5. CAPÍTULO 1
Bajo el amparo de una noche, una nívea lechuza surcaba el vasto firmamento sobre un lago, cuyas aguas atrapaban y devolvían la luz argenta de la luna. Con una gracia casi irreal, permitió que una de sus garras rozara la superficie cristalina, dibujando un rastro de ondas que se desvanecieron al instante, como si las profundidades del lago custodiaran secretos inconfesables.
Con un batir de alas, se elevó, entregándose a las corrientes invisibles que acariciaban su plumaje. Al rebasar el límite de las nubes, su canto rasgó la oscuridad: un ulular que se propagó en todas direcciones, como un antiguo himno destinado a convocar a los suyos.
En aquel instante, el tiempo pareció suspenderse, y la noche se transformó en un escenario sagrado donde la lechuza reinaba en absoluta soledad.
Abandonó su peso a la corriente y se lanzó hacia el abrazo del bosque. Sus movimientos, fluidos como los de una aparición, ignoraban la amenaza de las ramas que brotaban de la oscuridad. Pasó entre los troncos como un suspiro robado, dejando solo el eco de su travesía vibrando en el aire.
A lo lejos, se perfiló la silueta de un sauce llorón; sus ramas, largas y sutiles, se mecían con una cadencia hipnótica bajo la brisa. A su sombra, una pequeña cabaña parecía exhalar una luz propia, una serenidad que envolvía la pradera en un aura de misterio y leyenda.
El resplandor de la luna se derramó sobre un riachuelo que serpenteaba por el valle, convirtiendo sus aguas cristalinas en un río de plata líquida que susurraba secretos a las piedras. Las luciérnagas, como chispas desprendidas de las estrellas, titilaban entre la hierba alta, bordando el aire con destellos de luz esmeralda.
La lechuza, cautivada por aquella estampa onírica, batió sus alas con renovado ímpetu. Sobrevoló la pradera en un último homenaje a la noche, permitiendo que la libertad y la magia que emanaban del bosque colmaran su espíritu. Sería su último ascenso hacia el firmamento estrellado antes de buscar refugio.
Con un impulso audaz, se plegó sobre sí misma y se lanzó en un picado certero hacia una de las ventanas de la cabaña. Allí, el interior, impregnado de la calidez del hogar y el aroma de la madera, la aguardaba como un santuario.
¿Te está gustando la historia?
Crea una cuenta gratis para guardar tu progreso, dar like y seguir a tus autores favoritos.
Comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!