5. VIVOS
Respiró profundamente—. ¡Lo hice! ¡Sobreviví!—. Gritó.
—No hay necesidad de gritar chico—. Frente a él se hallaba Blaster, quien lanzaba sus armas al suelo y subía las manos, el cigarrillo continuaba encendido en su boca, a su alrededor se hallaban hombres de verde fuertemente armados.
—Pero, ¿Qué es esto?—. Un hombre le ayudaba a levantarse del suelo, Neil comprendió que el juego había terminado, a sus espaldas se hallaba Dana, también con los brazos alzados frente a la guardia.
—¡Las manos en alto!—. Blaster bajaba la mano para expulsar el humo del cigarrillo.
—Vamos tíos, no necesitan ser así de malhumorados, solo déjenme terminar—. Dio una última bocanada antes de lanzarlo al suelo y pisarlo con su bota—. Ahora sí, nos podemos ir.
Neil observó el suelo, a su lado se hallaban los lentes, los tomó y colocó en su cabeza, después de todo aquello no era considerado un arma, subió las manos al igual que él resto, no llevaba armas consigo, así que no había nada que tirar al suelo. Acompañó al grupo, todos los sobrevivientes eran llevados hasta una compuerta detrás del bosque, caminaban con los brazos alzados mientras eran apuntados en las espaldas, a lo lejos observó a Dallas—. Ese infeliz bombardero—. Pasó por su mente—. ¡Pero estoy vivo! pase la ronda—. Su pierna y hombro ardían, ambas heridas por cortaduras—. Me podría estar desangrando, pero estoy vivo—. Sentía ganas de llorar de alegría.
Los jugadores restantes pasaban hasta la sala oscura donde una gran pantalla mostraba imágenes de la lucha del día, la mente de Neil se hallaba en otro lugar, en su victoria improbable pero hecha realidad—. ¡Y lo hice con Arianne! ¡Sobreviví y lo hice con Arianne el mismo día! ¡oooooooooohhhhhhhh!
—Felices aquellos que regresan del campo de batalla, esto es una victoria que les hará crecer y comprender lo frágil que puede resultar la vida humana, esperamos disfruten esta semana por venir, ahora los resultados del día de hoy—. Las imágenes dieron paso a una tabla de posiciones con los rostros de todos los presentes.
—Hay demasiados en fondo gris— Neil comprendió al instante que se trataban de los muertos en la arena.
—Entraron a la arena un total de cincuenta y un (51) participantes, regresan de la misma diecinueve (19), felicidades a los sobrevivientes, el juego del día de hoy ha sido duro, y la meta de eliminar a la bestia fue alcanzado a las dos horas dieciséis minutos con cuarenta segundos. A continuación se darán los puntajes correspondientes.
Blaster, tenía cuatrocientos setenta (470), con dos muertes a su favor de cinco puntos cada uno sube a cuatrocientos ochenta (480).
Acer contaba con doscientos cincuenta puntos (250), con tres muertos sube a doscientos sesenta y cinco (265)
Arianne, tenía ciento setenta y cinco puntos (175) con dos muertos sube a (185) en nuestro marcador.
Neil—. El chico se impactó al escuchar su nombre—. Concursante primerizo, con cero puntos (0) propinó dos muertes a su favor, de diez puntos y veinte respectivamente, además eliminó a la “bestia” del día de hoy, quedando con un total de ciento treinta puntos (130) — Atendió el resultado, las palabras dos muertes quedaron grabadas en su cabeza, pero la cuenta continuaba.
Alan, contaba con ciento cinco puntos (105) con dos muertes, de cinco y diez puntos respectivamente, sube a ciento veinte puntos (120)
Dana se hallaba con cien puntos (100) más una muerte sube a ciento cinco puntos (105)
Dallas primerizo entró al ruedo con cero puntos (0) más tres muertos, sube a quince puntos (15)
Nidja, primeriza entró al concurso con cero puntos (0), ocasionó dos muertes, otorgándole diez puntos (10) a su favor
Pablo tenía un marcador en cero puntos (0) más una muerte ocasionada da un total de cinco puntos (5)
Vaan, tenía cinco puntos (5) en su marcador, con una muerte en el día de hoy sube a diez puntos (10)
Isabel, primeriza en la arena llegó con cero puntos (0), más una muerte causada, cinco puntos (5) en su marcador
El resto de los participantes, Ricardo, Ryan, Dkierty, Axel, Rikka, Salvatore, Priess y Barret pasaron a la siguiente ronda sin puntaje sumado a su marcador. La “bestia” en esta ocasión logró dar caza a siete concursantes, con esto queda concluido el juego por el día de hoy, el día de mañana recibirán un informe en sus hogares con detalles sobre la siguiente prueba, a realizarse la semana que viene ¡Buenas tardes!—. La transmisión terminó.
—Maté a dos personas—. Quedó dubitativo al respecto, los concursantes eran dirigidos a las salidas del recinto por un par de escoltas, pero la mente de él se hallaba aún en la arena. La alegría se esfumó tan pronto como llegó—. ¡Maté a dos personas!—. Sus piernas temblaban, una arcada vino hasta él, terminó vomitando un líquido amarillento muy ácido, acto seguido desfalleció.
—Tal parece gustas de viajar desmayado.
Despertó algo sobresaltado, Joy se hallaba a su lado y por todo lo que le rodeaba se hallaba en el avión rumbo a casa nuevamente—. Si, a este paso me sacarán sangre para desarrollar nuevos somníferos.
—Sí, quizás— Río el hombre, ambos pidieron algo para comer a la camarera, una jovial chica de cabello corto que les atendía con un uniforme blanco con azul. Neil intentaba repasar todo lo sucedido ese día, por la ventanilla observaba como el día daba paso a la noche—. Esta comida la brindaré yo, aunque no sea un almuerzo una promesa es una promesa.
—Entonces pediré comida hasta reventar.
—Supongo, eso me pasa por andar haciendo promesas, aunque a decir verdad es bueno verte de nuevo.
—¡Jah! ¡Pensaste no volvería!—. Bromeaba, al menos tenía ánimo de ello, Joy se encogía de hombros—. Descuida, yo también pensé moriría en ese lugar.
—Eres el primero a mi cargo que sobrevive, la verdad te luciste allá en el terreno.
—Lucirme—. Neil recordó las muertes, Ciel, la mujer con el brazo destrozado, y la otra muerte que le habían contado, Nexus, aquel hombre sanguinario. Aún le daba pavor recordarlo, sin embargo, de alguna forma lo había eliminado, quizás al lanzarle el arma para que la máquina asesina le disparara, quizás al ocasionar el derrumbe del edificio—. Quien sabe—. Sinceramente sentía pena por la mujer, más no por el hombre, en aquel punto su vida se hallaba en juego.
—¡Vamos! Afuera todo mundo quedó sorprendido cuando venciste a la máquina ¡Fue increíble! La verdad, todos apostaron a que Blaster o Dallas lo lograrían.
—Dallas—. Por alguna razón le comenzaba a caer mal aquel chico, el mismo que se acercó alegremente a tempranas horas, y luego pasaría corriendo frente a él arrojando bombas de humo, o disparando un lanzamisiles—. No me agrada Dallas.
—¿Es un fuerte competidor? ¿verdad? Apenas comenzó el juego comenzó a colocar bombas y hacer desastre, muchos salieron heridos gracias a él, y apenas localizó a la bestia se mantuvo siempre cerca buscando de hallar su punto débil.
—A diferencia de mí, que me escondí desde el inicio y luego tan solo actué por necesidad.
—¡Pero lo hiciste! Venciste a esa máquina infernal, yo no creo haberlo logrado, o al menos no se me ocurrió la salida que tú hallaste, ni siquiera en mis años en la milicia vi algo tan descabellado como lo tuyo, bueno, pero así es el juego.
—¿Tus años en la milicia?
—¿Qué? ¿Pensabas que era algún asesino a sueldo antes?—. Seleccionaba algo del menú, la camarera anotaba la orden en un equipo electrónico—. Tampoco nos sacan del fondo de la tierra Neil, somos equipos entrenados, algunos retirados, pero todos con experiencia en combate.
—Me podrías enseñar un par de cosas entonces.
—Quizás, pero a partir de ahora eres un concursante regular, un ya clasificado. Tendrás derecho a elegir mañana quien será tu entrenador y tu vigilante.
—Descuida, te elegiré a ti.
—¿A mí? Pero hay personas bastante preparadas.
—Pareces buena persona, me diste un buen consejo antes, además un arma, y estas pagando mi comida—. Neil pedía una lasagna, la mujer anotó las bebidas y se marchó, no sin antes picarle el ojo al chico—. Digamos que te ganaste mi confianza, tan solo asegúrate que nadie entre a mi habitación a matarme.
