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MECÁNICA AUTÓMATA

7. LA RESERVA HUMANA

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El pequeño chico a sus doce de edad observaba la televisión, una imagen ampliada y en tres dimensiones del noticiero, allí estaba su padre, se hallaba en otro país, la súper potencia rusa firmando un tratado comercial de piezas, aquello era trascendental por significar el primer acuerdo entre dos súper naciones sin conflicto bélico de por medio. Pero aquello para el no significaba buenas noticias, tan solo implicaba la ausencia familiar ante su reciente operación, volvió a levantar las sabanas blancas de la cama para verse las piernas, aun no se acostumbraba a observar piezas mecánicas donde antes estaban músculos y piel. 

—¿Por qué no mencionaste que mis padres estaban en Rusia?— El chico le preguntó a un androide de cabeza cuadrada, ojos azul celeste, exterior metálico y extremidades muy delgadas.

—No se me permite responder a esa pregunta señor.

—Ya veo, papá te dijo que no me dijeras nada.

—Las órdenes del cabeza de familia o los padres prevalecen sobre la de los niños siempre y cuando…

—Estas no contradigan las leyes de la robótica… lo sé, me lo has repetido suficientes veces— Contestó él un poco cansado, intentó mover los dedos de los pies, pero estos no respondían, sin embargo no era como si extrañase sus funciones motoras, después de todo jamás en su vida había tenido el lujo de caminar, sus piernas eran atrofiadas de nacimiento, otra razón por la cual no podía compartir con sus padres quienes viajaban por negocios y asuntos gubernamentales constantemente— ¿Es normal que aun no sienta cambios?

—Conforme siga el tratamiento deberá empezar a sentir, recuerde que los nervios deben acostumbrase a las uniones.

—Ya escuché eso— Rezongó— Dame las pastillas esa de nanobots o la de células— Le indicó.

—Aun no es tiempo, la dosis deberá ser administrada dentro de una hora señor.

El chico observó al robot, estaba cansado de hallarse siempre allí en la misma habitación gigante y lujosa inclusive era incomodo el no poder moverse en su propia cama pues aquellas piernas metálicas le pesaban— Supongo estarás feliz, ahora me pareceré un poco a ustedes.

—Me complace saber que el señor podrá caminar prontamente— Respondió el androide cortésmente.

—¡Lárgate! ¡Sal de la habitación! No tengo ánimos de verte.

—Como usted ordene señor, estaré a su servicio cuando me necesite.

—No sé como mis padres pueden pensar que una maquina puede suplantarles— Observó nuevamente las piernas robóticas que ahora tenía, no recordaba nada de la operación, pero al despertar sus piernas verdaderas habían sido suplantadas, lo difícil era estar solo durante todo el proceso, en la clínica podía observar como familias visitaban a sus seres queridos, él solo tenía dos autómatas a su disposición. Observó nuevamente la televisión, era imposible no sentir impotencia, pero no debía desesperar por ello, ahora con las prótesis debía caminar en los próximos días, un verdadero milagro de la tecnología; sonrió levemente e intentó nuevamente mover los dedos de los pies— Pronto Jorge, pronto, tranquilo, la tecnología bien puede ser una bendición para el ser humano— Sonrió nuevamente pensando en poder caminar.


Ahora Jorge levantaba la mirada, se hallaba a los pies de su compañero Matt, minutos antes le fue imposible el sacar los vehículos del estacionamiento por alguna posible falla, se conectaron a la red del instituto para averiguar que estaba sucediendo en el mundo, terminaron observando la funesta transmisión de aquél robot, quedaron impactados ante el nivel del ataque, el mundo entero se hallaba en una posición delicada, los servicios de comunicaciones se hallaban intervenidos, y el gobierno técnicamente maniatado ante tal aspecto.

—¡Accedamos a la red, probablemente podamos hacer algo!— Fue la primera idea en venir a su mente, pero al conectarse se dieron cuenta de cuan imposible resultaba , el nivel del virus les había infectado para cuando abrieron sus computadores, se podía acceder a internet, sin embargo los banco de datos estaban filtrados o restringidos, esto significaba que la información de todas las personas en el planeta se hallaba comprometida, pues después del invento de la internet el paso más lógico fue subir toda la información a esta, así todo era más sencillo, manejable, rápido y efectivo. 

