4. CUATRO
Neil abordó el automóvil, Joy se hallaba a su lado, no hubo palabras incómodas, el primero consideró que era mejor así. Incluso deseando hablar las palabras no salían de su boca. Un revoltijo enorme se cocía en la boca de su estómago. En definitiva, si el auto viraba mucho en el camino terminaría manchándolo todo.
Podía sentir una guillotina aventándose, se dirigía a su muerte, lo sabía, aquel pensamiento se mantenía presente— Si hubiese comido algo ya habría vomitado de seguro—. Pensó el chico, observó por la ventanilla del auto, pero luego recordó que no le apetecía ver nada más, tan solo quería dormir un rato, y dejar de pensar.
La noche anterior la pasó buscando fotos, videos e imágenes sobre el mapa y los concursantes, intentando memorizar tanto como le fuese posible, y almacenando el resto de la información en los lentes. Resultaba imposible dormir, una serie de imágenes eran recurrentes, un Blaster acercándose lentamente, dispuesto a matarle con sus propias manos. Nexus con un cuchillo, mientras sonreía de manera placentera al verle correr por un pasillo muy largo—. ¿Por qué huyes pequeño? Igualmente morirás— O tal vez fuese Dana, con su hermoso rostro asesino, y una cadena delgada pasando por su cuello.
—Siempre tengo la opción de morir por Alan, estallar en mil pedacitos y no sentir nada—. Trató de autoreconfortarse. Simplemente no podía olvidar lo que estaba a punto de ocurrir, sentía el apremio en su pecho, y así el reloj marcó las cuatro de la mañana, sus ojos se cerraron cayendo de bruces en la cama. Le pareció dormir cinco minutos cuando la puerta resonó fuertemente, Joy gritaba desde el otro lado, sobresaltado se levantó, golpeándose con la laptop que se hallaba en el suelo, trastabillando y cayendo al suelo. Para su sorpresa el reloj del computador marcaba las nueve de la mañana.
—¡Imposible, acabo de acostarme!—. Al cabo de media hora se hallaba en el vehículo, rumbo al aeropuerto, obviamente sería dormido nuevamente, pero sabía que el terreno debía de hallarse cerca, pues debían encontrarse en la arena de juego a las doce del día.
Revisó instintivamente los lentes en su bolsillo por quinta vez, ya era un reflejo, se ponía nervioso de no sentirlos contra su pierna, aquello era su única esperanza. Deseaba que el tiempo transcurriese lento, pero para su sorpresa se encontró de inmediato montado en el avión, y adormilado al siguienteinstante, aunque por primera vez agradeció ser dormido.
—Terminarán provocando un accidente a alguien durmiéndole así—. Despertó diciéndole a Joy, quien se hallaba a su lado en el avión.
—Nunca ha pasado nada malo—. Respondió este.
—Pero y si se pasan de somnífero y terminan matando al concursante.
—Dudo que eso sea considerado del todo malo, en todo caso un inconveniente.
—¿Ha ocurrido?
—No, la verdad no—. Joy no volteaba a verle, veía una película en el espaldar del siguiente asiento.
Neil se percató que otros concursantes le acompañaban. El hombre anciano se hallaba en un asiento contiguo, de igual forma el chico asesino estaba a dos asientos de distancia, y el gordo un poco más allá, pero era reconocible el llanto que mantenía.
—No quiero morir, de verdad, no importa qué tenga que hacer, no me dejen morir.
—¿Me chuparias el pito si prometo salvarte del juego gordo?—. se escuchó una voz desde adelante seguida de un par de risas.
—¡Si! ¡De inmediato señor!
—¿Escucharon eso? El gordito además de miedoso es un marica. Vas a morir pronto gordo marica—. Risas estridentes en medio del vuelo.
Neil sintió compasión desde lo más profundo por aquel hombre, era horrible escucharle, entonces recordó que él también era un concursante—. Oye Joy.
—¿Si?
—Al menos mírame a la cara hombre, que no estoy muerto aun, tampoco estoy—. Bajó un poco la voz—. Tampoco estoy armando un berrinche—. Expresó Neyl, Joy volteó el rostro para verle—. ¿sabes si alguien ha apostado ya por mi?
—Nosotros no manejamos la información sobre las apuestas.
—Ósea que no me dirás nada, y ¿Hay algún favorito esta semana?
—Tampoco podría decirte eso Neil.
—Hombre, pero no ves que soy el más de…—. Se tragó esas palabras al recordar a su hermano diciéndole “si no crees tú que puedes vencer entonces estarás perdido”—. Olvídalo, ¿Qué consejo me darías tú?
—¿Para el juego?
—No hombre, para hacer una inversión en la bolsa de valores ¡Por supuesto que para el juego!
—No seas un héroe.
—¿Cómo?—. Inquirió Neil.
—No intentes salvar a nadie, no hagas nada innecesario, no busques peleas, concéntrate en ti. Solo en tí. Trata de mantenerte vivo y observa tu alrededor.
—Entiendo, no es un mal consejo, aunque nunca he pensado en salvar a nadie, excepto a mí mismo. He sido egoísta en eso, pero es que, no he tenido tiempo de pensar mucho las cosas— Se quedó en silencio un momento—. ¿Crees que tenga oportunidad? En el juego.
—Llevo cinco semanas en el trabajo, ninguno de los que han estado conmigo han sobrevivido la primera semana.
—Gracias por el comentario tétrico Joy, de verdad que lo necesitaba—. Repuso Neil.
—Disculpa, tampoco era mi intención.
—Descuida, al menos estás siendo sincero, odiaría me dijeras que piensas que lo haré sin ningún problema, pues sabría que te burlas de mí.
—Ahora déjame a mi preguntarte algo—. Expresó Joy, Neil le miró esperando—. ¿Tienes algún plan?
—Creo tener uno, tengo esperanzas de que funcione.
—Entonces apégate a tu plan.
—Descuida Joy, eso haré, después me tendrás que felicitar.
—Brindaré un almuerzo si lo haces.
—Eso es muy poco.
—Quizás tengas razón—. Se escuchó la voz del capitán de la aeronave avisando que el vuelo llegaría a destino, por lo cual debían abrochar sus cinturones y guardar calma en sus asientos—. Cuéntame Neil, ¿Tienes tus tres objetos?
—Solo se me ocurrió llevar estos lentes—. Neil los enseñó sonriendo un poco, sintiendo algo de vergüenza por no poseer nada mejor.
—¿No tienes ningún arma?
—No, tampoco sabía dónde conseguir una.
—Podrías haber preguntado, sabes que podías llamarme, te deje el numero en la mesa de la cama—. Joy hizo un movimiento y sacó su pistola de la funda que cargaba detrás—. Toma esta, descuida, no te revisarán, llegaremos a un aeropuerto privado.
Neil recibió el arma con cuidado, se quedó observándola por un instante antes de reaccionar—. Gracias, supongo—. A pesar de eso no pensó en usarla contra algún concursante, era distinto a una sesión de entrenamiento, la sangre, le era repulsivo la sola idea. Guardó el arma en su espalda contra el pantalón, temiendo se accionase por accidente—. Deberían crear algo especial para evitar esto se accione por accidente y termine abriendo una segunda línea en el trasero de alguien…
Descendieron sin problema alguno, Neil intentó identificar nuevamente a quienes se hallaban con él en la aeronave, pero le fue imposible. Bajó lentamente por las escaleras hasta el aeropuerto. El sol daba directamente contra su rostro y el ambiente caluroso le agradaba, no obstante, los nervios no se fueron en ningún instante.