—Descuida que la seguridad es alta.
—Eso espero, ahora a disfrutar de mi comida italiana.
—Pensé que pedirías algo más, ostentoso.
—Comida italiana Joy ¡Los italianos aprenden a cocinar antes que a caminar!—. Ambos rieron ante tal comentario. Se había movido bruscamente, sin embargo, no sentía mucho dolor, notó que sus heridas se hallaban vendadas y la de la pierna estaba suturada.
—Oye, te preparé una sorpresa—. Joy le interrumpió.
—Si hasta te pusiste sentimental, Joy.
—Mejor agarra el teléfono, tu hermano está a la espera.
Neil se impactó ante aquello, planeaba llamarle apenas encontrarse en tierra. Sostuvo el teléfono y lo llevó hasta su oído— Maté a dos personas, él sabe que maté a dos personas, aunque también sabe que no tuve opción, ¿Debo pedir perdón? Quizás ¿Cuál será la reacción de Eve? ¿Me tendrá miedo? Al menos Franco me ayudó durante la batalla, pero, he matado, y él lo sabe bien—. Tragó saliva—. Aló.
—¡Bro! ¡Lo hiciste bro!
—¡Felicitaciones cuñado!—. La voz de Eve que tomaba el auricular.
—Lo lograste viejo, no tengo idea de cómo lo hiciste, pero estuvo de lujo. Grabé el episodio, aún no he parado de verlo, Eve está mega emocionada.
—Gracias bro, aunque la verdad, yo creo que solo fue suerte.
—Bro, pero esos últimos minutos, y cuando todo estalló y el edificio se vino abajo ¡Fue increíble! ¡Yo salté del asiento! Pensé que ibas a quedar sepultado o vuelto añicos, además te diste el lujo de salvar a Dana, aunque no se bien por qué lo hiciste. Supongo ustedes dos llegaron a alguna especie de trato antes, cuando se hallaban conversando los dos en el estudio.
—Si supieras que no, tan solo fue algo impulsivo, estaba allí y la iba a matar la máquina…
—¿Qué? ¿Entonces no tienes ningún pacto? Estás loco bro, de verdad. Mira que salvar a una chica en esa situación. Y cuando la máquina estalló, grité como loco, Eve estaba saltando sobre el sofá.
—Quizás, la verdad estoy pensando seriamente que debo de estar muy loco, después de todo estoy metido en este juego.
—Me alegra que hayas pasado esta ronda.
—Igual a mi Franco.
—Bueno, te dejo, Eve hoy habló seriamente conmigo sobre viajar, sobre invertir parte del dinero en algún negocio y dejar los estudios, montar nuestra propia empresa y por ahora viajar a verte.
—No me parece mala idea.
—Hablemos eso más tarde, por ahora te dejo llegar a casa.
—OK, te llamaré en cuanto llegue entonces— Neil colgó la llamada, con una sensación alegre por dentro, increíblemente todo se hallaba mejor de lo que esperaba, a pesar de que en su mente aún podía ver el rostro de aquella mujer, Ciel. La comida llegó y la camarera volvió a picarle el ojo al chico, Neil lo notó y Joy le hizo señas de que aprovechara aquello, pero la verdad no estaba de ánimo. Su cuerpo se hallaba agotado, sus heridas aún no se recuperaban del todo, además ese mismo día había tenido suficiente, se podía decir se hallaba en la gloria.
Despertar en el hotel resultó un placer, su habitación se hallaba fresca, tomó una ducha caliente. Eran las ocho de la mañana según su computador, pidió el servicio a la habitación y pensó en todo lo sucedido el día anterior, en el terreno de batalla, su experiencia con Arianne, e incluso en la invitación de Helen y la posibilidad de una trampa. Se duchó al ritmo de un rock bastante pesado y se vistió lleno de ánimo, nunca antes se había sentido así de vivo, sus heridas parecían curarse rápido, quizás en un par de días estaría integro nuevamente—. Solo espero no convertirme en picadillo en el juego.
Decidió pasar del servicio a la habitación, tomó el auricular y llamó a recepción, de inmediato le comunicaron con Joy, al parecer el hombre de abajo se hallaba nervioso tan solo de hablarle—. Aló, Joy, solo quería avisarte que saldré un rato.
—Buen día ¿adónde irás?
—Por allí, quiero conocer y buscar algún lugar donde comer.
—Te llamaré un auto para que te busque y te lleve.
—No, deseo caminar, pero si podrías facilitarme una dirección.
—¿Cuál?
—Café Nordén.
—Ah, es muy conocido, pediré te la den abajo en recepción, junto a un número telefónico donde te comunicarás conmigo sobre cualquier inconveniente. De todas formas, te estaremos siguiendo de cerca durante todo el trayecto, hay un equipo dispuesto a ello afuera del hotel, pero cualquier cosa rara que veas, avísame al teléfono, o haz una seña, el equipo reaccionará de inmediato.
—Vale Joy, ya sé lo que sienten los presidentes, así hasta las ganas de salir se le van a cualquiera.
—Pero ¿Saldrás entonces?
—Sí, si, deseo, tomar algo de aire, hacer algo distinto—. Colgó la llamada dándole gracia la reacción del guardia de seguridad. Tomó ropa adecuada para el ambiente frío y salió del lugar. En efecto, la recepción aguardaba para entregarle una tarjeta con la dirección e indicaciones para llegar al lugar, así como un número telefónico escrito en el reverso. Neil guardó aquel papel en el pantalón y se retiró de la instancia.
Las calles eran pacíficas, llenas de personas en todos rumbos, casas vistosas, vehículos avanzando en orden, algo muy distinto al estilo suramericano de vida sin duda alguna. Se colocó los lentes y abrió la conexión con su computador, comenzó a tomar fotos de cada lugar visible, luego se dirigió al banco. Habló con un par de encargados en inglés y logró hacerles entender que deseaba abrir una cuenta en tal lugar, con ello obtendría euros validos en Europa, pues hasta ahora solo contaba con la tarjeta internacional, pero no sabía qué hacer de necesitar efectivo.
Salió del lugar con un par de billetes en el bolsillo, dejando felices al encargado que recibió algo por la comisión efectuada, y tomó un taxi hasta el café Norden, a pesar de las indicaciones se sentía perdido en el lugar—. De seguro Joy debe reír al verme perdido en la ciudad.
El lugar era hermoso, frente al café se hallaba una fuente, Neil pasó un par de minutos disfrutando, hasta que observó a Helen acompañada de uno de los concursantes del juego. La escena le produjo risa, no recordaba el nombre de aquel hombre, pero obviamente había caído en las garras de aquella mujer, pasó a un lado y se sentó en las meses frente al local, al aire libre—. Y si los guardias no hubiesen hablado, yo también habría caído en la sonrisa de aquella mujer—. Pidió lo mismo que la persona a su lado y se detuvo a disfrutar del momento—. Quizás debí pedirle el número telefónico a Arianne, no sería mala compañía para un momento como este. Pero ¿qué piensas Neil? Esa mujer debe tener pretendientes por montón, solo quería sacarse las ganas contigo antes de entrar al terreno de juego—. Recordó lo sucedido—. Aunque no sería mala idea llegarme hasta la sala de entrenamiento, de seguro le encontraré en aquel lugar, podría hablar con ella, u observar a ver cómo se comporta frente a los demás, también podría encontrarme a Dana—. Las imágenes de él salvándola eran recurrentes, sin embargo no sentía algo heroico en ello, pues recordaba la sensación de miedo intenso fluyendo por sus venas en esos momentos—. Es linda, incluso cuando está atacándome.
Sonrió al recibir su orden, un plato enorme con pan caliente, frutas, quesos, una tortilla casera, jamón, torta, jugo y en el centro un vaso de cristal con crema y fresas en el tope—. Podría venir aquí a diario—. Degustó y se marchó, aprovechó para caminar otro trecho antes de llegar al Park Inn nuevamente, pero el dolor en la pierna le obligó a tomar otro taxi. Debía revisar esa herida, pues al bañarse le dio miedo tan solo verla—. Debo limpiarla.
El rostro del recepcionista era igualmente de terror al verle, incluso notó esquivaba la mirada—. Debe de saber sobre el juego, pero en el café nadie me reconoció—. Ascendió por el elevador—. Llegaré y buscaré tiendas de armas, debo tener alguna propia, y buscar una como la que Joy me regaló—. No se atrevió a decirle al hombre que la había extraviado en el ajetreo del juego.
