4. RESPIRAR
CONVERSACIÓN 1
Hay una sonrisa peculiar en el rostro de una persona cuando le escribe alguien que le gusta, no importa si la otra le ve solo como amigo, la emoción de saber se encuentra contestándote, la esperanza de que suceda algo más por tropiezos y locuras del destino. Esa emoción dibuja una sonrisa como la que Luka tenía esa noche.
—Fue divertido.
—La próxima quiero un helado enorme de fresa —Luka leyó el mensaje de Valery, se mordió los labios y casi da un salto de alegría, pero se calmó un poco, si Dylan notaba aquello sería motivo de burla por tres días seguidos. Pero no podía evitarlo, ello significaba la posibilidad de una próxima.
—No estaría mal.
—Se me olvidó decirte que debes hacer unas cincuentas planchas diarias para empezar.
—Entrenamiento? —Respondió por el celular acomodándose un poco en la cama, el televisor se hallaba encendido con una de sus series, pero no podía prestarle tanta atención, Valery escribía bastante rápido y las respuestas estaban en treinta segundos o menos.
—Si, y deberías comenzar desde ya.
—Ahorita?
—Si!
Luka se quedó viendo el mensaje, lo raro del asunto es que a pesar de ser una orden a larga distancia y hallarse cansado, tenía mucho incentivo: natación, un excelente día, verse mejor, y un par de buenas razones delanteras y aun mejores traseras por parte de Valery. Sonrió recordando la visón y se lanzó al suelo.
Era más difícil de lo que pensaba, ya en la décima sentía que los brazos querían flaquear y como si sus hombros ardieran.
—No puedo empezar mañana?
—No seas flojo.
Recordó el rostro de aquel chico petulante que insultó a Dylan. Se lanzó de nuevo al suelo y con mayor esfuerzo hizo quince más. Terminó en el suelo boca arriba sudando. Contestó —No es flojera, es falta de energía.
—Compra frutas, y come pasta y cosas dulces cuando hagas ejercicios.
—Tu lo haces con la nutella y el helado de fresa?
—No jodas con la nutella, nuestra relación es firme y duradera.
—Huele a amor.
—Del más puro y real.
—XD —Contestó Luka e intentó hacer otras flexiones, pero sus brazos temblaban en la quinta, debió respirar e ir más lento de lo que esperaba. Terminó igual de agotado que antes, revisó el celular y Valery no había contestado, una extraña sensación le invadió. La necesidad de recibir una respuesta por parte de ella. Era algo que no había experimentado de tal modo, era una emoción mezclada con temor y ansias que con cada segundo aumentaba. Dejó pasar dos minutos antes de escribir él nuevamente.
—Listo las cincuenta.
—No fue tan difícil ves! —Contestó ella igual de rápido que antes.
—Pude haber muerto en el suelo de la habitación —Se permitió reírse de sí mismo.
—Exagerado, ya veo que Dylan no es el único. Ha hablado con linda?
—Con linda o finn?
—Con finda.
—Parecía el guasón con la sonrisa que tenía cuando llegamos a casa.
—En el carro estuvo bastante callado.
—No ha dicho nada, pero tampoco hace falta, tiene puesta una música que nos gusta mucho y no ha dejado de jugar.
—Está bien?
—Creo que mejor que nunca —Comentó él.
—Eso es bueno, parece que necesitaba eso.
—Una finda?
—Exactamente eso, una finda.
—Donde las fabrican?
—Ni idea. Me aburro.
—No haces nada?
—Estaba leyendo un libro, pero lo terminé anoche, ahora debo buscar otra cosa que leer.
—Lees mucho? —Preguntó él observando su propia habitación, donde apenas habían un par de libros, ninguno era una novela. Solo los textos escolares. Pero habían muchos videojuegos y series en discos.
—Desde que tengo memoria, amo leer.
—Juegas videojuegos?
—He jugado un par de veces, uno de muertos, mario, cosas así, no mucho.
—Osea no.
—No, por qué?
