qué yo necesitaba usar esta faldita?— Verónica se observaba a sí misma, intentando esconder algo sus piernas.
—Serás el señuelo, y los señuelos siempre tienen que ser chicas bonitas y sexys— Rocío alzaba su espada.
—¿Sexy? ¿No es eso un estereotipo muy cliché? — Acababan de tocar el punto débil de Verónica— ¿Rocío me cree sexy?¿carnada?— Se sonrojó ante sus pensamientos— Una carnada sexy, yo, siendo presa de las miradas pervertidas de todos a mi alrededor, desnudandome con la vista, despojándome cada vez más, dejándome ante la desnudez de mi cuerpo, teniendo que ocultar mis partes más privadas, siendo deseada y… y…— Colocó su sonrisa pervertida— ¡Las minifaldas son lo mejor para cazar!
Europa apareció al fondo del pasillo contiguo, comía un pedazo de chocolate mientras salía del auditorio, el conejo rosado le acompañaba arrastrado a un lado de ella. Muchas personas asomaron sus cabezas por las ventanillas de los salones de clases, y los que se hallaban afuera viraron las miradas en ambas direcciones, primero para observar a la pequeña y luego a Verónica y Rocío, cuando la niña gritó— ¡Brujas! ¡Auxilio!.
La reacción fue general, miradas de desprecio a Rocío y Verónica, quienes se hallaban paralizadas ante el grito de la niña y su macabra sonrisa ante la reacción del resto.
—¡Retirada!— Gritó Rocío mientras subía las escaleras escapando de la vista de los demás, Verónica subía con el rostro rojo y la misma sonrisa pervertida de antes.
—¡Nos venció esa niña!
—Aun no, ya sé dónde estará ahora, solo debemos rodear el edificio y atraparla.
—¿Sabes dónde va a estar? — Inquirió Verónica.
—Se escuda con personas, por eso fue al auditorio, así que solo hay dos posibilidades, ir a las canchas de deporte o al comedor. Cualquier conejo ninja y buen pirata lo sabría— Concluyó frunciendo los labios y alzando una pierna en las escaleras para terminar observando el vacío de las paredes en lo que era una pose heroica.
—Te falta las manos en la cintura para culminar la pose— Comentó la compañera.
—Perdón— Rocío acomodó el cabello hacia atrás y apoyó los puños en la cintura para concentrar la mirada en el vacío nuevamente.
—Entonces será a las canchas— Verónica corrió más aprisa tomando los pasillos de la izquierda.
—Chicos— El tono de voz de Daniela había cambiado, Fernanda comprendió entonces la razón para que ella fuese tan odiada como el resto de los miembros del grupo— Necesito un favor— Los miembros del club de atletismo se acercaron uno a uno sin dudar del tono suave de su voz— Unos chicos del club de natación y una de sus novias me tomaron unas fotos que… — Fingió ocultar su rostro, dando a entender lo suficiente para causar una reacción en más de uno— De verdad agradecería mucho a quien me pudiese ayudar…— Fernanda escuchó las palabras de su amiga y ocultó su sonrisa ante el semblante más serio que podía. La rubia bajaba la cabeza escondiendo sus ojos al tiempo que el tono de la voz se convertía en un sollozo lamentable.
La respuesta fue inmediata, todos se pusieron de acuerdo en buscar a David, Claudia, Sergio y el resto del grupo; mientras tanto Fernanda observaba sin decir una palabra, hasta que todos se retiraron.
—Esa clase de cosas son despreciables.
—Me ven como un objeto sexual, a veces eso se puede usar a favor, aunque generalmente es algo en contra, no me juzgues, tampoco estoy feliz de haberlo hecho.
—No te juzgo, me da risa ver cuán idiota son ellos, tu actuación fue bastante simple y mala, y sin embargo cayeron.
—Gracias— Avanzaron un poco— ¿Mala? ¿En serio?
—Los actores suelen hablar sobre el uso del rostro como la primera arma a la hora de actuar. Tu la bajaste pues no podías fingir llanto.
—Vengo de ver como un conejo de medio metro lanzó y aplastó a Rocío en el salón del club. Cualquiera estaría partido de la risa— Alegó Daniela y al instante ambas se sonrieron dejando el ambiente más calmo.
