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El Regreso Del Venerable. El Elegido que lo Destruirá Todo

8. Capitulo VII

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Mientras tanto, 2 años después, en el majestuoso Dojo del Templo de los Doce Clanes, enclavado en el corazón del Fushisha no Okoku, el Reino de los Inmortales, una tensa reunión se llevaba a cabo. Los líderes de cada uno de los doce clanes, estaban congregados, sus auras de poder llenando el vasto salón, mientras que, en posiciones de honor, se encontraban los cuatro Grandes Inmortales: Rikishi no Fujin, Jin no Yūsha, Chūgi no Shishi y Monju no Kenja, sus presencias silenciosas pero imponentes.

Kenzō Yami, líder de Kōketsu no Tachi, se reclinaba en su asiento, la sombra de sus ojos ocultando sus emociones mientras analizaba las expresiones de los otros líderes. La discusión era acalorada, los murmullos se alzaban y caían como olas en un mar agitado. El tema: el inminente ataque de un ejército demoníaco masivo que se dirigía directamente hacia el emperador del reino humano, Ningen-kai no Kōtei ( Emperador del Reino Humano). La recompensa por la victoria era inmensa: el renombre eterno, el favor del Emperador de Ningen-kai no Kōtei, y una bonificación de recursos espirituales que potenciaría el poder de cualquier clan. La amenaza era grave, pero la oportunidad era irresistible. Por ello, se había decidido que los doce clanes se unirían en esta batalla, enviando a sus mejores cultivadores como representantes.

"Los Sōma enviarán al Maestro del Puño Resplandeciente, Kageyama," declaró Sōma Ten, líder de Tenkū no Izumi, un hombre corpulento con una cicatriz sobre el ojo, su voz como grava. "Su furia es tan explosiva como su puño."

"El Clan Ryūkō no Hana presentará a la Dama de las Ilusiones Eternas, Ayame Shizuka," anunció la matriarca del clan del mismo nombre, su figura esbelta y sus ojos astutos, haciendo una reverencia.

"El Clan Yami no Shō enviará al Devorador de Sombras, Natsuki," gruñó Shōgo Kuro, líder de Yami no Shō, su mirada cargada de desprecio. "Ningún demonio ha escapado a su alcance."

Akira Tenjin, líder de Genkai no Hoshi, intervino: "Nosotros enviaremos a la Muralla Inexpugnable, Kiyomi, cuya defensa es tan sólida como las montañas."

"Rei Kyokushin, líder de Meikyū no Yō, designará a nuestro Tejedor del Vacío, Renji," anunció con su rostro impasible. "Sus trampas son tan invisibles como letales."

"El Clan Kyokyo no Michi enviará a su Ojo del Halcón, Kenji," dijo Tōru Kaito, líder de Kyokyo no Michi, con su voz metálica y autoritaria. "Su estrategia es infalible."

"Jūryoku no Kaze enviará a la Fuerza Desencadenada, Haru," declaró Riku Ginga, líder de Jūryoku no Kaze, su voz llena de desconfianza. "Su poder aplasta a sus enemigos."

"Y Sekai no Henkakusha presentará a su Aurora de la Innovación, Hikari," añadió Rina Kenzaki, líder de Sekai no Henkakusha, su mirada fría y calculadora. "Ella cambiará el rumbo de cualquier batalla."

La discusión se prolongó, cada líder proponiendo a sus guerreros más experimentados, a sus cultivadores más poderosos y con los títulos de renombre que habían forjado con sus hazañas. La estrategia, la logística y los posibles escenarios de batalla eran analizados con meticulosa precisión.

Finalmente, fue el turno de Kenzō Yami, el líder del clan Kōketsu no Tachi. Se levantó con la misma calma impasible de siempre, sus ojos fijos en los demás líderes. Un silencio expectante cayó sobre la sala.

"El enviado del clan Kōketsu no Tachi será Haruto Yami," proclamó Kenzō, su voz resonando con una convicción inquebrantable.

Un murmullo de asombro y desaprobación recorrió la sala. La sorpresa fue palpable, seguida rápidamente por una oleada de objeciones.

"¡Kenzō-sama, eso es una locura!" exclamó el Sōma Ten, líder de Tenkū no Izumi, su rostro enrojecido. "Haruto Yami es un prodigio, sí, pero es un niño. ¡Apenas acaba de cumplir doce inviernos! ¡Nunca ha participado en una guerra a gran escala contra demonios!"

"Este no es un mero entrenamiento," intervino Rina Kenzaki, líder de Sekai no Henkakusha, "Un ejército demoníaco no es un juego de niños. Se necesitan cultivadores con experiencia en el campo de batalla, no solo con poder crudo."

Los cuatro Grandes Inmortales, que hasta ese momento habían mantenido un silencio observador, intervinieron. Jin no Yūsha, el Inmortal de la Benevolencia, fue el primero en hablar, su voz suave pero con un matiz de preocupación. "Kenzō-dono, Haruto Yami es, sin duda, un cultivador con un potencial asombroso. Pero su alma aún no ha sido completamente forjada en las llamas de la guerra. Enviarlo a un conflicto de esta magnitud podría ser contraproducente, incluso peligroso para él y para el éxito de la misión."

Monju no Kenja, el Inmortal de la Sabiduría, añadió con su voz profunda: "El conocimiento es vital, pero la experiencia práctica en el campo de batalla es insustituible. Permítale madurar, Kenzō-dono."

Kenzō Yami giró su mirada hacia los Inmortales, su expresión inquebrantable. "el es el elegido de los siete reinos. Su poder no es solo innato; es la manifestación de una poder que nadie podría igualar," su voz se volvió un tono más fría, sus ojos clavándose en cada uno de los líderes, "yo soy el líder del clan Kōketsu no Tachi. La decisión sobre quién representa a mi clan es solo mía. Y yo decido enviar a Haruto Yami".

El silencio cayó de nuevo sobre la sala, esta vez, un silencio tenso, cargado de la autoridad inquebrantable de Kenzō Yami al ser uno de los lideres mas poderosos entre los 12 clanes. Los líderes se miraron entre sí, sin poder refutar su decisión, y los Inmortales, aunque preocupados, sabían que no podían forzar la mano de un líder de clan en un asunto interno, por muy trascendental que fueran era contra las leyes.

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