Pero minutos luego de intentar el acceso a la red sucedió algo muy extraño, ambos caminaban casi sin rumbo preguntándose que podían hacer mientras Jorge sugería marchar a casa cuando Matt pareció sufrir una especie de ataque, sus ojos se tornaron rojos repentinamente, se quedó paralizado durante un instante muy incomodo y luego le miró de manera amenazante diciendo “ Debe estar en su casa humano, el toque de queda ha sido dado” Fue en ese momento en el cual el chico comprendió que su compañero era un androide, las ideas se arremolinaron en su cabeza, pero antes de poder procesar toda la nube de información sintió como Matt le tomaba de la camisa y le levantaba del suelo.

—¡Suéltame!— Ordenó, pero nada sucedió, el mecánico le lanzaba al suelo con gran potencia, sintió todo su cuerpo retorcerse de dolor, su espalda y pecho comprimiéndose contra el suelo, cuando Matt colocó un pie sobre él. Y allí se hallaba, observando a su ex compañero pisándole, podía sentir como su cuerpo ardía de dolor, sin embargo no quería gritar, se negaba a hacerlo, las lágrimas brotaban de su rostro, intentaba llamar a su compañero, hasta que sintió la presión del metal sobre una de sus costillas pronta a ceder, observó los ojos rojos del androide, comprendió las palabras del robot al decir toque de queda, asustado su cuerpo reaccionó, propinándole una patada a Matt, impulsándole varios metros por el aire hasta dar contra el suelo de pavimento, fue en ese entonces que Jorge observó su alrededor, el mundo se hallaba en caos, habían columnas de humos por doquier, sirenas de alarmas encendidas, brasas rojas reflejadas contra los cristales de los edificios.

—¡Pero qué rayos!— Llevaba casi media hora caminando sin percatarse de su alrededor, pendiente siempre solo de sus pensamientos, pensando solo en su seguridad, mientras el planeta entero se desmoronaba, comprendió lo egoísta que a veces podía ser— Creo que me convertí en algo parecido a mis padres, solo pendiente de mi mismo— Pensó en voz alta, observando su alrededor, de un edificio se observaba a una persona saltar junto a un ser de metal— ¡Oh Dios!— Matt se levantaba nuevamente tomando impulso en su dirección, el apenas pudo reaccionar e interpuso sus piernas, le abatió y luego caminó hasta él y pisó su pecho, aparentemente dejaba de funcionar— Rayos la tecnología puede ser un arma de doble filo realmente— Le pisó con mayor fuerza y siguió su camino pensando en lo mucho que había por hacer.


—¿Qué haremos?— Gesticulaba Sofía.

—Salir de aquí, pero debemos permanecer quietas— Susurró la segunda.

—Tengo una idea— Palabras de la chica, a la cual Julys se le quedó mirando fijamente queriendo gritarle “¡mejor no hagas nada!” a su alrededor se hallaban otras personas, al igual que ellas tendidas en el suelo. 

—¡El accidente! ¡estoy vivo!— Se escchcó a un hombre gritar, un androide se dio vuelta y le tomó por el cuello, será escoltado hasta su hogar, donde deberá permanecer en toque de queda.

—¿Toque de queda? Eso es algo loco, yo necesito ir al hospital ahora.

—Negativo.

—¡Es una orden robot! Llévame al hospital ahora!— En ese instante el hombre se levantó del suelo, observó a las personas a su alrededor percatándose de que algo no andaba bien— ¿Qué está sucediendo? ¡Estas personas están heridas debes llevarles de inmediato…!—  Su cuerpo fue lanzado al suelo de un golpe en la cabeza, no emitió sonido alguno, Julys se movió del impacto, estaba segura de que aquél hombre estaba muerto, pero desafortunadamente el androide observó su movimiento.

—Señorita levántese ahora mismo— Se escuchó la voz del ser, Julys estaba paralizada de miedo observando a Sofía mientras que otros autómatas se giraban para prestar atención a la situación. Julys sentía miedo, sabía lo que le sucedería, en ese momento cuando su corazón palpitaba fuertemente, Sofía le picaba un ojo levantándose.

—Iré a mi casa de inmediato, pero necesitaré un escolta— Expresó la chica, y con su mano le hacía señas a  su amiga de que se levantara.

—Yo también iré. 

—Familia Montreal Doskas de la zona sur de la ciudad— Julys se quedó impactada ante la mención de los apellidos, los reconocía muy bien, pero no eran los de Sofia.

—¿Y usted?— Se dirigió el robot a la segunda chica.

—Yo voy con ella.

—Imposible, cada quien a su residencia.

