InkVoid
El Regreso del Venerable: Mi Amado Discípulo me Matará de Nuevo

3. Oscuridad Parte 1

Configuración de lectura

Mis ojos se perdieron en el horizonte, más allá de las grandes puertas que marcaban el límite entre mi vida y el mundo de los cultivadores.

Aunque el Palacio del Loto Blanco se erguía orgulloso en las tierras del clan Kōketsu no Tachi, su ubicación en las montañas más remotas, hacía que el aire aquí arriba se sintiera distinto; el frío en este lugar era capaz de congelar a cualquiera, por esto siempre le prohibí la entrada a este lugar a Haru, pero el nunca dejó de venir a verme eso me hacia sentir qué quisas no estaba tan mal tener a alguien a tu lado.

Se decía que el "Elegido" debía cultivar su alma lejos de la oscuridad del mundo, pero para mí, este lugar no era más que una prisión de jade blanco; una jaula fría que me mantuvo siempre a una distancia insalvable de los demás.

En mi vida pasada, cuando apenas era un dicipulo de kōketsu no tashi, el único que cruzaba ese umbral era mi segundo hermano, Akihiro Yami. Seguramente ahora mismo él está sentado en su trono, en el palacio principal del clan, rodeado de aduladores que darían la vida por él. Qué envidia me daba su posición, o quizás solo su capacidad de pertenecer a algo.

Él es el sol y yo... yo solo soy el....

Sin embargo, mis pensamientos fueron interrumpidos por una presencia que conocía mejor que a mi propia sombra, su su misera presencia hacía que el aire a mi alrededor vibrara.con una estática que me eriza la piel.

Él era yo y yo era él, aunque solo yo sabía de su existencia. Era el eco maldito de mi propia alma, un demonio atado a mi ser que compartía mi rostro pero distorsionaba mi esencia. Su imagen era un reflejo retorcido en un espejo roto: donde mi piel era blanco porcelana, la suya era gris ceniza; donde mis labios tenían el color del cerezo, los suyos eran de un rojo sangre tan profundo que se tornaba negro. Mi cabello blanco perla se volvía en él un rojo brillante, como una hoguera que se niega a morir. Pero la mayor diferencia, la que marcaba nuestra condena, estaba en la frente. Mi marca de los dioses, azul celeste y pura, en él era una marca demoníaca de un rojo vivo y palpitante.

Él era el caos que yo siempre intenté ocultar bajo mi fachada de discreción y cultura. Él era sádico, cruel y errático; una manifestación que rozaba la esquizofrenia, una voz que no podías acallar porque nacía de tus propios pulmones.

— ¿Cuánto tiempo ha pasado? —su voz resonó dentro de mi cráneo, cargada de una diversión venenosa—. ¡Qué divertido! Estamos vivos de nuevo... ¿no sientes el calor de la sangre corriendo por nuestras venas?

La voz no vino de afuera. Fue como un latigazo dentro de mis oídos, una frecuencia distorsionada que me hizo perder el equilibrio por un segundo. Que solo podía ver como un reflejo ante mis ojos Apareciendo como una mancha de aceite en el agua, materializándose en el borde de mi visión periférica. Verlo era como mirar un cadáver que se negaba a pudrirse, una versión de mí mismo que se hundió en el infierno y regresó. Sus labios,  se curvaron en una mueca que yo nunca me atrevería a gesticular.

— Tu querido estudiante aún es tan dulce, tan ingenuo... —continuó Haruto, arrastrando las palabras con una malicia que me revolvió el estómago.—dan ganas de romperlo solo para ver qué dulce expresión tendrá.

Lo escuché atentamente, soportando ese tono manipulador y arrogante tan natural en los demonios.

Me llevé las manos a las sienes, apretando con fuerza. Haruto se movía de una forma errática, apareciendo a mi izquierda y luego a mi derecha en un parpadeo, como una imagen de televisión que falla. Su sádica crueldad era el precio que debía pagar por mis pecados.

— Es una pena que dieras tu vida por alguien que te mató, Ren Kai... —soltó una carcajada estridente que me hizo cerrar los ojos con dolor—. ¿No sientes la ironía? El gran maestro, el elegido, sacrificado por un niño que no sabía ni sostener una espada. ¡Jajajajaja! Qué patético eres.

Sentí una náusea profunda, esa mezcla de vulnerabilidad donde por un segundo quería evitar todo el caos que ocasiones en  mi vida pasada y al siguiente quería destruir todo lo que me rodeaba para que Haruto se callara.

