15. capítulo 15 - el depredador invisible
El viento que atravesaba el Valle de las Agujas Negras no sonaba natural.
Se filtraba entre las columnas de piedra negra produciendo un silbido metálico, como si el valle entero respirara a través de miles de agujas de roca.
El grupo avanzaba con cautela.
Las agujas emergían del suelo en todas direcciones, algunas tan altas como torres, otras inclinadas en ángulos imposibles. El terreno era irregular, cubierto de grava oscura y fragmentos de piedra volcánica.
Pero no era la geografía lo que inquietaba.
Era el silencio.
Ni insectos.
Ni aves cavernarias.
Ni el crujido de criaturas pequeñas.
Nada.
Soren caminaba unos pasos delante, la lanza corta inclinada hacia el suelo mientras observaba el terreno.
—Esto no es normal.
Kael resopló.
—¿Qué parte del Abismo lo es?
Soren señaló el suelo.
Huesos.
Muchos.
Costillas, cráneos, espinas.
Algunos enormes.
Otros humanos.
Pero ninguno completo.
Ilyas se agachó cerca de una de las agujas y examinó las marcas en la piedra.
—Algo arrastra cuerpos aquí.
Nouk se movía entre las sombras de las columnas, casi invisible cuando el terreno lo permitía.
—No solo arrastra.
Señaló hacia adelante.
—También mastica.
A unos metros, un casco de explorador estaba aplastado como si hubiera pasado entre mandíbulas diseñadas para romper huesos.
Uros apretó el mango de su hacha de dos manos.
—Seguimos.
No levantó la voz.
Pero todos entendieron.
Atravesar el valle era más rápido que rodearlo.
Y retroceder no era una opción.
El primer sonido llegó como una risa.
Baja.
Áspera.
Un sonido que erizaba la piel.
Luego otra.
Después otra más.
Las sombras entre las agujas comenzaron a moverse.
Una criatura emergió de detrás de una columna negra.
Parecía una hiena deformada por el Abismo.
Pelaje oscuro y apelmazado.
Espalda arqueada.
Mandíbulas anchas llenas de dientes diseñados para triturar huesos.
Sus ojos brillaban con una inteligencia desagradable.
Detrás apareció otra.
Y otra.
Y otra más.
Una manada entera de Carroñeros del Valle comenzó a rodearlos.
Eran docenas.
Quizá más.
Kael soltó una risa seca.
—Genial.
Uros levantó ligeramente el hacha.
—Formación.
La manada atacó.
El primer carroñero saltó directo hacia Vaelith.
La draconiana no retrocedió.
Avanzó.
Su puño chocó contra el cráneo de la bestia con un impacto seco.
El animal cayó de lado, aturdido.
Otro se lanzó hacia su flanco.
La cola de Vaelith se movió como un látigo.
CRACK.
La criatura salió despedida contra una roca.
Pero tres más venían detrás.
Soren interceptó uno en pleno salto.
La punta de su lanza se hundió bajo la mandíbula del animal.
El cuerpo quedó suspendido un instante antes de deslizarse por el acero.
Pero la manada no se detenía.
Ilyas apareció entre dos agujas.
Sus garras retráctiles se extendieron con un chasquido.
Se lanzó sobre una de las bestias y la abrió desde el cuello hasta el pecho antes de rodar hacia un lado.
Otro carroñero cayó sobre él.
Ilyas giró el cuerpo.
Sus garras perforaron el vientre del animal.
Kael ya estaba en medio de la manada.
Sus dos hachas descendían una tras otra.
Un golpe abrió el hombro de una criatura.
El segundo le partió la columna.
Una tercera intentó morderle la pierna.
El hacha giró hacia abajo.
La mandíbula se partió con un crujido húmedo.
—¡Son demasiadas!
Nouk apareció detrás de otra bestia.
Sus kukris brillaron una fracción de segundo.
Un corte profundo en el tendón trasero.
La criatura cayó.
El segundo cuchillo abrió la garganta.
Nouk ya se movía hacia el siguiente objetivo.
La manada atacaba desde todas partes.
Saltos.
Mordidas.
Cuerpos chocando contra la formación del grupo.
Uros dio un paso adelante.
Su hacha descendió.
El golpe partió la cabeza de una bestia y la incrustó en la grava.
Pero otra saltó sobre su espalda.
Vaelith la interceptó antes de que las mandíbulas se cerraran.
Sus garras se hundieron en el cuello del animal y lo lanzó contra el suelo.
El combate se volvió caótico.
Los carroñeros no temían morir.
Retrocedían.
Volvían a atacar.
Rodeaban.
Esperaban el momento para saltar.
Una embestida empujó a Soren contra una aguja de roca.
Su mochila se enganchó en una saliente.
Otra criatura saltaba hacia él.
No tuvo tiempo de liberarla.
Soltó las correas y dejó la mochila colgando de la piedra.
La lanza subió.
La bestia cayó atravesada.
—¡Las mochilas estorban!
Kael esquivó una mordida y giró sobre sí mismo.
Una de sus hachas quedó atrapada en el cráneo de una criatura.
La arrancó con un tirón brutal.
Pero su mochila lo desequilibró.
Un carroñero se lanzó hacia él.
Kael soltó las correas y la dejó caer.
—¡A la mierda!
Su hacha se hundió en la cabeza del animal.
Uno tras otro, el grupo abandonó el peso que los frenaba.
Las mochilas quedaron esparcidas entre los huesos del valle.
Y algo cambió.
Los movimientos empezaron a encajar.
Uros bloqueó una embestida.
La criatura quedó expuesta.
Soren ya estaba allí.
La lanza la clavó contra el suelo.
Kael apareció desde la derecha.
Un golpe de hacha terminó el trabajo.
Ilyas rodó bajo el cuerpo de otra bestia.
Nouk apareció detrás de ella.
Un kukri abrió el tendón.
Vaelith remató con una patada brutal.
El combate comenzó a fluir.
Como si todos compartieran el mismo ritmo.
El mismo instinto.
Nadie dio órdenes.
Pero cada movimiento encontraba al siguiente.
Kael lo sintió primero.
—¿También lo sienten?
Nadie respondió.
Pero todos lo sabían.
Entonces las criaturas dejaron de atacar.
De repente.
Como si una señal invisible hubiera atravesado la manada.
Los carroñeros retrocedieron.
Sus risas desaparecieron.
Las orejas pegadas al cráneo.
Las colas bajas.
Una por una comenzaron a apartarse del grupo.
Ilyas observó la retirada.
—Eso no es miedo.
Soren frunció el ceño.
—Es obediencia.
El suelo vibró.
Un sonido profundo recorrió el valle.
Algo enorme se movía entre las agujas negras.
Las criaturas restantes se apartaron aún más.
Abriendo un camino.
Las sombras cambiaron.
Uros levantó la mirada.
Entre las columnas de piedra algo gigantesco se desplazaba lentamente.
No lo veían con claridad.
Pero podían sentirlo.
El verdadero depredador del valle.
El Apex del Valle de las Agujas Negras había despertado.
Üros ajustó el agarre en su hacha.
Su voz fue baja.
Pero firme.
—Ahora empieza el problema.
El valle volvió a quedar en silencio.
Y algo en la oscuridad comenzó a acercarse.
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