Abrió la puerta de la habitación y dio un salto tomando una lámpara cercana al ver a Dana sobre su cama saltando alegremente—. Pero qué rayos.
—Oye suelta eso hombre, descuida no planeo hacerte nada. De haberlo querido te habría eliminado antes de que entraras—. La chica dejó de saltar en la cama, Neil regresó la lámpara a su lugar, evitando hacer desastre, se hallaba asustado, su corazón palpitaba fuertemente. La chica aprovechó el momento para sacar una pistola y apuntarle—. Ahora me vas a responder.
—¡Eso es trampa! Tu misma lo dijiste, me pudiste matar hace un rato.
—En verdad que eres ingenuo.
—Yo solo.
—Haz silencio, y presta atención—. Dana realizó un ademán con el arma—. Y baja las manos que esto no es un asalto, no pretendo hacerte nada, pero quiero que respondas mis preguntas.
—OK, pero entonces podrías bajar tu arma.
—¿Esto? Es una precaución—. La movió de un lado a otro como un juguete—. ¿Para quién trabajas Neil?
—¿Ah?—. Aquella pregunta no la esperaba.
—¿Para quién trabajas idiota?
—¿Cómo que para quién trabajo? No entiendo tu pregunta.
—¿Estás trabajando para alguien? ¿I, di, o, ta?
La chica parecía haber encontrado el odio que tal palabra producía en él—. Me vuelves a llamar así y—. Dio un paso adelante, pero el arma continuaba en manos de Dana—. Necesitarás más armas—. Dijo sin pensar, en realidad sus piernas temblaban ante el hierro, pero la ira le invadía ante el adjetivo.
—¿Para quién trabajas?—. Apuntó el arma contra el pecho del chico— responde ahora o te agujereo entero. Tres o cuatro agujeros para verte desangrar bastante rápido.
—No trabajo para nadie Dana, no sé qué quieres decir con eso, y si me vuelves a decir idiota, te aseguro que voy.
—Como te diga es cosa mía, además por un momento pensé quizás eras un buen asesino. Pero ahora me doy cuenta que no eres más que un novato que tuvo mucha suerte en la arena de batalla, pero la suerte no dura mucho.
—¿Por qué lo dices?
—Eres demasiado descuidado, no había ninguna protección aquí, entré por la ventana, y solo tuve que burlar a dos guardias, además tus piernas tiemblan y yo tan solo tengo un arma descargada frente a ti—. Mostró la parte de abajo—. Ves, no tiene cartucho, pero eso no lo notaste—. Él no pudo evitar sentirse avergonzado, terminó por lanzarse sobre la cama boca abajo, sus piernas le pedían un descanso, su cuerpo respiró y se atrevió a hablar.
—Eres malvada de verdad, me diste un buen susto.
—Aún podría matarte si quisiera, pero no vale de nada, de seguro te mueres como un idiota en la arena.
—Ese idiota ¿podrías dejarlo?
—Te lo dije, te llamaré como yo quiera.
—¿Por qué me preguntas con quien trabajo?
—Olvídalo, ya no tiene sentido que esté aquí—. Dana avanzó hasta la puerta de la habitación.
—Si trabajara con alguien lo más inteligente sería actuar como desentendido e idiota— Soltó con gracia sin levantarse de la cama, la chica se detuvo en seco.
—¿Cómo dijiste?
—Nada Dana, solo bromeaba un poco—. Sonrió nuevamente, le intrigaba saber qué era lo que ella sabía que él no, indudablemente debía ser algo referente al juego, y por ende cuestión de vida o muerte—. Debo hacer que me diga lo que sabe, como sea.
—Solo dime algo ¿Te comunicabas con alguien afuera de la arena?
—Quién sabe—. Contestó en tono mordaz. La chica giró de puntillas, saltando en su dirección, Neil se levantó, pero todo el peso de ella recayó en su cuerpo. Dana golpeó con la palma abierta directamente en su hombro, y luego con una patada en su pierna herida. Neil cayó al suelo en un aullido de dolor qué probablemente recepción escuchó. Dana se colocó sobre su espalda, sus muslos le rodearon y los delgados brazos apretaron su cuello, antes de darse cuenta se hallaba asfixiándose y golpeando el suelo intentando zafarse de la chica.
—Dime, te comunicabas con alguien de afuera ¿Sí o no?
—Si— Alcanzó a soltar en un hilo de voz.
—¿Con quién hablabas? ¿Con quién trabajas?
—Herma, hermano—. Alcanzó a decir, su vista se ponía negra y sus ojos sentían mucha presión, en eso la presión cedió y pudo respirar nuevamente el chico.
—¿Tu hermano? ¿Quién es tu hermano? ¿Cómo te lograste comunicar con él sin usar el celular? ¿Acaso tienes algún chip implantado?—. Golpeó su hombro nuevamente, otro grito de dolor, esta vez más suave.
—Los lentes—. El plan de sacarle información a la chica se había esfumado de la mente de Neil, tan solo pensaba en el dolor, por ello señaló la herramienta usada sobre el suelo, caída en algún momento de la lucha.
—¿Eso?—. Dana soltó al chico y agarró las gafas con curiosidad colocándosela—. ¿Y cómo se usa esto?
—Activas el sistema de conexión a internet—. Se sentó en el suelo, sosteniendo su hombro herido, la pierna sangraba de nuevo—. Haces una video llamada y listo.
—¿Y esto está permitido? En el juego no se permiten los celulares por eso mismo.
—¿No se permiten?—. Era la primera vez que Neil escuchaba algo de aquello.
—Lo dicen las reglas, si mal no recuerdo era la tercera, estaba publicada en el salón, al lado del banquete.
—¿Qué banquete?
—¡El de la sala de espera!
—¿Había un banquete en la sala de espera del juego?—. Él no se percató de ello en ningún momento.
—¿A qué demonios le prestabas atención que no lo viste?
—Estaba ocupado muriéndome de miedo—. Admitió en una sonrisa, sorprendentemente ella también rió.
—Increíble, hallaste una forma de burlar una regla, sin que te atraparan en el acto, saliste vivo y con un gran puntaje, además—. Se tapó la boca en medio de la risa—. ¡Ah! Y sin saber de la regla.
—Si lo dices así luzco como todo un idiota, además, los lentes no los podía usar siempre, solo a momentos, es incómodo ver a través de ellos, confunde mucho la visión.
—Sigo creyendo eres un idiota Neil—. Al chico le irritó nuevamente—. Pero es increíble—. Soltó una carcajada—. No puedo creer que pudieses hacer algo como esto, aunque no te servirá de nuevo.
—¿Por qué no?—. Preguntó él.
—No puedes dejar que alguien más se entere, es una trampa, y solo podrían suceder dos cosas—. El semblante burlesco cambió de súbito—. Que lo acepten y todos los concursantes lo usen, o que te lo prohíban y probablemente te eliminen por usarlo.
—Entonces mejor déjalo allí sobre la mesa.
—Aunque me sorprende, tenía entendido que el escáner habría detectado cualquier chip encendido en tu organismo—. Se le quedó mirando—. A menos que no lo tuvieras encendido, o quizás solo registraron tu cuerpo, no los lentes, quien sabe, aun así, es sorprendente.
—¿El escáner?
—Después de la sala de espera, antes del examen físico, cuando pasaste por la puerta había un escáner en el marco.
—Tampoco me fijé en eso.
—Ya me doy cuenta—. Volvió a reír—. Eres un suertudo.
—Comienzo a creerlo—. La herida de la pierna paró de sangrar, pero en el pantalón se notaba la mancha roja, el dolor había disminuido, más no quería levantarse del suelo—. ¿Y tú con quién trabajas?
—¿Quién te dijo que yo trabajo con alguien?
—Viniste y me juzgaste por tu condición, acabas de pasar el segundo programa, así que alguien debió de hablarte al principio sobre algún grupo. Eso sin contar que te preocupaste en averiguar si era posible comunicarse con alguien de afuera, incluso creo que actúas con alguien dentro del mismo programa.
Dana caminó un instante por la habitación, se sentó nuevamente en la cama, los lentes continuaban en su rostro—. Blaster, fue quien me dijo viniera a darte una visita para ver qué decías de unirte a nosotros.
—¿Haces grupo con Blaster?—. Aquello no lo esperaba.
—Recién. Blaster al salir del primer programa me informó de la situación dentro del programa, y luego de ver tu expediente, bueno, pensó que algo escondías.
—¿La situación?
—Algo que me reservaré—. Expresó la chica con desdén.
—Vamos Dana, te salvé en la competencia y tu vienes a mi apartamento, me amenazas, golpeas, ahorcas, abres mi herida en la pierna, y ¿No me puedes contar algo que probablemente sea causa de mi muerte próximamente?