—A partir de aquí te dejaré solo.
—¿Ya?
—Aquí comienza el juego chico, espero estés bien.
—Gracias por todo, no pareces mala persona después de todo Joy.
—Procura mantenerte con vida, si pudiera apostaría por ti Neil—. Se alejó, los concursantes eran guiados por dos chicas por un camino.
—¿Y eso por qué?—. Gritó para ser escuchado.
—¡Tienes miedo, pero no te has dado por vencido!—. Le oyó decir, Neil sonrió, pero para su sorpresa algunas otras personas no parecían tan alegres con tal comentario, le observaban, era indudable.
Casi se murió del susto cuando sintió una mano sobre su hombro y una voz contra su oreja—. Tener miedo siempre es bueno, espero seas una presa suculenta, lo mejor de matar es ver el miedo de las presas.
Neil reconoció aquella voz—. Nexus—. Susurró, un escalofrío recorrió su cuerpo, el hombre se alejó frente a él—. ¿Por qué? ¿Por qué entre todos él? ¿Tiene algún fetiche o algo? ¿Se excita viendo a los nuevos cagados de miedo?
—Yo diría que ya eres su favorito a matar—. Neil sintió una voz a su lado, al voltear observó a un chico de cabello rubio, quizás de diecisiete años, o quizás menos, su rostro era muy infantil—. Me llamo Dallas Desrosier—. Hablaba en inglés, con un acento algo raro, pero comprensible, el chico vestía jeans y camisa manga larga arremangada.
—Neil Barahon, un gusto, y sí, creo que ya me tiene fijo como su presa.
—Al menos él te lo ha dicho abiertamente, pero deberías mantener más cuidado, este lugar quizás sea más peligroso que la misma arena—. Neil lo observó intrigado—. Nos movemos unos muy cerca de los otros, ves, aquel de allá es Vaan, usa siempre una espada, aquel otro es Blaster, pero no sabemos nada de los otros concursantes, hay muchas personas aquí entre nosotros, cualquiera podría ser un enemigo— Era cierto, Neil observó muchas personas caminando junto a ellos—. Ahora sería la ocasión ideal para envenenarnos, una simple punzada con una aguja envenenada, sentirías solo un pinchazo, y así ya estarías casi eliminado al momento de comenzar el juego, nadie sabría quién fue.
—Lo has pensado mucho—. Expresó Neil.
—Simple lógica hombre, esto es un juego de matar, todos buscarán tener ventaja—. Dallas se mostraba expectante ante cualquier movimiento de los otros—. Hay métodos que no son detectables.
—Estoy consciente—. Por alguna razón aquel chico no le agradaba a Neil, a pesar de su buena disposición a entablar conversación con él, quizás por eso mismo, por su buena disposición a dialogar antes de entrar en la arena—. Debe estar buscando algún aliado para el juego, aunque eso no me vendría mal tampoco.
Les hicieron pasar por un lobby y allí esperar, se notaba impaciencia entre todos los presentes, las miradas se cruzaban y solo algunos conversaban entre sí, allí en medio de aquella multitud Neil notó a Dana, se hallaba contra una pared, su mirada fría, tranquila pero expectante, sus rasgos finos y delicados, muy en contraste con su actitud asesina. Arianne estaba a pocos metros de distancia, ella era totalmente distinta, presumía un traje descotado, su cuerpo voluptuoso era seductor a simple vista— Esa mujer debe sudar feromonas.
—Hay mucha gente aquí—. De nuevo Dallas se acercó a conversar.
—Creo que son todos participantes—. En realidad Neil lo sospechó apenas pisó el lobby. Joy mencionó que se dirigían a un aeropuerto especial, aquello no era simplemente una coincidencia, pero la cantidad de personas reunidas no era normal. Neil calculó al menos cuarenta seres en la misma sala, sin llegar a contar las azafatas.
Curiosamente una azafata se acercaba al competidor Acer, coqueteándole abiertamente—. ¿En serio le atraen personas así?—. Se preguntó, pero sus pensamientos fueron interrumpidos por Dallas nuevamente.
—Imposible, a menos que—. La mirada del chico fue de espanto, y salió corriendo al baño más cercano.
—Son demasiados, no habrá lugar seguro—. Comenzó analizando Neil—. No podré seguirle la secuencia a todos, mi hermano tampoco, planean hacer una carnicería esta vez.
—¡Señoras y señores, ahora serán conducidos hasta la arena, deberán llevar consigo sus tres objetos, serán revisados meticulosamente!—. La voz era la de Von Wrigth Lumer, el hombre que le había obligado a participar, sintió un poco de rencor, pero el miedo lo opacaba todo. Perdió de vista a Dallas, sin tener oportunidad de pedirle hacer amistad, sin preámbulos sacó los lentes y comenzó a tomar fotografías de cada participante que veía, realizándole anotaciones simples como persona uno, y persona dos, para cuando se dio cuenta ya la mitad del salón había pasado por un pasillo y tocaba su turno.
Hasta ese momento no se había percatado de cuán lujoso era el recinto, tampoco que en una mesa estaba servido todo un festín que nadie había probado, cada persona se mantenía tranquila, pasando de uno en uno por el pasillo donde les llamaban, cuando le tocó sintió como sus nervios se colocaban de punta, había cierto grado de expectación, se hallaba sudando frío y salivaba demasiado— No te desmayes antes de concursar, vas a entrar y salir de esa arena Neil, tu hermano te ayudó bastante, estará pendiente.
—¿Barahon Neil?—. Una chica hermosa pronunció su nombre, sus ojos eran claros, quizás grises, su acento indudablemente inglés. Se hallaba en un pequeño cuarto blanco, la chica disponía de una silla, una mesa de madera y un par de guardias en las esquinas, detrás de ella una simple puerta.
—Si—. Su voz era débil.
—¿Sus tres objetos?
—Solo tengo dos—. Mostró el arma y los lentes.
—Muy bien—. La chica parecía tenerle miedo, y él intentó sonreír apaciblemente.
—No soy ningún asesino—. Comentó, a lo cual la mujer abrió los ojos y se mantuvo un segundo tan solo mirándole, finalmente pasó a revisarle.
—Le pediré por favor que se quite la ropa que lleva puesta—. El chico asintió y comenzó a desvestirse.
—No era mi intención asustarte, descuida, tú no estás participando en este juego.
La chica recibió su camisa y pantalón, los registró evitando verlo a los ojos—. ¿Por eso no me matarás? ¿Por no estar concursando?
—Porque no creo ser capaz de matar a nadie—. Admitió, la chica subió la mirada y hubo un silencio incomodo—. Quizás no nos volvamos a encontrar.
La chica revisó su cuerpo, verificando que no hubiese nada escondido, pasó sus manos contra las suyas, y luego por sus piernas, Neil no pudo evitar sonrojarse al contacto—. Discúlpame, soy nueva en el trabajo.
—Y yo soy nuevo en el juego—. Sonrió al tiempo que se colocaba la camisa.
