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MECÁNICA AUTÓMATA

9. LA MUERTE REFULGENTE

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El pequeño Isaac leía un libro de la biblioteca de su padre, la física cosmológica era de su atención, entender el cosmos y las leyes que a este le rigen era un punto de suma importancia a su parecer, mucho más después de que el hombre comprendió la importancia de su expansión extraterrestre con la creación de la estación solar energética.

—Es un libro bastante avanzado para ti— Se hallaban en un hospital, las paredes blancas les envolvían, esperaban nerviosos los resultados del examen de Andrew.

—Lo entiendo.

—Eso me alegra— Disimulaba su preocupación con una sonrisa.

—¿Papá tú crees que se lleguen a construir más estaciones solares?

—¿Además de las tres construidas y las otras dos en construcción? Pues dependerá de muchos factores, primero que se unan algunos países para poder costear la construcción, también el poder defender las torres, todo ello genera complicaciones. 

—¿Las torres?

—Las estaciones solares constan de cuatro secciones principales, la primera es un centro de mando, segundo un anillo de espejos que concentran los rayos solares y lo convierten en energía, tercero el pilar o torre elevadora, es por donde transportan la energía a tierra, y por donde suben y bajan materiales o personas al espacio actualmente, y por último la estación espacial en sí, ahora es más sencillo el incursionar al espacio ya que no necesitamos superar la atmosfera, claro que todo ello es gracias a la tecnología nano molecular.

—Leí que la torre era de carbono nanotecnológico.

—Exacto.

—¿Y qué sucede con las naciones no alineadas?— Preguntó el chico de siete años.

—Son los países que no pudieron o no quisieron cambiar su consumo de combustibles fósiles u otros alternos, y ahora se encuentran bajo presión internacional para que cooperen uniéndose a alguna súper nación.

—Esa es la razón de la guerra, nuestro país no quiere cooperar.

—No es el país quien decide, lamentablemente son sus dirigentes quienes toman las decisiones, en este caso se niegan debido a que un cambio tan radical ocasionaría la caída de nuestro sistema económico actual.

—¿Entonces lo hacen por nuestro bien?

—Por el bien de sus intereses me temo, es cierto que llevaría un tiempo recuperarse, pero es la mejor, por no decir la única solución que se encuentra al alcance de nuestras manos.

—¿Y las cosas cambiaran?

El hombre notó la clase de conversación que mantenía con su hijo, desde luego no le extrañaba, el chico desde corta edad dio señas de genialidad y gran capacidad de razonamiento— Para nosotros cambiará— Sonrió— ¡Prometí que nos iríamos de aquí!

—¿Y Andrew estará bien?

—En el exterior podremos ver si es posible operarle.

—Allí hay la tecnología— Expresó el pequeño Isaac con una pequeña sonrisa escondida.

—Si hijo, así es, la tecnología gobierna nuestras vidas.

—Tendrás el trabajo, eres el mejor en robótica que conozco.

—Soy el único que conoces— Respondió el padre— Pero gracias por la confianza— El silenció reinó nuevamente, la preocupación les embargo, el doctor salía de la sala atravesando una puerta de plástico mirándoles durante unos segundos mientras retiraba la mascarilla de su boca.

—Está estable, afortunadamente esta vez solo ha sido un rasguño y una pequeña fractura en una costilla y ello no le dañó ningún órgano, pero es de sumo cuidado teniendo en cuenta su situación.

—Pero estará bien…

—Tú más que nadie conoces su situación, la combinación de sus dos enfermedades, la osteogenesis y la hemofilia en los niveles de este chico son increíbles.

—Fue mi culpa, fui un descuidado y…

—No puedes cuidarlo de todo lo que le rodea, ese chico tiene pocas posibilidades de vivir— El tono de voz en aquel doctor retumbaba en la cabeza del padre.