—Esa tal Europa.
—Será un problema.
—Ahora movámonos a la oficina del consejo de profesores, estoy segura que nos están esperando.
—Nos van a expulsar— Repuso Fernanda— No es extraño, es una buena estrategia para sacarnos a nosotros del camino. Obligarnos a cometer errores y fallar. Por la mirada de la profesora Elizabeth ya se sabía que la chica sería un desastre.
—Si, me fijé que se afincó mucho en el hecho de que es nuestra responsabilidad.
—No es normal, cada alumno es responsable de sus propias acciones. No es comprensible que nos juzguen a todos por ella.
—Aunque nosotros estamos metiendo muebles al instituto, no somos exactamente los más limpios.
—Pero ellos no lo saben— Viró los ojos Fernanda y sacó la lengua en una nueva expresión.
Para sorpresa de Eduardo, los muebles no pesaban mucho, razón por la cual pudo pensar en una idea descabellada pero factible. Subir los muebles hasta un salón del segundo piso usando la fuerza de Andrés para alcanzarlos y alzarlos, él tan solo tendría que subirlos un poco para que el chico los tomara. Pensarlo fue distinto a hacerlo; sintió todo el peso recayendo sobre sus hombros, abdomen y piernas, sin embargo la tarea fue un éxito. Andrés pudo meter los muebles por la ventana del segundo piso. El único problema era el televisor, el cual era demasiado pesado y delicado como para mover de dicha manera.
—¿Y el televisor?
—Tendré que subirlo yo.
—¿Puedes hacerlo?
—¿Hacerlo?— Eduardo observó la pantalla negra, sabía muy bien lo pesado que era, y lo complicado que sería pasar con semejante objeto sin que el resto de los alumnos se percataran de ello— ¿Cómo pasa un televisor frente a todos sin que los demás lo vean?— Pero Eduardo no era capaz de rendirse, su mente macabra visualizó a todos los estudiantes como idiotas descerebrados, y fue así como se le ocurrió una idea. La manera más simple y descabellada, un plan a prueba de tontos; sonrió— ¡Descuida, será pan comido!
—Sabía me estabas esperando— Fernanda observó a Claudia y su amiga Cristina junto a Scott en la entrada del consejo de profesores. Tanto ella como Daniela caminaban lentamente, dando tiempo para que Eduardo y Andrés pudieran hacer algo con respecto a los muebles, Fernanda sabía que Eduardo comprendería que el salón 15-A no sería una opción, pues sería el primer lugar en ser revisado.
—Se lo dije profesor, este llamado “club del odio” ha estado causando problemas, y el día de hoy les observamos metiendo a las instalaciones del instituto muebles y aparatos de dudosa procedencia, probablemente estemos hablando de contrabando.
—¿Es eso cierto Fernanda? Vuestro historial ha sido intachable. Desde que está en ese llamado club de locos su comportamiento ha sido errático, de ser así me veré en la obligación de eliminar de inmediato el grupo que la profesora Elizabeth ha conformado, esto puede dañar el orden y el historial de alumnos como usted, o la señorita Daniela.
—Me temo se equivoca la señorita Claudia, como usted constató unos minutos antes, no había ninguna clase de muebles extraños ni mercancía de dudosa procedencia en nuestro salón— Observó la mirada desafiante de Claudia y Cristina. Daniela con la mirada le hizo notar como las otras apretaron sus puños ante la ira, y aquello significaba una cosa— No tienen el celular consigo, y los chicos no están aquí, eso quiere decir que Daniela tuvo éxito al enviar al equipo de atletismo delante de nosotras— Se sintió un poco más confiada— Pero, si las niñas insisten— La palabra “niña” la agregó solo para molestar a las aludidas, actuando un poco como habría hecho Eduardo— Podemos ir al salón 15-A y verificar nuevamente.
—Eso es precisamente lo que planeaba hacer— Agregó Scott, mientras Claudia sonreía de manera altiva.
—¡Bruja!
—¡Enana! —Le respondió Verónica a la pequeña Europa mientras la intentaba atrapar justo en la entrada de la zona deportiva, al lado de las gradas.
—¡No me sigas! ¡Y las enanas no existen!