—Me llamo Hellen.
—Neil— Se terminó de vestir lentamente, la chica llenaba un formulario, en una esquina aguardaban dos vigilantes sin emitir opinión.
—Si logras sobrevivir—. La chica no levantó la mirada, pero Neil estaba seguro que aquel tono era un coqueteo—. Búscame en el café Norden mañana a las cuatro de la tarde.
—Allí estaré entonces—. Aquello era fantástico, una cita de manera imprevista—. Si no fuese por estar a punto de morir saltaría de felicidad, esa mujer es increíblemente hermosa.
Pasó la puerta de atrás, no sin antes escuchar los susurros de los guardias—. Esa Helen siempre hace lo mismo—. Y con estas palabras sus esperanzas se esfumaron. Neil intentó disipar esos pensamientos, debía hallarse concentrado en lo que estaba a punto de suceder, revisó sus lentes y pistola en la espalda, la cual procuraba no maniobrar mucho para evitar accionarla. A pesar de haber disparado un par de días antes no se sentía del todo confiado.
La siguiente habitación se hallaba a oscuras, separadas por vidrios, a los lados podía observar al resto de los concursantes, cada uno en su cubículo. A su lado había un pequeño depósito con un par de auriculares, debió esperar un par de minutos, que en su parecer transcurrieron de manera rápida, hasta que una pantalla enorme frente a ellos se encendió.
—Bienvenidos concursantes—. La voz era la misma que aparecía en la presentación del show por televisión.
—Bienvenido, como si estuviera aquí por placer—. Espetó Neil.
—Dentro de una hora dará inicio el juego “la zona roja”—. Escuchó el título en español, y supuso que esa era la razón de los auriculares, seguramente no todos entendían inglés—. Como deben de saber el objetivo de este juego es obtener mil puntos, los cuales obtendrán asesinando o, a la bestia, la cual les otorgará cien puntos— En la pantalla mostraban imágenes de algunos seres, cada uno de ellos asustaba más a Neil que el anterior— O a otros concursantes, claro está. Por cada muerte obtendrán un puntaje nivelado según la estadía del concursante asesinado, de esta manera deberán ir acumulando puntos, quien obtenga el puntaje de mil, será libre de retirarse del juego, ganará cien millones de la moneda deseada, y un salvo conducto político—. Esta última mención llamó su atención.
—El terreno de juego de esta semana—. Mostraron imágenes de la misma arena que había visto previamente por televisión y de la cual poseía cierta información respaldada en los lentes—. Diez kilómetros cuadrado, en el cual habrá tres edificios, un parque, una zona de autos, y el bosque. El día de hoy habrá un total de cuarenta participantes nuevos, más los once que han sobrevivido a las entregas pasadas—. La cifra sorprendió al muchacho, guardaba la esperanza equivocarse respecto a la cantidad—. El límite de tiempo serán cuatro horas—. Sudó frío.
—¿Cuatro horas?—. Repitió—. ¿Pero cómo rayos voy a sobrevivir durante cuatro horas con cincuenta personas intentando matarme?—. Pero la transmisión continuó.
—Debido a la cantidad de concursantes saldrán en turnos, los cuales serán escogidos aleatoriamente, además desde cada compuerta saldrán dos participantes, cada uno con una diferencia de cinco minutos entre sí. Se les recuerda a todos los jugadores, que la cacería comienza una vez pisada la arena, cualquier acción tomada previamente en contra de algún otro concursante acarreará su descalificación y muerte. Ahora la selección de turnos, la pantalla se dividió en dos, una imagen comenzaba a mostrar imágenes de cada participante y su respectivo número, la otra mostraba a los presentadores del programa, obviamente la transmisión comenzaba desde ese momento.
Su rostro apareció en pantalla junto al número veintisiete— Genial, más de la mitad de ellos habrán entrado y preparado trampas para cuando yo comience—. Observó la señal de los lentes, y una llamada entrante de su hermano en los mismos, pero le colgó de inmediato, no deseaba que nadie más se percatará de aquella pequeña ventaja, era su única carta bajo la manga.
Fue conducido hasta una puerta, vieja de metal, corroída—. ¿Con tanto dinero y no tienen puertas nuevas?—. Al entrar se halló en un pasillo, comenzó a recorrerlo sin emitir sonido ni cuestionar lo largo que resultaba, pasaron dos, tres, siete minutos y continuaba caminando por el lugar, hasta llegar a una muy pequeña habitación, en la cual se hallaba una mujer, Arianne, esperaba para salir al igual que él.
Se sorprendió al verla, ella le examinó de arriba hasta abajo—. Al menos no es Nexus—. Sonrió en gesto de saludo, ella continuó observándole. La mujer se hallaba parada junto a la puerta, aquella era obviamente la salida al terreno de juego, el lugar se hallaba iluminado con luces blancas, pero ninguna cámara, aquello lo notó al tiempo que tragó saliva.
—Tienes suerte, no te haré daño, al menos no ahora, no me interesa matar a alguien fuera del terreno—. Expresó Arianne, Neil instintivamente pasó su mano por la pistola en su espalda, se hallaba nervioso, aquella mujer era increíblemente seductora, pero al mismo tiempo peligrosa—. Eres Neil ¿cierto?
—Ya lo sabes, recibiste mi información básica—. Decidió no mostrar su miedo, por lo cual caminó hasta colocarse a un lado de ella, recostado contra la pared.
—Podrías haberte encontrado con cualquier otra persona, te podrían haber hecho muchas cosas.
—Envenenado, amenazado, golpeado, lesionado, estoy consciente, por ello mantengo agarrada mi arma.
—Al menos no eres ningún idiota—. Continuó la mujer.
—Gracias.
—La verdad no te ves tan débil como decía tu información, ¿qué edad tienes Neil?
—¿Importa mucho ahora? Me pone mal el hecho de que tengas información sobre mí, y yo nada sobre ti.
—Sí, ciertamente eso es una desventaja muy grande para los nuevos, pero así es la vida, injusta—. Arianne sonrió alzando los brazos— No es mi culpa.
—Supongo.
—Dime, ¿es verdad que nunca has matado a nadie?
Neil pensó muy bien sus siguientes palabras, la mujer obviamente le estaba sometiendo a un análisis psicológico, dependiendo de ello podría ser una presa fácil o no—. Nunca he tenido la necesidad.
—¿Te confieso algo? Yo en realidad no disfruto el acto de matar, pero el momento previo, la cacería, el luchar cuerpo a cuerpo con alguien, es una emoción, una adrenalina que te embriaga.
—Lo imagino— Se limitó a responder él.
—Dime algo, ¿qué número de salida tienes?
—Veintisiete ¿y tú?
—Diecinueve, por lo cual creo tenemos un pequeño rato a solas, y me gustaría aprovecharlo, después de todo, no sé si vaya a morir ahora, ni tu tampoco— La mujer se acercó hasta su cuerpo y posó su mano sobre su pecho, Neil apretó el arma entre sus manos y la sacó manteniéndola a un lado.
