1. EL PEZ
—No quiero hablar con nadie sobre eso mamá, tu no entiendes — Contestó él apretando la compresa de hielo contra su boca.
—Voy a ir yo nuevamente a poner una queja, y cuando hable con ese niño.
—Con la mamá.
—¡Con su mamá, la directora, y la CIA si hace falta! Entonces verán quien es Gabriela y conocerán el Álvarez en su mejor momento — El chico la observó sin saber si asentir o no, era confuso cuando su madre usaba su apellido como un objeto extra en la conversación. La boca no dolía tanto como su orgullo, este se hallaba por el suelo, destrozado, por no decir apaleado.
—No creo que sea buena idea que vayas allá...
—¡Pero Luka!
—No mamá, en serio, los muchachos van a hablar, y será peor... — Se quejó entre el dolor y la molestia de tener que explicarlo todo por enésima vez, no era la primera que le golpeaban, tampoco la primera que su madre terminaba poniendo una queja. Dudaba en extremo fuese la última del coro de burlas — Solo quiero ir a mi habitación, y no sé, estar solo.
Se retiró sin decir más, su madre tampoco objetó nada al respecto, se hallaba ocupada preparando la comida para el personal. Luka subió las escaleras, cansado, lanzando el morral a un lado para acostarse de brazos extendidos sobre la cama. Solo deseaba desaparecer y llorar un poco. El dolor en su pecho era fuerte, el vacío se extendía desde la boca del estómago hasta la garganta. Era pesado y doliente.
Se odiaba a sí mismo, odiaba ser lento y débil, pero lo que más odiaba era ser objeto de burlas por algo como ver anime, vestir de cierta manera o saber más de libros que de la vida real. Había olvidado enseñarle la calificación a su madre, pero tampoco importaba de mucho, ella estaba acostumbrada a sus notas, no las más altas, pero siempre entre las mejores. Un rango que él consideraba aceptable y que solo bajaba ante una temporada nueva de anime o el estreno de un libro.
Luka era un chico ordinario, odiaba las clases. No por los estudios, sino por estar en compañía de otros, más en esta nueva ciudad donde tomaron el gusto temprano de golpearle al salir de clases. Cualquier excusa bastaba: una bebida caída, una mirada a la novia de alguien, una mala respuesta a una amenaza, o la sencilla causa de ver cuán miedoso era. Un punto en el que parecía destacar.
—¿Llegaste bro?
—No, esto que ves aquí es una ilusión óptica — Contestó Luka a su hermano menor quien aparecía por el pasillo.
—No hay suficiente sol como para que un prisma haga eso bro — Dylan entró en la habitación empujando las ruedas de la silla. Los dos años que tenía en ella le habían brindado de cierta maestría a la hora de pasar por encima del desastre de las habitaciones. La ropa, el bolso y los videojuegos los podía esquivar con suma habilidad.
—¿Pasó algo?
—Eso te pregunto yo, parece que te molieron esta vez.
—Un poco, se me olvidó decirles que si me golpeaban irías a romperles la boca — Repuso el mayor.
—Oye, te apuesto a que puedo con ellos aun estando en esta silla.
—Sí, de seguro que sí — Luka se levantó olvidando su lamento. Su hermano tenía esa habilidad en él, la de animarle, o quizás la de mostrarle que no todo era tan malo como él creía. Dylan sufría de distrofia muscular de Duchenne, una enfermedad degenerativa que desde los once le obligaba a usar silla de ruedas — ¿Seguimos la partida de ayer?
—No vine a verte la cara golpeada, hay que jugar, no podremos subir si solo te dejas apalear.
—¡Oye!
Así eran las tardes en la casa, videojuegos con Dylan, quizás alguna película y hacer la entrega de comida a eso de las siete para aquellos que cenaban en los trabajos. Su madre trabajaba como secretaria medio tiempo en horas de la tarde, pero en la mañana preparaba comida para trabajadores de la misma empresa donde recién le contrataron. Una manera de obtener un dinero extra, necesario por los gastos de Dylan, quien presentaba fallas respiratorias algunas noches. Ese también era el motivo de aquella mudanza tres meses atrás, un mejor ambiente para su hermano menor y cercanía a la clínica central. Claro que ello había traído consigo problemas económicos, pero como decía su madre “al llegar veremos”.
La casa nueva no era tan mala, un poco más pequeña y vieja que la anterior, sin piso superior por comodidad de Dylan, una sala con un sistema de filtrado de aire y habitaciones separadas, un lujo el cual agradecía. Era genial tener un poco de privacidad, iba para dieciséis años, y, a pesar de ser delgado y pequeño, ya las hormonas se hallaban bastante alborotadas en su cuerpo.
—¿Te duele?
—¿La mandíbula?
—Eso, y el orgullo.
—Ya cállate Dylan —El rostro de perro arrepentido del hermano menor siempre era motivo de gracia.
—Si, hablo del golpe ¿Por qué no te defendiste?
—Eran tres no podía hacer mucho —Se explicó Luka.
—Si lo golpeabas entrarían los demás, claro.
—No sabes como es... —La verdad no deseaba hablar de ello, se sentía patético al recordarlo, el miedo paralizante al salir y encontrar a los chicos esperándole, un temor que le obligaba a recibir los golpes y burlas mientras dentro de su pecho crecía la ira y una sensación de impotencia. El miedo le embargaba cada vez que cruzaba las puertas de la institución, cuando recorría los pasillos y veía al resto pasar.
—Quisiera poder ir, no me importaría que me golpearan...