—No por nada —Contestó sintiendo un poco de pena.
—Tú juegas mucho cierto.
—Un poco.
—Vamos, tienes cara de ser chico que se la pasa encerrado jugando.
¿Qué expresión era esa? No era nada agradable, sintió como si le hubieran lanzado un bloque pesado en el pecho, deseaba contestarle con algo de igual forma, pero a su vez tampoco deseaba herirla. Meditó un par de minutos en ello.
—Tu no pareces una chica que se encierra a leer.
—Ya ves, cada quien puede sorprender al otro.
—Ya lo creo.
—Dormiré, hablamos.
—Ok, buenas noches —se despidió él, esperó un rato por una despedida de ella, pero no hubo nada más, aunque aparecía aun online, se exasperó, lanzó el celular en la cama y se levantó a jugar un poco para no pensar. Pero era imposible, allí estaba ella, recurrente a sus pensamientos, ¿Por qué no se despidió mejor? ¿Por qué los mensajes? ¿Significaba algo? Lo más probable es que no, pero allí estaba él igualmente pensándola. Se sintió torpe y tonto por ello. Perdió la partida y se acostó a pretender dormir.
CONVERSACION 5
Sentía cierta incomodidad, llevaban casi toda la semana viéndose en el instituto, y las conversaciones nocturnas eran cortas, sin mucho ánimo de por medio, como si algo faltase para que estas pudieran continuar, no obstante fijas, todos los días a eso de las ocho él recibía un mensaje de ella.
—Hola.
El mensaje llegó tal cual cada noche, respondió al instante, con cierto apremio y se recostó en la cama con una cara de tonto que su hermano amablemente señaló —Hola, que tal el día?
—Bien, al menos Sebastian no está en casa hoy visitando a mi prima.
Sintió algo de remordimiento, el chico llevaba menos de veinte minutos de haberse ido de su casa de jugar con Dylan en la consola. Luka no participaba en dichas partidas pero tampoco le molestaba, de hecho desde el incidente del sábado en la mañana Sebastian no le había dirigido la palabra salvo para saludarle en el instituto. Lo cual era un progreso según él.
¿Debía comentarle que el tiburón había estado en su casa jugando? Era un tanto incomodo el solo mencionarlo.
—Eso es bueno, supongo —Comentó él, era una forma de desviar sin darle mucha importancia a la situación. Por alguna razón Sebastian resaltaba mucho en sus conversaciones y él comenzaba a sentir cierto grado de rabia mezclada con envidia.
Hasta cierto punto se hallaba consciente de que Valery no mostraba interés en él como chico, pero lo malo de la friendzone, es que es un estado emocional mental. Su mente se hallaba consciente de la realidad, pero al mismo tiempo, guardaba cierto grado de esperanza con cada conversación. Era un juego macabro en el cual terminaba tendido sobre la cama sin saber qué hacer para salir de dicha situación.
—Un poco, tan solo me quita cierta incomodidad, ya sabes.
No, no lo sabía, no podía saberlo, no tenía la menor idea de lo que podía ser dicha incomodidad, no obstante asintió —Si claro.
—Por cierto, noté que Sebastian y Dylan estaba conversando el día de ayer. ¿se conocen?
Leyó el mensaje por primera vez abriendo bien los ojos y con el corazón en el cuello, leyó por segunda y tercera vez con la mente en blanco pensando en lo molestaba que ella se podía colocar. Pero si hacía un comentario como ese ¿Lo sabría? ¿Podía saberlo? Sebastian podría haberlo comentado, Dylan también. Deambuló por la habitación un instante, realizó veinte planchas contra el suelo y se decidió a responder.
—A veces juegan juntos, debían conversar sobre algún videojuego —Se lo pensó más de una vez en enviar el mensaje. Aquello muy probablemente arruinaría la relación. Pero ¿Qué relación? ¡No tenían nada! Se repitió con coraje. Estaba bien habérselo dicho, si se enojaba estaba bien, era su culpa por enviarle mensajes en la noche y darle falsas esperanzas mientras le dejaba caer más y más en esa amistad que no aspiraba a nada más.