—Saca tu arma, es bueno que no confíes en nadie en este juego, incluyéndome, ahora decidiré si te esperaré afuera para matarte o no, quien sabe, si me divierto ahora quizás quiera dejarte vivo para disfrutarte luego—. Aquellas palabras eran como un embrujo, el rostro, la mirada penetrante de la mujer, sus labios gruesos cerca de los suyos, su respiración, el escote que mostraba sus senos voluminosos y apetecibles.
La mano de la mujer descendió por su blusa, retirando un par de botones, mostrando su piel desnuda, sin ropa interior, picos duros que se apretaban contra su pecho, instintivamente Neil la apretó contra sí, sus labios rozaban su cuello, a pesar de todo no deseaba soltar el arma, aquello era una especie de seguro de vida.
—Si intenta matarme, la mato—. La idea cruzó su cabeza, sin embargo el resto de su cuerpo parecía querer rendirse voluntariamente. La mujer deslizó sus manos por su pecho, descendiendo hasta su pantalón, tocándole, sintiéndole, apretándole. Fue inevitable contenerse de meter su mano entre su blusa, apretarle también, morderle.
Tenía tiempo sin practicarlo, pero aquello era información que no se olvidaba, los pensamientos se borraron, el miedo, el apremio de estar a punto de participar en un juego mortal.
—¿Sabías que tener sexo antes de un encuentro fatal, ayuda a que la sangre fluya por todo el cuerpo. La adrenalina se libera desde antes, y puedes estar alerta desde el inicio—. La mujer tomó su virilidad con sus manos deshaciéndose del pantalón, y descendió para saborearlo. Chupó y lamió su eje un buen rato, hasta que la punta de Neil se hallaba suficientemente húmeda.
Las preocupaciones desaparecieron de la mente del chico. Solo su arma permaneció sujeta en su mano. Como un salvavidas que mantenía cerca para casos de emergencia. La colocó a ella contra la pared y jugó con su sexo, la humedad, el calor, los cuerpos sudados, los besos carnívoros, todo era apasionante y excitante ante la proximidad de la muerte. Finalmente apretó su trasero haciendo a un lado su voluminosa carne y hundió su sexo en el de ella hasta el fondo. Arianne gimió y abrió aún más las piernas y comenzó a frotar su clítoris al tiempo de sentir que era penetrada.
Para cuando una luz roja se encendió en la habitación, indicando que Arianne saldría en los próximos cinco minutos, ambos se hallaban en el suelo, sin ropa en sus cuerpos, sudados, envueltos el uno contra el otro, y la espalda de la mujer arqueada y sus manos apretadas rasgando la espalda del chico.
Ver como ella se vestía fue increíblemente seductor, había quedado con ganas, su cuerpo agitado, pero la luz roja indicaba debían apresurarse a la realidad. Nunca lo había hecho de manera tan salvaje, fue después de vestirse que notó el suelo se hallaba polvoriento, sus ropas sucias, y el arma había quedado en una esquina, además de eso notó algo aún más inquietante, Arianne, ella iba desprovista de objeto alguno.
—Es divino poder hacer esto antes de entrar, siempre pensé sería divertido jugar con alguien más en vez de sola—. Comentó la mujer, el chico se imaginó a aquella mujer tan hermosa jugando consigo misma en aquella habitación—. Es una buena forma de relajarte— admitió Arianne encogiéndose de hombros.
—No tienes ningún arma contigo—. Aquello le intrigaba al verla colocarse el último botón de la blusa.
—En la arena hay suficientes, era un peso innecesario, además, no habría disfrutado esto de ahora como lo hice de ir armada—. Sonrió, a Neil le pareció observar otra mujer, una muy distinta a la vista previamente participando en la arena—. Pero no te hagas ilusiones, procura no acercarte a mí en el juego—. Las compuertas se abrieron—. Espero que sobrevivas Neil, quiero terminar esto—. La compuerta se cerró, y él se quedó allí, aún con la respiración agitada y el deseo compulsivo, sin embargo algo increíble había sucedido, el miedo no estaba por ningún lugar.
Esperar resultó sencillo, encendió los lentes, e inició la llamada con Franco, próximamente la luz roja se volvería a encender y él tendría que salir al terreno. Colocó el arma en su espalda y acomodó su camisa mientras la conexión se realizaba.
—¡Eres el número veintisiete en salir!—. Fueron las palabras de Franco, el chico le hubiese bajado el volumen al lente, pero no tenía esa funcionalidad—. Algo con la mejor tecnología, excepto para controlar el volumen de una videollamada.
—Ya sé, acaba de salir la diecinueve Arianne, estaba aquí conmigo—. No pensaba explicar nada de lo sucedido, aquello era su secreto.
—Pues ya salieron hasta el número veinticinco, en la siguiente ronda sales tú—. Y en efecto la luz roja se encendió para él.
—Descuida, estoy preparado, oye, por cierto, tengo un arma conmigo.
—¿Un arma? ¿Y cuando la compraste?
—Me la regalaron recién—. Soltó Neil, cualquier imprevisto, tendré que defenderme.
—Bueno, yo de por sí, tengo que avisar, estarás cuatro horas en el terreno. La cuenta comenzará apenas salgan todos los concursantes, pero ya hay varios que han colocado trampas, principalmente Alan, parece saber dónde hallar minas en la arena, y las ha ido regando por todo el bosque, y cerca del parque.
—Comprendo, entonces la primera regla será no acercarme al parque ¿Hay algún francotirador entre los nuevos?
—Pues hasta ahora no parece haber ninguno—. Expresó Franco.
—Puedo hacerlo—. Neil se convenció a sí mismo.
—Estoy seguro bro, apenas salgas pondré la vista compartida, tú verás la televisión como si fuese yo, mientras escucharás mi voz.
—Tan solo intenta no dejarme sordo en el proceso Franco.
—OK, comprendo—. Hubo fuerte explosión a las afueras del terreno, el suelo tembló con fuerza, Neil se sujetó a una pared al tiempo que su compuerta se abría, por esta razón el chico no pudo escuchar las palabras de Franco, quien gritaba advirtiéndole que una mujer se hallaba, allí justo en la entrada de su compuerta.
Una humareda de tierra entró nublando la visión. La vista compartida servía únicamente en uno de los lentes, por lo cual era difícil ubicarse, definitivamente no se hallaba acostumbrado a ese sistema, fue entonces cuando escuchó la voz—. Fuiste tú desgraciado—. La voz era de una mujer, hablaba en español, pero con un acento muy raro, afincándose notoriamente en la “r”—. Tu Activaste esa bomba, eres una rata, mereces morir.
Una especie de hacha voló hacia él, por instinto le esquivó lanzándose al suelo, el arma impactó contra la compuerta dejándola entre abierta, pero el ataque no se detuvo allí, la mujer se abalanzó en su contra cuchillo en su mano, afortunadamente se hallaba herida y sus movimientos resultaban torpes y erráticos, sin embargo, el polvo nublaba la visión, y así fue como el chico sintió la primera cortada. El cuchillo rozó la parte superior de su hombro, muy cerca de su rostro, su mirada fue de pánico, su corazón se aceleró. La comunicación resultaba errática, Franco gritaba contra sus oídos y era imposible comprenderle. Frente a Neil se hallaba Ciel, la pudo reconocer del programa pasado, se hallaba herida con un pedazo de piedra incrustado en el rostro, y la mitad de su brazo izquierdo había desaparecido dejando expuesto el hueso al aire.