—Nadie te golpearía Dy...
—Solo digo que... ¡Sal de allí! ¡Es una emboscada! —Gritó Dylan, Luka no logró reaccionar y recibió el ataque por la espalda, la pantalla le indicó acababa de morir —Eres un noob bro.
—¿Ahora soy noob?
—Siempre lo has sido, solo he sentido piedad de decírtelo.
—¡Tu no protegiste la retaguardia!
—¡Duh! Ese ataque era obvio, no lo viste, estabas allí esperando como todo un noob, si ves que todo el equipo se mueve...
—¡Ya me voy chicos!
—¡Bendición mamá! —Contestaron ambos en coro.
La tarde transcurrió sin ningún contratiempo, a las siete se hallaba vestido y salió a repartir las comidas que su madre dejó listas, a las ocho se hallaba en casa, solo para ver un capítulo nuevo de su serie. Revisó la red antes de irse a dormir, solo una nueva solicitud de amistad de alguien a quien él no conocía. Notó un video en la cuenta de sus compañeros, le habían grabado tropezando por las escaleras, tirando el jugo de Lucia, una compañera de curso sobre su ropa. Ahora comprendía porqué Claude le golpeó al salir de clases, pero ya no importaba, era tarde, tenía sueño, y solo deseaba descansar sin pensar en volver a comenzar el día siguiente.
Eran las diez u once de la noche, se hallaba tumbado en la cama, pensando en la nueva vida que llevaba, al tiempo que jugaba en su celular, esperando la respuesta que nunca llegaba de Belinda, una excompañera que siempre le gustó.
Su vida era un desastre, no había logrado congeniar con nadie en la escuela aun, las notas, no importaban tanto, al menos no cuando nadie nota que eres bueno en algo pues te mudas cada año. La situación de Dylan tampoco mejoraba, y en la casa se comenzaba a ver estragos —Si estuviera papá —Soltó sin pensar, en voz baja. Pero él había muerto siete años atrás en un accidente de transito camino al trabajo, ahora solo estaba su madre, su hermano, los familiares del exterior a quienes nunca veía, y él, en una ciudad que no le agradaba y donde ya le habían golpeado más que a héroe de historietas.
Silvia tampoco parecía fijarse en él, una linda chica delgada de ojos verdes, delicada y adicta a los libros, definitivamente su tipo. Pero el silencio entre ambos era enorme, aún no hallaba una excusa para acercarse nuevamente, la primera vez había sudado como foca en el desierto al preguntarle sobre el libro que leía. La chica le contestó secamente y todo quedó allí.
Suspiró, no tenía ganas ni de jugar consigo mismo, solo, dejar de pensar y ya...
Luka despertó como todas las mañanas, tarde, con su hermano dándole un grito desde la cocina para que fuese a comer. La ropa regada por la habitación, los libros tirados sobre la mesa debajo de la consola de videojuegos, el ensayo a un lado, preparado desde una semana atrás, con las puntas dobladas y polvo encima.
Su método para arreglar el bolso era simple, lanzar todo como cayera en este. Corrió hasta la cocina, tomó un emparedado terminándose de colocar la camisa.
—Llegarás tarde —Su madre ya no se preocupaba por eso, era rutina —¿Qué sucedió hoy?
—El celular, olvidé ponerlo, o no sonó, no sé... lo siento,, bendición, chao Dy...
—Dios te cuide.
De su casa a la secundaria el trecho era de un poco más de un kilometro y contaba con diez minutos para llegar a tiempo, el problema usual radicaba en el transporte, tanto el público como el privado se hallaba siempre abarrotado, y el metro no era opción para una zona urbana. Su solución, correr, había pasado tanto tiempo escapando de peleas y abusadores, que desarrolló un gusto por la carrera. Ajustó la mochila, observó a los lados y visualizó el horizonte, donde un par de chicos caminaban y el sol daba contra el suelo, respiró profundamente y aceleró.
Valery encendía nuevamente su motoneta, el viejo cacharro que le regaló su padre tendía a fallar cuando menos lo esperaba, y ese día dio por quedarse pegado a mitad de camino en una zona urbana algo pobre. El motor ronroneó de nuevo, quizás debido a la patada que le proporcionó en medio de su rabieta, recogió el bolso y subió de nuevo. Notó a un chico pequeño y delgado de cabello negro y alborotado de su secundaria, la Agustiniana, a un par de metros, lucía distraído y deslustrado. Le habría dicho para brindarle la cola, de no ser porque la motoneta fallaba siempre, no obstante se quedó mirándole, el chico comenzó a correr y ella detrás de él en el vehículo.
Había algo raro, algo muy peculiar, el chico no estaba respirando o no aparentaba hacerlo mientras corría, se acercó al cruzar la calle y dar con la linea recta en dirección al centro de la ciudad y la secundaria —Hola.
—Hola —Luka la miró con rostro extraño, confundido de ver a una chica tan linda hablándole de pronto, su cabello era liso y de un tono castaño, casi dorado cuando el sol daba contra este, su tez blanca, rasgos finos, ojos marrones, grandes y sonrisa sincera.
—¿Eres del “Valor de Agustín”?
—Si —Aquel era el nombre de su secundaría nueva, ella llevaba el escudo cosido en el bolso, lo cual le indicaba que ella también.
—¿Haces algún deporte?
—¿Ah? ¡No! — Contestó él. Valery tan solo observaba su boca y nariz, por primera vez desde que corría tomaba una bocanada de aire, probablemente por estar conversando. Observó disimuladamente la velocidad en su motoneta, iban a treinta kilómetros por hora. Él obviamente no se hallaba consciente de ello, la chica sintió cierta curiosidad.