—¡Claro que si existen, solo que son tan feas que generalmente la confunden con enanos!— Verónica se sorprendió a sí misma sacando a la luz una referencia directa al señor de los anillos y su lado más friki.
—¡No recuerdo haber leído eso! — respondió la pequeña a unos cuatro metros de ella— ¡Entonces eres una banshee fea!
—No creo que existan banshees bonitas— Respondió Verónica— ¿Y en qué momento esto se convirtió en una guerra de mitos? Y sin nada sexy en ello además — ¡Entonces tú eres una hobbit!
—¡Arpia!
—¡Gnoma!
—¡Ya verás lo que…!— Europa metió la mano en un agujero en la espalda del conejo rosado, pero no se percató de la silueta de Rocío, quien saltaba desde las gradas con los brazos extendido, abrazando al conejo, rodando con él por el suelo.
—¡Conejo Ninja capturado! ¡Jefe del mundo derrotado, bonificación de vida por subir de nivel!— Gritó Rocío.
—¡No! Con el señor conejo no— El tono de voz de Europa se quebró súbitamente y Verónica recordó algo que no habría querido recordar.
La mente de Verónica viajó repentinamente nueve años al pasado, la pequeña Verónica tenía siete años de edad e intentaba dormir, se hallaba en una esquina de la cama de un hotel. La habitación era pequeña y el ruido de las noticias nocturnas se escuchaba como fondo y dificultaba escuchar la conversación, sin embargo, Verónica entendía perfectamente lo que sucedía.
Se escudaba abrazando fuertemente el peluche de un perro; un regalo de cumpleaños en ausencia de uno real debido a lo inestable que era dónde residir. La niña apoyaba la cabeza contra la almohada para no escuchar los gritos de su madre, mientras que el golpe que le propinaba su padre resultaba estruendoso, así como el cuerpo de la mujer cayendo al suelo.
—¡Eso es por perra! ¡Ese maldito escote! ¿Acaso me piensas dejar en ridículo? ¡Esa mierda de andar mostrando demás del cuerpo! — Una pausa mientras el hombre caminaba— ¡Puta!¡¿Acaso no viste cómo te veían? ¡Eres una maldita puta! ¡Las mujeres deben quedarse en casa y no estar mostrando las piernas o los senos!
—Por favor yo…
—¿Tu qué gran malparida? ¿Crees que mi dinero es para que te vistas como ramera y salgas a mostrar el culo por la calle? Me importa un culo lo que digas, eres una malparida puta.
—Al carajo David, te dije que salí junto a la niña y la llevé un rato al parque a que viese.
El siguiente golpe la tiró al suelo al instante— ¡Cállate! ¡Te callas malparida!
—El sollozo de la mujer, mientras se intentaba escudar de los golpes con las manos y el ambiente inmundo a alcohol, un nuevo golpe del hombre. Verónica apretaba los párpados cerrados y se aferraba con mayor fuerza al perro de peluche, en aquel instante solo quería que todo se detuviese, que nada más existiera, no estar allí y simplemente desaparecer para dejar de escuchar los gritos
—Por favor regrésame al señor conejo— La voz de Europa hizo que Verónica regresara al presente y dejara de recordar tales sucesos. Pero las ganas de malgastar el tiempo se le habían ido, así como el ánimo de pensar en algo pervertido. Caminó hasta Rocío, quien notó algo extraño inmediatamente en su tono de voz al momento que Verónica tomaba el muñeco.
—Te daré el peluche, pero deja de hacer un escándalo. Necesitamos que vengas con nosotros, si luego quieres dar un paseo o comer algo, solo dinos y arreglaremos eso…— Verónica salió del lugar seria. Rocío y Europa muy extrañadas le siguieron.
Eduardo tomó el televisor mientras pensaba— ¿Saben cuál es una de las mayores razones de la estupidez humana? Que solo está preparado para ver lo que busca, si ve algo repetitivo nuestro subconsciente lo deja pasar, como cuando se camina por la calle, olvidamos fácilmente los colores de los autos a nuestro alrededor, de las casas, porque simplemente es información que nuestro cerebro no necesita almacenar— Colocó el televisor pantalla plana contra su axila, dejando que reposara en una sola mano, quedando enteramente de perfil, se dirigió hasta una ventana para primero comprobar todo fuese de acuerdo a lo esperado. Lo que observó le hizo sentirse más seguro, del televisor apenas se observaba una línea negra que se confundía contra los pliegues de su ropa. El truco consistía en mantener su brazo pegado lo más posible al televisor, y permanecer en contacto visual perpendicular de la persona con respecto al televisor.