—¿Por qué lo hiciste?
—¿Hacer qué?
—¿Por qué me salvaste idiota? Yo no te pedí nada, nunca dije necesitase tu ayuda,
—Quizás por idiota, como tú dices, no sé, solo te vi allí, estabas golpeada. El tanque estaba por atacarte, no sé, reacción nada más.
—Nadie actúa por reacción nada más.
—Pues yo sí—. Hubo un silencio incómodo, Neil intentaba no voltear, pensaba en la posibilidad de levantarse, estaba seguro que la herida en la pierna se hallaba abierta nuevamente, empeorarla era algo que podría significarle la vida en el siguiente enfrentamiento.
—Te curaré esa herida—. Expresó ella de pronto—. Pero no te diré nada más.
—¿En serio lo harás?
—Quita esa cara de idiota ilusionado nada más, es repugnante.
—Pero es que ya estaba pensando en los problemas para levantarme e irme a un hospital.
—Deberías aprender a realizarte limpieza y sutura de heridas, es algo primordial—. La chica dio una vuelta por el lugar—. Dime que al menos tienes equipo de primeros auxilios.
—No.
—Voy a tener que salir a comprarlos entonces—. Dana pasaba la mano por su rostro y luego por los bolsillos.
—Llévate mi tarjeta, está sobre la mesa, y compra lo que necesites, y si quieres algo también puedes.
—Hablas como si pudieras comprar todo.
—No creo que pueda comprar todo, pero puedes comprar lo que quieras, siempre y cuando no exageres—. Expresó Neil, intrigado por la cara de la chica al ver la tarjeta.
—¿Seguro de que puedo? ¿Y si me voy con tu tarjeta?
—Aún no te he dado mi clave Dana, además prometiste que me ayudarías con la herida de la pierna.
—Yo no he prometido nada— Ella se cruzó de brazos.
—Yo estoy seguro que regresarás, la clave es diecisiete dieciocho—. Expresó él.
—Pero, en serio podría irme y comprar lo que quisiera y no volver.
—Te estoy dando permiso de comprar lo que quieras—. Allí estaba de nuevo, la mirada radiante de Dana, algo que no había apreciado hasta ahora en ella, esa mirada que solo tenían los niños al recibir un regalo y estar por usarlo por primera vez.
—OK, traeré comida y dulces—. Lo miró seriamente—. Si me acusas de robo o algo te aseguro que te mato.
—Dana ¿apresúrate si? Toma un taxi si quieres. La chica asintió acercándose a la ventana del edificio.
—¿Por qué no sales por la puerta?
—Mi seguridad sabrá que estoy en tu apartamento.
—¿Estás escapada?
—¿De qué otra forma estaría aquí?—. Preguntó ella. Resultaba lógico luego de razonarlo un poco, había peligro de agresión entre participantes, sin embargo, ella estaba allí.
—¿Y cómo vas a salir por la ventana? O mejor, ¿Cómo rayos entraste?
—Hay balcones en las otras habitaciones, es sencillo, y la escalera está cerca.
—Mejor olvídalo, yo intentaré pensar en otra cosa.
—Podrías leer la información que te dejaron—. Con esto se marchó por la ventana, Neil se subió a la cama, del otro lado de esta se hallaba un manuscrito en el suelo, obviamente ella lo había revisado previamente—. Aunque ella debe de tener uno igual ¿qué podría buscar en el mío?—. Abrió el texto, en este se hallaba la información de cada jugador, junto a una foto de cada uno en la esquina superior.
Blaster, cuarenta y siete años, ex marine estadounidense, retirado y luego escolta de un traficante de armas ruso, experto en explosivos y rifles, alta experiencia en combate, asesino clase nueve. Leyó, abajo aparecía un cuadro sobre aptitudes físicas y con armas, luego se notaba información sobre rasgos familiares y psicológicos— En serio estos tíos anotan todo— Neil pasó la hoja. Tiene una familia la cual le abandonó, su esposa le fue infiel y lleva años sin poder ver a sus hijos. Suele fumar y beber en grandes cantidades. Fue condecorado entre los marines por un rescate efectuado en helicóptero en territorio enemigo bajo fuego aéreo. No se rinde facilmente.
Acer, mercenario, experiencia en Irak, Afganistan y Camboya, resistencia en combate, gusto por lucha cuerpo a cuerpo, experto en armas blancas, asesino clase ocho. La información continuaba, Neil pasó las paginas, observó a Arianne, pero no necesitaba leer la investigación para saber era experta en armas y artes marciales. Pasó luego su hoja de análisis, y continuó. Extrañamente no halló a Dana, su información simplemente no se encontraba en el panfleto, revisó por segunda vez con el mismo resultado— .Eso fue lo que hizo con mi información, borró la suya, niña loca—. Razonó aún sobre la cama.
Revisó nuevamente— ¡Alan era…!— Quedó conmocionado, el competidor Alan fue elegido mediante selección telefónica al igual que él, pero algo de la información era impresionante— ¡jardinero! ¡Era un jardinero! ¿Cómo rayos un jardinero termina en este juego?—. Asesino clase seis—. Guardó silencio un instante—. ¿Cómo rayos termino yo en el juego? Después de todo, tanto él como yo hemos matado—. Sopesó la información y pasó la página hasta su data—. Es mejor no subestimar a nadie, hasta ayer yo mismo pensaba que era imposible para mi apuntarle a alguien.
Neil, ilustrador, veintidós años de edad, sin referencia violenta hasta el primer encuentro en la zona roja, muestra agilidad y destreza para mantenerse oculto, suele improvisar en el asalto. Asesino nivel seis—. El chico leyó nuevamente la hoja—. ¡Nivel seis! ¿Nivel seis? ¿Por qué soy nivel seis? ¡Me matarán por creer que soy nivel seis!—. Gritó echándose atrás en la cama, le provocaba gritar aquellas palabras, no sabía si era algo bueno o malo del todo, quizás alguno le vería con cuidado, pero ese número también podría provocar ataques—. ¿Qué número habré tenido hasta ayer?
Las últimas páginas no trataban sobre participantes, sino datos sobre el juego a realizarse la semana entrante. Diecinueve participantes sobrevivientes, más cinco participantes nuevos, sus nombres se hallaban en un lista, el terreno de juego cambiaría, pero no daban especificaciones sobre este, tan solo una nota al final donde se observaba en un pequeño cuadro que el terreno de juego tendría espacio terrestre y acuático. Aquel apartado dejó al chico pensativo—. Acuático, eso es demasiado vago, no me dicen profundidad, si será un charco de agua o un mar lleno de tiburones—. Un escalofrío le recorrió—. Tiburones, eso podría ser “la bestia” del encuentro siguiente tiburones blancos—. Como de costumbre una locura cruzó su cabeza causándole gracia—. Ni los especiales de “la semana del tiburón” me ayudarán ahora—. En la última página, un apartado con el nombre de las empresas que auspiciaba a cada participante y las últimas apuestas realizadas.
—¡Tienes que ver todo lo que compre!—. Dana entraba de improviso por la ventana con un par de bolsas y las manos repletas. Neil saltó en la cama y lanzó el panfleto al aire debido al susto.
—¿Cómo hiciste para llegar hasta aquí con eso en las manos?
—Mira, traje barras de chocolates, hamburguesa, y papas y—. No prestaba atención al chico, lanzaba las cosas sobre la cama entusiasmada.
—¿Qué edad tienes Dana?—. Preguntó, a pesar de que al menos otras diez preguntas subían a su corteza cerebral, aquellas reacciones al encontrarse comprando dulces, el brillo en sus ojos al tener en sus manos una tarjeta, eso sin contar la reacción propia de un animal mientras se hallaba en el terreno de juego.
—Eso no te interesa.
—Solo tengo curiosidad Dana.
—No tengo intención de decirlo.
—¿De dónde eres?
—Eso deberías averiguarlo por ti mismo, es parte de las tareas de los jugadores.
—Tú te encargaste de quitarme tu información antes de leerla—. Expresó él—. Tal vez no debería presionarla o se irá sin ayudarme con la pierna.
—No me gusta que estén averiguando sobre mi vida—. La chica dejó los dulces sobre la cama y se acercó a la ventana—. Mejor me voy.
—No, descuida, ya no preguntaré más—. La había presionado, ahora debía darle libertad—. Solo cúrame, te puedes comer todo lo que trajiste. La chica se acercó poco a poco, en el fondo de una bolsa se hallaba un par de gasas, alcohol, algodones, hilo, aguja y un par de pastillas.