—Vamos a llegar tarde los dos, faltan cinco minutos ¿Te parece una carrera?
—¿Qué?
—Una carrera, hasta el “Agustín”, si tu ganas, te doy un beso, si yo gano... ya veremos...
Luka dudó, no le simpatizaban esos tratos, además ella iba en una moto, era imposible ganarle, pero la idea de un beso era tentadora, más al ver su sonrisa. La chica debía de estar un poco loca, estaba hablando con un extraño, no miraba al frente del camino mientras manejaba, y además competía apostando un beso —Acepto —¿Qué podía perder?
—La única condición, no puedes tomar aire más de una vez, y yo no podré pasar de cuarenta kilómetros por hora — El chico tan solo tomó aire y asintió con la cabeza, ella asintió y aumento la velocidad esquivando un auto frente a ella sin dejar de verle volteando la cara. Llegó a los cuarenta kilómetros por hora y comenzó a tomar bastante ventaja; dos, cinco, ocho, trece metros. Redujo un poco la velocidad de nuevo observando al chico, hasta treinta y cinco para detallar mejor si llegaba a respirar.
Sus piernas se movían muy rápido, pero algo ineficiente, daba zancadas largas, pero de pronto eso cambió, el chico comenzó a dar pasos más cortos y rápidos, alcanzándole, ella subió la marcha sin dejar de verle. Su rostro estaba rojo, su camisa se había salido, y sus piernas se movían a gran velocidad, como si fuese un corredor nato.
Observó el tablero de la motoneta y se sorprendió al ver que estaba en los treinta y ocho kilómetros por hora, pero el muchacho se hallaba a su lado y aumentando. Lo miró nuevamente, pero esta vez con los ojos muy abiertos, impactada, cuando notó como sus piernas de pronto flaqueaban y chocaban, amenazándole con tirarle al suelo.
Valery bajó la velocidad casi deteniéndose, cuando se percató de que habían llegado al “Valor de Agustín”. Tragó saliva, pensando en lo sucedido, el chico llegó poco después, jadeante y corto de aire.
—Perdiste —Le sonrió, pero Luka no se tomó la molestia de decir nada más, tan solo entró al instituto recuperando la respiración. La chica se quedó afuera un par de segundos pensativa, había corrido a treinta y ocho kilómetros durante un instante, y sin respirar, no era un sueño, acababa de pasar, el chico pequeño y delgado lo había hecho.
Valery sacó el celular y marcó, esperó en silencio agitando las piernas, hasta que decidió entrar —¿Aló? ¿Milo?
—Dime loca...
—Tengo un nuevo integrante para el club de natación.
—No hay vacantes Valery... lo sabes.
—Lo llevaré en la tarde, te sorprenderás —Y con estas palabras colgó un segundo antes de entrar a su clase.
Luka Llegó sin aire a la puerta de su clase, no se percató que a su lado se hallaba Felicia, la profesora de literatura observándole arreglarse la camisa.
—Vamos, entra o te coloco inasistente —Le despertó esta de su mundo.
Asintió levemente y buscó algún asiento trasero, no le interesaba demás la clase, pero las asistencias eran contadas y notificadas, por lo tanto relevantes, aunque su madre jamás se había preocupado mucho por ese punto, claro está, que Luka jamás había dado pie a dicha preocupación. Cuando todos los medios para llegar fallaban él tan solo echaba a correr.
Nadie le saludó al llegar, tampoco le extrañó, llegó a la ciudad un par de meses después de empezada la temporada escolar, cuando ya todos los grupos se hallaban conformados y las amistades establecidas, su papel sería el de marginado y lobo solitario. Tampoco le interesaba, no sabía cuanto tiempo se quedarían en dicha ciudad, todo dependía de la situación de su hermano. Además de que la clase era aburrida.
El contenido que daban allí él lo estudió meses atrás en la otra secundaria, estaban algo atrasados, excepto en matemáticas, allí los ejercicios eran más complicados.
La profesora Felicia era algo joven, calculó se hallaba cerca de los treinta, intentaba mantener las clases frescas y explicaba con soltura, procurando que todos entendieran, el problema radicaba en el alumnado, en aquella ciudad las personas parecían estar apresuradas para la vida diaria, pero con tiempo para redes sociales, chismorreo de pasillo.
Él podía amar las series, las películas y videojuegos, pero le era fastidioso estar en clase en ello, ese tiempo lo gastaba por lo general en realizar garabatos, tomar una siesta, o repasar algo de su interés. El día de hoy, el hambre causaba estragos luego de la maratón que realizó. Por lo cual sacó el pedazo de pan de la mochila y partiéndolo en pequeños pedazos iba tragando sin que las miradas se posaran en él.
—¿Qué habrá pensado esa chica? ¿En verdad iba a besarme? —Pensó observando por la ventana, era raro sin duda, aunque poco importaba ahora, perdió y con ello también el derecho a reclamar su premio. Pero la imagen de la chica se hallaba fresca, su cabello al sol, su mirada suave y aquella sonrisa con la cual le retaba, era demás de hermosa. Se convenció de ser un tonto al creer que una chica así se fijaría en él, no obstante se permitió recordarla detalladamente mientras sonreía y devoraba el último pedazo de pan.
—¡Luka! ¡Despierta! —La voz de Felicia y la risa disimulada de sus compañeros le devolvieron a la realidad.
