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El Regreso Del Venerable. El Elegido que lo Destruirá Todo

14. Capitulo XIII

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La calma de Haruto se rompió por una sutil alteración en el aire gélido, y su mirada se posó en el arbusto. Tras un silencio que se extendió como una eternidad helada, una pequeña figura emergió..

"Yo no le temo a los demonios," declaró Haru Kira, su voz firme a pesar del temblor casi invisible en sus labios. Se enderezó con una exagerada rigidez. "Ya soy grande. Estoy aquí para luchar contra ellos."

Haruto, cuyo nombre verdadero era Ren Kai, enarcó una ceja, un gesto imperceptible que solo la mente de un cultivador notaría. La audacia y la absoluta falta de protocolo del niño eran desconcertantes.

"Tu arrojo es admirable, joven," inquirió Haruto, su tono sereno, "pero dime, ¿cuántas estaciones has presenciado? ¿Cuántas primaveras han moldeado tu espíritu para que te enfrentes a tales horrores?"

Haru Kira, orgulloso de su longevidad, infló el pecho. "¡Estoy en mi octava primavera!"

Una ligera curva, un destello fugaz que no era de alegría sino de profunda ironía, tocó los labios de Ren Kai. Él mismo apenas había completado su duodécima primavera, y sin embargo, la distancia en madurez y etiqueta era abismal. La imprudencia del joven era una afrenta a la disciplina.

Pero antes de que pudiera aplicar una reprimenda sobre los modales, Haru Kira continuó, con la mirada clavada en la entrada de la cueva.

"Yo sé que esa bestia no es un demonio."

La afirmación resonó con una certeza tan inesperada que capturó la completa atención de Ren Kai. "Tu convicción es absoluta," musitó el Elegido. "¿Cómo puedes estar tan seguro de una verdad que los Maestros de la cultivación ignoran?"

Haru Kira bajó la voz, transformando el aire en una confidencia íntima y terrible. "Yo siempre he honrado este bosque, explorándolo desde que era un niño pequeño. Pasé innumerables veces por esta cueva, y solía espiar a esas bestias. Eran seres de una belleza casi divina, una vida calmada y llena de luz. Pero su apariencia, su piel... era celestial, no como la de ahora."

La voz del niño se quebró ligeramente al describir la tragedia. "Una noche, el bosque se llenó de fuego, y cuando fui a ver, La gente del Emperador habían capturado a las bestias... ellos son los verdaderos demonios."

Ren Kai, el joven sabio, observaba al niño, analizando la pureza inalterable de su percepción. Haru Kira no estaba aterrorizado por el Kage Tora No Yami, sino por los hombres que lo crearon.

"Vi con mis propios ojos cómo el esposo de la bestia era asesinado ante su mujer y su cría. Su piel fue arrancada frente a ellos. La cría, intentando huir, fue enjaulada. La madre enloqueció. Su pelaje se volvió negro como la noche sin luna, y su Fuego Azul se hizo una neblina de llamas oscuras, aterradora. Fue espantoso ver cómo aquellos demonios convirtieron a una criatura tan hermosa en algo tan temible. Mató a todos para salvar a su hijo, y el cruel Emperador nunca ha dejado de contratar gente para capturarla. Pero tú la salvaste, y le devolvistes su bella apariencia... ¿por qué?"

Ren Kai se arrodilló lentamente, hasta estar a la altura del niño, su rostro aún impasible, pero sus ojos azules brillando con un respeto inédito.

"Aquella bestia," explicó Haruto con la voz pausada de quien recita un texto sagrado, "es un Kage Tora No Yami, una Bestia Divina cuya esencia fue corrompida, como un río de plata envenenado por la codicia humana. Yo la liberé porque mi juramento es proteger las vidas inocentes de la oscuridad, ya sea la del Abismo Demoníaco o la que anida en el corazón del hombre."

Los ojos de Haru Kira brillaron con una luz deslumbrante al absorber las palabras. En un movimiento ágil, se arrodilló con una gracia instintiva, realizando las tres profundas reverencias que un neófito ofrece a un maestro.

"¡Por favor, Ren Kai! ¡Sé mi maestro! ¡Enséñame a proteger a otros de los demonios!"

Ren Kai se levantó, incapaz de aceptar tal pleitesía. "No puedo aceptar tu reverencia, joven. Apenas soy un estudiante. Hay grandes Maestros en el mundo de la cultivación que pueden guiarte."

Haru Kira negó con la cabeza sin levantarse. "No quiero otro maestro. Esperaré. Esperaré a que te conviertas en un Gran Profesor para ser tu primer estudiante."

Ante la obstinación inquebrantable de este niño de la calle, Ren Kai sintió que la rigidez de su alma se resquebrajaba. Sus propias palabras, la formalidad del mundo cultivador, regresaron a él.

"Entonces, y solo entonces," declaró Ren Kai, su voz cargada con el peso de una promesa, "esperaré el día en que vengas al clan Kōketsu no Tachi. Me volveré tu Maestro y tú serás mi único estudiante."

Haru Kira se levantó, el triunfo brillando en sus ojos oscuros. "yo juro que ire maestro ren kai."

"muy bien joven kira," respondió Ren Kai.

Sin más palabras, Haru Kira se despidió. Ren Kai permaneció solo. Sabía que las consecuencias de salvar al Kage Tora No Yami y desviar a los cultivadores serían graves, pero estaba dispuesto a pagar cualquier precio por la vida de una criatura inocente. La justicia, para él, no se medía en reglas, sino en la pureza de la acción.

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