— Lo haré mil veces si fuera necesario —susurré para mí mismo, aunque sabía que él me escuchaba desde mis propias entrañas—. No dejaré que nadie me lo arrebate. Ni siquiera tú..

Haruto soltó una última carcajada burlona y desapareció, dejando tras de sí un vacío que calaba hasta los huesos. Me quedé allí, sumergido en una soledad absoluta pero no se fue del todo; simplemente se escondió en los rincones oscuros de mi mente. Me quedé allí, solo otra vez, pero con la sensación de que mi casa, mi palacio y mi alma estaban infestadas.

Era humillante; yo, que era el ser más poderoso, el que lo sabía todo sobre el universo y la energía, realmente no sabía nada de mí mismo. No sabía dónde terminaba yo y dónde empezaba el.

Aparté la mirada del horizonte, de ese cielo que se empeñaba en ser azul cuando mi alma se sentía de un gris sepulcral, y decidí que no podía quedarme quieto. Si me permitía el silencio, el pasado me devoraría.

Caminando por sus pasillos,

mis pasos tan ligeros como los de un espectro, resonaron contra la madera pulida de los pasillos exteriores. Mirando las elegantes galerías que rodeaba el corazón del palacio.

Para los mortales y los cultivadores de bajo rango, este lugar es el epítome de la gracia, el Palacio del Loto Blanco. El mundo lo veía como una joya de marfil y jade, el regalo más suntuoso que el líder Kenzo Yami pudo dar a su cuarto hijo adoptivo.

Era un laberinto de madera de cedro y seda blanca que parece flotar sobre las nubes de la montaña.

Pero mientras recorría las bibliotecas, con sus estantes infinitos de pergaminos que olían a sabiduría antigua y olvido, solo sentía el peso de la soledad. Las habitaciones eran vastas, techadas con vigas de cedro oscuro y adornadas con biombos de seda donde se pintaban paisajes que yo ya no podía disfrutar. Las salas de tesoros brillan con el fulgor de reliquias imperiales, pero para mis ojos, ese oro no tiene más peso que el plomo.

Crucé el jardín interno, donde los cerezos llorones acariciaban la superficie de los estanques, y me detuve frente al gran Manantial de los Suspiros. Era un lugar de una belleza hiriente. El agua brotaba de la roca viva con una pureza cristalina, alimentando el jardín de bambú cuyos tallos verdes se mecían con un sonido similar al susurro de mil voces.

Este santuario fue alzado por Hoshin el Inmortal de Jade, un ser que no nació de linajes nobles ni de sangres sagradas. Desafiando a los cielos, alcanzó la divinidad y fundó la estirpe de los Kōketsu no Tachi. Se decía que Hoshi  encontró la paz aquí, pero la verdad era mucho más oscura.

Caminé hacia el borde del palacio, donde el jardín de bambú terminaba abruptamente. Allí, la tierra se partía en dos. Un precipicio tan negro y profundo que la luz del sol parecía morir antes de tocar el fondo.

Se dice que esta es la cicatriz que dejó el encuentro entre el primer demonio y el primer dios; un portal latente que conectan las raíces de este mundo. Hoshin fundó el clan Kōketsu no Tachi para vigilar este lugar.

Él que una vez alcanzó la cúspide que ningún hombre debía llegar. comprendió el peligro de su ascenso.

Porque en el cielo existía la raza más celosa. La de los dioses. Quienes lo ascendieron y Haci hoshin subió al reino de los dioses "Kami no Sekai" y fue nombrado "Bōkyoku no Tenjin" el Dios Celestial del Olvido.

El líder Kenzo Yami, en un gesto que el mundo llamó benevolencia, le otorgo este celestial palacio  a su cuarto hijo adoptivo, pero yo no sentía gratitud por dicho obsequio. Por qué era el único que sabía que existía al final de ese abismo.

¿Te está gustando la historia?

Crea una cuenta gratis para guardar tu progreso, dar like y seguir a tus autores favoritos.

Comentarios

Inicia sesión para dejar un comentario.

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!

Fanart

Inicia sesión para compartir tu fanart.

🎨

Aún no hay fanarts. ¡Sé el primero!

© 2026 InkVoid. Creado por Asdrubal Vargas. Todos los derechos reservados.

Privacy Policy

El contenido publicado en InkVoid es responsabilidad exclusiva de sus autores.