—¿Si? —Se levantó tragando el pedazo de pan.
—Siéntate, te preguntaba por este tipo de villano en la literatura clásica.
—¿Cual?
—No estabas prestando atención... ¡Este Luka! El villano con problemas mentales.
—Si, claro, es un personaje desorientado de la sociedad, que presenta normalmente una clase de psicopatía enfermiza, donde ve el mundo de una forma distinta, creyendo que su realidad es la única y verdadera, y sus acciones son las debidas. En otros casos la desviación es tan fuerte que se desliga de la realidad y presenta rasgos simiescos o burlescos.
—Genial Luka, aunque no te pedía el concepto, eso lo acabo de dar, aunque el tuyo esta muy bueno, solo te preguntaba por un par de ejemplos.
—El guasón —Hubo un par de risas.
—Uno de la literatura clásica Luka, por favor.
—Jack el destripador.
—Exacto, bien, gracias y procura prestar atención para la próxima. Como me hallaba explicando, estos caracteres son concebidos para mostrar un lado humano alterado o exagerado que...
Respiró profundo, lo último que deseaba era problemas con algún profesor que ocasionara una citación a la cual su madre obviamente no podría asistir. Revisó y el pan se acabó sin él notarlo, el hambre continuaba y debía esperar hora y media más.
El rato se le hizo largo, su mente volaba entre imágenes de comida y la extraña chica en la motoneta, a quien debería ver de nuevo de seguro, comenzaba a sospechar que sería algo vergonzoso y tedioso de lidiar. La clase resultó monótona y el parcial de seguro era la semana siguiente aunque Felicia faltara por aclararlo al finalizar la clase.
—Sabes mucho sobre las personas con problemas mentales ¿Cierto? —La voz era de Pedro, un chico alto y regordete y boca ancha. A su lado se hallaba Mauricio un muchacho delgado de color oscuro que solía vestir elegante a pesar de comportarse como idiota, la tercera era Maria, una morena de mediana estatura, mirada aguada y buenos senos, que compensaban la ausencia trasera.
—Yo... —Balbuceó acomodando el bolso en su hombro, deseaba evitar problemas, pero del otro lado se acercaba Claude, el cual ya le había notado con mirada agresiva desde lejos —Dios...
—¡Mi amor! —El grito se escuchó por medio pasillo y algunos voltearon, otros miraron de reojo, como quien solo está de paso, no sin antes bajar la velocidad al caminar. Luka sintió el peso y el calor en su espalda, seguido de cabellos marrones cayendo por su cuello.
—¿Qué?
—¡Se nos hace tarde! —La chica habló en voz alta pero en su oído susurró —O vienes conmigo o te quedas con ellos, de seguro que la pasas bien.
—No tengo mucha opción —Se quejó y al instante fue arrastrado de la mano por la muchacha que comenzó a guiarle por los pasillos.
—Fue difícil encontrarte, tuve que pasearme por todos lados, no me dijiste tu nombre.
—Luka.
—¡Genial, Luka es un gran nombre! Nunca lo escuché antes, pero bien.
—¿Adonde me llevas?
—A tu nuevo hogar —Soltó una leve risa que provocó un escalofrío en el chico.
—¿Adonde vamos? Ni siquiera me has dicho tu nombre.
—Soy Valery, ya llegamos —Expresó ella abriendo las dos puertas, él reconoció el lugar un instantes antes de entrar.
—La piscina —En la zona este de el “Valor de Agustín” se hallaban las salas deportivas, y la zona de la piscina era una de las más grandes. En ese momento se hallaban al menos ocho personas, algunas de ellas practicando en el agua.
—Serás un nadador Luka.
Las palabras resonaron en su mente durante algunos segundos —¡¿Qué?! ¡Pero si yo no sé nadar! —Ante ello Valery quedó en silencio un instante mirándole cual examinadora.
—Bueno, eso no importa —Le tomó de la mano para llevarle hasta la cabina principal. Luka comenzó a quejarse.
—¡Estás loca, no se nadar! —Bajó la voz al notar que él y ella eran el centro de las miradas. Todos los que allí se encontraban eran muy distintos a él, eran altos, musculosos, guapos. Y estaba él.
El lugar se hallaba bastante iluminado, las gradas a los lados, el agua cristalina, el suelo formado por piedras pequeñas blancas pulidas, la piscina para clavados estaba al fondo con cuatro trampolines. Justo debajo de las gradas se hallaban las duchas, al lado la sala de herramientas seguido de la oficina, donde dos chicos y una chica discutían.
Valery irrumpió abriendo la puerta con estrépito para lanzar a Luka contra el sillón a un extremo de la habitación, los demás dejaron de hablar para observarla.
—¿Quién es ese? —Preguntó la chica observándolo. Luka pudo notar el traje de baño de cuerpo entero que usaba, dejaba notar toda la forma de su cuerpo, grandes piernas, cintura torneada y senos un poco abultados, su cabello era rizado y abultado. A su lado se hallaba un chico de piel tostada, alto, probablemente de un metro ochenta, musculoso y de brazos largos y mirada nada amigable. El otro presente lo reconocía, era uno de los chicos populares de la secundaría, se trataba de Milo, un chico rubio, alto pero no tanto como su compañero, de espalda ancha, lentes y bien vestido. Los tres le examinaron con la mirada, desde la punta del cabello mas largo, hasta los pies
—Él es Luka, el chico del cual te hablé por teléfono Milo.
—Te dije que no hay vacantes en el club Vale, lo siento, el equipo lo escogimos hace tres semanas.