—No soy experta, conozco un hombre que podría hacer esto en segundos—. Comentó mientras quitaba las vendas que Neil tenía en la pierna. La oscuridad iba reinando en la ciudad, pronto las luces de los faroles se encenderían. La chica lavaba la herida con alcohol, había un corte que dividía la piel en dos pedazos verticalmente.
—Intentó cortar tus tendones, es una forma bastante buena de inmovilizar a alguien, pero el corte no fue lo suficientemente profundo, supongo que te moviste.
—No quería quedarme parado con él y su cuchillo cerca.
—No está tan mal la herida, solo necesita cuidado, serán un par de puntadas.
—Gracias entonces—. Cinco puntadas, más alcohol, gasas envueltas alrededor, y un par de antibióticos fue el procedimiento. Sin contar un par de gritos y gemidos nada varoniles por parte de Neil. Dana se sentó en la cama a comer chocolate, él colocó un programa en la computadora, notando que la chica lo veía expectante—. ¿No tienes servicio en donde te hospedas?
—Nunca he visto que los demás participantes tengan servicio de lujo como el tuyo—. Expresó Dana.
Neil repasó sus palabras y busco el punto lógico, de un trato especial hacía él—. Mi dinero—. Susurró comprendiendo la situación y lo especial que era su hospedaje—. Franco sabía que me traerían, cuando estuvo sentado en la casa junto a Lumer, él debió arreglar algún acuerdo para mi estadía con mi dinero, pensando en mi comodidad— Neil suspiró esperanzado. Su hermano se preocupó por él en todo momento—. No es nada del otro mundo.
—Pero está genial este sitio ¿gustas?—. Dana le ofreció un tarro con papas fritas.
—Sí, gracias. pero en serio esto no es nada, hay cosas más importantes que el dinero.
—¿Cómo qué? El dinero mueve el mundo Neil, no seas inocente—. Se quedó callado ante las palabras de la chica, pensando que quizás ella tuviese razón en ello, pero no era lo correcto. Su mente le decía que su familia, el amor, y la salud eran más relevantes.
—¿Eso crees? ¿Qué hay de la salud?
—Los pobres tampoco pueden comprar salud, el rico puede tener mejores medicamentos.
—¿Y el amor?
—Tampoco los pobres lo compran, es cuestión de suerte, dicen, yo no creo en eso.
—Quizás tengas razón en eso, pero no comprendes tampoco a lo que me refiero, es más complicado de lo que parece, hay cosas, instantes, que con dinero no se compran, solo eres muy niña para entenderlo.
—¡A mí no me digas niña!—. El rostro de la chica cambió, mostraba su actitud fiera nuevamente.
—Disculpa entonces—. Le lanzó una papa frita, buscando aliviar la tensión, obviamente no era cuestión de juego aquella chica—. Pero es una niña en realidad—. Pensó al sonreír—. ¿Cómo entraste al juego Dana?
—No tuve opción, era eso o morir de hambre.
—Perdón, no tenía idea.
—Sé que no tienes idea, tienes dinero, no sé qué haces en el juego. Si yo fuese tu, huiría. Me iría con mis cosas, buscaría irme donde no me consiguieran.
—Te voy a contar algo gracioso, quizás hasta un poco irónico. Hace una semana, adiviné lo que serían tus movimientos para eliminar a Preton, el francotirador. La apuesta que hice por teléfono resultó muy improbable, gané una gran suma de dinero de pronto, así que, como ves, no he tenido dinero toda mi vida. Deberías saberlo, sabes que soy ilustrador, la información está en el panfleto que recibiste. Tampoco esperaba estar en este programa endemoniado, lo odio en realidad. Al día siguiente de tener el dinero, llegó a mi casa Von Lumer, el encargado de reclutar personas, me amenazó, y amenazó a mi hermano menor y a su novia, así que tampoco tuve opción—. Le sonrió a la chica—. El dinero para huir dudo que sirva de mucho, esas personas parecen tener conexiones en todas partes del mundo.
—No digas eso, tengo esperanzas de poder salir de todo este juego. Además, con dinero sería más sencillo ocultarse. Hay lugares en el mundo donde nadie puede entrar.
—¿Vas a ganar el juego?
—Escaparé— Aseguró ella.
—He visto a los guardias, parece imposible.
—Nada es imposible, no me quedaré a morir.
—¿Por qué no pasar el programa?
—¿Crees que dejarán libres a un asesino? Conozco a esa clase de personas, es un programa, nos usarán como entretenimiento, luego, nos mandarán a matar, como a todos—. Respondió Dana tomando otra papa frita y cambiando canales como desquiciada en el televisor de la habitación.
—¿Te mandaron a eliminar a Preton?—. Indagó él.
La chica Asintió con su cabeza. Él no lograba ver si lloraba o no, su cabello se hallaba sobre su rostro—. Supongo que lo consideraban una amenaza— Dana dio vueltas sobre la cama dejando un canal aleatorio—. Nací en Zalingei, al sur de Sudán, un lugar de África. Aunque creo que mi madre era Francesa, mi papá creo Ruso, no sé, no los recuerdo bien ahora. Trabajaban en las regiones de las montañas Marrah, eso sí lo recuerdo, una vez estuve cerca del volcán, hacía mucho calor. Un día desperté en casa y todo estaba hecho un desastre, las cosas rotas y tiradas por el suelo, no sé qué hacían específicamente mis padres en aquel lugar, aunque sé que allí siempre hay grupos benéficos e investigativos, no sé a cuál de los dos pertenecían ellos. Luego de esa noche, todo fue distinto. No diré nada sobre el desastre de sangre en la cocina, tampoco lo recuerdo bien, todo estaba oscuro, pero sé que no estaban vivos, eran dos cuerpos tirados en la alfombra. Yo fui llevada por unos hombres hasta una casa, no supe donde quedaba hasta mucho tiempo después—. Una lágrima brotaba del rostro de la chica.
Neil se sintió un tanto incómodo. Ciertamente deseaba saber un poco más sobre la alocada chica, pero aquello era bastante profundo como para ser soltado tan a la ligera—. Me hallaba en Hurghada, al este de Egipto. Trabajé en la casa del jefe de una banda llamada Ilahi Eli, “la mano divina” había todo una habitación de criados, todos como yo, personas que terminaban como esclavos. El grupo tenía asuntos en todas partes del mundo, pronto nos estábamos moviendo, no recuerdo todos los lugares que pisé, hasta que en Shiraz, Irán, fuimos atacados. El grupo del jefe fue casi eliminado, tenían disputas por cuestiones del mercado de armas. Fue allí cuando pasé a manos de un grupo de mercenarios, de inmediato me enseñaron a usar armas y a moverme sigilosamente, eran días duros, sus trabajos eran diversos, pero actuaban principalmente en la región de Laos y Camboya. Habían ciertas peleas religiosas en el lugar, luego estuve con un grupo terrorista de la zona, por un enlace tuvieron un trabajo en la ciudad de Mykolaiv, Ukrania, era algo sencillo, entrar y asesinar a los integrantes de un grupo de banqueros, pero resultó ser una trampa, necesitaban un chivo expiatorio. Mataron a muchos del grupo, fue entonces cuando conocí al señor Lumer, me ofreció la salida de venir a este programa, sus palabras fueron “Te ofrezco una vida a cambio de otra, necesito elimines a un hombre”
—Tu vida no ha sido nada fácil— Respiró profundo, se había quedado sin palabras ante semejante historia, eso explicaba mucho sobre ella— Pero creo que tienes algo de suerte, estás viva después de todo.
—¿Crees?
—Estoy seguro, yo habría muerto en tu posición, eres alguien fuerte.
—Gracias—. Respondió y continuó viendo la talevisión y a cambiar nuevamente de canales, así un par de horas pasaron, ella terminó dormida en la cama y Neil llamó a servicio a la habitación para pedir un colchón extra. La cama después de todo era un desastre de papas y caramelos. Luego llamó a su hermano y se sentó frente al computador, una idea acababa de cruzar su cabeza, una idea descabellada, pero buena, algo que podía sacarlos de donde se hallaban, a él y a Dana.
La mañana siguiente llegó, él se hallaba pegado a las sabanas, no deseaba levantarse, pero notó que la chica no se encontraba ya en la habitación, en su lugar había una pequeña nota “Gracias por la comida de ayer, si deseas unirte al grupo hoy tendremos entrenamiento a partir de las doce del día”. La cama se hallaba tendida, pero el baño era distinto, todo estaba húmedo, y en el basurero reposaban cientos de papeles llenos de dulce.