La escena era repugnante, pero aquello no fue la reacción del muchacho, quien sintió el ardor profundo en su hombro, un escocer jamás experimentado antes en su vida, sus ojos se abrieron, se hallaba impactado. De pronto observaba todo en cámara lenta, sin percatarse golpeó con la palma de la mano la quijada de la chica, la otra mano retiró los lentes, cuya visión compartida le estorbaba en semejante instante. Para finalizar pateó a la chica con todas sus fuerzas en el pecho, apartándola de si, rozó con la mano la pistola en su espalda, pero la chica no emitía sonido ni movimiento alguno, se hallaba en el suelo, muerta.
Tiempo no transcurrió cuando sintió un zumbido y el golpeteo seco contra el suelo, nuevos zumbidos y la tierra salpicando. Neil comprendió de inmediato que se trataban de disparos, alguien disparaba en su dirección, probablemente el resto de la humareda no le permitía divisarle. No hubo tiempo de cuestionar nada, corrió con todas sus fuerzas hasta el edificio más cercano, saltó todo lo que observó a su alrededor, sillas, muebles, todo lucía sospechoso en su mente. Su corazón bombeaba energía a chorro por su cuerpo, su mente razonaba a velocidad de la luz. Evitó los primeros escalones de una escalera para subir al primer piso, eligió entre el pasillo más sospechoso por la cantidad de escombros en él, precisamente por ser el que la mayoría no tomaría, entró a una habitación sin ventanas, se lanzó detrás de un escritorio y sacó el arma. Solo entonces escuchó los gritos ensordecedores de Franco.
—¡Neil!
—¿Qué?
—¡Eso te pregunto yo! ¿Qué fue eso de ahora?—. Inquirió el hermano menor.
—Pensé tú me explicarías, de pronto la mujer estaba allí y—. Recordó la herida, le escoció nuevamente, increíblemente mientras corría no sintió dolor alguno, ahora podía sentir el aire contra la abertura—. Me hirió en el hombro, bueno, me rozó en realidad, pero arde, condenada sea arde.
—Hubo una explosión, al parecer hay otro concursante colocando explosivos, Ciel salió disparada, supongo te atacó al verte, pero— Hubo un silencio— Bro, la mujer no se mueve, quedó tendida en el suelo— Las palabras cayeron como martillo sobre Neil.
—¿Estás seguro bro?
—¿Y dónde tienes la visión compartida? ¿Tus lentes los perdiste?
—No, no, ¿Cómo te hablaría de haberlos perdido Franco?— El chico había olvidado el artefacto en su cabeza, la visión compartida en realidad le había entorpecido ver lo que sucedía en realidad, un factor que no previó al momento de idear el plan. Observó el cristal y se percató de la imagen de la mujer tendida en el suelo, ya no había polvo en el aire, y una nueva tanda de concursantes salía al ruedo.
—Había disparos, de seguro le dieron a ella y quien sabe.
—Esos son los últimos concursantes— Intervino Franco, obviamente cambiaba la visión en la televisión para mostrarle lo más posible a su hermano, en el fondo se podía escuchar la voz de Eve algo asustada.
—¡Señoras y señores, esos son los últimos concursantes, ya todos están en la arena y comienza el lapso de cuatro horas—. La voz de los presentadores, audibles desde los lentes como en todo el campo—. Cuatro horas, apenas salí y casi muero, y ni siquiera había comenzado el lapso de las cuatro horas—. Apretó el arma entre sus dedos, podía sentir aun el flujo fuerte de sangre, y cierta presión en el pecho—. ¡Y aquí está la bestia del día de hoy!—. Las imágenes mostraban un tanque muy extraño, con esferas enormes a los lados—. Esta es una máquina con inteligencia artificial, desarrollada por el ejército para asaltos en terreno hostil, aparentemente una pieza japonesa de alto calibre equipada con sensores de calor, capaz de eliminar cualquier objetivo a su paso.
—Así es Luis, y esta vez su meta son los concursantes.
El resto de la narración dejó de escucharse en el terreno de juego, se escuchaban un par de disparos aislados—. ¿Bro, sabes quién me disparó?
—¿Te disparaban?
—Sentí disparos cerca de mí, espera, haz silencio— Se escuchó un sonido, alguien caminaba por la parte superior del edificio—. El segundo piso—. Buscó en las imágenes del lente, pero había muchas personas en edificios.
Se mantuvo quieto y pidió a su hermano le dijera la cantidad de tiempo transcurrido—. Apenas diez minutos—. Le escuchó decir, intentó tomarlo con la mayor calma posible, mientras tanto rasgó un pedazo de camisa para vendarse el hombro, no era una herida grave, pero se hallaba expuesta. Se tomó su tiempo en romper el pedazo de tela, lo mismo que en colocarlo, pues continuaba escuchando sonidos en la planta superior, y fuese quien fuese deseaba no supiera de su existencia.
Por las imágenes podía observar una pelea sangrienta, Priess era atacado por un hombre al cual identificaron como Miguel, procedente de España, obviamente alguien muy hábil. Atacó cuerpo a cuerpo usando casi cualquier cosa a su paso, en ese instante se hallaban en una habitación de algún edificio, Miguel golpeaba al ex militar en el rostro con un pedazo de madero, este último respondía abalanzándose sobre el otro con todo su cuerpo hasta golpearle contra la pared y después impactar fuertemente las costillas. Sin embargo Miguel golpeaba con su codo la cabeza de Priess, obligándole a doblarse, luego su rodilla impactó el rostro del hombro, quien se notaba ya sangrante, los animadores se alzaban en ánimos esperando el remate por parte de Miguel. Este tomó una roca para dar contra la cabeza de su contrincante, pero fue entonces cuando Priess se levantó, tomó el brazo del hombre, aplicando una llave, posicionándose en su espalda, haciéndole arrodillarse con la cabeza gacha gracias a su brazo torcido hacia atrás, para luego sentir como un puñal con curvatura se incrustaba en su cuello.
—Me hiciste sangrar idiota— Fueron las palabras de Priess al ver caer sin vida a su contendiente.
Alan por su parte se hallaba escondido detrás de un árbol, escapando de una mujer llamada Nidja quien portaba un rifle, hallándose sobre un árbol, obviamente confiaba en el camuflaje que el follaje le brindaba.
—Por cierto, hay otro chico aproximadamente de tu edad, se llama Dallas si no me equivoco, estuvieron comentando eso previamente al juego, ustedes junto con Dana son los jugadores más jóvenes en la arena actualmente.
—Ya lo conocí, hablé con Dallas justo antes de entrar al terreno.
—¿En serio? ¿No le dijiste para formar alguna alianza?
—Creo que él deseaba eso mismo, pero la verdad yo no, no es posible confiar en alguien en este terreno apenas conociéndole, temería luego una puñalada trasera, recuerda que aquí soy simplemente un puntaje más para un marcador—. Neil recordó las palabras de Arianne cuando él había sacado el arma—. ¿Pero dijiste que somos los más jóvenes actualmente? ¿Ha habido niños en este juego?
—Sí, algunos, niños de guerra les llaman, niños soldados, al parecer son famosos en algunos lugares de oriente—. Neil escuchó a su hermano y recordó a los chiquillos africanos que eran reclutados por milicias.