Luka pasó de uno a otro y asintiendo a la información se levantó —El club ya está lleno, es una pena, yo me voy.
—¡Tu te quedas! —Valery lo miró con ímpetu y él se volvió a sentar.
—Ok, me quedo un rato más.
—Es un enano muy flaco —Comentó el moreno del medio saliendo de la sala —No nos sirven los débiles.
—Dale una oportunidad Sebastian —El chico se detuvo con el pomo en la mano.
—¿Cuantos metros nadas chico? —Le preguntó la chica de cabellos rizados, Luka miró a Valery sin saber qué decir durante un instante.
—Le dije a Valery, nunca he nadado, no sé nadar —Respondió con pena. Pudo notar como Milo ocultaba un poco el rostro para reír.
—¿Qué? —La chica observó seriamente a Valery.
—Esto debe ser una broma —Rezongó el moreno Sebastian.
—¿No sabes nadar?
—No —Repitió Luka.
—¿Qué rayos buscas Valery? ¿Cómo vamos a meter al equipo a alguien que no sabe nadar? —Le preguntó la chica de cabellos rulos.
—El es bueno Jennifer, te lo aseguro, solo dale una oportunidad.
—¡Una oportunidad! ¿Qué oportunidad? El chico acaba de decir que no sabe nadar.
—Sin saber nadar no habría pasado las pruebas Valery, lo sabes, intentamos elegir a los mejores, fueron más de cuarenta chicos — Comentó Milo —Sin embargo, si Valery insiste tanto, podríamos hacerle una pequeña prueba.
—¡No jodas! Ese enano se ahogará sin pasar los primeros veinte metros Milo, míralo, está asustado —Agregó el moreno. Luka se limitaba a observar el rostro de los demás mientras conversaban, decidían sobre él como si no se hallara allí frente a ellos.
—Si te opones tanto, que Luka se mida contra ti —Las palabras salieron de la boca de Valery, Jennifer se atrevió a reír abiertamente, Milo la observó con curiosidad, y Luka quedó petrificado.
No podía competir contra... esa cosa, aquel chico lucía demás de alto, su torso se hallaba definido, sus hombros enormes con cada musculo marcado, su expresión fiera.
—No tendrá vida Valery, soy uno de los más... —Sebastian era interrumpido.
—¡Ganará! ¡Apuesto mi puesto en el equipo!
—¿Qué? — Gritó Jennifer
—Bien, será una competencia entre Sebastian y Luka, si pierde el chico, Valery perderá su titularidad, me parece algo justo —Milo sonrió tomando una libreta —¿Cuantos metros nadarán?
—No dije nada de metros, la competencia será quien dure más tiempo bajo el agua —Aclaró la chica.
—Como quieras —Sebastian salió lanzando la puerta tras de sí.
—No entiendo a qué estás jugando Valery —Jennifer salió junto a Milo, dejando a solas al Luka y la chica —No la entiendo Milo, el chico no sabe nadar.
—¿Qué sucede Milo? —Un chico de nombre Justin se acercó secándose con una toalla.
—No lo sé, pero nunca había visto a Valery así de emocionada, menos con alguno de los nuevos —Expresó Milo —Me da curiosidad.
—¿Valery está emocionada por un novato? ¿Es en serio jefe?
—Si, el nuevo va a competir contra Sebastian.
—¿Contra el tiburón? —Justin abrió los ojos como platos y con ello corrió a contarle al resto del grupo.
Adentro de la pequeña oficina Luka se hallaba con las piernas temblando y la mirada fija en el suelo —¿Cómo voy a competir contra ese... chico?
—Descuida, es un engreído, no te preocupes.
—Apuesto que es muy bueno.
—Lleva toda su vida practicando natación, le llaman el tiburón —Aseguró ella con tranquilidad tomando asiento en el escritorio.
—¿Toda la... tiburón? —Luka intentó no alarmarse, una tarea infructuosa, sus manos daban espasmos y su cabeza vueltas.
—Relájate, lo único que deberás hacer es aguantar la respiración.
—Moriré ahogado —Posó su mano sobre su frente.
—No vas a morir, ahora cámbiate.
—¿Cómo me voy a cambiar? No tengo traje de baño Valery.
—Cierto —Sonrió ella abriendo el armario en un rincón de la habitación, en la párte de abajo habían varias prendas en paquetes plásticos —Ponte uno de estos —Luka se levantó del sofá y revisó las prendas, eran bañadores tipo boxer de una tela muy flexible.
—Espandex, es lo mejor que hay. Apresúrate, no tenemos todo el tiempo.
—No me voy a cambiar contigo aquí —Respondió Luka sosteniendo la prenda en la mano.
—Tú... bueno, ya salgo —Cerró la oficina, los chicos se hallaban reunidos alrededor de la piscina con tono jovial, obviamente se hallaban enterados. Sebastian, Milo, Jennifer, Justin, Ian, Byron eran los mayores y pertenecientes a la selección, el resto eran nuevos a los cuales aun no conocía casa nada, por no decir que jamás les había dirigido la palabra.
Luka salió de la oficina un minuto después, temblaba de miedo y frío, el aire era fresco y él se hallaba medio desnudo, solo un pedazo de tela defendía su orgullo, un orgullo bastante apretado debía agregar, pues aquel traje de baño se pegaba a su piel como si se fuese a fundir con esta. Afuera del agua se hallaban un montón de chicos, incluyendo a Milo, Jennifer y Valery, quien le indicaba que se acercase con la mano. Sebastian ya se encontraba en el agua flotando con expresión irritada.