—Es una locura— Pasó por su cabeza, y él se hallaba consciente de ello— Pero las más grandes proezas del ser humano han sido meras locuras— Se animó mientras entraba en el instituto. La primera prueba la pasó mientras atravesaba el pasillo del salón 2-A, donde tuvo que atravesar la zona frente a la ventanilla de clases de manera paralela a las paredes, de una manera que resultaba inusual para cualquiera, pero el televisor no fue divisado y pudo respirar.
Mientras caminaba de la manera más ridícula posible en toda su vida, de manera horizontal a los salones; un millar de pensamientos cruzaban su mente— Si ayer la tonta de Claudia, no, si el club no hubiese existido en primer lugar…— Pero se arrepintió de aquel pensamiento— Después de todo esa gente loca me agrada, cada uno de ellos podría ser “singular” pero de cierta forma habían terminado cubriéndose unos a otros, quizás la expresión “entre locos se cubren” se aplicaba para este caso. ¿Por qué te importa el grupo Eduardo?— Se preguntó, y una respuesta surgió súbitamente— Ella…— Luego vino otra más prudente— Podrían ser buenos, compañeros ¿amistades? ¿Y si les contara sobre el grupo de antes? No, no tenía sentido— Cruzó la esquina del pasillo rumbo a las escaleras del segundo piso, cuando un grupo peculiar giró a unos quince metros de distancia, bajando por las escaleras contiguas. Se trataba de Fernanda, Daniela, Claudia, Cristina y Scott.
—Entre todas las personas— Observó de manera acusativa a Fernanda, quien obviamente no le avisó nada por celular— ¿Y ahora? Ir de frente hacia ellos es un suicidio, a distancia estoy a salvo, pero de cerca… — Fue entonces cuando divisó la solución, Andrés bajaba por la escalera a su derecha, sin notar que el profesor se acercaba por el pasillo.
Eduardo pasó por la escalera y se apoyó en el muro más próximo al grupo que se acercaba, mientras Andrés sin ser divisado tomaba el televisor por la espalda del chico y subía con este por las escaleras.
—Señor Eduardo.
—Profesor.
—¿Qué hace en el pasillo?
—Espero a las chicas que están dándole un tour a Europa por el instituto, podría perderse fácilmente aquí dentro, y no todos los estudiantes son tan amigables, supongo usted estará de acuerdo con eso— Notó la preocupación en el rostro de Scott, y supo que allí había tocado un punto débil— Después de todo hay que darle prioridad a Europa.
—Sí, claro, en eso tiene usted razón Eduardo. Sin embargo, las chicas aquí presentes me han informado que su grupo ha metido equipo de manera ilegal a la institución.
Observó a Claudia, mientras Daniela era llamada entre siseos por un grupo de chicos en la zona posterior, comprendió entonces que las pruebas no estaban en manos de aquellas chicas, de ser así Scott no habría necesitado salir del consejo.
—Ni idea de qué hablan, pero supongo puede subir y ver un rato, el salón 15-A sigue abierto. Pero yo ahorita tengo clase de inglés, supongo comprende…
—Las clases son prioridad, muévase Eduardo. Si conseguimos a la señorita Europa y el resto con gusto les informaremos sobre sus clases.
Eduardo obedeció retirándose de la escalera, mientras Claudia reposaba su mirada en él con desprecio. Cristina daba la impresión de creerse superior, y miraba de manera petulante, él sonrió y les hizo la señal de amor y paz irónicamente mientras les picaba un ojo. Fernanda subió los escalones hasta el segundo piso junto con los demás. Daniela sonreía mientras el grupo de chicos muy exaltado se retiraba.
—¿Y?
—Descuida, los muebles están en el segundo piso, pero donde debería ser la clase de matemáticas, y…
—Y Scott no pensará ocultarían un montón de muebles precisamente en su aula.