Las imágenes mostraban ahora a un par de participantes huyendo de la máquina, la cual disparaba en todas direcciones, pero Neil se preocupó por algo más, la persona del piso superior comenzó a moverse, una puerta resonó junto a una voz que resultaba inconfundible, el tono meloso y psicópata era una firma segura.
—¡Ven aquí, papi tiene un regalo para la niña!—. Nexus se hallaba en el piso superior, la sangre del muchacho se heló, aquel hombre le daba un temor superior al resto, un par de disparos resonaron.
—Busca a Nexus bro ¡rápido!— Expresó Neil. La imagen llegó un par de segundos después. El hombre se hallaba observando de lado a lado de una habitación, disparó detrás de la cama, el armario y continuó caminando— ¿A quién perseguía él?
Franco cambiaba la imagen en la televisión, Neil observó en el lente la figura de Dana entrando a un cuarto repleto de libros, al tiempo que se apoyaba contra una pared. La observó un instante y comprendió la situación, raudo se levantó y apuntó a la chica con el arma, esta reaccionó lanzándole un cuchillo que dio directamente contra su pistola. Neil quedó impactado, el arma de fuego aún se hallaba en el aire cuando la chica se abalanzó sobre él, derribándole en el acto, él respondió con un golpe, el cual no precisó donde le dio, solo sintió el impacto contra el suelo y un golpe de la chica directo contra su rostro. Los lentes rodaron y dejó de escuchar los gritos de su hermano menor, pero aquello fue mejor, podía verla, se hallaba sentada sobre él.
Subió ambas piernas y rodeó su cuerpo con las mismas, la chica era rápida, se zafó en el acto e intentó levantarse. Neil la tomó de un brazo, le jaló contra el suelo y usando esto de apoyo se levantó en un solo movimiento, colocándose esta vez sobre ella, la chica movió su cuerpo hacia un lado y él junto a ella, rodando por un pedazo de la habitación, esquivó un puñetazo, mientras los brazos de la chica se movían en todas direcciones, intentando rasgarle el rostro. Pero en ese momento hubo algo que detuvo la batalla en seco, la voz de Nexus acercándose.
—¿Dónde te metiste niña?
Ambos se miraron fijamente, Neil colocó su mano sobre la boca de la chica, esta le apartó y realizó la seña de esconderse detrás del escritorio, así se separaron del amasijo de piernas colocándose detrás de la pieza de madera central en la habitación.
Expectación, podían escuchar el sonido de los pies descendiendo las escaleras, al tiempo que tarareaba, Neil observó los lentes muy fuera de su rango de alcance, y la pistola a un par de metros de distancia cerca de la pared, pero la chica le hizo una seña negativa con la mano. Decidió permanecer en su lugar junto a Dana, no por nada ella también se escondía de aquel hombre, obviamente no era alguien a quien pudiera vencer en un mano a mano.
Los minutos pasaron lentamente, ninguno de los dos emitía sonido alguno, no se escuchaba ruido alrededor, pero era obvio que aquel hombre se hallaba aún allí, a la espera de su presa. Neil comenzó a pensar en lo extraño que era Nexus por perseguir a Dana, cuando supuestamente siempre iba detrás de los primerizos.
Neil se acercó al arma arrastrando los pies, la chica le agarró el brazo con gran fuerza, pero él le hizo señas de que era solo por protección de Nexus, tomó el arma y se replegó nuevamente sobre la pieza de madera. Dana hizo un par de señas con las manos, pero él no comprendió ninguna de ellas, luego pronunció algo en una lengua extraña y en un tono muy bajo y suave, tampoco pudo entenderle, hasta que ella habló en un inglés muy rudo—. Él aún está allí.
—Lo sé—. Contestó Neil, la observó en detalle, usaba una franelilla algo infantil, jeans rotos en las rodillas, zapatos deportivos de color blanco y colores resaltantes. Su rostro se notaba despreocupado, pero no así su mirada, que observaba por el rabillo de la mesa en dirección a la puerta, su cabello castaño a la altura de sus hombros o quizás un poco más largo, era difícil decirlo debido a la posición que ella adoptaba—. ¿Por qué no te enfrentas a él?
—Es distinto, he visto personas como él antes, aman matar, se vuelven frenéticos cuando están cazando una presa, son obsesivos, además apenas comenzó el juego fue a por mí. Lo encontré en el quinto piso, casi esperándome, tomé un par de berettas, pero fue imposible darle, se movía como un rayo por la habitación, no había terminado de disparar cuando lo tenía encima intentando matarme con un cuchillo, apenas pude escapar.
—Es ágil entonces, la verdad me imaginé algo así.
—¿Por qué?—. Preguntó ella.
—Sus músculos, su expresión burlesca, es de alguien ya ha experimentado muchas veces la muerte, se nota que no alardea cuando dice matará a alguien.
—Debemos salir de aquí, somos presa fácil—. La chica lo miró—. Estás consciente de que apenas salgamos de aquí serás mi presa ¿verdad?
—Y tú la mía—. Expresó Neil, no podía mostrarse débil ante aquella chica, obviamente le superaba en habilidades, lo notó al pelear contra ella.
—Se acerca alguien—. Comentó ella, Neil intentó escuchar algo, pero nada era audible— Lo puedo sentir, es otro asesino experimentado, es muy minucioso, no hace ruido alguno—. El chico intentó agudizar sus sentidos, pero resultaba infructuoso, a su parecer todo se hallaba tranquilo, a las afueras se podían sentir muchos disparos, pero en el interior del edificio la paz reinaba, hasta que se pudo sentir la voz de una mujer.
—¡Aquí estas escoria!—. Luego de esto se escuchó un par de disparos y el sonido del metal chocando contra el metal.
—Eres hábil Isabel, tal como leí de ti, eres espectacular en la lucha—. Ruido y más ruido, disparos y risas por parte de Nexus—. Esto es emocionante ¡emocionante! ¡Te quiero matar!—. Pasaron al frente de la habitación, lo que Neil y Dana pudieron observar los dejó impactados, hombre y mujer luchaban a gran velocidad, ella portaba pistolas con cuchillas integradas. Nexus se cubría con las armas al tiempo que disparaba, ella respondía esquivándole, agachándose e impulsándole hacía él al ras del suelo intentando rasgar parte de su pierna, pero este respondía con una voltereta y más disparos. Neil abrió los ojos, ante todo aquello, y pensó en las palabras de Dana sobre la diferencia de nivel de aquel hombre, pero la mujer llamada Isabel era igual de peligrosa, peleaban a un ritmo frenético, si alguno de aquellos dos fuera por él, simplemente no tendría oportunidad, fue entonces cuando un escalofrío le recorrió.
—¡Es nuestra oportunidad!—. La chica saltó sobre el escritorio dirigiéndose al exterior, Neil apenas tuvo tiempo de reaccionar, corrió hasta los lentes y tomándolos se dirigió a la puerta, pero ambos se vieron sorprendidos por una lluvia de disparos provenientes de Nexus e Isabel, ambos a pesar de encontrarse luchando se percataron de ellos y dispararon en su contra. Ambos parecían tener más armas de las esperadas, se miraban fijamente, a pesar de todo no dejaban de prestar atención a su alrededor.