—¡No tengo todo el día para esta tontería!
—Bueno, la cuestión será simple, ganará quien se mantenga más tiempo bajo el agua entre ustedes dos, sin trampa, todos estaremos viendo —Comentó Milo.
—Cien al nuevo —Se escuchó la voz de Justin.
—Hecho, voy al tiburón, esto es dinero fácil — Señaló Byron.
Tenía miedo, pavor, el agua no era su elemento, tenía malas experiencias en el pasado, en la playa el agua siempre le arrastraba y revolcaba lejos de la orilla, dos veces había sido rescatado y gritado por su madre. De hecho, no tenía talento para estar fuera del agua, quizás si para hundirse. Luka quiso desaparecer preguntándose porqué siguió ala chica, la idea de los golpes con Claude ahora era tentadora.
—Toma suficiente aire, desde aquí —Valery tocó justo debajo de su pecho, él la miró sin saber que decir, pero obedeció justo antes de sentir como esta le empujaba a la piscina.
El agua le cubrió, todo se volvió de un azul cristalino, a un lado Sebastian se hundía al igual que él. El ruido y las voces de todos cesaron, solo se encontró él con sus pensamientos y esa sensación de miedo extremo. Tapó su nariz con una mano y se dejó hundir, tampoco es como si supiera nadar, quizás moriría allí, o tal vez Valery le sacaba, después de todo no lucía como mal persona. Cerró los ojos, a pesar de los nervios que tenía segundos antes, ahora todo se hallaba muy tranquilo. Era raro, en su casa nunca podía hallarse con tal paz, de hecho siempre estaba Dylan, o su madre, la escuela era igual o peor, pues allí no había nadie con quien hablar, pero tampoco libertad para estar con sus propios pensamientos. Era como un instante para estar consigo mismo, allí, sentado en el fondo de la piscina con dos metros y medio de agua sobre él.
En su mente comenzó a tararear una canción, sus brazos se relajaron y sintió la suavidad del movimiento del agua contra su cuerpo, suave pero imponente. Abrió los ojos, la luz de los reflectores daban contra el cristalino del agua, formando formas divertidas sobre el fondo de la piscina, el azul se desdibujaba con cian y blanco en varios matices. Sintió que podía estar allí toda la mañana, la tarde si era necesario, no había apuro, la presión en el pecho era pequeña, no necesitaba moverse, solo estaba allí en el agua.
Sebastian salió quitándose las gafas y tomando una gran bocanada de aire —¿Tiempo? —Preguntó a un grupo que permanecía en silencio.
—Un minuto cincuenta y tres —Señaló Milo y continuó viendo el cronometro entre sus dedos.
—Me debes cien —Rió Justin.
—¿Estará bien? —Preguntó Jennifer.
—No está agitado, ni desesperado, parece estar bien —Aclaró Milo.
—¿Qué mierdas es eso? —Sebastian observó un instante el agua y al chico en el fondo, incrédulo —No es normal, nadie dura tanto debajo del agua.
—Es un pez —Señaló el chico llamado Ian.
—Valery nos trajo un jodido pez —Señaló Byron.
—¡Sáquenlo de allí! Hay un formulario que rellenar —Señaló Milo dándose media vuelta, no sin antes revisar el cronometro el cual iba en dos minutos veinticinco y continuaba —Veremos que hace un pez en el equipo... ¡deberá estar en el campamento de entrenamiento! —Señaló en voz alta, Valery asintió al tiempo que se lanzaba al agua.
—¿Por qué te sorprendes hermano? —preguntó la chica en voz baja mientras el chico intentaba mostrarse desinteresado nuevamente, tomando la revista frente a él para simular leerla y arreglar su gorra para que no se viera su cabello corto de color verde esmeralda.
—Ese chico es muy prometedor —Comentó el hermano mayor recostándose en las gradas con la revista, ella lo observaba sin comprender del todo y observaba nuevamente al equipo de natación y lo que sucedía abajo.
—No entiendo, se ve como un chico normal, de hecho es flaco y bajito ¿eso no es malo en natación? ¡Míralo, no sabe nadar! —Comentó al ver como probaban al muchacho contra la orilla, con los brazos apoyados en tierra para solo pedalear y mantenerse a flote — ese chico no podría competir con los otros novatos, menos contra alguien del equipo.
—Mina, la natación es un deporte diferente a otros, mientras que en el béisbol, baloncesto, tenis y afines, necesitas estar de pie, gastando energías, la natación no, en ningún momento lo haces. Es cierto que la velocidad o la resistencia son necesarias, y por lo general son los factores principales al momento del reclutamiento de atletas. Pero hay un factor que también resulta vital, la capacidad respiratoria. Cuando entras a un equipo de natación quizás no lo notas en primera instancia, pero cuando estás en competencia o preparándote para una de ellas, si.
—¿Qué quieres decir?
—Nadar agota demasiado, no solo energía, sino que el cuerpo necesita un suministro fuerte de oxigeno, es un deporte en el cual se trabaja el cuerpo entero. Entre competidores lo sabemos, la respiración es importante, el cuerpo exige un suministro, y sacar la cabeza para respirar produce una turbulencia que es igual a reducción de la velocidad.
—¿Tomar aire reduce la velocidad?