—Una niña, aunque bastante agradable—. Se metió a la ducha, no sin antes pedir el servicio a la habitación y comunicarse con Joy para avisarle saldría a entrenar a tempranas horas. Mientras trataba de quitarse el sudor corporal pensaba en todo lo realizado la noche anterior, las horas invertidas frente a la computadora, y si el plan funcionaría. Después de todo no había seguro sobre su vida, tampoco sobre el plan, tan solo era una jugada arriesgada—. Pero vale la pena intentarlo—. Se convenció a sí mismo.
Desayunó y tomó otro par de pastillas que la chica le había dejado sobre la mesa, notando que el dolor había disminuido considerablemente. El hombro se hallaba en perfectas condiciones y él estaba preparado para un nuevo reto. Se vistió y tomó el auto que le esperaba a la entrada del edificio, rumbo a la sala de entrenamiento.
El edificio usado para entrenar se hallaba bastante concurrido ese día. Neil reconoció a un par de participantes apenas entró en la recepción. Allí una chica le sonrió a Joy y firmó un par de papeles antes que Neil pudiera avanzar—. ¿Quieres que te busquen a cierta hora?
—Voy a ver que entreno y hasta donde dan mis habilidades—. Sonrió Neil sin saber si tardaría el día entero o solo un par de minutos en la dichosa reunión a la cual fue invitado por Dana.
—Entiendo, entonces el cauto permanecerá afuera. Cualquier eventualidad, sales y ellos te llevan.
Frente al ascensor encontró a Blaster—. Aceptaste por lo que veo—. El hombre sacó el cigarro de su boca, botó el humo y continuó—. Y además llegaste temprano, pues creo que será mejor así, tengo una rutina de ejercicios bastante fuerte—. No mintió, de inmediato el chico tuvo que colocarse ropa deportiva para hacer pesas y barras, algo que nunca había experimentado, por lo cual le costaba llevar el ritmo apresurado de Blaster y Dana.
—¿El equipo se basará en qué?
—¿Para qué vamos a hablar de equipo si no estás a la par de nosotros? necesitas entrenar si quieres sobrevivir muchacho—. Expresó calmadamente el hombre corpulento, para Neil resultó extraño. Tener que entrenar al ritmo del conteo de aquella persona sin saber que sucedería en el siguiente juego, o bajo qué estrategia se conformaría el equipo—. Ahora vamos, cuarenta flexiones de pecho por ronda, tres seguidas.
Para cuando dieron las tres de la tarde todo el cuerpo del chico se hallaba exhausto, para su pesar llegaba el turno de las armas—. Apesto en esto—. Notó mientras se arrastraba hasta la zona de tiro. Su cuerpo se hallaba adolorido en cada centímetro, en especial las piernas, las cuales le hicieron entrenar por más de una hora.
La zona de tiro era un piso amplio donde hileras de disparo se extendían y en la zona posterior los concursantes podían elegir las armas con ayuda de un par de expertos. Por orden de Blaster inició el entrenamiento con las pistolas semiautomáticas contra un par de puntos fijos. Luego un rifle AK47. En los alrededores se hallaban un par de participantes, entre ellos Isabel, quien de vez en cuando le miraba de reojo—. Sabe que maté a Nexus, y él era su presa—. Pensó desanimado, pero mantuvo la concentración en el arma, el rifle era demasiado inestable, sus brazos temblaban demasiado, y el hombro le dolía cada vez más.
—Eso es todo el entrenamiento por hoy par de ardillas. Los espero mañana a la misma hora—. Se despidió el hombre tomando un gran bolso militar a sus espaldas.
—¿En serio? ¿Eso es todo?
—¿Quieres entrenar más?—. Preguntó Dana secándose el sudor con una toalla mientras descendían las escaleras del tercer piso de la sala de entrenamiento.
—No, la verdad no resisto ni una plancha más, pero pensé que al final discutiríamos algo sobre cómo actuar en el campo—. Expresó él, Dana se encogió de hombros—. A este paso moriré en los entrenamientos antes de llegar a la arena, mira, mis piernas tiemblan.
—Mañana estarás peor.
—¿En serio?
—Sin duda, si te levantas de la cama será toda una proeza.
—Que esperanza, llegaré en silla de ruedas a la arena, ese será mi tercer objeto esta semana—. Bromeó mientras se cambiaba la camisa y tomaba un poco de agua—. Tus guardias están un poco, exasperados—. neil observó a tres sujetos que miraban con mal semblante a Dana desde la puerta del ascensor.
—Sí, fue sorpresivo para ellos saber que llegué aquí hoy después de perderme toda la noche.
—¿Viniste aquí al salir de mi apartamento?
—Pues claro, la verdad cuando estaba en el campo de Laos me acostumbre al ejercicio diario, era inevitable, como una forma para dejar de pensar.
—Eso quiere decir que no has comido—. La chica guardó silencio—. Vendrás conmigo, saldremos a comer por allí, luego a comprar cosas para la noche—. Neil observó a los guardias—. Y descuida, les diré que andas conmigo.
—Pero yo…
—¿Tienes algo más que hacer?—. La chica negó con la cabeza—. Bien, yo estoy muerto de hambre. Aunque primero debemos ducharnos—. Ella no expresó objeción alguna, sacó de un casillero un pequeño bolso azul de jeans en el cual tenía ropa. Al llegar al apartamento ella entró primero a la ducha, él tuvo que esperar su turno afuera, solo para encontrar el baño lleno de espuma y agua por todas partes—. Es una niña definitivamente. ¿Cómo alguien como ella termina asesinando para sobrevivir?
Terminaron en el centro comercial Fields, comieron en silencio, pues él no hallaba qué decir frente a ella, mucho menos frente a la multitud, sentía cierto grado de temor de ser reconocido— Me tendrán miedo, y de seguro nos echan del lugar, que problemático todo esto—. Sin embargo Dana parecía estar pasándola en grande, recorría las estanterías observándolo todo, pegaba el rostro a los cristales y preguntaba por cada objeto.
—Pruébate esa blusa.
—No gracias.
—Vamos Dana, apuesto te quedará bien, te la regalaré, quiero ver.
—Si te llegas a burlar ya sabes qué te va a suceder.
—Si, en cualquier caso puedes matarme, solo bastará con empujarme al suelo, las piernas aún me tiemblan, no podría levantarme.
—¿Esta?—. Tomó la prenda azul de tela muy suave entre sus manos, la pegó contra su rostro y sintió su aroma—. La compraría solo por lo bien que huele.
—Eso no es criterio para comprar ropa, elige solo que te parezca adecuado y lindo.
—¿Pagarás todo?—. La mirada fiera se mostró nuevamente en su tez.
—Sí, pero descuida no hay trampa alguna en esto, solo elige, me lo pagarás luego cambiándome estas vendas.
—OK—. Y así transcurrieron dos horas de compras en el centro comercial. La noche caía y una ligera llovizna daba contra los vidrios del auto, esta vez Joy era su conductor. Neil ya comprendía que sus guardias rotaban sus turnos. Franco le llamó camino al apartamento, cosa grata pues deseaba escuchar a su hermano, aun sentía la distancia entre ambos. Y a pesar de tratar de ocupar su mente con los entrenamientos, el uso de distintas armas, y una salida por el centro comercial, aún tenía muy presente que dentro de un par de días tendría que competir nuevamente en la arena.
—Hola bro.
—Hola ¿Qué tal tu día?
—Pues bien, Eve está un poco resfriada, pero nada de alarma, yo, aun con sueño, pero oye, ya arreglé todo lo que me ordenaste anoche ¿seguro de esto? Es mucho dinero.
—Seguro no, pero ya veremos si mi teoría es cierta esta semana, y si lo es, sabré qué hacer.
—¿Con quién hablas?—. Intervino Dana acercándose hasta el auricular
—¿Una chica bro?—. La voz de Franco sorprendido ante la intromisión.
—¿Neil está con alguien? ¡Entonces cuelga Franco!—. Se escuchó a Eve a los lejos.
—Es Dana, va conmigo en el auto—. Mantuvo silencio—. ¿Qué explicación le doy? Por donde lo cuente esto sonará a “algo más” y ella es ¡tan solo una niña!—. Pero no hubo tiempo de pensar, Dana tomó el auricular en sus manos.
—Hola ¿Quien eres?
—¡Dana!—. Gritó Franco.
—¿¡Dana!? — Repitió Eve—. ¿Dana de la competencia?
—¡Hola! Si, soy dana ¿y usted?— La chica contestó desde el celular del chico—. Tú debes de ser el hermano de Neil, un placer… descuida, descuida, ¿Eve? Un placer, ¿saliendo? Pues fuimos a comer algo y luego a comprar ropa, fue muy divertido. Anoche nos quedamos hasta tarde comiendo dulces en la cama, aunque creo que tu hermano no estará con ánimos hoy, estuvo entrenando todo el día conmigo ¿Ah? Si, si claro, sería genial.