—¡Mi hermano tiene ganas de vivir, y nosotros buscaremos operarle!— Isaac habló de manera determinada sentándose molesto por aquel comentario, el padre le observó sin decir palabras, no había mucho que decir en casos así.


(Tres meses después)

—¡Excelentes noticias!— El padre llegó con los ojos rojos ante sus dos hijos, se encontraban en la sala del hospital, un cuarto precario con una televisión y un par de muebles además de la cama donde se hallaba el pequeño Andrew con casi cuatro años cumplidos.

—¿Qué sucedió?— Isaac se levantaba alertado del mueble donde se hallaba dormido.

—¡Nos vamos!

—¿Conseguiste el trabajo?

—¡Están viendo al nuevo jefe de seguridad y desarrollo robótico encargado del sector tres de la estación espacial Americana!

—¿Papí lo hizo?

—¡Si hijo papi lo hizo!— Se contuvo del saltarle encima al pequeño Andrew, debido a su condición el más mínimo golpe podía significar una herida grave o fatal para él, las lagrimas salieron de sus ojos— ¡Papá podrá llevarte a la súper nación Americana, y allá tendrás un tratamiento adecuado, y podrán operarte— Respiró profundo, sentía un enorme alivio en su ser— ¡Nos iremos de aquí en una semana, ya hice los preparativos!

Andrew sonreía ante aquella sorpresa, Isaac parecía tener un ataque de risa mientras que un libro de física rodaba por el suelo y el chico saltaba en el mueble, la enfermera de turno entró a la sala al escuchar el escándalo y todos se quedaron callados mirándose las caras.

—Disculpe…— Se excusó el hombre, la mujer salió y los tres no pararon de reírse por un buen rato.


(Época actual)


Isaac salía de la habitación de su hermano— Lamentablemente las cosas no resultaron así papá y tu ahora no estás…— Pensó el chico dirigiéndose a la sala donde Julys, Sofía, Grecia y la pequeña Laura le esperaban— Aunque como puedes ver Andrew ya está bien, tranquilo, tu hijo se encargará de acomodar toda esta torcida sociedad, ningún robot va arruinar el curso de los acontecimientos… ¡Lo prometo!

—Aquí les traigo algo de comer— La madre de Isaac traía una bandeja en manos, la tensión se observaba en la mirada de los presentes, Julys y la pequeña Laura sostenían sus computadoras portátiles, unos cilindros que se desplegaban mostrando la pantalla táctil, las imágenes eran perturbadoras, las escenas aéreas mostraban humo, fuego y revueltas en las calles de la ciudad. Sofía observaba con desprecio a la mujer frente a ella, Grecia, era exactamente igual a como la recordaba, y la expresión en su mirada que le encolerizaba, apretaba inconscientemente sus puños, unas lagrimas querían saltar de sus ojos, aquello fue notado por Isaac quien se sentaba al lado de la chica.

—Calma, no es momento para demostrar el dolor— Expresó el chico en un susurro.

—La llamaste por su alias en cuanto la viste.

—Si, también soy de uno de los países no alineados— Las miradas se encontraron en silencio.


Jorge despertaba en la sala de un hospital, sobresaltado sentado sobre una camilla su respiración era entrecortada, no recordaba haber llegado allí, se encontraba en una sala blanca, a su lado un cuerpo estaba cubierto por una manta azul, aquello le espantó un poco y se levantó apresurado, lo último que recordaba era verse enfrentado a un trió androides que empujaba a un hombre y su hijo, a un par de ellos logró derribarle entre patadas, pero luego sintió un fuerte golpe en la zona trasera de su cabeza. Escuchó mucho ruido en el exterior, salió un poco tembloroso, se halló frente a la sala de espera, un grupo de uniformados de la policía se hallaba a un lado con armas en mano, había bastante desorden y un par de cuerpos esparcidos, el chico imaginó debían ser de robots. Un pequeño grupo de personas entre ellos doctores, enfermeras y pacientes se arremolinaban frente a la imagen en tercera dimensión de la recepción, era la televisión, un informe actual, el chico se adelantó un poco para observar mejor, sin saber que aquellas mismas imágenes estaban siendo vistas por Isaac, Sofía y el resto.