—Claro si lo haces muy brusco, lo cual sucede generalmente, por eso los grandes nadadores entrenan y sincronizan su respiración, cada tres incluso cuatro o cinco brazadas, a mayor cantidad de brazadas dadas sin respirar se obtiene una mayor aceleración, en teoría, aunque también se dice que la posición vertical del torso del cuerpo es mas aerodinámica, la verdad es que muy pocos llegan a tan deseada posición, por eso la mayoría prefiere irse por lo seguro, pero el cuerpo se pone bajo mucha tensión pausando la respiración, el suministro de aire falta rápidamente, y pide oxigeno a gritos, es allí donde la mayoría de las personas entran en desesperación, patalean sin sentido, pierden el ritmo y terminan hundiéndose, esto claro no sucede con un competidor, pero si nos agota más rápido y nuestra velocidad baja en resultado, los músculos se cansan muy rápido. Por eso la mayoría de los nadadores prefieren tomar aire cada dos brazadas, la reducción de la velocidad es poca en comparación a nuestra aceleración. Pero hay aquellos que pueden nadar con menor cantidad de respiraciones, y ese chico tiene mucho potencial en ese sentido, sin haber recibido entrenamiento alguno ya tiene una capacidad pulmonar por encima de un nadador experimentado como el tiburón.
—¿Ah? —Mina quedó sorprendida observando al pequeño y débil chico nuevo, a quien le costaba mantenerse a flote y pataleaba con todas sus fuerzas.
—Además de que me agrada, cualquiera que deje en ridículo a ese escualo es para mi alguien agradable.
—¿Crees entonces que sea uno de los nuevos regulares del equipo?
—¿Ah? ¡No! No es así de especial, quizás pasen un par de meses o años antes de que sea un nadador muy bueno, entonces será peligroso —Agregó el chico colocándose la revista sobre el rostro para dormir — Avísame si ves algo interesante Mina.
—¿Esto no es espiar hermano?
—Se le llama recolectar datos de tu oponente, y no lo dudes, ellos también nos observan, de hecho dudo que Milo no esté consciente de mi presencia aquí.
—Debes pedalear por unos quince minutos más.
—Pero ya llevo aquí...
—Apenas llevas diez minutos pedaleando, a ese ritmo no vas a ser nadie, debes dar tu mayor esfuerzo Luka, ya estás dentro del equipo —Comentó Justin riendo sentado a su lado en el borde de la piscina.
—¿Todos los días serán así? —Preguntó Luka.
—¿Así? No, este entre... esto no es siquiera un calentamiento Luka ¿Acaso ves a otro nadador en la orilla como tu? —Luka observó a los lados percatándose de la realidad, era el único allí en la orilla, negó con la cabeza con algo de pesar, pero fue interrumpido por Justin que continuó hablando —¡No debes desanimarte tampoco! Muchos de los nuevos que entraron recién son apenas principiantes, son aquellos que ves practicando con los flotadores, no son tan principiantes como tú, pero en cuestión de un par de semanas estarás como ellos, recorriendo la piscina con flotadores y será mejor.
—Esos flotadores.
—Es una tabla, te la colocas en las piernas para entrenar la brazada, pero también puedes tomarla con las manos para practicar el pedaleo, así como estás haciendo tu.
—Entiendo, me llamo Luka.
—Yo soy Justin.
—Justin ya veo, y dime ¿Qué es más importante de entrenar, piernas o brazos?
—Ambos, la verdad es que los brazos dan una fuerza impresionante y un empuje tremendo, pero las piernas necesitan moverse el doble o triple de rápido que los brazos, si no lo haces todo el cuerpo se hunde.
—¿No sirve nadar solo con los brazos?
—No, nadar es un deporte de cuerpo completo, músculos del pecho, de la espalda, brazos, piernas, incluso los del trasero se ven tensionados.
—Suena interesante —Luka sonrió, estar en la orilla pedaleando no era tan difícil como imaginaba, los brazos le mantenían a flote, solo debía mover los pies de arriba abajo, uno después del otro, aunque la verdad empezaba a cansarse un poco, cerca de la cintura su cuerpo se sentía un poco pesado, como si sus miembros tuvieran un peso extra, cada segundo el pie se iba entumeciendo, pero no iba a decir nada, la verdad estaba algo feliz por la sonrisa que Valery le dedicó al sacarle.
La observó caminar rumbo a la ora piscina, la más honda, con un bello traje de baño blanco que se ceñía a su cuerpo, sonrió sin notarlo y se quedó observándole mientras pedaleaba. Justin se mostró interesado.
—¿Y desde cuando conoces a la princesa del club?
—¿La princesa?
—Así la conocemos aquí, Valery es la princesa.
—La conocí hoy de hecho.
—¿Hoy?
—Si, en la mañana de camino acá.
—Oye Luka, pero si que eres interesante, es solo el primer día y no solo has vencido al tiburón, sino que además te has fijado en su ex novia.
—¿Ah? —Escuchó bien, pero las palabras eran como rocas sobre su pecho.
—Valery fue novia por un par de meses del tiburón, terminaron hace menos de un mes, pero yo apostaría a que Sebastian planea volver con ella, aun le gusta.
—Entiendo —Era un tonto ¿Cómo pudo guardar esperanzas durante un instante? Una sonrisa y el ánimo para que se inscribiera en el club era tan solo eso, ánimos. Debió suponerlo, una chica tan hermosa no suele estar sola, y él, Sebastian, era un chico fornido, alto, de abdomen plano y formado, mirada penetrante, en resumidas cuentas un chico de puntuación perfecta. La clase de chico que esperas ver junto a una chica hermosa.