—No sabía que se conocían, ¿desde cuando?
—Hace una semana —Se sorprendió al ver que no hubo respuesta negativa, de hecho se decepcionó un poco. ¿Era tan poco importante como para no molestarse?
—No es mucho, ¿Por qué no me lo comentaste Luka }?
Allí iba, ahora era su responsabilidad —Pensé te afectaría, ya sabes...
—Si, quizás tengas razón, de igual forma no importa. ¿Cómo va el entrenamiento?
—Milo solo sabe dar ordenes; Byron y Justin me ponen a nadar demasiado.
—¿Te quejas?
—Me duele hasta el alma.
—¿No puedes?
Aquello sonaba a reto, y conociendo a Valery lo más probable es que así fuera —No dije que no, es solo que hasta el párpado está cansado.
—¿Tienes sueño ya? Yo un poco, creo que es hora de dormir...
Y así se iba toda la conversación de nuevo, tal cual los días anteriores, sin durar mucho, sin dar pie a mucho. Le molestaba eso, era necio, era fastidioso en demasía. Despues él quedaba interrogándose por cien mil cosas respecto a ella —¿A que le temes Valery?
—¿Ah?
—A qué le tienes miedo? —Preguntó nuevamente él, por primera vez ella tardo un poco en responder.
—La soledad, no lograr mis metas.
—Suena como algo razonable, y que sueñas a futuro? — Volvió a preguntar.
—Oye, pero eso es trampa, yo también debería poder preguntarte — Se quejó la chica — Sería magnífico poder ir a las olimpiadas — Mandó de inmediato — Aunque es muy iluso, también me gustaría poder estudiar cocina y no sé, pero gustaría conocer Australia o París. ¿Cuales son tus miedos y metas?
Luka sonrió abiertamente, eso era lo que él deseaba, poder conocerla poco a poco, descubrirla, descubrir que escondía bajo toda esa sonrisa y cabellera radian... escuchó un quejido, un sonido que paralizó su cuerpo. Las consolas del cuarto de Dylan cayeron todas al suelo con gran estrépito. Luka saltó de la cama, cayendo al suelo de la habitación pero levantándose de inmediato para ir a la habitación siguiente
—¡Se ahoga! —Gritó su madre lanzándose sobre el chico. Luka lo observó perplejo durante un segundo. Dylan se hallaba desesperado moviendo sus manos alrededor de su cuello, las lágrimas salían de sus ojos mirando hacía arriba tendido sobe la cama.
El cuerpo en un momento así se mueve tan solo por impulso, estaba seguro de haber gritado algo a su madre, quien había abierto la boca de Dylan y lanzado aire con su boca en un intento loco. Al segundo siguiente lo tenía cargado, casi no podía verle el rostro, Dylan rasgaba su camisa y espalda intentando respirar.
—¡Calma hijo! ¡Taxi! —La mujer se atravesó en medio de la calle con la bata para dormir. Luka salía de la casa descalzo con su hermano en brazos.
El viento era frío, la calle se hallaba húmeda y metió sus pies en agua estancada, la avenida se hallaba en penumbras salvo por las luces del vehículo que se detuvo casi arrollando a la mujer. Luka no supo si era un taxi, tampoco prestó atención a los gritos de su madre al conductor, tan solo se montó con Dylan en la zona trasera colocando su mano sobre su pecho, intentando hacer presión para que su hermano lograra respirar. Podía sentir sus brazos moviéndose con desesperación, le rasgaba el rostro, se rasguñaba el cuello en un intento de tomar aire mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.
El corto trecho de doscientos metros se hizo una eternidad a bordo de aquel vehículo. Al llegar las enfermeras se lo quitaron de los brazos colocándole una mascarilla e impidiendo que su madre le acompañara más allá de un pasillo. Solo hasta entonces se permitió pensar, solo en ese momento su mente comenzó a razonar como es debido y a notar que tan solo habían pasado cinco minutos desde que estuvo en la cama, que lloraba sin sentido, que al menos habían traído a Dylan aun respirando algo.