—Exacto, es un lugar tan descabellado que a nadie se le ocurrirá siquiera mirar— Eduardo se sentía complacido de su propio intelecto, una sensación algo egocéntrica, pero satisfactoria.
—Yo conseguí esto— Daniela mostró el celular de Cristian con una expresión de burla mientras lo balanceaba de un lado a otro.
—¿Los chicos?
—Sí.
—Ya veo, la razón para que la chica más linda de un instituto sea odiada, son las otras chicas, quienes sienten celos y envidia por la atención prestada.
—No tengo culpa, en realidad nunca antes había hecho lo que hice hoy para conseguir este celular.
—¿En serio? No veo nada de malo en usar a los chicos, si ellos tan tontamente te siguen como corderos.
—Es algo necio, se comportan como idiotas— Eduardo rio ante las palabras de Daniela, mientras se sentaba en el suelo, aun sintiendo la presión de haber cargado el televisor durante un buen rato de manera tan inusual— Es un fastidio, se comportan como niños pidiendo un premio y yo…
—Tú mientras tanto te aburres, y termina importando más la música o el videojuego del momento, pero no tienes muchas personas con quien conversar al respecto, después de todo ese no es un tópico natural entre chicas, y si conversas con un chico sobre eso él obviamente lo tomará como la búsqueda de algo más entre ustedes— Eduardo se acomodó el cabello despeinado, Daniela se encontraba callada, observándole— Si, ha de ser tedioso ser la chica más linda del instituto. La verdad no entiendo cómo se puede ser tan básico como para pensar únicamente en el aspecto físico de una mujer.
Daniela se hallaba roja, sus mejillas se hallaban calientes y un pensamiento cruzó su mente— Este chico acaba de descifrarme sin siquiera intentarlo— Tragó saliva y un ligero temblor se apoderó de sus manos, las cuales buscaban a tientas los audífonos para escapar de sus pensamientos entre la música— Y lo hizo sin mirarme de arriba abajo, sin detallarme, sin mostrarse acosador, siquiera interesado…
En ese momento Rocío y Verónica llegaban junto a Europa, quien caminaba lentamente junto a la primera arrastrando al conejo rosado. A distancia se podía notar el ánimo decaído de Verónica, pero Eduardo no quiso adentrarse en ello, imaginando que probablemente fuese un asunto que él no pudiera solucionar.
Rocío se lanzó sobre Daniela al verla, al momento que expresaba— ¡Objetivo conseguido, nivel completado, Rocío lista para nueva misión! Yargh.
—¿Y los muebles?— Preguntó Verónica.
—Esperando en el salón del señor Scott, mientras los demás almuercen Andrés y yo nos encargaremos de llevarlos al salón— Respondió él, Verónica se mostró complacida, aunque Eduardo si notó la ausencia de algún comentario lascivo y la ya normal sonrisa pervertida —¿Lista para ir a clases?— Preguntó el chico acercándose a la más pequeña del grupo, la cual asintió con la cabeza al tiempo que apartaba la mirada.
—El señor conejo se cansó, pero mañana me vengaré, por ahora iremos a clase de castellano y luego a casa.
—Esperaré por la revancha entonces el día de mañana, el doctor siniestro aquí presente te estará esperando para hacerle frente al señor conejo— Contestó Eduardo— Sin contar al malvado asesino de conejos— Dio un golpe en el hombro a Andrés.
—¡Jah! ¡Idiota! ¡Nadie gana al señor conejo, es de tontos enfrentarnos!— Se escudó en el peluche— Iré a clases, y lo del señor siniestro y todo lo demás es patético, tampoco soy una niña de cinco años— Se despidió sacando la lengua y se marchó corriendo por el pasillo.
—¡El señor conejo!— Rocío alzó el brazo viendo como su presa se marchaba— Aún no he recibido mi premio por derrotar al jefe del nivel.
—Podremos reclamar el premio más tarde, al salir de clases, donde ayer comimos— Le tranquilizó Eduardo, observando a Rocío detenidamente, al tiempo que por su mente pasaban las palabras— Por ella…
—Siempre está tan relajado, y tiene ojos muy oscuros…— Daniela volteó la mirada e intentó concentrarse en la música escondiendo lo sonrojado de sus mejillas.
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