Luka bajó la mirada, las piernas pesaban el triple que antes, solo deseaba que el tiempo terminara. Pero estaba un poco distraído en sus pensamientos, y en esa extraña sensación de estupidez e ilusión frustrada al iniciar.
—Aunque tienes buen gusto, y lograste hacerla emocionar, eso es muy raro te lo puedo asegurar —Justin jugaba con las piernas en el agua.
—Buen gusto —Ahogó sus palabras en el agua y afuera solo salieron burbujas.
Milo llegó con el resto del equipo a sus espaldas —Estírate al igual que los demás Justin, y dile al novato que salga del agua ¿Cuanto tiempo lleva haciendo piernas?
—Unos veinticinco minutos...
—¿Con dos minutos de descanso cada cinco?
Justin miró en otra dirección —No se quejó de seguir, quería ver, ya sabes jefe —Milo le lanzó una mirada de pocos amigos —Prepárate, serán doscientos metros libres ¡Doscientos libres, todos los regulares! Y eso me incluye — El chico realizó una última anotación en su cuaderno observando a Luka salir del agua al borde de la piscina, colocó los apuntes sobre una silla y procedió a quitarse la camisa. Bajo esta lucia un traje de baño entero, azul oscuro, su espalda era excepcionalmente amplia al igual que su pecho, los cuadros de su abdomen largos y firmes de tanto entrenar, su piel blanca en extremo.
Luka se fijó en Valery y Jennifer, la primera con su traje de baño blanco y la segunda con uno gris con rayas rosadas que ascendían desde sus muslos pasando alrededor de la silueta de grandes senos. Sus cabelleras estaban recogidas por gorros azules de plástico, lucían altivas y hermosas, sus cuerpos parecían esculpidos por algún griego amante de su esbeltez.
Los chicos llevaban un traje de baño semejante al que él lucia, eran como boxers pero más largos, la tela llegaba cerca de la rodilla, otros como Milo mostraban un traje de cuerpo completo, ajustada al cuerpo, con lineas blancas o negras de diseños elaborados y modernos.
El ambiente cambió de súbito, las gradas se mostraron interesadas y silenciosas, la tensión se sintió y los novatos se apartaron dejando todo la piscina y el alrededor libre, las luces de un tablero superior se encendieron y los nadadores se prepararon. Milo, Jennifer, Sebastian, Byron, Justin, Ian y Valery entraron a los carriles de nado parados cada uno frente a un pequeño trampolín, un pedestal azul para saltar al agua. Hubo un silencio perenne, rígido y escalofriante, estaban por competir.
Byron era corpulento, en todo el cuerpo, como si un gordo hubiese realizado excesivos ejercicios, Ian a su lado era todo lo contrario, delgado de piernas y brazos, pero al igual que el resto con una espalda formada en exceso, hombros pronunciados y pecho de igual manera, Justin era el más bajo e impaciente de todos, riendo y saludando a quienes se hallaban en las gradas
Subieron a los trampolines, ajustaron sus lentes y gorros, colocaron las manos frente a sus pies, sujetándose del borde del trampolín, flexionaron las piernas, y subieron el trasero al aire. Pasaron al menos tres segundos de silencio total en el lugar, luego un pito resonó por encima de todo. Luka lo observó como si fuese en cámara lenta, los cuerpos de todos alineados lanzándose al agua con las manos frente a sus cabezas, sus piernas juntas, entraban al agua como delfines y aleteaban un instante por debajo de esta, casi hasta la mitad de la misma, ascendieron, tomaron aire y las brazadas llegaron, fuertes y rápidas, como si sus vidas dependiera de ello.
Llegaron al final dando un giro bajo el agua y continuaron nadando con todas sus fuerzas, Sebastian comenzó a liderar, sus brazadas eran rápidas y despiadadas, a su alrededor se formaba una gran ola, como si rasgase el agua con cada brazada, larga e imponente. Las diferencias entre cada uno era mínima, los vítores comenzaron a escucharse y las gradas mostraban chicos animando: Jennifer, Valery, la ballena, el tiburón, se escuchaban los gritos por todo el lugar. Tocaron nuevamente el plato dando un giro bajo el agua, la distancia comenzaba a pronunciarse, el tiburón tomaba la delantera casi por todo un cuerpo, seguido de Ian, Milo, Jennifer, Valery, Byron y Justin.
Dieron una una última vuelta apoyando sus pies contra la pared para impulsarse, Luka observó atento, todos aumentaron el ritmo de un instante al otro, Byron y Milo se acercaron a la punta, Sebastian también subió la marcha. Los gritos se sentían, un club de admiradoras del tiburón y de Milo se hallaban por la derecha, se escuchaba muy claramente como gritaban animándoles. Luka dudó que pudieran escucharle, faltaban solo pocos metros y... tocó la pared de primero, Sebastian llegaba, seguido de Milo, Byron, Ian, Valery, Justin y Jennifer.
Arriba el tablero mostraba los tiempos, las diferencias eran de apenas un segundo, y el resto ganó por milésimas. Era inaudito, en el agua parecía como si fuese mucha ventaja, pero arriba en los resultados apenas llevaban tres milésimas de segundo de diferencia. Tragó saliva y los observó de una manera distinta, aquellos eran nadadores, impresionantes e imponentes, seguros de si mismos y fieles a la convicción de mejorar a diario. La emoción embargó su pecho calando más profundo de lo que llegó a imaginar, por un segundo se imaginó allí, en el agua, con las luces alrededor y el alboroto a los lados, animándole, viendo su triunfo.
Sonrió con algo de temor, y sintió ganas de ser como ellos.
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