Su madre se lanzó sobre su hombro a llorar un momento y terminaron sentados en las frias sillas de plastico del pasillo. Solo entonces se percató de hallarse descalzo y con los pies negros y llenos de barro, de que su madre estaba en bata nada más, despelucada y con sandalias de plástico en aquel lugar.
Todo fue tan rápido, tan repentino y de improvisto que ninguno estuvo preparado, apenas tuvieron tiempo de reaccionar y correr. Respiró profundo se levantó y dirigió a su casa de regreso, a buscar de cambiarse de indumentaria, lavar sus pies y tomar algo de ropa para su madre. Encontró la reja entrecerrada y la puerta abierta, afortunadamente nadie había entrado al lugar, se notaba el desastre en la casa al salir, habían roto la mesa ratona de la sala, no supo cómo. Entró en la habitación y halló su celular, encontró un mensaje de Valery que decía —¿Estás dormido?
Respondió con pesar y apremio —Estamos en el hospital, Dylan no podía respirar.
Se encontró de nuevo en el hospital a los pocos minutos, su mente estaba un poco nublada, observó a su madre e indicó se cambiara de ropa, la mujer comprendió después de un par de minutos. Fue una enfermera la que se acercó para indicarles que Dylan estaba mejor, habían evitado colocarle un tubo en el cuello y el medicamento concentrado había funcionado para dilatar las vías. No obstante el doctor quería realizar una prueba para cerciorarse era algo aunado a su condición previa.
El pasillo era un lugar frío, desde incluso los asientos de plástico parecían una amalgama de hielo, el lúgubre color verde azulado daba mayor sensación gélida. Era de noche y los pasillos se hallaban algo solitarios, un par de familias esperaban noticias, otros llegaban, pero poco se conversaba, el silencio se mantenía en el aire, probablemente la mayoría pensando en el futuro de sus seres queridos. Luka por su parte pensaba en lo rápido que todo sucedía. Un segundo antes conversaba y al siguiente pum, corría por la calle con su hermano en los brazos. ¿Cómo la vida puede ser tan frágil? Aquel que dijo que el cuerpo humano era perfecto era obviamente un idiota que no detallaba lo débil que resultaba la existencia misma, y lo fácil que era perderlo todo de un instante a otro por cualquier motivo.
Valery respondió preguntando “cómo” se explicó lo mejor que pudo a pesar de no saber las causas. El estudio de realizarlo sería en el día, no a altas horas de la noche, Dylan mientras tanto dormía en una habitación monitoreada y su madre se hallaba con él. Luka se quedó dormido sobre un par de frías sillas de plástico.
El rostro que vio al despertar era el menos esperado. Con su semblante gruñón y su altura destacable se hallaba Sebastian sentado en una de las sillas a su derecha, con el rostro hacia arriba.
—¿Qué...? —No comprendió su presencia. El muchacho se asustó y despertó dando un pequeño salto en la silla.
—¿Paso algo?
—No, nada, es solo que ¿qué haces acá?
—Por tu hermano —Comentó el alto como si aquello respondiera todas las interrogantes.
Tenía sueño, el pasillo estaba algo mas oscuro, se observaba menos gente que antes y un guardia se hallaba a unos veinte metros —¿Qué hora es?
—Tres y media —El tiburón sacó el celular del bolsillo para ver la hora —Tu mamá salió hace un rato, estabas dormido.
—Es tarde, ¿No irás al instituto?
—No pasa nada por faltar un día —Sebastian estaba tan incomodo como cualquiera en dichos asientos.
—¿Cómo te enteraste?
—¿Lo de Dylan?
—Publicó en su estado que estaba en el hospital —Explicó este sin decir nada más. Luka asintió con la cabeza, de cierta forma era incomodo pero grata la compañía del tiburón. No era alguien que le agradara exactamente, pero la atención con su hermano era algo que tomaba bastante en serio.