—¡Demonios!
—¿Pero cómo rayos nos vieron?—. Preguntó él.
—¿Estás seguro que esa era la única arma en esta habitación?—. Inquirió Dana, pero este no supo a qué se refería—. ¡Por dios! ¿Esa no es el arma de esta habitación?—. La chica corrió hasta los armarios y escaló en ellos como algún animal hasta conseguir lo buscado, un arma beige y marrón—. Una XM8 ¡había una XM8 en esta habitación y yo preocupándome!
Afuera de la habitación Nexus sostenía el brazo de la mujer mientras intentaba golpearle con el codo, ella doblò su cuerpo hacia atrás esquivando, él la soltó al ver su cuello expuesto, y ella le propinó una patada en el pecho alejándole, él le disparó y volvió a fallar, ella se quedó observándole, de pie frente a él.
—¿Se te acabaron las balas verdad?—. Isabel limpiaba su ropa del sucio y polvo, era una mujer de cabello corto y un tatuaje en su muslo—. A mi también, la verdad esperaba este momento—. Sonrió—. Era difícil pelear con tantas armas encima, no te permiten moverte bien—. La mujer se quitó un cinturón donde antes había un arma de la pierna, otro de su pie y cintura, hasta finalmente quedar con un par de cuchillas curvas en sus manos—. Vamos, peleemos frente a frente—. Le instó.
—Haces que mis nervios estén de punta mujer, me pregunto si tu sangre correrá igual a la de los demás—. Quitaba una correa para armas de su espalda, otra para cuchillas de su pierna y cintura, junto a un paquete de su brazo—. Me pregunto, si te cortó ¿Gritarás como cualquier otra mujer? Hace mucho que no peleaba contra un igual, es, es, ¡excitante!—. Se lanzó al ataque con una cuchilla larga que guardaba en su espalda.
Dana estaba a punto de atacar con el rifle, Neil se mantenía detrás del pórtico esperando poder salir de aquel apuro mientras su corazón desbocaba, podía observar todo en cámara lenta, pero incluso así no fue suficiente para comprender lo sucedido luego. Un pequeño frasco metálico rodó por el suelo del pasillo de afuera y lanzó una cortina de humo a su paso. Dallas pasó corriendo como un rayo entre los presentes, todos se le quedaron observando, tanto los dos de afuera como los dos dentro de la habitación, pero mayor sorpresa causó lo que veía detrás de él. Una pared estalló en pedazos y la máquina asesina entraba en escena, Nexus fue el primero en reaccionar, lanzando el frasco metálico a la máquina con una patada para nublar la vista de la bestia metálica. Resultó infructífero el intento, la máquina comenzó a moverse, las esferas le permitían rotar con la mitad del cuerpo por la pared y la otra mitad en el suelo, disparando una ráfaga al hombre y la mujer que corrieron en dirección a las escaleras.
Neil observó como la máquina pasó justo frente a la habitación, dejando la parte trasera del pasillo libre, y sin pensarlo nuevamente salió de la morada. La máquina le notó al instante y abrió fuego en su contra, cosa que a él le sorprendió pues estaba seguro aún disparaba al frente también. Se lanzó por una puerta deslizándose por el suelo, hasta observar la escalera por la cual subió al principio. Escuchó como aquella bestia de metal comenzó a descender, mientras él se dirigía al lobby, por ello preparó el arma—. Es una máquina, es distinto, es más como un videojuego—. En eso observó cómo la misma le disparaba a través de la pared, sin dejarle más opción que continuar corriendo, pensó en colocarse los lentes y preguntarle la mejor vía a su hermano, pero no había tiempo para ello.
Neil observó una estela de humo—. Dallas, él fue quien guio la maquina hasta nosotros mientras usaba el humo para escapar—. Se dirigió en dirección al humo—. Aunque bien podría ser una trampa, y estar esperando al final, guiándome hacia donde él desea—. Se detuvo a mitad de camino, apenas estaba cruzando una calle, el bosque se observaba en el fondo y un humo negro se despedía desde allá, por lo cual se colocó detrás de un automóvil a esperar y analizar la situación.
Dana saltaba por una ventana del edificio hasta la escalera de emergencia y escapaba por esa vía, él la podía ver a través del humo, pero no importaba mucho, las balas continuaban bailando por la zona, la maquina asesina se hallaba en funcionamiento—. Tengo que eliminarla, es la única manera que tengo de obtener los cien puntos, tengo que, tengo— Neil apretó la pistola en su mano, sus piernas temblaban donde se hallaba. Un ruido a lo lejos le hizo ver la pelea de Arianne contra un par de hombres, la mujer les dominaba con tan solo un palo entre las manos, su silueta se notaba a distancia, sin embargo, recordó que allí, en la arena ella era su enemigo.
Entró al vehículo en el cual se cubría, descubriendo un paquete con armas en su interior, una maleta con un rifle el cual no llegó a identificar por su escaso conocimiento del tema y un par de granadas de mano—. En serio no bromeaban al decir que habría armas por todo el lugar—. Se colocó los lentes y encendió el sonido. Hasta ese momento no había recordado la herida en su hombro, la tela se hallaba manchada de marrón, además le ardía un poco—. Y pensar que tan solo es un rasguño y nada profundo.
—¿Todo bien?— dijo.
—Eso te pregunto yo a ti bro, no soy quien está en la arena.
—La verdad ya dejé de estar asustado, lo cual es bueno, puedo tomarme un tiempo para pensar mejor.
—¿Qué piensas hacer?
—Eliminaré a la bestia, bueno, el robot.
—¿Qué? Pero ya varios lo han intentado.
—Creo tener una idea de cómo hacerlo—. Mintió, pero la verdad pensaba que matar a la bestia era su único camino, no se veía a sí mismo eliminando a nadie más, pero una máquina, era distinto, podía disparar cuantas veces quisiera, planificar plantarle una bomba, o cualquier otra cosa—. Como si fuese un videojuego.
—Dime qué necesitas entonces.
—¿Cuántos participantes quedan?
—Según la cuenta… déjame ver… veintiocho.
—¿Tan pocos?
—Han pasado ya casi dos horas bro, la verdad ha sido bastante tranquilo todo en ciertos momentos.
—¿Dos horas? ¿Pero cuándo?—. Apenas segundos atrás había salido a la arena, estado en el edificio un instante, esperando junto a Dana y…—. Dentro de otras dos horas ya no quedará casi nadie en el juego, pero lo más posible es que destruyan también a la bestia, probablemente no lo hayan hecho hasta ahora para no dar fin al juego y hacer otros puntos matando concursantes—. Analizó—. Si quiero matar a la bestia debo actuar ahora—. Observó el rifle y lo tomó en sus manos— Bro dime donde está la maquina ahora.
—Pues en el edificio, Nexus e Isabel están peleando, ella les interrumpe, huyen y ella les persigue.
—¿Primera planta?
—Planta baja.
—Deséame suerte entonces—. Se quitó los lentes y cortó la comunicación.
Neil bajó del vehículo y primero lo observó por debajo, ya era un cliché el que una bomba se hallase en un auto y este estallase al encenderlo—. Morir en un cliché tan barato es lo último que quiero ahora—. Bromeó consigo mismo montándose nuevamente, tomó el volante y accionó el interruptor, el carro ronroneó, notó cómo su corazón comenzó a palpitar, respiró profundo, colocó el rifle en sus piernas y pisó el acelerador.