Neil se quedó observando la ciudad por la ventanilla del auto, las pequeñas gotas salpicaron, pero nada entraba al interior— Si dice las cosas así obviamente lo tomarán a mal. Pero da igual es probable que muera en cualquier momento ¿Que tanto importa que crean salgo con una chica menor que yo?— Joy al frente parecía disfrutar de la escena, observaba con el rabillo del ojo por el espejo retrovisor. Neil pudo notarlo, su guardia guardó compostura y se mantuvo serio al volante.
—¿Protegerlo? ¿Ah? ¿En serio Eve? ¿Él dijo eso?—. Dana se quedó mirando a Neil de pronto—. Lo tendré en cuenta, descuida, oye ¡Eso es una grandiosa idea!. Ok, ok, toma— Le entregó el teléfono a su dueño, Eve se hallaba en el auricular.
—No quiero saber lo que vas a decir, pero de verdad no es todo como lo toman— Dijo él.
—No hay nada que preguntar Neil, pero de verdad me da bastante gusto, no suena tan mal la chica, es lo mejor que he escuchado desde que ganaste el juego, seguimos en contacto, chao, cuídate—. La comunicación se cortó sin darle tiempo a réplica.
La noche transcurrió tranquila, al llegar a la habitación solo tuvo tiempo para acostarse, cayó dormido de inmediato. Dana limpió su herida mientras se hallaba en sueños, por último apagó las luces y se acostó también. La mañana siguiente resultó ser más dura de lo esperado, toda su espalda, brazos y piernas le dolían fuertemente. En la mesa de noche había un par de relajantes musculares que Dana le dejó junto a una nota, nuevamente le indicaba la hora de entrenamiento, pero él no quiso esperar, tomó un baño, pidió el desayuno y bebidas energéticas, tomó un cambio de ropa y se fue a entrenar.
—¿Qué? Pero pensé que el entrenamiento de peso y fuerza era más importante— Neil llegó al tercer piso para entrenar, pero Blaster tenía planes distintos.
—No todo es fuerza, necesitas flexibilidad, sigilo, eso si quieres poder tomar a alguien por sorpresa. Por eso nuestro entrenamiento hoy será con este fin.
—Va a ser difícil ser sigiloso cuando mis piernas rechinan del dolor.
Intentó buscar apoyo de Dana con la vista, pero la chica se hallaba abierta de piernas contra el suelo, estirándose hacia un lado como si fuese lo más natural—. Estoy seguro que me dolerá todo el cuerpo después de esto—. Se lamentó. Esa tarde vio algo que le llamó la atención. Arianne descendió la zona de entrenamiento con armas de fuego, él bajó y se colocó cerca de ella, tomó una Beretta y comenzó a practicar. Luego de dos rondas podía sentir el calor del arma contra la mano, sin embargo su puntería no había mejorado mucho, un par de huecos en el hombro, brazos, y un par en el pecho del muñeco balístico.
Tomó un rifle y se fue al área de larga distancia. Allí los objetivos se hallaban a cien, doscientos y hasta quinientos metros, Neil pensó en lo complicado de construir semejante complejo de entrenamiento. Calmó su mente y tomó un respiro hondo, apuntó la mira al objetivo de trescientos metros, una diana blanca con rojo, relajó sus músculos, expiró y jaló el gatillo. Un fuerte impacto retumbó en sus oídos, el sonido era muy distinto a cualquier otro disparo, el hombro le dolió profundamente, afortunadamente no era el herido, o de lo contrario se habría lanzado al suelo a aullar de dolor. Revisó con la mira del arma y había dado muy cerca del centro, tan solo una raya de desvío hacia arriba.
—Quizás ese sea tu fuerte—. La voz de la mujer resonó a sus espaldas.
—Suerte de principiante, eso siempre es infalible.
—En el juego tuviste mucha de esa.
—Creo que más suerte tuve antes de entrar al juego—. Respondió él enviando su indirecta, ella sonrió, le dio un papel con su número telefónico y se retiró—. Cinco, cero, cuatro, nueve…— Se aprendió el número, y éste giró en su cabeza toda la tarde y noche. Dana terminó nuevamente en su apartamento, era divertido escucharla preguntar sobre los programas televisivos, pero aún más sobre comidas de otras culturas. Le apasionaba saber sobre otros países, y quedaba inquieta sobre la visión lejana de las personas sobre la guerra, para ella era algo normal que se hallaba a la vuelta de la esquina.
Neil decidió no llamar esa noche—. Mañana, tampoco estoy desesperado, mañana con calma, de seguro la veré en las salas de entrenamiento, y observaré su reacción—. Dana cambiaba el vendaje de su herida, la cual sanaba sin problemas. Se hallaba casi cerrada, quizás habría tardado menos de no ser por los entrenamientos, pero ahora aquello era lo de menos, debía prepararse para el siguiente juego, aún la palabra “acuático” aparecía en su cabeza dejándole la duda si debía incluir entre los tres objetos un paragua, o un salvavidas—. ¿Sabes nadar Dana?
—¿Nadar? Eso creo, no soy rápida, pero puedo durar bajo el agua por mucho rato.
—Puede durar bajo el agua por mucho rato, ya veo ¿Acaso hay alguna habilidad que esta chica no tenga?—. Permaneció en silencio comiendo una barra de chocolate, sus músculos temblaban ante el ejercicio del día.
—Mañana será un día más relajado, descuida.
—¿Relajado?—. Preguntó, pero la respuesta la halló a la mañana siguiente, el punto de reunión había cambiado, se encontrarían esta vez en un centro comercial. Al llegar intentó caminar tranquilamente. Para su sorpresa Blaster y Dana le esperaban sentados frente a una fuente, el hombre fumaba su cigarrillo, y Dana disfrutaba de un helado.
—¿Por qué un centro comercial?
—Hoy entrenaremos nuestra coordinación como equipo—. Blaster sonrió con confianza mirando a un par de mujeres a su alrededor—. Es algo vital, y no hay mejor lugar para eso que esto, obviamente. Un centro comercial es el infierno de un grupo de inteligencia, esto y el aeropuerto.
—¿Y qué haremos?
—Seguirán mis órdenes, pero primero debemos ir a comprar algún equipo para comunicarnos—. Aplastó el cigarro contra el suelo, muy de cerca se hallaban un par de guardias, Neil notó que les observaban, pero quizás no se acercaban por la presencia de Blaster.
—Dana, tu mencionaste que no nos podíamos comunicar con nadie fuera del programa ¿cierto?
—Si, por lo tanto tus lentes serían una trampa a las reglas.
—No lo creo. Los podríamos usar para guiarnos entre nosotros, la información no saldría del juego, solo nosotros.
—¿Ese equipo se puede configurar para eso?—. Preguntó Blaster.
—Por supuesto—. Caminaron hasta el piso de tecnología, solo una tienda tenía los preciados lentes.
—Cuestan una fortuna—. Replicó el hombre mayor.
—Quiero tres—. Respondió Neil ante un encargado bastante impactado pero alegre por lograr tal venta, incluso se ofreció para configurarlos. Lo siguiente fue dispersarse e ir siguiendo las órdenes de Blaster, los guiaba por el centro comercial sin observarles. Luego debieron seguir cada uno a un civil en específico sin que este lo notara y sin llegar a cruzarse con alguno de los otros. Después la práctica se basó en señales de mano con las cuales se darían órdenes unos a otros. La seña favorita de Neil era la de avanzar, pues la había observado muchas veces en películas. Lo siguiente fue encontrar a Dana antes de que ella les divisara, para esto cerraron las comunicaciones con ella y fueron avanzando por pasillos distintos.
—¿La ves?
—No, y así es como debe de ser—. Aseveró Blaster.
—Tengo una pregunta.
—Hazla.
—¿Por qué le dijiste a Dana para que yo me uniera al equipo?
—Parecías adecuado. Noté que tienes cierta habilidad para razonar rápido en momento de apuro, además pareces confiable.
—Eso quiere decir que desconfías de otros dentro del grupo de concursantes.
—Ese juego Neil, estoy seguro de haber escuchado se realizaba desde mucho antes de ser televisado. Se juegan intereses muy grandes allí adentro, por eso, si, desconfío de todos los que están allí. Además dudo incluso que tenga salida.
—Explícate, voy por la zona de pasteles, debo estar a tres pasillos de ti.