—Es mi prima de una colonia externa, se está quedando conmigo— Expresó Sofía, mantuvo regulada su respiración, evitó la gesticulación y expresó con algo de apresuro, todos factores que el robot leería como rasgos de verdad en sus palabras.

—Muy bien, acompáñenme— Y así comenzaban la marcha, Julys continuaba nerviosa, y Sofía le dio un golpe en la espalda para que reaccionase y le siguiese. 

Observaba su alrededor con cuidado, rondaban una zona residencial, habían otros mecánicos escoltando a personas hasta sus hogares, otras escenas por en cambio eran peleas,  personas sometidas bañadas en sangre y cuerpos dispersos por el suelo como si de una guerra se tratase.

—De-bi-be-bi de-bi ser-bi el-bi mis-bi-mo-bi ro-bi-bot-bi que-bi los-bi es-bi-tá-bi ma-bi-ni-bi-pu-bi-lan-bi-do-bi.

Sofia tardó un par de segundos en comprender lo que su amiga decía, y eliminar los “bi” de entre las palabras, observó al androide, este ultimo parecía no verse inmutado ante el mensaje, obviamente no podía comprenderle, aquello era bueno, ella misma se había estado preguntando cómo podrían comunicarse entre sí.

—Me lo imaginé.

—¡Debemos hacer algo!— Continuaban hablando intercalando las “bi” entre cada consonante y el androide les guiaba entre el caos.

—¿Qué podemos hacer? Si nos oponemos nos matan, es preferible esperar, caminar e intentar solucionarlo luego.

—Por cierto, esa dirección que diste.

—Debe de ser la dirección de Isaac, no sé donde vive, pero los androides tienen la dirección de todos almacenadas.

—¿Por qué su casa?

—Supongo irán allí, después de todo es un toque de queda, y si van a alguna base militar aquello debe de ser una guerra.

—Sin embargo podrían estar en cualquier lado.

—Una corazonada, la lógica me dice que Isaac buscará de ir allí, ya varias veces ha mencionado a su madre, creo que es muy importante para él. 

—Entiendo— Julys observaba con horror como torturaban a una mujer arrastrándole hasta su casa por el brazo, parecía sufrir una dislocación, hasta que un hombre en bata de dormir se acercó al ser rifle en mano y le disparó en la cabeza sin preguntar, el sonido grave retumbó en la atmosfera, el androide cayó hacia atrás y la mujer observó al hombre con lagrimas en los ojos. Un grupo de cinco androides se abalanzó de inmediato contra el hombre, incluyendo el androide que escoltaba a las chicas, las personas escapaban en desbandada, pero Sofía retuvo a Julys cuando esta se disponía a correr.

—Nos conviene la escolta del androide hasta que nos guie a casa, fíjate que mientras lo hemos tenido cerca ninguno de los otros nos ha atacado, parecen reconocerse, además son extremadamente rápidos, nos alcanzarían— La otra chica se calmó, miraba aterrorizada como arrinconaban al hombre, el cual disparaba dos veces más antes de que un androide se lanzara contra su pecho le empujara contra la grama del frente de aquella casita de madera pre-construida, se escuchó un alarido por parte del hombre, y golpes contra su rostro del autómata hasta que otro retiró el arma de sus manos, Sofía dejó escapar un grito ahogado, y Julys se tapaba la boca con las manos mientras lloraba, el hombre estaba muerto tendido en la entrada de su casa, y otro androide tomaba ahora a la mujer por el brazo y le movía.

—En marcha— Fueron las únicas palabras de aquél ser metálico al regresar, en ese instante un grupo de aviones a mucha velocidad sobrevolaron la zona hubo un ruido ensordecedor, una luz azul bajó del cielo, a las chicas les punzaban los odios, el dolor era atormentante, para cuando se dieron cuenta se hallaban en el suelo temblando con las orejas tapadas por sus manos, el robot tan solo observaba la escena, un nuevo grupo de aviones seguían a los primeros disparándoles. 

—El gobierno está haciendo su jugada, esa fue un arma para desactivar las comunicaciones entre robots— Comentaba Julys aun conversando en lenguaje “bi” 

—En marcha, tenemos trece minutos y catorce segundos para llegar a sus hogares antes de que el toque de queda se haga absoluto y sean ejecutadas— Ambas chicas se quedaron perplejas ante aquello, Julys pensó en reclamar, pero comprendió que aquello sería irrelevante para el ser mecánico.

—Entonces apresura el paso— Ordenó Sofía.

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