Viró bruscamente, y dirigió el auto directo al edificio—. Solo es vidrio, solo es vidrio, matarás esa cosa, la matarás—. Sonrió sin darse cuenta, y colocó el pie entero en el acelerador, el auto rompió los vidrios, sintió el impacto, pero el vehículo continuó. Justo frente a él se hallaban Nexus e Isabel luchando, a un par de metros se encontraba la máquina asesina.
Viró el auto con toda su fuerza, sintió como los disparos de la máquina daban contra todo el vehículo abriéndole agujeros entre sonidos variados, pedazos de vidrio giraban en el aire suspendidos, el auto solo se detuvo cuando chocó contra la recepción del lobby. Neil para ese entonces ya se había lanzado del auto deslizándose por el suelo de la planta baja.
Las balas viajaban por doquier, terminó escondiéndose detrás del auto, observó que le había dado a Isabel en el camino, y esta se hallaba atrapada entre el mesón de la recepción y el auto. Él por su parte abrió la puerta delantera y sacó el rifle, estuvo a punto de disparar cuando sintió que la máquina disparaba en otra dirección, las balas dieron contra un muro que se hallaba a su izquierda.
—¡Tienes infrarrojos, perra!—. Blaster salía detrás del muro disparando una shogun al tiempo que corría por el lugar hasta un pilar. Neil notó que un cigarrillo permaneció en la boca de aquel hombre durante todo el transcurso.
—¿Por qué la máquina no me atacó a mi primero? Era un blanco fácil—. Pensó un instante, e intentó observarla detenidamente, a un lado se hallaba un aparato con una luz roja, a los lados las metralletas, y al frente un cañón que aún no había usado.
Nexus se hallaba a su derecha, detrás de un par de muebles, apenas le observó moverse hacia él Neil le disparó sin darle—. Quédate allí fenómeno—. Gritó, Nexus le miró sonriente y retrocedió un par de pasos hasta su escondite, obviamente se hallaba en desventaja con la máquina detrás de Neil. El autómata respondía a las amenazas, si observaba un ataque feroz repentino iría a por él, Neil por su parte disparó porque realmente no deseaba que aquel hombre se le acercara, ya de por si se hallaba a merced de la máquina y de Blaster quien se encontraba a corta distancia, pero concentrado en el robot—. ¡Eso es! La máquina prioriza a quien atacar—. Neil observó a Nexus—. Y él lo sabe, por eso se abstuvo de atacarme frente a ella, y por eso está atacando a Blaster antes que a mí.
La máquina de pronto comenzó a andar rápidamente entre los escombros avanzando y disparando a un nuevo objetivo, de no ser por esto Neil no se hubiese percatado de lo siguiente, afuera del lugar se hallaba Dallas con lo que parecía un lanza misil apuntando a la instalación—. Está loco—. Fue el único pensamiento que cruzó su cabeza antes de actuar. Sus caminos se hallaban bloqueados, Blaster casi adelante, Nexus a un lado, la máquina por detrás, sorprendentemente supo qué hacer. Lanzó el arma por los aires, y corrió sin armas rumbo a la bestia metálica notó como el haz de luz rojo lo notó, pero identificó al instante que se hallaba desarmado, por lo cual no activó el rotor de disparo. Lo siguiente que se escuchó fue un silbido seguido de un fuerte estallido, el chico salió volando y terminó golpeando su espalda contra algún lugar.
Reaccionó de inmediato, el ruido era increíble, un pedazo de techo caía a pedazos, mientras el resto de la estructura crujía, afuera la máquina rodaba a gran velocidad mientras disparaba en varias direcciones, Blaster corría por la calle hasta colocarse detrás de un auto. Isabel, la mujer que hasta momentos antes se hallaba atrapada en la recepción ya no se encontraba, el auto por su parte se hallaba de pie incrustado contra una pared en llamas, a sus pies se hallaba el rifle. Lo tomó e intentó ponerse en pie, hasta ese momento no se había percatado del dolor en todo su cuerpo. La espalda alta emitía una punzada y su rostro se hallaba manchado de sangre.
A pesar del dolor resolvió colocarse de pie rifle en mano, debía eliminar la máquina a como diese lugar, dio un par de pasos cuando se encontró con el rostro de Nexus frente a él, su expresión sonriente, mientras una cuchilla danzaba jovialmente en su mano—. Llegó tu hora niño.
El auto cayó de donde se hallaba de pie, pero aquello no era su preocupación, ahora él retrocedía esquivando la cuchilla de Nexus—. Moriré, este hombre me matará—. Fue su primer pensamiento seguido de—. Es demasiado rápido—. El cuerpo se movió sinuosamente muy cerca del suelo, Neil sintió un corte en su pierna, retrocedió disparándole, pero él ya no se hallaba allí, ahora venía por la izquierda, directo a su cuello. En eso una sombra saltó desde un mueble y con gran agilidad se situó justo en su espalda.
Dana apoyaba los pies sobre la espalda de Nexus mientras con sus brazos apretaba una soga alrededor de su cuello, Neil lo observó a contraluz. Afuera se escuchaba un gran estruendo cuando la máquina accionó su cañón principal bombardeando un automóvil haciéndole volar por los aires. El estruendo sorprendió a todos, Nexus aprovechó esta oportunidad para girar todo su cuerpo. Dana salió volando hacia adelante, abandonando el edificio hasta la acera de la calle.
—Prioridad de ataque—. Razonó al observar que la máquina observaba a Dana con su haz de luz roja, el cañón principal se movió hasta apuntarle.
Lo siguiente sucedió en cuestión de segundos, Neil lanzó el arma por los aires a Nexus, quien la tomó sin percatarse de la trampa en aquel acto, el chico por su parte corrió hasta el auto abriendo la puerta trasera, todo el interior se hallaba caliente, y en el piso del mismo se encontraban un par de granadas de mano, las tomó y accionó en el acto. La bestia mecánizada mientras tanto disparaba a Nexus quien mantenía el rifle en sus manos. El muchacho lanzó las bombas a la calle, estas rodaron por el suelo rumbo a la máquina, él se dirigió hasta Dana esquivando la lluvia de disparos, la tomó de la camisa observando que la chica se hallaba herida en su brazo, y salió corriendo por el corredor de la edificación rumbo a la calle contraria.
El cañón de la bestia impactó contra el pilar principal de la estructura del edificio, la misma en la cual Dana se escondía, acto seguido se sintió el estallido del par de granadas, el estruendo les derribó. Neil aterrizó contra el pavimento, pero en su afán volvió a levantarse, Dana había rodado y se hallaba frente a él en una situación similar.
Entonces se sintió un crujir grave y profundo. Acto seguido, el edificio cayó sobre su propio peso, inclinándose de un lado para finalmente volverse solamente escombros entre un gran estruendo y una humareda de polvo, después de eso Neil tan solo sintió como daba contra unos arbustos y todo era cubierto por una nube de polvo que impedía la visión y le cortaba la respiración. Buscó inspirar a través de la camisa, al lograrlo se quedó sentado esperando.
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