—Voy por la zona donde una hermosa mujer de cabello dorado sonríe. Miento, voy por el restaurante exprés, sigo el curso. Dana debe de hallarse en alguno de los pisos intermedios— El hombre saltó una escalera eléctrica, un par de personas le observaron extrañadas, pero él pasó detrás de una tienda continuando su camino calmado—. ¿Explicarme? Cómo hacerlo. Imagínate Neil un lugar donde puedas enviar a los posibles asesinos en serie, los mercenarios, ex convictos y toda clase de sujetos con problemas mentales, una especie de jaula a cielo abierto. No deja de ser una jaula, y no querrás que los que estén allí adentro se salgan, y esto no es algo nuevo, en la antigua roma nos habrían llamado gladiadores, es una costumbre humana. Ahora nuestro problema es ¿Cómo salir de dicha jaula?
—¿Ganando el juego?
—No habrá ganadores. La cifra de mil puntos es inalcanzable, nadie puede matar a tantos, ni siquiera matando a las bestias sería posible. En el caso más remoto podrías matar nueve, concentrando toda tu atención en ello, aun así, en la décima, tu valor será superior al de la bestia en sí, serás la presa más grande del juego.
—¿Entonces para qué entrenamos?
—¿Eres fan de darte por vencido?
—No, obviamente quiero vivir, tengo un hermano, y antes de esto tenía una vida—. Le pareció ver el cabello castaño de la chica en un piso superior, cerca de la zona de ropa. Neil cruzó el pasillo para no ser visto, decidió subir en las escaleras siguientes.
—Estoy seguro que hay más de una manera de ganar este juego. La primera de ellas, ser querido por el público. Lamentablemente yo no soy el más simpático hombre de guerra, mucho menos el más amable o inteligente. Digamos que solo tengo algo de éxito con cierto tipo de chicas, y eso no basta.
—Allí es donde entra el equipo.
—Exacto Neil. Un equipo habla más sobre amistad, será algo notable para cualquier televidente, aunque no podamos hablar ante las cámaras, aunque no nos conozcan bien. El solo vernos actuar en equipo les impactará, nos convertirá en el punto focal del juego, y nadie quiere ver morir a sus estrellas.
—Ya pensé en algo como eso, pero debes recordar que el público no interviene en el juego.
—No, pero eso nos podría asegurar un boleto de regreso a la sociedad como personas normales—. Neil pensó en las palabras del hombre, allí, a su alrededor había tantas personas, ninguna daba la impresión de reconocerle. Sin embargo, eso era porque ninguno esperaba ver a un asesino frente a ellos, pero de saberse se hallaba en plena calle, de seguro tendrían temor de su presencia.
—La otra forma, es manteniéndonos juntos y ganando el juego, aunque es la opción que veo más improbable, y la última.
—Escapar e irnos por nuestra cuenta—. Respondió Neil.
—¿Lo habías pensado?—. Replicó el fumador.
—Bastante, de hecho, fue lo primero que pensé al llegar al juego. Pero mis ánimos se iban al suelo al ver lo confiado que lucen los guardias. Lucen profesionales, como mercenarios.
—Y nosotros somos asesinos profesionales, Neil.
—Yo no.
—Descuida, para eso es el entrenamiento. Todo se logra con un buen equipo.
—¿Te confieso algo? Tengo un poco de miedo de ser un asesino de verdad. Pensé que quedaría con un trauma mayor ante el hecho de matar a alguien, y ahora la verdad, apenas si pienso en ello, es como un recuerdo borroso, no siento tanta culpa como pensé.
—Es como cuando le mentimos a nuestra madre Neil. Mientras pensemos en ello quizás nos podamos sentir mal, es cuestión del momento, pero después de que el tiempo pasa, o tienes otras cosas en tu cabeza. Todo el pasado se queda de lado, y así es la mejor forma, de no ser así, ningún soldado podría vivir consigo mismo.
—¿Alguna vez te has arrepentido de lo que has hecho?
—Hubo un par de niños en Bosnia. No debió de ocurrir, pero para cuando nos dimos cuenta no había nada que hacer, estuvieron en la línea de fuego sin que supiéramos.
—Lo siento.
—Descuida, hice que los responsables pagaran muy caro por cada uno de los chicos—. Aquellas palabras resonaron en la mente del chico, Blaster reía del otro lado del comunicador—. No quiero a este hombre de enemigo jamás—. Pensó.
—Otra pregunta ¿Por qué Dana? ¿Por qué yo? ¿Por qué no otras personas más cualificadas? Digo, si yo fuese a hacer un equipo, primero pensaría en personas más capacitadas— Indagó Neil.
—Tú eres una persona normal, cualquiera se sentirá identificado contigo de inmediato, se te nota a simple vista, eres alguien que nunca ha experimentado la guerra. Y Dana, ella es especial.
—¿Especial?
—Ella es la mejor asesina que yo haya visto.
—¿En serio?
—En el último programa no lo pudiste notar porque ella no tenía objetivo alguno al cual cazar, pero si le das un objetivo en específico, o alguna clase de misión, se convierte en una máquina asesina.
—Vi cómo mató a Preton en su primer programa.
—Eso no es nada chico. Yo la vi matar al menos a quince soldados entrenados con nada menos que un cuchillo en sus manos.
—¿Qué?—. Neil no lograba visualizar a la chica de linda mirada y cabellos castaños matando a más de una docena de soldados.
—Una noche en Laos, en ese momento yo era un simple escolta de un vendedor de armas. Descubrimos un hangar y pensábamos usarlo para los productos, en la noche hubo una revuelta. Nuestros hombres entraron a una casa donde se sabía que vivía el jefe del grupo rebelde. Entramos coordinadamente, no fue nada difícil, pero tengo entendido los hombres mataron indiscriminadamente a todos los que se hallaban en el lugar. No lo tomes a mal, es algo muy normal en ese tipo de casos, cualquier puede encontrarse armado, y es mejor tomar precauciones. Pero el asunto fue que hubo una sobreviviente, una chica que llevaba unos audífonos en la cabeza, al menos eso fue lo que yo escuché por el comunicador. Los hombres cayeron como moscas, era de noche, no sabían qué les atacaba, un compañero y yo la vimos a lo lejos, se hallaba sobre los tejados, le disparamos, pero escapó adentrándose en una zona boscosa, ninguno pensó en seguirla.
—¿Y cómo sabes que era Dana? ¿Le preguntaste?
—Nunca, y de verdad no tengo intención de hacer mención de ello, pero tampoco hay necesidad, nunca antes había visto a una chica moverse de esa manera, como un verdadero felino a la hora de atacar—. Aseguró Blaster tomando otro cigarrillo de su bolsillo.
—Dana.
—Sí, esa chica es todo un caso.
—¡No, digo que puedo ver a Dana!, está en el tercer piso, pasillo tres, rumbo al sudoeste, está caminando entre un grupo de turistas—. Explicó el muchacho.
—Muy astuta, camuflarse entre la multitud, yo avanzaré hacia ella, tú ve de cerca observándola, no la queremos perder—. Con esto daban fin a la conversación.
El regreso al apartamento fue mucho más temprano de lo esperado, Dana nuevamente le acompañaba, ya comenzaba a parecer habitual y natural dicho acto. Gustaba de verle disfrutar de la comida como si esta fuese un manjar, de observar la televisión como el mayor lujo, y de jugar en la computadora hasta quedarse dormida. Le dejaba ser, a menudo observándola, pensando en todo lo que había pasado, y lo que el destino les deparaba ahora. Repasaba la silueta de su cuerpo, el color de su cabello, la comisura de sus labios.
Ella se hallaba rendida sobre la cama cuando él llamó a Franco. Sin embargo, la conversación se tornó en una sola dirección, su relación con Dana, lo cual le hacía volver a verla y perderse en tal visión— Es solo una niña— Se encontró diciendo al auricular. De todas formas, fue imposible terminar de arreglar los detalles que deseaba, más ahora que Blaster confirmó sus sospechas sobre el juego.
Los dos días siguientes fueron de descanso, esto a causa de un acuerdo al que llegaron con Neil debido al gran dolor e intento de recuperación de sus heridas. No pasó ningún instante en el hotel, Dana gustaba de pasear y visitar todo lugar desconocido, pronto se hallaban recorriendo las calles de Copenhague, El Tivoli, el Bakken. Ambos parques recorridos en toda su extensión, incluyendo la montaña rusa con su giro invertido. Dana se arrodilló de manera muy altiva frente el palacio Amalienborg donde reside la familia real, luego pasearon por el Valbyparque para finalizar en la ciudad libre, un barrio peculiar donde habitan gran cantidad de hippies abiertos a charlar con cualquiera. Neil no se percató, pero olvidó la idea de llamar a Arianne, pues Dana le hizo recorrer hasta lo más indómito de aquella ciudad
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