El silencio reinó durante un buen rato, Luka fue a buscar algo de café para ambos, ninguno parecía encontrarse en confianza, ni con ánimos de expresar nada extra.
—¿Entraste?
—No, tu mamá me dijo como está.
—No tienes que... quedarte, descuida.
—Lo sé, es solo que después me quedaría pensando. Tu hermano es buena onda.
Era raro, Luka se hallaba consciente de que su hermano era genial, lo extraño es que por lo general muy pocas personas llegaban a compartir lo suficiente con él como para notar ese rasgo. Para la mayoría era el chico lisiado al que trataban con una sonrisa de lastima hiriente.
El silencio continuó en el aire, Luka dio un sorbo al café. Recordaba las películas donde habían grandes vasos de café. Liquido que en el exterior era de un sabor dulce debido a la mezcla con mucha azucar, leche, y chocolate u otros edulcorantes. Él en cambio tenía un pequeño vasito de plástico con un café muy amargo y concentrado, que había comprado a un señor con un termo a la entrada del recinto. Señor que demás parecía no dormir ni hacer otra cosa más que vender café caliente a toda hora. Toda esta clase de disertaciones las realizaba mientras compartía espera silenciosa junto a Sebastian, hasta que este rompió el silencio.
—Te estas entrenando con Milo.
—Si.
—¿Iras al intensivo?
—Si.
—Será fuerte.
—Espero, la verdad tengo ganas de ganarle a alguien.
—¿Quien?
—Un chico llamado Oliver.
—¿Quieres ganarle a Oliver?
—Eso quiero.
—Vas a tener que entrenar bastante entonces.
—¿Es muy bueno?
—Nada de una forma increíble. Te diré, algo, aprende lo básico de Milo, luego intenta perfeccionar tu propio estilo de nado.
—¿Un estilo propio? ¿Tu tienes uno?
—Todos tenemos uno, posiciones, respiración distinta, ritmo para avanzar. No sé, no todas las personas que montan bicicleta lo hacen igual.
—Quieres decir que hay diferencias.
—No todo el mundo puede ser como el ciclista este que ganó varias veces. Él tenía su propio estilo.
Luka no quiso ni corregirle sobre las pruebas halladas en su con tra como las cámaras hiperbáricas o las inyecciones de hierro —Insultó a Dylan —Comentó Luka, notó como el otro cambiaba de cierto modo su expresión a un tono más serio e incluso sombrío.
—Entonces no debes ganarle, debes aplastarlo.
—Sería genial.
—Tu meta no deben ser entonces los interescolares, hay una competencia, son cinco kilómetros en mar abierto, Oliver ha ganado dos años consecutivos esa competencia. Destrózalo en esa.
El comentario era enorme, arriesgado en extremo. Luka no se veía a si mismo nadando en mar abierto, no obstante el tono de seguridad en el tiburón era algo contagioso. Él asintió con la cabeza.
—Necesitarás el intensivo más que nadie.
—Valery me consiguió el permiso —El nombre, lo mencionó sin querer, pero Sebastian había volteado tan pronto fue mencionado. Lo miró con aquella mirada que parecía destrozaría a cualquiera en su camino. Luego hubo un silencio momentáneo.
—¿Te gusta Valery? Bueno, es obvio que te gusta.
Sorpresa —Yo...
—A medio colegio le gusta Valery, el detalle está en que Valery no habla con medio colegio.
¿Importaba ser golpeado? No había algo peor que la situación en la cual se encontró horas antes —¡Te gusta a ti? ¿No estas con su prima?
—Ummm —Baciló, se llevó las manos a la cara antes de hablar —Me gusta, me gustaba, no sé. La verdad es que cuando uno rompe con una persona no significa siempre que esa persona le deje de gustar por completo.
—No entiendo.
—¿No has tenido novias? —El silencio fue una respuesta que impresionó al mayor —Valery es genial, es linda, pero nunca le entiendo, me molestaba no entenderla nunca terminábamos peleando normalmente por eso. Ella vive en su propio mundo, creo que sus metas son más importante que todo lo demás. Para mi nadar es importante, pero no lo principal, quiero irme del país, quiero crecer, quiero estudiar arquitectura.