—“Se puede observar como la ciudad capital se encuentra colapsada, el puente de Salt se encuentra obstaculizado por una gran llamarada, así como el edificio George de operaciones bursátiles se encuentra ardiendo, a las afueras…— La cámara recorría la ciudad en una toma aérea, cuando de pronto cambió bruscamente la visión, se observó una ráfaga gris cruzando el firmamento dejando una estela blanca, se escuchó un sonido perturbador, algo cayó a tierra lanzado desde los aviones supersónicos.

Se escuchó un alarido por parte de los que veían la televisión, la imagen mostraba como una onda azul recorría el suelo de la ciudad— ¡Una onda electro magnética terrestre!— Jorge quedaba impresionado, solo había escuchado hablar de estas armas en algún documental, pero verlas en acción era distinto.

—¡Esto es fin de mundo!— Una mujer asustada arrancaba a llorar.

—Señora cálmese, todo saldrá bien— La voz de un hombre al cual reconoció, era el mismo al cual salvó junto a su hijo. Las imágenes cambiaron, ahora se observaban cientos de puntos descendiendo del cielo, era la milicia, miles de hombres lanzados desde naves a miles de metros de altura desplegando alas electro dinámicas que les permitían planear hasta tierra.

—Tenemos a la policía de nuestro lado, aquí estaremos seguros.

—Además la milicia está en la ciudad, ellos tienen los trajes exo, la situación estará controlada rápidamente— Aseguro uno siendo optimista.

—La verdad— Jorge alzó un poco la voz atrayendo la atención de los presentes— La verdad es que no tenemos chance alguno de luchar contra las maquinas, todos los dispositivos militares las maquinas también los poseen,  muchos de ellos inclusive mejorados, y actualmente estamos pasando trabajo y penurias contra los androides de uso domestico, quedan los que sirven de mano de obra, los de transporte marítimo, espacial, e inclusive deberíamos pensar que es posible la existencia de los robots militares.

—¡Eso es imposible las leyes de la robótica impide que existan robots de origen militar!— Alegó un oficial de policía.

—¡Y hasta ayer esas mismas leyes impedían que un robot hiriese a un ser humano, sin embargo hoy la situación es distinta ¿no?

—Tenemos dos opciones o unirnos a la rebelión que se formará en los siguientes minutos y enfrentarnos a los robots, o irnos de la ciudad.

—¿Irnos?— Las miradas se encontraban.

—¿Hay una resistencia? ¿Cómo lo sabes? ¿Nos podemos unir?

—¡Lo más recomendable es quedarnos aquí señores!— Habló uno de los oficiales alzando la voz intentando calmar los ánimos— Aquí no tenemos ningún problema, mis hombres y yo defenderemos la entrada de cualquier intruso, estaremos bien.

Jorge no quería causar problemas, pero su cabeza funcionaba a gran velocidad hallando los inconvenientes en semejante plan— Ni tu ni tus hombres son fuerza suficiente para poder defender la entrada, sin importar con cuantas armas cuentes, otro asunto es que esto es un edificio, y ninguno de los aquí presentes se ha ocupado en revisar las salas superiores ¿Cierto?

—Perdimos la comunicación— Contestó una enfermera.

—¿Hay androides en las salas superiores?

—En las salas quirúrgicas, en la maternidad…— La mujer quedó en silencio pálida ante la verdad que se revelaba ante ella.

—No podremos quedarnos mucho tiempo, por ahora hemos estado a salvo gracias a que esto es solo la recepción.

—Y sin embargo, se aventuró a decir un oficial observando el desastre a su alrededor.

—¡Los que estén a favor de salir!— Expresó Jorge observando las manos subir— ¿A favor de unirnos a la resistencia?— Sonrió.

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