¿Quién rayos era esa persona frente a él? ¿Sebastian? ¿El que siempre andaba con cara de amargado? ¿El mismo que ofreció golpearle?
—¿Y su prima?
—Es más como yo. Más natural, más relajada, no necesito pensar mucho para entenderla, eso es bueno.
—Te gusta por ser simple.
Sebastian se encogió de hombros.
—Pero aun así te gusta Valery.
—Es raro, me atrae, en ciertos momentos olvido que ya no somos novios.
El tono de voz en el tiburón le dio la impresión de ser un tanto posesivo, pero Luka no iba a comentar eso. Se lo reservó asintiendo con la cabeza.
—Por eso te molesta que ella y yo hablemos.
—Tu me molestas, no creo que me agrades del todo. La única razón que tengo para decirte esto es que estamos en el mismo equipo de natación y eres el hermano de Dylan —Guardó silencio un par de segundos como repasando mentalmente lo que diría —Los miembros del club debemos apoyarnos, o algo así dice Milo siempre.
—No te preocupes, de todas formas no creo que Valery note siquiera que me gusta.
—Oh chico, claro que debió darse cuenta, las mujeres siempre se dan cuenta de eso. Mira yo creo que hay dos tipos de mujeres. Las que se dan cuenta y lo usan a su favor, y las que se dan cuenta pero ellas mismas niegan el hecho, probablemente te ve como un amigo.
—Friendzone.
—La fría y dura friendzone.
—¿Has estado en la friendzone?
—Ufs, te sorprenderías la cantidad de veces, como unas cinco —Una risa algo tonta se apoderó de ambos. La risa que esconde la miseria propia luego de ser comprendida y superada —Inténtalo de todas formas.
—¿Tu crees?
—¿Que pierdes? Pero no hagas nada en mi vsita, quizás no me controle tanto.
—Y termine yo con un ojo morado.
—Lo mejor que te podría ocurrir es que yo te dejara el ojo morado pez.
—Si, quizás me creerían rudo.
—Necesitas al menos cinco centímetros más de altura para eso.
—Yo y mi genética de la comarca.
Habrían reído y continuado con la charla que comenzaba a tornarse algo mas llevadera y animada de no ser por la chica que se acercaba preguntando por el pasillo al guardia que estaba semidormido contra el pórtico del pasillo.
—¿Dylan? —La chica lucía un pantalón beige ajustado una franela amarilla y un sueter negro con capucha en forma de gato.
—¿Esa es?
—es linda, la novia de Dylan —Luka respondió levantándose para saludar a la chica e indicarle el camino hasta la habitación y detallarse lo sucedido y el estado. Era imposible no ver le las orejas de gato que se movían cada vez que giraba la cabeza. Era un efecto hipnótico. Eso o el sueño ya causaba estragos. A la final dieron las seis de la mañana con los tres sentados en los fríos asientos de plástico del hospital.
La mañana llegó con el calor a sus cuerpos, comieron de un kiosco en la zona externa y esperaron, Dylan fue dado de alta a eso del mediodía luego de un par de chequeos y exámenes cuyos resultados evaluarían en unos días.
Eso era otro punto negativo no de hallarse en una clínica o en un país super desarrollado, que las cosas son lentas, aun más los servicios públicos. Eso y el café servido en pequeños vasos con extra de amargo.
El resto del día transcurrió tan rápido que apenas pudo notarlo, terminó acostado en su cama con un cansancio profundo arraigado en sus huesos y la sensación de que el día había sido largo y extremadamente raro. Por alguna razón tenía ahora el número de Sebastian y Linda guardados en el celular. Una era una extrovertida chica novia de su hermano, el otro un reservado chico ex novio de la chica que le gustaba y mejor amigo de Dylan.
—La vida está loca —Enterró la cabeza en la almohada antes de escribirle a Valery.
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